El poder dormido que despertó la maldición de Tutankamón

El 26 de noviembre de 1922 la expedición del arqueólogo Howard Carter y financiada por el aristócrata Lord Carnarvon, hizo un hallazgo excepcional: el de la tumba del faraón Tutankamón, rey de Egipto, entre los años 1332 y 1323 antes de Cristo, en un estado de conservación increíble. Junto a la momia, en una cámara insólitamente pequeña para alguien de su rango, se encontraron 5.398 objetos, incluyendo un majestuoso ataúd de oro, una impresionante máscara mortuoria dorada, tronos, arcos, trompetas, cofres, joyas, vino, comida, sandalias, ropa interior de lino y una daga hecha de hierro de meteorito. Carter pasó una década catalogando los objetos con los que el faraón debía viajar al más allá.

Si el faraón, que reinó de los nueve a los 18 años es tan famoso, no es porque fuera un gran rey, sino porque su tumba está entre las mejor conservadas, tal como escribió el escritor Jon Manchip: «El faraón que en vida fue uno de los menos apreciados en Egipto, en muerte se hizo el más famoso».

A su fama también contribuyó el hecho de que después del hallazgo de la tumba, algunos de los descubridores comenzaran a morir en extrañas circunstancias. En poco tiempo, comenzó a hablarse de la maldición de Tutankamón: ¿Estaba el faraón vengándose desde el más allá, de aquellos hombres que habían osado perturbar su descanso? ¿Habían los investigadores liberado un poder dormido durante milenios?

Tal como escribe el microbiólogo Raúl Rivas en « La maldición de Tutankamón y otras historias de la microbiología» (editorial Guadalmazán), la explicación puede pasar por unos diminutos seres, efectivamente «dormidos» durante milenios: los microbios. Es solo uno de los ejemplos, recogidos en este volumen, de casos en los que los microorganismos escribieron la historia.

«Pocos meses después de la apertura de la cámara real se sucedieron una serie de muertes en circunstancias inexplicables de personas vinculadas a la exhumación de la tumba», escribe Rivas. «Estos acontecimientos avivaron la imaginación de la prensa, que transmitió la idea de que las extrañas muertes eran consecuencia de la profanación de la tumba».

Aparte de la prensa, a la que se culpa con cierta facilidad de la mitad de los males del mundo, lo cierto es que el rumor corrió como la pólvora entre lectores inclinados a lo esotérico. Personalidades como sir Arthur Conan Doyle contribuyeron a propagar la creencia de que, efectivamente, una terrible maldición venida del más allá estaba matando a los profanadores.

Sorprendentemente, los periódicos ingleses llegaron a atribuir hasta 30 muertes a la maldición del faraón. Entre ellos, destaca la del propio Lord Carnarvon, mecenas de la expedición. El aristócrata murió de neumonía en el hotel Continental Savoy, de El Cairo, el 5 de abril de 1923, tan solo cuatro meses de abrir la tumba.

La lista de muertes

Después, llegaron las muertes de otras personas que habían «profanado» la tumba o que habían participado en el movimiento de los utensilios o restos del faraón. En septiembre de 1923 murió el hermano de Carnarvon, Aubrey Herbert y, más tarde, sir Archibald Douglas Reid, que había sido el encargado de radiografiar la momia.

Poco después murió Arthur Mace, uno de los que abrió la cámara real junto a Howard Carter, en circunstancias no aclaradas. Más tarde falleció el magnate de los ferrocarriles George Jay Gould, presente también en la apertura de la tumba, por una neumonía.

Richar Bethell, secretario de Carter, murió de forma extraña en 1929. Por si fuera poco, su padre y la mujer de Bethell se suicidaron. Alby Lythgoe, del Museo Metropolitano de Nueva York, murió de un infarto, y el egiptólogo George Bennedite murió de una caída en el Valle de los Reyes. Para cerrar el círculo de muertes, los directores del Departamento de Antigüedades del Museo de El Cairo, que intervinieron en las exhibiciones de los restos del faraón en París y Londres, murieron de sendas hemorragias cerebrales.

A pesar de todo, tal como recuerda Raúl Rivas, «Howard Carter siempre rechazó la teoría de la maldición, y a todo aquel que se lo insinuaba le replicaba: «Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas»».

Lo cierto es que los estudios posteriores revelaron que de las 58 personas que estuvieron presentes durante la apertura de la tumba y del sarcófago, solo ocho murieron, y que además lo hicieron en un plazo de 12 años.

¿Qué mató a Lord Carnarvon?

Además, otros de los que estuvieron en la tumba no murieron hasta muchas décadas después. El arqueólogo principal, Howard Carter, no murió hasta 1939, aquejado de un linfoma, y con la edad de 64 años. Los últimos en morir y que pisaron la tumba de Tutankamón fueron Lady Evelyn Herbert, hija de Lord Carnarvon, fallecida en 1980, y el arqueólogo J.O. Kinnaman, en 1961.

Entonces, ¿por qué se extendió el rumor de la maldición de Tutankamón? La historia comenzó con la muerte de Lord Carnarvon, semanas después de abrir la tumba: «La explicación más aceptada es que Carnarvon murió de una septicemia bacteriana derivada de una erisipela», según escribe el autor. «La erisipela es una enfermedad infecciosa de la piel, producida por estreptococos, fundamentalmente Streptococcus pyogenes». Tal como parece, la infección se originó y se extendió porque se cortó, cuando se afeitaba, una picadura de mosquito.

Sin embargo, otros investigadores establecieron otra causa para la muerte de Lord Carnarvon: un deceso por una infección fúngica. En concreto, se ha sostenido que algunos patógenos, como Aspergillus niger, Aspergillus terreus o Aspergillus flavus pudieron permanecer milenios encerrados en la cámara de Tutankamón y atacar a un inmunodeprimido Carnarvon. «Estos hongos son capaces de formar esporas de resistencia que pueden permanecer viables durante siglos», escribe Rivas. «Según algunas teorías (…) fueron inhaladas por el aristócrata, penetrando en sus vías respiratorias y provocando una aspergilosis pulmonar de tipo invasivo».

Hongos asesinos

¿Qué pudo ocurrir después? Tal como escribe el microbiólogo, «esta enfermedad es una infección grave, que hoy en día sigue siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad en pacientes inmunodeficientes severos». En el caso de esta persona, «podría haber desembocado en una neumonía, como consecuencia del sistema inmunitario debilidado que arrastraba desde que sufrió un grave accidente de coche unos años antes, y que repercutía en el padecimiento de infecciones pulmonares recurrentes».

Estas teorías sobre el origen fúngico de la maldición de Tutankamón recibieron un empujón con estudios recientes que encontraron, de forma habitual, diferentes especies de estos hongos Aspergillus viviendo sobre diversas momias en Croacia o Chile.

«Por tanto, la presencia constatada y generalizada de diversas especies de Aspergillus sobre diferentes tipos de momias presupone factible que tanto la cámara real como la momia de Tutankamón portaran esporas de este hongo, pudieran infectar a los visitantes y manifestaran una especial virulencia en los asistentes inmunocomprometidos, como Lord Carnarvon», concluye Raúl Rivas.

Es más, el hecho de que las esporas de Aspergillus puedan permanecer latentes durante largos periodos de tiempo en los pulmones explicaría que Lord Carnarvon no presentara síntomas de infección durante los cinco meses posteriores a su entrada en la tumba. Esto concuerda también con la infección que sufrió en sus ojos y fosas nasales.

La famosa maldición de Tutankamón volvió a aparecer en otro sepulcro mucho menos célebre. El 13 de abril de 1973 la apertura la tumba del gran duque de Lituania y rey de Polonia, Casimiro IV, llevó a que, de los 12 científicos presentes, 10 murieran al poco tiempo. Años después se demostró la presencia de hongos del tipo Aspergilllus sobre objetos presentes en la sala. Hoy se sabe que pueden ser muy abundantes en espacios cerrados, oscuros, con una temperatura moderada y con condiciones estables, exactamente tal como se espera en una tumba olvidada.

El faraón adolescente

Las muertes asociadas a la maldición de Tutankamón no son el único misterio que rodea a este faraón. Reinó durante el periodo del Nuevo Imperio, cerca del apogeo del Antiguo Egipto, y no está claro por qué murió cuando solo tenía 19 años o quiénes eran sus familiares.

En general, se sostiene que era hijo de Akenatón y de la «Dama Joven», una momia hallada en el Valle de los Reyes. Su mujer, Ankesenamón, fue hija de Akenatón y de Nefertiti.

Su mandato se caracterizó porque revirtió muchas de las medidas adoptadas por su padre, probablemente bajo la supervisión de su visir y sucesor, Ay. Por encima de todo, puso fin a la veneración al dios Atón, y restauró a Amón como dios supremo, recuperando también los privilegios tradicionales de los sacerdotes.

Tutankamón movió la capital a Tebas y abandonó la ciudad de Ajetatón. Para resaltar su cambio religioso, su nombre pasó de ser Tutankatón a Tutankamón. Además, dedicó muchos templos a esta divinidad, sobre todo en Karnak.

Además, el faraón prestó especial atención a mejorar las relaciones con potencias vecinas, aunque acabó luchando contra los nubios y los asiáticos. Por eso, probablemente, fue enterrado con una armadura de escamas de cuero y con varios arcos, si bien es cierto que probablemente no llegara a luchar, a causa de su condición física.

Escoliosis, cojera y enfermedades genéticas
Tutankamón medía cerca de 1,67, tuvo escoliosis, necrosis en su pie izquierdo y sufrió de malaria. Múltiples investigaciones han tratado de arrojar luz sobre su vida y su muerte. Se ha sugerido que murió a causa de las heridas de su pie, en combinación con la malaria, que fue asesinado o que fue atropellado por un carro. Otros han presentado evidencias de múltiples enfermedades genéticas.

A la vista de los sostenido por la mayoría de los investigadores, lo más probable es que Tutankamón sufriera defectos genéticos que le debilitaran, ya que sus padres eran primos, y que estos se sumaron a complicaciones con su pierna lesionada y a la malaria para acabar perdiendo la vida.

Sea como sea, parece claro que la temprana muerte del faraón fue imprevista, porque fue enterrado en una tumba pequeña para alguien de su estatus. Quizás se le dio un lugar de descanso originalmente destinado a otra persona, siempre con la finalidad de enterrarle en el plazo máximo de 70 días, marcado por la tradición.

Algunos investigadores señalaron que la momia entró en combustión en el pasado en el interior del sarcófago, lo que explicaría su color negro y su estado, a causa de la reacción de las sustancias que se usaron para embalsamarla.

En la actualidad, la momia de Tutankamón descansa en el Valle de los Reyes, en un sarcófago de cristal sellado y sometido a un ambiente controlado, bajo la atenta mirada de cientos de turistas, quizás todavía intrigados por el misterio que le rodea.

Los mitos más obscuros de Satanás, el ángel caído que no reina en el infierno

Fuego, cuernos y tridente. El Demonio de la tradición cristiana se ha terminado convirtiendo en una forma casi parodiable, que no corresponde con lo que dice de él la Biblia (el texto cita a Satanás unas 36 veces y al Diablo 33 veces) ni con el mito del ángel caído que desafió a Dios. La propia Iglesia considera estos temas poco agradables y no suele deternerse mucho en ellos.

¿Es lo mismo Lucifer, el Demonio y Satanás?

La palabra demonio o daemon procede del griego «demon» (genio), un ser sobrenatural descrito como algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo. Así y todo, la connotación negativa fue algo que distintas religiones de Oriente Medio fueron añadiendo al concepto de daemon con el paso de los siglos.

En el Antiguo Testamento al adversario de Dios se le llama «Satán», que significa literalmente enemigo u opositor. Paradójicamente, el Satán reflejado en los estratos más antiguos de la Biblia nada tiene que ver con ángeles caídos, ni con demonios corrientes, ni con el origen del mal… simplemente es un ángel a las órdenes de Yahvé encargado de ciertas tareas desagradables. Es más adelante cuando Satán ocupa en la narración el puesto del antipoder frente al Dios Creador, aunque la existencia de este antipoder se intuye ya en el Génesis.

En el Nuevo Testamento, a Satanás se le nombra como «Diablo», que viene del verbo griego «diaballo» (acusar). Otros apelativos que recibe Satanás son Legión, Príncipe de los demonios, Beelzebub, Mentiroso, Padre de la mentira, Pecador desde el principio, Tentador, Maligno, Espíritus malignos, Espíritus inmundos o impuros, Homicida desde el principio, Señor de la muerte, Dragón, Serpiente antigua, Belial, Dios de este mundo, Poder de las tinieblas, Seductor del mundo entero, Ángel de Satanás o Acusador.

Lucifer, por su parte, no está mencionado en el Antiguo Testamento, no al menos directamente, significando «estrella de la mañana» o «el que lleva la luz». Según los textos del renombrado exorcista P. Gabriele Amorth, Lucifer sería el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca. No obstante, para el Cristianismo Satanás y Lucifer son la misma cosa.

¿Quién es el Ángel caído?

Según la tradición cristiana, Lucifer representa al ángel caído, ejemplo de belleza y sabiduría, a quien la soberbia le condujo a la oscuridad. En consonancia con el pensamiento de Santo Tomás, el pecado de soberbia consistió en pretender obtener la bienaventuranza sobrenatural no como un don gratuito de Dios, es decir, por su gracia, sino por sus propias fuerzas. Desde su rebelión en la que arrastró a un tercio de los ángeles (Apocalipsis 12:4), es denominado el adversario de Dios, si bien designar a Lucifer como Satán es un invento cristiano procedente –en opinión de Antonio Piñero, catedrático de filología griega en la Universidad Complutense– de «una exégesis particular por parte de los Padres de la Iglesia de un pasaje de Isaías, concretamente el 14,12 5».

«¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de las naciones! Tú que habías dicho en tu corazón: ‘Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión… subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo’. ¡Ya! Al sheol (mundo subterráneo) has sido precipitado, a lo más hondo del pozo», escribió Isaías para celebrar la muerte del Rey asirio Sargón II. La referencia al Rey como «Lucero, hijo de la Aurora» fue entendida por los Padres de la Iglesia como una denominación al Diablo.

En el cristianismo ambos conceptos son hoy similares, con la diferenciación generalizada de que Lucifer es el nombre del «Príncipe de los demonios» antes de su caída; y el nombre de «Satán» es el que adoptó tras su caída.

¿Por qué se menciona a Jesús como lucero del Alba?

Jesús es mencionado en varios versículos como la estrella o el lucero de la mañana, como así sucede en Apocalipsis 22:16: «Yo, Jesús, […] soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana». Pero todo se debe a una reinterpretación posterior. En opinión de Antonio Piñero, cuando los autores cristianos de finales del siglo I (Apocalipsis) o del primer cuarto del siglo II emplearon «lucero de la mañana» aún no se había asociado ese sintagma con el Diablo/Belial. «No hay el menor motivo de asombro o de desdoro al leer esos textos cristianos, porque los autores del Nuevo Testamento jamás comparaban el lucero de la mañana con Lucifer/Diablo, que el fin y al cabo sólo significa el “portador de la luz”».

¿Dónde habita el demonio?

Según el libro del Apocalipsis, Cristo vencerá a Satanás y lo enviará a una prisión (el infierno) «para que no engañe más a las naciones» y no pueda acceder más al Cielo ni la Tierra. Para la mayoría de autores, la suposición de que Satanás gobierna o habita como Rey del infierno carece de base bíblica. Cuando vaya lo hará como prisionero, no como rey. La imagen del Diablo como monarca infernal se basa en gran medida en los escritos literarios, en especial de Dante y Milton, quien pone en su boca la frase en «El Paraíso perdido» de que «es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo».

La suposición de que Satanás gobierna o habita como Rey del infierno carece de base bíblica

Pero, ¿qué es el infierno para los cristianos? El vocablo infierno proviene del latín infernun que significa «inferior» y que, en la mayoría de las religiones monoteístas, representa el lugar en el que las almas de los muertos son torturadas como castigo por los pecados que cometieron en vida. En este mismo libro hay referencias a la condenación con imágenes de los caídos «arrojados al estanque (o lago) de fuego que arde con azufre». Este material es recurrente al hablar del infierno cristiano, relacionando el azufre pues con la destrucción y el castigo, a la vez que con la purificación del alma.

¿Cuál es el objetivo del Demonio?

El Nuevo Ritual de los exorcismos promulgado en 1998 incluye un resumen de la doctrina sobre Satanás de la Iglesia católica que explica que entre las criaturas angélicas al servicio del plan divino aparecen «algunas caídas, llamadas también diabólicas, las cuales, opuestas a Dios y a su obra y voluntad salvíficas cumplidas en Cristo, intentan asociar al hombre a su propia rebeldía contra Dios». El objetivo del Diablo es seducir con mentiras a todo el mundo y «hacer la guerra a aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Su fuerza se manifiesta como «‘poder de las tinieblas’, puesto que odia la Luz, que es Cristo, y arrastra a los hombres hacia sus propias tinieblas». El intento del Maligno es impedir que «vivamos para Dios» (Rom 14, 8).

¿Por qué permite Dios su existencia?

Plantea el Cuaderno Humanitas número 22, revista de Antropología y Cultura cristianas, dedicado a Satanás y su obra que «el Demonio y los demonios no son males absolutos sino seres que tienen una raíz de bien recibida de Dios, pero radicalmente distorsionada por un acto libre que los colocó irrevocablemente en una posición de rebelión contra Dios». Satanás no es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser un espíritu puro, pero solo una criatura: «no puede impedir la edificación del Reino de Dios». En este sentido, este mismo texto aclara que para los cristianos «el hecho de que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que aman».

¿Quién es realmente la serpiente que tentó a Eva?

En el conocido relato de la caída de Adán y Eva (Génesis 3), un ser maligno y seductor, encarnado en la serpiente, intervino de modo decisivo para que la pareja desobedeciera a Dios y tuvieran que abandonar el Paraíso. La serpiente antigua es relacionada con la tentación a los primeros padres en el Paraíso, en la que el Demonio se presenta bajo la apariencia de una serpiente. No obstante, a este poder malvado no se le llama en ningún momento Satán ni Diablo.

¿Qué forma tiene?

La idea del Demonio como un ser hermoso es señalada por el profeta Ezequiel, que destaca la belleza y perfección de este «querubín grande» (ángeles de alto rango asociados con la presencia y la gloria de Dios): «Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor…». Lo cual no significa que su hermosura sea física, no cuando se trata de un ser inmaterial. Para la religión cristiana su forma es la de un espíritu, que en la filosofía griega, luego heredada por los cristianos, se traduce como un ser que no depende de la materia, ni en su existencia ni en su actuación.

La simplista vinculación de Satanás con el macho cabrío, cuernos y rabo incluidos, deriva probablemente de que la cabra solía ser un símbolo de fertilidad y perversión en la Antigüedad. Sin ir más lejos, una deidad adorada en la antigua Babilonia llamada Baphomet era representada con una cabeza barbada y con pequeños cuernos. Y lo mismo ocurre con el dios Pan de la mitología griega o con los faunos en la mitología romana. Asimismo, la cabra es una forma de confrontación con la idea del «Cordero de Dios» (el que quita los pecados del mundo).

Eso sin olvidar que los demonios adoptan diferentes formas de animal en la Bíblia: langostas, osos, escorpiones, dragones, leones… A lo que se suma la larga lista de animales tenidos por demoniacos a lo largo de los siglos: gatos, serpientes, dragones, moscas, cabras, búhos, ratas, gallos, etc.

En el Génesis se describe al ser representante del antipoder como un Leviatán (enrollado), esto es, una bestia marina del Antiguo Testamento creada por Dios. Y en el Apocalipsis, Satanás tiene forma de Dragón rojo.

El falso número de la bestia

El número 666 se suele identificar con el Diablo o con el Anticristoporque el último libro de la Biblia habla de una bestia de siete cabezas y diez cuernos que sale del mar y que lleva un nombre en forma de número: 666 (Revelación [Apocalipsis] 13:1, 17, 18). Hay que recordar aquí que el significado en la Antiguedad del número 6 es de imperfección (por faltarle una unidad para la perfección del número 7), de modo que el número 666 representaría la imperfección llevada hasta el extremo.

Algunas investigaciones han sugerido que el número 666 es erróneo, ya que existen algunas versiones del libro que datan del siglo II o III y que tienen como número de la Bestia al 616

Algunas investigaciones también sugieren que el número 666 es erróneo, ya que existen algunas versiones del libro que datan del siglo II o III y que tienen como número de la Bestia al 616.

¿Existe una religión que adora al Ángel Caído?

El Yazidismo es una religión de Oriente medio que se remonta al año 2000 a.C. y que cuenta con cerca de 700.000 miembros (la mayoría en Irak). Este credo adora a Malak Taus, el ángel caído que dirige a los arcángeles y a menudo está representado por un pavo real, lo que le ha valido la vinculación poco precisa por los cristianos y musulmanes con Satanás o Lucifer («Portador de luz»). No en vano, la veneración hacia Malak Taus, que nació de la iluminación del ser supremo, sigue siendo motivo de muchos interrogantes dada la personalidad rebelde, orgullosa e incluso tiránica de este ángel.

El demonio Lilith

«Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada», relata el libro del Génesis sobre la creación bíblica de la primera mujer en la faz de la tierra: Eva. No en vano, una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes. Según esta tradición judía, Lilith es la mujer que precedió a Eva, y que, una vez abandonó a Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna y la madre del adulterio.

Desentierran cadáveres en Indonesia para darles vida

En Indonesia, en la región de Célebes habitan los torajas, una comunidad indígena que como muchas otras culturas del mundo, tiene un ritual funerario de lo más particular: los rituales funerarios son una cuestión íntima y personal, una de las ventanas más especiales en las que uno puede conocer una cultura en particular, a su gente y a las extrañas fusiones entre los rituales ancestrales y las religiones.

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Esto no es excepción en ninguna parte del mundo. En México tradicionalmente cada noviembre veneramos a los muertos y las familias acuden a las tumbas de sus muertos; hasta hace un par de décadas en África los fores consumían el cuerpo del fallecido junto con sus prendas, o, por ejemplo, en Manila toda una comunidad se ha juntado en sus cementerios por lo que viven entre las tumbas.

Cada tres años en la isla Sulawesi, desde hace cientos de años, se repite esta tradición.

Según el Daily Mail, la gente de Toraja cree que los funerales son una de las cosas más importantes, y creen que la muerte no es el fin, sino un escalón en el viaje espiritual.

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Una vez que los cuerpos están limpios y les ponen ropas nuevas, la familia posa para las fotografías del álbum familiar. Tienen la oportunidad de limpiar y reparar los ataúdes para ralentizar la descomposición lo más que sea posible.

El ritual es una oportunidad para las familias de recordar a sus seres queridos y mostrarle su respeto.

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Uno de los eventos más importantes de la vida de la gente de ese grupo étnico de las montañas de Tana Toraja, es el funeral. Durante toda su vida ahorran dinero para tener un entierro respetable para ellos mismos y sus familiares.

A veces los funerales se retrasan semanas o años para juntar para un funeral extravagante. El funeral no será la última vez que vean a sus parientes. Cuando un anciano muere, su cuerpo es envuelto en varias capas de ropa para prevenir su deterioro.

Luego son desenterrados cada tres años para cambiarles la ropa y ser admirados por todos sus familiares, incluso los que no conocían. La gente de ese grupo cree que el espíritu de los muertos debería regresar a su aldea de origen.

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También suelen mantener los cuerpos de sus fallecidos en sus hogares, puede ser desde meses hasta años. En ese tiempo los cuerpos son tratados con formaldehído y agua para que no se descompongan tan rápido. Entonces los familiares tratan a sus muertos como si no lo estuvieran. Se refieren a ellos como si estuviesen enfermos o dormidos; platican, les dan de comer —o comen alrededor de éstos—, incluso encienden cigarros y se los dan a fumar.

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El tiempo que cada familiar pasa en casa está relacionado con el tiempo que le toma a la familia juntar suficiente dinero para organizar un gran funeral. De la misma forma, los cuerpos son atendidos con regularidad, aunque ya estén enterrados, pues se les cambia la ropa, lentes y hasta se retiran insectos.

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El funeral también se encuentra acompañado de un sacrificio de búfalos y cerdos, puesto que se cree que de esta forma el espíritu de los fallecidos vivirá pacíficamente, pastoreando a los animales sacrificados. El número de búfalos por lo general se determina dependiendo del estatus y la relevancia del fallecido, por lo que un número mayor de cabezas significa que el difunto gozaba de una mayor relevancia en la comunidad. Del mismo modo, la carne de estos animales posteriormente es repartida entre los asistentes, también de acuerdo a sus posiciones en la comunidad.

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Durante algo más de un siglo, los habitantes de esta isla indonesia han exhumado a sus antepasados como una muestra de respeto hacia ellos.

Para mantenerlo en el mejor estado de forma posible, los habitantes de la zona envuelven a sus muertos en varias capas de tela antes de enterrarlo. De la misma forma, una vez exhuman su cuerpo para el Ma’ nene, que es como se conoce al festival en Indonesia, reparan su ataúd y se deshacen de los órganos en descomposición.

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El funeral es un paso esencial en la transición entre la vida terrenal y la espiritual de los muertos. Los Toraja creen que el alma de una persona debe regresar a su lugar de nacimiento, motivo por el cual la gran mayoría decide no abandonarlo nunca para no morir lejos de su pueblo natal.

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En el caso de que una persona fallezca lejos de su hogar, a menudo sus parientes acuden en su busca para traerlo de vuelta y junto a ellos para que su espíritu pueda volver a él.

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Familias conviven con sus muertos por años o cada tercero

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Los locales maniobran cuidadosamente un cadáver antes de arreglarlos con delicadeza y vestirlos con ropa nueva

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Los cadáveres son llevados desde donde murieron de regreso a la aldea, siempre siguiendo una trayectoria de líneas rectas. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Un cementerio de piedra para las momias en la aldea de Toraja, Indonesia. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Este rito consiste en desenterrar a sus difuntos para limpiarlos, acicalarlos e incluso cambiarles la ropa si fuese necesario.

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El esqueleto de un bebé muerto tiene un vestido de flores encima. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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El nombre del ritual podríamos traducirlo como ‘ceremonia de limpieza de cadáveres’, el cual lleva celebrándose desde hace más de 100 años.

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Niña mira atenta los cuerpos de sus familiares

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Un niño pone un pariente muerto de nuevo en un ataúd. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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El ritual atrae turistas de todo el mundo

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Un hombre cepilla el cabello de un cadáver femenino. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Los cuerpos, que parecen sacados de una película de terror, se sacan cada año para ser lavados y vestidos con ropa nueva. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Dos cuerpos momificados de pie rígidamente junto a la otra, como si de nuevo a la vida. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Un pareja es colocada donde se conocieron y son vestido con ropa nueva de marca. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Un niño sostiene una muñeca de color rosado y se queda mirando con preocupación al lente de la cámara. (Foto: Sijori Images/Barcroft)

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Un ritual de más de un siglo que vivirá por siempre en esa comunidad de Indonesia

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El sacrificio de centenares de búfalos es totalmente normal en ofrenda a sus muertos

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Un señor pensativo con sus dos hijas

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Exhumación de cadáveres para el ritual

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Dos jovencitas aguardan con el cadáver de su abuela

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Por toda la aldea se pueden observar cuerpos regresados a la vida

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Familia sonríe para la foto con el cadáver de su familiar

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Hijo vistiendo a su padre con ropa nueva

El caso de Mamak Lisa por la BBC

A muchos no nos gusta pensar o hablar de la muerte. Pero hay pueblos que sí lo hacen.

Para los toraja, una comunidad indígena en la isla de Célebes, en el este de Indonesia, los muertos son una parte constante de la vida diaria.

En la simple sala de la casa, cubierta con paneles de madera, sin muebles y con unas pocas fotografías en la pared, se escucha un parloteo y huele a café.

Es una reunión familiar íntima.

«¿Cómo está tu padre?», pregunta uno de los invitados al huésped. El ánimo cambia repentinamente.

Todas las miradas en el pequeño cuarto se dirigen hacia la esquina, donde un anciano está recostado en una cama colorida.

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Los hijos cuidan, acicalan y limpian los restos de sus seres queridos, a quienes hablan.

«Sigue enfermo», responde con calma su hija, Mamak Lisa.

Sonriendo, Mamak Lisa se levanta, camina hacia el anciano y lo sacude suavemente.

«Padre, tenemos visitas que vienen a verte. Espero que esto no te incomode o te enoje», le dice ella.

Luego me invita a conocer a Paulo Cirinda.

Miro hacia la cama. Cirinda está acostado completamente inmóvil, ni siquiera parpadea, aunque difícilmente puedo verle los ojos a través de sus lentes cubiertos de polvo.

Su piel se ve áspera y gris, salpicada de innumerables orificios como comida por insectos. El resto de su cuerpo está cubierto con varias capas de ropa.

Lo observo mientras sus nietos corren juguetones en el cuarto y eso me devuelve a la realidad.

«¿Por qué el abuelo siempre está dormido?«, pregunta uno de ellos. «¡Abuelo, despierta y vamos a comer!», grita otro.

«Shhh… dejen de molestar al abuelo, está durmiendo», los regaña Mamak Lisa. «Lo van a hacer enojar».

Bueno, esto es lo sorprendente: este hombre, Cirinda, murió hace más de 12 años, pero su familia piensa que está vivo.

Para los extranjeros, la idea de mantener el cuerpo de un muerto expuesto en una casa parece algo totalmente extraño.

Sin embargo, para más de un millón de personas de esta parte del mundo ésta es una tradición de siglos.

Como si estuvieran vivos

Las creencias animistas de los toraja nublan la línea entre este mundo y el próximo, convirtiendo a los muertos en seres presentes en el mundo de los vivos.

Después de que alguien muere, puede tomar meses, e incluso años, llevar a cabo el funeral.

Mientras tanto, las familias mantienen a los cuerpos en casa y cuidan los restos de sus seres queridos como si éstos estuvieran enfermos.

Les llevan comida, bebidas y cigarros dos veces al día. Los lavan y les cambian la ropa regularmente.

Los muertos incluso tienen un tazón en la esquina de su cuarto para «usar el inodoro». Los muertos nunca se dejan solos y las luces siempre están encendidas cuando oscurece.

Las familias temen que si no cuidan los cuerpos adecuadamente, los espíritus de los difuntos les crearán problemas.

En el pasado se acostumbraba frotar hojas y hierbas en el cuerpo para preservarlo. Pero ahora se inyecta una solución química conservante, el formaldehído o formol.

Esto deja un poderoso hedor en la habitación.

Facilitar el duelo

Mientras acaricia cariñosamente las mejillas de su padre, Mamak Lisa dice que aún siente una fuerte conexión emocional con él.

«Aunque todos somos cristianos», explica, «los familiares a menudo lo visitan o llaman por teléfono para ver como ésta, porque creen que nos puede escuchar y que todavía está con nosotros».

A diferencia de lo que vemos usualmente, aquí no existe temor a los muertos.

Mi propio padre murió hace unos años y fue enterrado casi inmediatamente, antes de que yo tuviera tiempo de comprender lo que había ocurrido. Todavía no logro procesar totalmente mi duelo.

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Los niños están acostumbrados a jugar junto a los restos de sus ancestros.

Para mi sorpresa, Mamak Lisa me dice que tener a su padre en su casa le ha ayudado en su luto.

Le ha dado tiempo para ajustarse lentamente a la nueva identidad de su padre, la de un hombre muerto.

Partidas gloriosas

Los toraja trabajan duro para acumular riquezas. Pero en lugar de aspirar a una vida de lujos, ahorran para una partida gloriosa.

Sirinda permanecerá aquí hasta que su familia esté lista para despedirlo, tanto emocional como financieramente.

Su cuerpo partirá algún día del hogar familiar con un funeral inimaginablemente espléndido, después de una gran procesión por todo el pueblo.

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Parte del ritual es esculpir estatuas en madera representando a los muertos. Estas esculturas llevan ropa, joyería e incluso cabello de los fallecidos y son centinelas silenciosos que miran hacia este mundo desde otro plano.

Según las creencias de los toraja, es en los funerales cuando el alma finalmente deja esta Tierra y comienza su largo y duro viaje hacia el Pooya, la etapa final de la vida después de la muertedonde el alma reencarna.

Se cree que los búfalos son los que transportan el alma hacia la ultratumba y es por ello que las familias sacrifican a muchos de estos animales para ayudar a que el viaje sea más fácil para los muertos.

La creencia asegura que todos eventualmente llegarán al Pooya. Aquellos por quienes se han sacrificado muchos búfalos llegarán más pronto y más fácil. Otros llegarán más tarde y de forma más difícil.

Los toraja pasan gran parte de su vida ahorrando para estos rituales.

Cuando las familias logran ahorrar suficiente dinero, invitan a todos sus amigos y familiares de todo el mundo.

Entre más rico era el muerto cuando estaba vivo, más grandes y más elaboradas son las ceremonias.

«Diferente al funeral de mi padre»

El funeral al que asistí era de un hombre llamado Dengen, quien murió hace un año y medio.

Dengen era rico y poderoso. Su funeral duró cuatro días durante los cuales 24 búfalos y cientos de cerdos fueron sacrificados en su honor.

Posteriormente se distribuyó carne entre los invitados para que celebraran la vida y la próxima reencarnación de Dengen.

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Mamak Lisa mostró el cuerpo de su padre Paulo Cirinda, quien falleció hace 12 años y aún no ha sido enterrado. El atuendo era el favorito de Cirinda en vida.

Su hijo me dijo que el funeral había costado más de US$50.000, más de 10 veces el salario promedio anual en esta región.

No puedo dejar de comparar este espléndido, ruidoso y colorido funeral, lleno de bailes, música alegre, risa y, por supuesto sangre, con el de mi padre.

Para él llevamos a cabo una pequeña ceremonia con los familiares más cercanos en un lugar pequeño, oscuro y tranquilo.

Quedé con un recuerdo muy triste y sombrío de ese día. Es un contraste extraordinario con lo que la familia de Dengen recordará sobre su funeral.

Cuevas

Después del funeral, es el momento de enterrar al muerto.

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Luego de años los cuerpos son enterrados en cuevas o tumbas, donde también hay cráneos. Pero el entierro tampoco es un adiós. Cada dos años los cuerpos se retiran para ser limpiados.

Los toraja rara vez son enterrados bajo tierra. Ellos colocan a sus muertos en tumbas familiares o dentro de cuevas, ya que hay muchas de ellas en esta región montañosa.

Estas cuevas son otro lugar donde la vida después de la muerte al parecer se conecta con esta existencia.

Contienen innumerables féretros y cuerpos, e incluso cráneos y huesos. Los amigos y familiares cubren «necesidades básicas» de sus muertos y les traen a menudo dinero y cigarros.

En una tradición que surgió antes de la fotografía, las imágenes de los hombres y mujeres nobles muertos son cuidadosamente talladas en madera.

Conocidas como tau tau, estas esculturas llevan ropa, joyería e incluso cabello del muerto y son centinelas silenciosos que miran hacia este mundo desde otro plano.

Crear estas esculturas cuesta en promedio unos US$1.000.

Fotos con los muertos

Pero el entierro no significa un adiós. La relación física entre los muertos y los vivos continúa mucho después a través de un ritual llamado ma’nene, o «limpieza de los cuerpos».

Cada dos años las familias sacan los féretros de sus muertos de las tumbas, las abren y realizan una gran reunión.

En las ceremonias del ma’nene, amigos y familiares ofrecen alimentos y cigarros a los muertos y limpian y acicalan cuidadosamente sus cuerpos.

Luego posan con ellos para retratos familiares.

El profesor de sociología Andy Tandi Lolo, que es toraja, describe este ritual como una forma de mantener «la interacción social entre los vivos y los muertos».

Un ritual para María

Después de las oraciones del domingo, acompaño a la gente del pueblo toraja en un trayecto desde la iglesia hacia un pequeño edificio con azulejos naranja y sin ventanas.

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Uno de los llamados «‘árboles de los bebés». En esos huecos tallados en los árboles se colocan los restos de los seres queridos cuando se trata de bebés y niños pequeños.

Es una tumba familiar. Los cantos mezclados con el sonido de mujeres llorando crean una atmósfera surrealista.

Todos están aquí para la ceremonia de ma’nene de María Solo, quien murió hace tres años. Dicen que ella tiene ahora 93 y fue colocada en esta tumba familiar hace un año. Ahora es momento de que salga.

Los hombres retiran un féretro rojo y cilíndrico, decorado con dibujos geométricos en tonos de oro y plata.

Familiares cercanos de María colocan sobre el ataúd ofrendas, incluyendo hojas de coca, cigarrillos, nueces y orejas de búfalo.

Pero es necesario llevar a cabo otro ritual antes de abrir el féretro: el sacrificio de un búfalo.

Los familiares finalmente abren el féretro y una vez más el intenso olor mustio del formol invade el ambiente.

El cuerpo de una mujer pequeña y anciana yace dentro del ataúd. Su pelo blanco atado con esmero deja al descubierto su rostro enjuto.

Sus ojos y su boca están semiabiertos y el tono gris de su piel hace que se vea más como una estatua de piedra que como una mujer muerta.

¿Qué sienten sus hijos al ver así a su madre? Su hijo mayor, un empresario con una gorra de béisbol que vive en la capital del país, Yakarta, parece muy calmo.

No le molesta para nada ver a su madre de esta forma, me dice. Por el contrario, le recuerda cuán paciente era María y cuanto la ama.

Al igual la familia de Sirinda, los parientes de María Solo aún se refieren a ella en tiempo presente, como no estuviera muerta.

«Hace más ligero el duelo»

Una vez que el cuerpo es expuesto, cualquier señal de duelo o tensión desaparece. Yo misma dejo de sentirme nerviosa.

Otro familiar muy cercano de María Solo es su nuera, Estersobon, quien asegura que el ritual de ma’nene hace más ligero el peso de su duelo y le ayuda a rememorar la vida de sus seres amados.

Le digo a Estersobon que quiero recordar a mi padre como era cuando estaba vivo. Y que si lo viera muerto eso cambiaría las imágenes que guardo de él en mi mente.

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Algunos rituales incluyen cambiar la ropa de los muertos y llevarlos en una procesión por la aldea.

Estersobon insiste, sin embargo, en que éste ritual no afecta la forma en que recuerda a sus seres queridos.

Una vez que todos los familiares pasan tiempo con Maria y se toman fotos con ella, es hora de envolver su cuerpo en una tela blanca, una forma simbólica de cambiar su atuendo.

En algunas aldeas aún sí cambian completamente la ropa de los muertos e incluso llevan su cuerpo de paseo por el pueblo.

Pero estas prácticas están desapareciendo lentamente. Más del 80% de los toraja han abandonado la vieja religión animista conocida como Aluk to dolo y se han convertido al cristianismo. Y como consecuencia de ellos, los rituales también van cambiando poco a poco.

Sin embargo, el cristianismo y las tradiciones de Aluk to dolo han coexistido durante mucho tiempo en esta región.

Cristianismo

Andy Tandi Lolo señala que cuando, hace menos de un siglo, llegaron misioneros de Holanda, éstos intentaron prohibir las religiones animistas.

Pero en la década del 50 los misioneros se dieron cuenta de que los toraja sólo aceptarían el cristianismo si se les permitía continuar con sus rituales.

Para el resto del mundo las prácticas de los toraja pueden parecer extrañas.

Pero tal vez los principios detrás de esos rituales no sean tan diferentes de aquellos que se ven en otras culturas.

Recordar a los muertos es algo que muchos tratamos de hacer de la mejor manera que podemos.

Los toraja simplemente recuerdan a sus seres queridos de una forma diferente.