Cuatro casos paranormales que ocurrieron en realidad y que te dejarán sin dormir

Todo aquello que no somos capaces de comprender y que no creeríamos aunque lo viéramos, nos causa un morbo especial, seamos crédulos o escépticos.

Historias de alienígenas, espíritus, reencarnaciones o visiones del más allá. Lo desconocido nos causa tanto temor como curiosidad. Cuanto más miedo nos da algo, más nos atrae hacia ello, como una mosca acercándose a una bombilla que no puede dejar de mirar.

Hay casos de todo tipo y más o menos todo el mundo tiene algún conocido o un amigo de algún conocido que ha vivido una experiencia paranormal, que quizá exponga cada vez que pueda, o se calle por miedo a que le llamen loco. Esto último no es lo que ha pasado a los usuarios de Reddit, que han compartido algunas de sus experiencias más espeluznantes, y han dejado a más de uno con los pelos de punta.

Coge la caja negra

El usuario kmendo4 cuenta cómo cuando tenía 10 años, se encontrara una noche durmiendo, cuando le despertó el sonido de la puerta de su habitación abriéndose. Pensando que era su madre, ni siquiera se inquietó. Notó como se sentaban en la cama y, cuando abrió los ojos se sorprendió al no ver a su madre. A los pies de la cama había un chico, sentado con las piernas cruzadas dirigiendo su mirada hacia él, “aunque en realidad tenía las cuencas de los ojos negras, como vacías, como si no tuviera ojos”.

“Extendió su mano hacia mí y me asusté, pero reparé en que me mostraba una caja negra. Me acerqué para cogerla y, en ese instante retrocedió. Me incorporé en la cama, extendí mi mando y le dije ‘dámela’. Justo en ese momento parpadeé y el chico ya no estaba. Solo estaba la huella en las sábanas de que alguien había estado sentado ahí”, relata. A la mañana siguiente se lo explicó a su madre, pero ella le dijo que todo había sido un sueño y no le dio más vueltas.

Pasaron cinco años, y él estaba con su novia del instituto en casa. “Esperando a que vinieran a recogerla se quedó dormida. Cuando llegaron sus padres la desperté. Ella dió un respingo y se quedó mirando a una esquina, donde la pared se une con el techo”. Cuando le preguntó qué le había pasado ella dijo: “Creo que estaba soñando con esta habitación; había en la pared un niño sin ojos mirándome”.

Él le contó lo que le había pasado hace cinco años, pero finalmente quedó como un hecho aislado. Sin embargo no acabó aquí. Cinco años más tarde, nuestro protagonista seguía con la misma chica y en la misma casa, pero ahora con una niña de dos años. “Mi hija se despertaba todas las noches y hablaba. Durante un tiempo pensamos que era algo normal, cosas de niños, hasta que comencé a reparar en que era la misma conversación cada noche. Un día le pregunté con quien hablaba, y me dijo que era un niño pequeño, que era simpático”. “Se ha perdido y busca a su mamá”, le dijo su hija. Ella siguió manteniendo conversaciones con el niño hasta que ese mismo año decidieron mudarse, y la niña no volvió a hablar con nadie por las noches.

Un mal presagio

Para himel Sarker, la experiencia más inexplicable que ha vivido tuvo lugar en casa de sus abuelos. “Mi primo y yo íbamos a menudo en bicicleta a cenar a un restaurante de comida china rico y muy barato. A mi abuela siempre le parecía bien que cenáramos allí, así que una tarde, como siempre, decidimos acercarnos. Mi abuela no tuvo problema. Sin embargo, una hora antes de salir, se acercó a nosotros y muy seria nos dijo que no fuéramos. Dijo que tenía un mal presentimiento”, contaba.

A pesar de ello, a los chicos les apetecía ir, así que intentaron convencer a su abuela de que estuviese tranquila. Revisaron las noticias por si había pasado algo en la localidad… y nada. Ni accidentes, ni disturbios, ningún crimen en la zona… no había nada que indicase que pudiesen correr más peligro que otro día.

La abuela insistió tanto que decidieron no salir de casa, aunque no creían que nada fuera a pasarles.

“A pesar de eso, ella se acaloró tanto e insistió tanto que decidimos quedarnos, a regañadientes, para evitar darle un disgusto”. Los muchachos cenaron en casa viendo la tele en lugar de salir y, para su sorpresa las noticias abrieron con una explosión de gas en el restaurante chino. El local quedó arrasado y las personas que estaban dentro murieron. “No sé qué sensación fue la que tuvo mi abuela, pero nos salvó la vida”.

Recuerdos de otra vida

lukeyboy767 se encontraba una tarde, cuando tenía 16 años hablando con su madre sobre la vida, la reencarnación… una conversación distendida. Llegado un momento, entre risas le dijo a su madre “¿Sabes? Estoy bastante seguro de que recuerdo mi vida pasada”. Pero a ella no le hizo gracia. Cuando le preguntó por qué se había puesto seria ella comenzó a decirle a su hijo cómo había sido esa vida pasada de la que hablaba.

Le habló de que era el hijo de una familia pobre, el menor; que, en esa vida, su cuna fue un cajón grande y que su madre era una mujer alta, huesuda, siempre con un moño y un vestido largo. Tal y como él lo veía. Parecía que hablaba por su boca, reproduciendo, palabra por palabra, todas las imágenes que el hijo tenía en mente.

Atónito, el chico le preguntó cómo era posible que supiera eso, a lo que su madre respondió: “porque ya me lo habías contado antes. De bebé, cuando empezaste a hablar me lo decías muchas veces. Lo peor fue cuando un día vine a jugar contigo, y me dijiste que tu otra madre estaba detrás de mí”.

La lámpara

Un usuario cuenta cómo se encontraba con su esposa en la cama, a eso de las tres de la madrugada. De repente él se despertó fijando su vista en la lámpara de su mesilla de noche. En ese instante la lámpara se deslizó y cayó al suelo sin que aparentemente nadie la tocase.

En ese momento su mujer se despertó sobresaltada por el ruido. “Le conté lo que había pasado y estuvimos hablando de ello pero, ante mi estupor y, sin encontrarle explicación, decidimos no levantarnos, tratar de dormir y recoger los pedazos a la mañana siguiente”, relata el propio usuario.

«Mi mujer y yo aún estamos intentando encontrarle sentido a lo que ocurrió»

“Cuál fue nuestra sorpresa al levantarnos y ver cómo la lámpara estaba a los pies de nuestra cama… intacta, sin un rasguño, colocada en el suelo. Mi mujer y yo aún estamos intentando encontrarle sentido a lo que ocurrió”.

Los hechos paranormales más terroríficos de España, según quienes los vivieron

‘No creo en nada que no haya visto con mis propios ojos’. Es fácil decirlo si no has vivido nada similar a estas extrañas y perturbadoras experiencias.

Hemos pedido información de primera mano sobre sucesos inexplicables a unos cientos de personas. Tras los reparos habituales («pensarán que estoy loco», «creerán que no distingo la realidad de la imaginación»…) unas cuantas se han animado a confesarnos esas vivencias que hicieron que se tambalearan todas sus convicciones. Casas en ruinas soñadas que se materializan, muertes anunciadas y luces en formación que no deberían estar ahí.

Si sigues leyendo, puede que tú también empieces a dudar.

‘Presentir’ algo antes de que suceda es una de esas experiencias capaces de hacer pasar a segundo plano los hechos científicos comprobados. No debe ser fácil permanecer escéptico cuando te pasa, por ejemplo, como a Virginia, guionista, que soñó que se quemaba su casa del pueblo justo una semana antes de que se hiciera realidad. En el sueño, «mi padre comía un bol de macarrones en el porche y no hacía nada. Yo cogía la manguera e intentaba apagar el fuego. Se lo conté a mi hermana. Cuando sucedió, nos asustamos mucho. Nunca lo olvidaré».

Ana soñaba con personas, conocidas y desconocidas, que se morían. Veía su funeral y a sus familias llorando

Viviendas familiares destruidas o ciudades enteras seriamente dañadas por desastres naturales: Lucrecia, sastra y diseñadora de Lorca, Murcia, recuerda bien la mañana de los famosos terremotos. Estaba en el balcón de su casa en Madrid y pensó: «¿Y si ahora se cayese el balcón?». Seguramente no era la primera vez, pero justo ese día adquirió otro significado…

El niño no decía nada

Alicia, traductora, soñaba en su infancia una casa abandonada, casi ruinosa. Era de piedra, con enredaderas y dentro estaba llena de polvo y heces de paloma. La puerta del recibidor siempre estaba cerrada, pero ella la abría y en el salón encontraba a un niño. Él la miraba pero nunca hablaba. «Un día, de viaje con mis padres por Galicia, hicimos una parada para estirar las piernas. Nos pusimos a pasear por un caminito y al final apareció la casa». Le daba mucho miedo pero quiso entrar a pesar de todo. Sus padres se lo impidieron, y hoy sigue intentando localizarla.

El tío de Elisa, ingeniera agrónoma, murió en un desgraciado accidente de madrugada cuando ella tenía unos 10 años. Elisa estaba con sus padres durmiendo en una tienda de campaña en Cazorla. Aunque no había tenido episodios anteriores de sonambulismo, se levantó en mitad de la noche, se vistió y se puso a caminar río abajo. Esto es lo que contestó a su madre cuando le preguntó qué hacía: «He ido a buscar al tito».

(iStock)
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El mundo está lleno de personas, casi siempre mujeres, que parecen tener una sensibilidad mayor de lo habitual para lo que desde la ciencia consideran intuiciones o meras casualidades. Ellas dicen que no es lo mismo y durante algunas épocas de su vida entrevén cosas que parecen confirmarse con el tiempo. Ana nos dice que «soñaba con personas, conocidas y desconocidas, que se morían. Veía su funeral y a sus familias llorando. En uno de esos sueños también estaba mi hermano, que se suicidó tiempo después. Me dio miedo suficiente como para no querer dormirme más». ¿Jugarretas del cerebro? Puede ser, pero para Ana durante un tiempo «Elm Street era más acogedor».

El señor del sombrero

Lo mismo le pasaba a Eva hasta que fue adolescente, una sensación «muy muy fuerte que solo ocurría cuando el desenlace era muy negativo, como una muerte. Parecido a las centurias de Nostradamus pero con más información. Sabía que el padre de una amiga iba a morir, que iba a ser en verano, que iba a ser algo traumático y rápido, pero no sabía quién. El padre de una de mis amigas murió atropellado en agosto». Cosas similares le pasaron varias veces, quizá cerca de diez, y lo peor era tener una sensación tan vívida y no poder hacer nada.

A las cuatro de la mañana escuchó una voz que la llamaba, pensó que era su hermana. «Traté de ignorarla, pero no paraba de insistir y me incorporé»

También ha experimentado presencias terroríficas. La vez que más se asustó fue con el señor del sombrero. Ha descubierto que es una figura repetida en otras muchas historias, pero en el momento no la conocía. Hace diez años, a las cuatro de la mañana escuchó una voz femenina que la llamaba. Dio por hecho que era su hermana. «Traté de ignorarla, pero no paraba de insistir y me incorporé. Lo que había a escasos 40 centímetros no era mi hermana. Era la figura de un hombre con sombrero de ala ancha y rostro alargado. Las facciones no se distinguían, no veía sus ojos, pero me miraba. Era más negro que cualquier otra cosa que hubiera visto. Solo fue una fracción de segundo, pero sabía que llevaba tiempo allí conmigo. Aún hoy no he podido volver a dormir con la luz apagada».

África, ama de casa y escritora, fue a ver a una médium, solo como acompañante de la madre de su novio, que era muy esotérica y quería preguntar por su hijo. La adivina les dijo que el chico tenía probabilidades de intentar suicidarse. Para África, que conocía bien a su chico, esa profecía resultaba «la cosa más estúpida del mundo». Años después él desarrolló esquizofrenia y se tiró desde un tercer piso, aunque por suerte no se mató.

Probabilidades de suicidio. (iStock)
Probabilidades de suicidio. (iStock)

Jorge su padre le dio un susto grande cuando se le paró el corazón en plena calle. «Un simpático vecino le salvó haciéndole el boca a boca», nos cuenta. «Pasó tres días en coma en la UCI. En otra planta del mismo hospital, J, un amigo de mi infancia al que hacía por lo menos veinte años que no veía, murió a causa de un cáncer. Cuando mi padre despertó, me dijo: «¿A que no sabes quién ha venido a visitarme? Tu amigo J». Sugestión o no, es fácil imaginarse a J en el mismo sitio que al «tito» de Elisa, ese lugar al que se llega bajando el río.

No mientas nunca

Consuelo la vida parece darle lecciones que han acabado haciendo que crea en lo paranormal. Como aquella ocasión cuando, para no ir al trabajo, se inventó que su abuela estaba muy enferma. Dijo que tenía que viajar al País Vasco a verla por última vez y le dieron tres días libres. Tras disfrutarlos, volvió a su puesto y esa misma tarde su madre le dio la noticia: la abuela había muerto. Cuando la entrevistamos para preguntarle por experiencias de este tipo nos cuenta que esta misma mañana le ha sucedido algo. Tenía una reunión y para no ir dijo que estaba esperando al fontanero para reparar una avería y que el suelo de su casa estaba encharcado. Horas después, antes de salir a una cita importante, ha oído que algo explotaba en el baño. «Un río de agua empieza a salir a toda velocidad. Y aquí estoy, esperando al fontanero. Ha sido un aviso gordo: tengo que tener mucho cuidado con las mentiras».

Siendo tantos aviones, hubiéramos escuchado el sonido. ¿Y qué hace una formación de hélice sobrevolando la sierra a esas horas?

Pepe, diseñador, le ha costado mucho decidirse pero finalmente nos cuenta su encuentro con lo paranormal. «Mi amigo X y yo entramos una noche en el cementerio de un pueblo y no tuvimos mejor idea que robar un cráneo de una tumba. Nos lo llevamos a mi estudio y allí estaba en una columnita en el recibidor. Los dos tuvimos una racha de mala suerte. Su gato saltó por la ventana, yo tuve un accidente de moto… A 100 kilómetros de distancia y sin saber nada de esto, mi madre y mi tía visitaron a un ‘vidente’. Prácticamente lo primero que les dijo fue que yo había cometido un tremendo sacrilegio y que había que ponerle remedio inmediatamente ‘enterrando eso». Su madre no sabía a qué se refería, y Pepe se hizo el tonto cuando se lo contó, pero salió corriendo a ver a su amigo e hicieron el ritual que les había explicado el vidente. La mala suerte pareció terminar de golpe.

Capítulo aparte merece esta historia de ovnis de Franz, doctorado en historia del derecho y en economía política que trabaja como director de desarrollo de negocio en una empresa norteamericana. Nunca ha creído en nada incompatible con la razón o la ciencia, pero tiene serias dudas de haber vivido un avistamiento extraterrestre. Así lo cuenta: «Estación de esquí de La Pinilla, años 80. Serían las doce o una de la madrugada. Noche despejada de nubes y un grupo de chicos andábamos dando un rulo por las pistas, obviamente cerradas. Miramos al cielo y vemos un nutrido grupo de luces en formación recorriendo el cielo en completo silencio. Un señor que paseaba con su hijo también lo vio. Fuimos corriendo al bar donde estaban nuestros padres a pedirles que salieran a verlo. Su explicación: aviones. ¿Pero no suenan los motores?». Podían ser de hélice, que son más silenciosos. Pero los aviones de hélice vuelan bajo, deberían oírse igual. «Siendo tantos, hubiéramos escuchado el sonido. Y sobre todo, ¿qué hace una formación de aviones de hélice sobrevolando la sierra a esas horas, conmemorar el aniversario del Barón Rojo? Ahí lo dejo».