Visiones del infierno

El infierno es una idea firmemente arraigada en el imaginario social. No obstante pocos se preguntan cómo es más allá de la imagen del lugar lleno de llamas, diablos y condenados. Solo poquísimos privilegiados han tenido el supuesto privilegio de verlo, y otros de inventarlo de forma memorable. Conozcamos entonces lo que han dicho.

¿Cómo es el infierno?

Por miles de años las enseñanzas religiosas han promovido el temor por la muerte con la incógnita de a dónde van las almas cuando la persona fallece. Los pecadores iban al infierno, un lugar supuestamente ubicado en lo más profundo de la Tierra, donde habitan terribles y malvados demonios. Por mucho tiempo, las personas se han preguntado cómo se ve este lugar.

Muchos profetas, sacerdotes y clarividentes con la habilidad de ver el infierno han tratado de descubrir el terrible lugar. Los escritos sobre el inframundo tienen muchas variaciones, pero solo un elemento es invariable: el fuego infernal, el azufre que se respira en el ambiente y un terrible calor. Otros autores hablan sobre una oscuridad y un crepúsculo que los teólogos usan para describir el cielo y ambiente del inframundo.

A parte de las almas que merodean en el infierno, está el señor del infierno: Satanás, El Príncipe de La Oscuridad que trajo guerreros para pelear contra Dios y mantener el inframundo bajo su control.

En el siglo V, el teólogo San Agustín describió al infierno como un lago de fuego y azufre que fue creado por Dios para castigar a los herejes. Es un lugar que tortura y quema, donde las almas malditas son atormentadas por demonios, un escenario donde, en palabras de Cristo, “el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

El Viaje de Tundal

En 1149, un monje irlandés, que fue iluminado por Dios para describir el infierno, lo hizo por medio de un manuscrito llamado La visión de Tundalu. La historia trata sobre un caballero que viajó por varios escenarios del infierno con su ángel guardián, quien le dijo que él acabaría allí si no corregía su vida.

Lo primero que Tundal vio fue una gran planicie con piedras y carbones humeantes donde los demonios quemaban a los pecadores. En las brillantes montañas que rodeaban la planicie había monstruos-demonios con ganchos que desgarraban la piel de los herejes. En el infierno, Tundal vio al monstruo de ojos brillantes, Asheron, y cruzó un río de varios kilómetros por un puente cuyo grosor era igual que la palma de una mano, en las aguas de alrededor habían hambrientas criaturas esperando a que Tundal caiga para devorarlo. Al final del camino el caballero se encontró con un ofomnaya, un pájaro con pico metálico que se tragó a Tundal y lo defecó en un lago congelado, en cuyo fondo habitaba Satanás. Cuando el caballero escapó, dejó sus malas costumbres y regaló todo lo que poseía para convertirse en un peregrino.

La visión de Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús (también conocida como Santa Teresa de Ávila) era una santa española del siglo XVI. Fue doctora de la Iglesia, mística y escritora, además de fundadora de las “carmelitas descalzas”. Ella nos cuenta que un día estaba orando y, sin saber bien cómo, fue como transportada en mente y espíritu al infierno. Lo que vio fue lo siguiente:

La entrada del infierno era como un “horno muy bajo y obscuro y angosto”, como una especie de largo y estrecho callejón. El suelo estaba lleno de agua y lodo, había mal olor y muchas alimañas perjudiciales. Al fondo había una pared con una concavidad en la que una vez que se entraba se sentía un tormento inigualable, un tormento que no era algo físico: era como “un fuego en el alma” que comportaba un “agonizar”, un “ahogamiento”, una aguda aflicción, una “desesperación interior”; era como si aquello fuera un “estarse siempre arrancando el alma”, un estar en una situación en la que “el alma mesma es la que se despedaza”…

Pero lo más increíble de todo es que, al igual que en ciertas teorías esotéricas sobre los subplanos astrales inferiores, en la descripción de Santa Teresa no se mencionan torturadores,  no se habla de demonios infligiendo tormentos; de allí que ella dijera de aquellos suplicios lo siguiente: “no veía yo quién me los daba”.

Por otra parte, en la descripción de Santa Teresa las paredes del infierno son como paredes que aprietan (por la sensación psicológica de encerramiento), y “todo ahoga: no hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas”.

Finalmente, la santa nos habla de que había visto “de algunos vicios el castigo”. Nunca dice cuáles fueron exactamente esos castigos; aunque, como para que no pensemos que son castigos físicos, nos dice al final lo siguiente: “ni que los demonios atenazan, ni otros diferentes tormentos que he leído, no es nada con esta pena, porque es otra cosa: en fin, como de dibujo a la verdad, y el quemarse acá es muy poco en comparación de este fuego de allá”

Las visiones de Sta. Faustina

Sta. Faustina, monja católica de origen polaco que escribió un diario espiritual de más de 600 páginas, cuenta en su diario que un 20 de octubre de 1936 un ángel le mostró el infierno durante su retiro espiritual anual en Cracovia.

Nos dice que el infierno es un lugar lleno de oscuridad, un lugar en el que un fuego espiritual (la ira de Dios) atraviesa constantemente a las almas atormentadas, en el que un terrible hedor impregna todo; un sitio en el que las almas se ven unas a otras (y ven también a los demonios) a pesar de la oscuridad, pudiendo no solo ver su imagen sino la maldad interna que las consume; un lugar en el que Dios está completamente ausente, Lucifer presente y todos los condenados experimentan culpa constante y, tarde o temprano, terminan odiando a Dios y sufriendo el ardor de aquel odio.

Pero eso no es todo, Sta. Faustina nos habla de sitios dedicados a torturas especiales según el tipo de pecado, tormentos sensoriales según el o los sentidos empleados para pecar; cito: “hay cavernas y fosos de tortura en la que cada tipo de agonía es diferente. Yo hubiera muerto con la simple visión de esas torturas, si no hubiera sido porque la omnipotencia de Dios me sostenía

Fátima y el mar de fuego

Una visión sobre el infierno que no debe ignorarse es la proporcionada por el famoso episodio de la Virgen de Fátima. Por si no se sabe de lo que hablamos, lo de la Virgen de Fátima remite a las visiones que tuvieron de la virgen María tres niños pastores durante seis meses consecutivos, el 13 de cada mes, comenzando el 13 de mayo de 1917 y teniendo a Fatima (localidad portuguesa) por escenario.

Lo que vieron fue recopilado años después en sus Memorias por la Hermana Lucía, persona que fue uno de los tres niños pastores que vieron a María. Cito las palabras de Lucía siendo todo cuanto hay en referencia a aquella visión que, según su testigo, “duró solo un momento”. Veamos: ‹‹… […]…vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto (debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que así me escuchó). Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes igual que carbones encendidos. Esa visión duró sólo un momento…››

Dos visiones literarias del infierno cristiano:

El infierno de Dante Alighieri

De acuerdo con el autor, el infierno tiene una forma de embudo que termina en el centro de la Tierra. Este hueco fue producido por un impacto de meteorito, cuando Dios expulsó a Satanás al infierno. En su texto se podía entrar al infierno por un gran portón, al cruzarlo había una extensa planicie donde habían almas gastadas por pecados que no eran de ellos. Después de la planicie estaba el río Asheron que bordeaba todo el infierno.

En este punto del relato, Dante y su guía Virgilio se encuentran con el primer círculo de los nueve círculos del infierno. Cada círculo tenía una categoría para los pecadores, el primero tenía infantes no bautizados. En el segundo estaban los ladrones que violaron el mandamiento “no robar”, y ahora sus almas viajan por el eterno viento. Dentro del tercer círculo estaban los glotones que eran comidos por el perro infernal de tres cabezas, el Cerberus, quien constantemente muerde sus cuerpos sacando pedazos de su carne sebosa. En el cuarto círculo están las almas de las personas egoístas y avariciosas que cargan y arrastran grandes pedazos de piedras. El quinto círculo está en las orillas del río Estigio, allí están las personas molestas e iracundas cuyas lágrimas crean el río. Los que están dentro del río Estigio son los peores pecadores, allí hay una ciudad donde los demonios viven junto con los malvados del mundo. El sexto círculo está compuesto por una planicie llena de tumbas flameantes, las cuales están encendidas con el fuego de los herejes para siempre. Después de la planicie está el río Flegeton, en el que en vez de agua corre sangre hirviendo en la cual flotan las almas de asesinos y violadores. En sus orillas, de acuerdo con Dante, están las almas de los suicidas, quienes crecen en árboles enanos. Este macabro bosque se extiende por todo el desierto donde un ardiente viento quema las almas de aquellos que pecaron contra la naturaleza. El octavo círculo está al fondo de un foso, tiene acantilados y gigantes enterrados y representa al anfiteatro. Sus habitantes son los grandes farsantes (no simples mentirosos): rufianes, seductores, aduladores, estafadores, falsos consejeros, hipócritas, etc…Finalmente, en el último círculo hay un gran palacio (de torturas) y todo es hielo y escarcha: en él habitan los traidores y, en su centro, está un Lucifer de tres cabezas con la mitad del cuerpo bajo el hielo y la otra parte libre mientras mordisquea perpetuamente a Judas (el mayor traidor) con los colmillos de su cabeza central…

El infierno de John Milton

El poeta inglés describe el infierno con su poema Paraíso Perdido (1667), en su texto el autor indica que no hay una luz visible. Solo hay fuego ardiente que no emite luz. De acuerdo con el autor, la capital del infierno se llama Pandemonium, lugar donde está el palacio de Lucifer en el cual se reúnen él y su corte de ángeles caídos. En el infierno hay varios minerales, en particular el oro, porque tienta a los humanos en la Tierra a cometer terribles crímenes.

En la ciudad, por orden de Lucifer, hay un cuarto para caballeros y una sala de reuniones en un anfiteatro que tiene un tumbado similar a un domo. Todo el palacio de Lucifer está repleto con piedras preciosas que constantemente son limpiadas, además de que tiene numerosos puentes y galerías. El soberano del infierno también es conocido como el “Hijo de la Mañana”. El príncipe de la oscuridad se ha rodeado de demonios para mantener su reinado subterráneo.

Su mano derecha se llama Beelzebub, quien está encargado de enviar epidemias a los humanos. El otro ayudante es Leviatán, una criatura descrita como la serpiente del mar. En los tiempos antiguos, esta criatura ha peleado en varias ocasiones con Dios y algunos teólogos creen que sus fauces son la entrada al infierno. El equivalente terrestre de Leviatán es Behemoth, una gigantesca criatura descrita como un elefante gigante con una gran barriga, el cual es responsable de la glotonería y está encargado de todos los festines del infierno. El siguiente ángel caído al servicio del mal es Asmodeus, el líder de los problemas de la familia y la lujuria, también es responsable de la avaricia humana y los juegos de azar. Cuando se presenta aparece montando un dragón y cargando una espada. Asmodeus tiene tres cabezas: una de toro, una de cordero y una humana; sus patas son de gallo. En el infierno Astaroth es el ministro de finanzas y es el responsable de la pereza humana, usualmente es descrito montando un dragón con una cabeza horrenda y una serpiente en su mano. Mientras que Belial es el ángel caído que protege a los mentirosos e hipócritas.

Malleus Maleficarum, el martillo de las brujas

El Malleus Maleficarum es uno de los libros más oscuros y nocivos en la historia de la Humanidad. Carl Sagan, escritor y eminente astrofísico estadounidense, dijo de esta obra que en ella “se aplicaban las torturas más horrendas” y que “En el Malleus se aconsejaba: “no dejarás viva una bruja”. Así se quemaron legiones de mujeres en la hoguera”.

El Malleus Maleficarum

Este manuscrito fue hecho para probar la existencia de las brujas y compartir información sobre cómo combatir la brujería en el siglo XV, texto que recoge ejemplos y anécdotas de casos sobre herejes en la región europea. El libro fue publicado en 1486 en Alemania como una recopilación de creencias sobre la brujería, explicaciones sobre muchos aspectos intrincados de la misma y métodos para su erradicación, sirvió como una importante herramienta durante el periodo de histeria producido por la cacería de brujas de mediados del siglo XVI.

Este texto se convirtió en la guía más influyente para perseguir herejes y brujas. Su traductor, Montague Summers, lo describió como: “Uno de los libros más importantes, sabios e influyentes del mundo”. La revolución de la imprenta del siglo XV permitió que el libro esté al alcance de las masas y por dos siglos fue el segundo texto más vendido, después de la biblia.

La impronta que el Malleus Maleficarum dejó como testimonió de la estupidez humana (ilimitada según Albert Einstein) es algo que la Historia nunca olvidará. Gracias a esta oscura obra se condenó a medio millón de brujas entre los siglos XVI y XVIII. Por él, en apenas tres meses, cinco mil mujeres fueron juzgadas en Génova, siete mil en Trier y, en los famosos Juicios de Salem llevados a cabo en USA a fines del siglo XVII, cuatrocientas brujas sintieron el peso del martillo inquisitorial: 230 siendo quemadas en público frente a las masas histéricas y fanáticas, veinte siendo atrozmente degolladas y, con algo de suerte y “misericordia” de los jueces, 150 fueron a parar a prisión.

El martillo de los embusteros

En realidad el Malleus Maleficarum nunca fue oficialmente aprobado. De hecho, lo único que a nivel oficial Heinrich Kramer (conocido también como Heinrich Institoris) y Jacob Sprenger (sus autores) consiguieron, fue un decreto papal de Inocencio VIII emitido el 5 de diciembre de 1484, decreto éste que les otorgaba poderes para procesar brujas en Alemania y que había sido emitido antes de que el libro fuese escrito y sus siniestros métodos divulgados. No obstante, a pesar de eso los dos inquisidores colocaron dicho decreto dentro del libro como para dar la idea de que el papa aprobaba las atrocidades que ellos desarrollaban a lo largo de las páginas del Malleus Maleficarum.

Previamente a todo lo anterior, en mayo de 1487 los dos inquisidores presentaron su obra a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia. Como era de esperarse, los clérigos de la universidad rechazaron a la obra por ilegal, por carente de ética y por tener una demonología que no concordaba del todo con la doctrina católica. Lejos de rendirse, Kramer tuvo la maquiavélica osadía de no solamente publicar el libro sino también incrustar una falsa nota de apoyo por parte de la Universidad de Colonia.

Pese a que poco después de su publicación la Iglesia proscribió el libro, entre 1487 y 1520 la obra fue publicada unas 13 veces y entre 1574 y 1669 se la publicó de nuevo unas 16 veces; naturalmente, la abundancia de publicaciones se debió en parte —al menos en sus comienzos— a que muchos ignoraban la desaprobación oficial y se fiaban de la falsa nota de Kramer; aunque, en etapas posteriores, su difusión prosiguió debido a la gran sed popular de soluciones contra la brujería.

Kramer fue denunciado por la Inquisición en 1490, pero a pesar de todas estas dificultades el autor pudo llevar una buena vida pues fue solicitado en1495 para dar clases en Venecia. El 31 de enero de 1500, El rey Alexander VI lo nombró nuncio apostólico e inquisidor de Bohemia y Marovia, dedicándose a partir de eso a perseguir la secta de disidentes valdenses y brujos picardos. Poco después, Kramer falleció en el año 1505 en Bohemia.

En cuanto a la Iglesia Católica, ésta jamás reconoció que el Malleus Maleficarum fuese usado por sus fieles, pero la Iglesia Protestante si lo usó para sus juicios de brujas. Es así que en gran medida se explica, más allá de lo anteriormente dicho, el porqué se difundió tanto el libro pese a la prohibición del clero católico. Y es que no resulta extraño que fuese la Iglesia Protestante la principal responsable de llevar a la práctica las brutalidades del Malleus Maleficarum; ya que, como es sabido, la Iglesia Protestante es mucho más radical que la Iglesia Católica en tanto que aboga por una interpretación mucho más literal de las escrituras, tiene una actitud mucho más moralista y sus seguidores han sido y siguen siendo individuos llenos de fervor, fanatismo y actitudes de condenación moral hacia los otros.

Contenido del manuscrito

El Malleus Maleficarum se traduce del latín como: “El martillo de brujas” o “Hexenhammer” en alemán. Este manuscrito asegura que hay tres elementos necesarios para la brujería: el primero es la bruja “malvada”, seguido por la ayuda del Diablo y finalmente el permiso de Dios. Por estos motivos el libro fue dividido en tres secciones.

La primera sección fue hecha para refutar cualquier negación sobre la existencia de la brujería y así promover la justicia divina. Habla también sobre la existencia del Diablo y la habilidad que posee para realizar eventos sorprendentes, poder que existe para ayudar a las brujas, sólo si tiene el permiso de Dios. También aclara que los rituales del Demonio son más poderosos cuando hay sexo de por medio, lo cual en parte se relaciona con la creencia de que las mujeres son más sexuales que los hombres en virtud de una supuesta naturaleza más débil de voluntad e intelecto y por ende más propensa a las tentaciones de la carne. En el texto dice que las lujuriosas brujas tienen relaciones con el Diablo para así tener acceso a todos sus poderes. De acuerdo con el Malleus Maleficarum, la brujería proviene de la maldad innata del ser humano antes que de la influencia de los astros o de los demonios.

En la segunda sección, los autores explican cómo funciona el poder de las brujas, los sortilegios que usan y los remedios usados para protegerse de la brujería. Hablan de las herramientas empleadas en  estrategias para reclutar nuevos miembros, haciendo que algo malo le suceda a la vida de una persona, y esta se vea obligada a recurrir a las brujas. También dicen que las brujas presentan demonios tentadores a las jóvenes del pueblo para que las corrompan y se conviertan en sirvientas del Diablo. Sprenger y Kramer explican cómo las brujas hacían pactos con el Diablo a cambio de poder, siendo aquellos conocimientos adquiridos principalmente durante su experiencia en las inquisiciones.

Dentro de la tercera sección se encuentra el aspecto técnico y legal del manuscrito, cubriendo todos los pasos necesarios para detectar y combatir la brujería dentro y fuera de la corte. Presenta los métodos más comunes, como el proceso de acusaciones hasta los tipos de interrogación. En el texto enseñan a los jueces a engañar al acusado prometiendo misericordia si confesaba su culpa. Esta sección también muestra cuánto se creía en el testimonio del acusado y en la necesidad de eliminar amenazas, aunque también enseña cómo los rumores del pueblo pueden llevar a cualquier persona a juicio y como si existía mucha oposición era obvio que el acusado era hereje. Finalmente aclaraba que los inquisidores estaban protegidos por Dios y que las mujeres que no lloraban durante su juicio debían ser declaradas brujas de inmediato.

Percepciones maléficas

Debido a que el manuscrito se refiere a las mujeres como brujas, se cree que los autores odiaban al sexo opuesto (eran misóginos). Por esta razón inclinan más a las mujeres hacia la brujería, por ser, según ellos, más susceptibles a las tentaciones de los demonios y, al ser más carnales, tener menos fe que los hombres. El historiador Michael Bailey asegura que las mujeres de carácter fuerte eran acusadas de ser brujas y también aquellas que no seguían las normas de vestimenta femenina, incluso el nombre Malleus Maleficarum es un título en femenino que, en su etimología, alude a las mujeres como villanas. En masculino el texto se escribiría “Malleus Maleficorum”. Este manuscrito acusaba a las brujas de practicar infanticidio, canibalismo, realizar hechizos malvados para lastimar a sus enemigos y también les atribuía el poder de causar impotencia en los hombres y distintas enfermedades. No se puede negar el sexismo de este manuscrito ya que promueve a las mujeres como criaturas débiles, inferiores y más propensas al mal que el hombre.

Sin embargo el Malleus Maleficarum sí consiguió información interesante de la época, ya que algunas brujas confesaron poder convertirse en animales. Ante esto los inquisidores sospechaban que el demonio las engañaba con ilusiones para atraparlas; también discute sucesos como volar, causar tormentas y destruir cosechas. Así mismo, deja la duda de que quizá algunas brujas tenían hijos de demonios en la Tierra.

En cuanto a su estilo, la escritura de esta guía es seria y sin humor, y aunque la información que contiene es difícil de creer, es presentada como segura.

El Malleus Maleficarum no es un libro original, es una extensa y ordenada recopilación de trabajos previos como los textos de Visconti y el famoso Formicarius escrito por Johannes Nider en 1435. Este manuscrito fue influenciado fuertemente por ideologías humanistas de temas antiguos como la Astronomía, Filosofía y Medicina, tendencias que fueron estudiadas nuevamente tras encontrarse viejos textos.

Aunque el Malleus Maleficarum fue prohibido por la Iglesia Católica, se convirtió en el manual más importante de los cazadores de brujas y los inquisidores de la Europa medieval. En la actualidad existe una traducción completamente nueva, gracias a Christopher S. Mackay, el texto fue publicado por el Cambridge University Press en noviembre de 2006. Este libro también ha hecho su aparición en la popular serie de televisión Supernatural en un episodio que lleva su nombre.

APÉNDICES

1-Uno de los fragmentos más absurdos del Malleus Maleficarum:

‹‹¿Qué cabría pensar de semejantes hechiceras que… coleccionan órganos viriles en gran número, tantos como veinte o treinta, y los colocan en nidos de pájaro, o los encierran en cajas, donde se mueven como miembros vivientes y se nutren de avena y maíz?… Todo es obra del demonio y del engaño… Ya que cierto hombre me dijo que, cuando perdió su miembro, fue a ver a una conocida bruja para solicitar que se lo restituyera. Le dijo al afligido hombre que subiese a un árbol determinado y tomase el que le gustara más del nido en el cual había varios miembros. Y al elegir uno grande, la bruja le dijo: “No debes coger ése”; y añadió: “Porque pertenece a un cura de la parroquia”. »

2-Recomendaciones para quienes quieran saber mucho más:

La primera recomendación que les hacemos es la lectura del libro El mundo y sus demonios de Carl Sagan, un astrónomo, astrofísico, cosmólogo, divulgador científico y escritor estadounidense del siglo XX. Él (una de las mentes más brillantes del siglo XX) allí explica muchos procesos históricos relacionados con la brujería y el oscurantismo en general, además de otras cuestiones  más vinculadas a la Ciencia, sus métodos, características y procesos argumentales; ya que, en general, el libro es un ataque a la Pseudociencia y la superstición y una apología de la Ciencia. Así, a pesar de la variedad de temas del libro, aquella parte en que habla del Malleus Maleficarum es ciertamente esclarecedora.

Finalmente, a quienes deseen conocer a fondo los principios que plantea el Malleus Malleficarum pero no quieran dedicar tanto tiempo a una obra de esa extensión, podemos recomendarles un documento académico en el que, en pocas páginas, se resumen los principales postulados del Malleus Maleficarum.

La Biblia Satánica

La Biblia Satánica es una obra filosófico-religiosa que expresa la ideología y las creencias de la Iglesia de Satán, iglesia fundada por Anton Szandor LaVey (conocido como el “Papa Negro”). Erróneamente percibida, la obra exalta cosas positivas como la independencia, la amplitud de miras, el placer, la auto-realización y la libertad.

Este oscuro texto está conformado por la recopilación de varios ensayos sobre ocultismo, religiones paganas y demás piezas literarias relacionadas con Satanás. La Biblia Satánica, como libro, fue compuesta por Anton LaVey en 1969. Es un escrito en el que detalla la ideología satánica y sus rituales. Es importante resaltar que la gran mayoría de satanistas no creen en el Diablo como un dios, más bien esta figura es vista como una idea en contra del Dios tiránico del Viejo Testamento. Esta biblia busca que las personas entiendan que cada uno de ellos es su propio dios, de la misma forma que la serpiente engañó a Eva diciéndole que después de comer del fruto prohibido reconocería entre el bien y el mal y determinaría la verdad.

La tradición cristiana dicta que el hombre pagará por sus faltas ante Dios el día de su muerte, mientras que la biblia de LaVey promulga la liberación de Dios a cambio de que cada persona sea responsable de sus actos y consecuencias. Por otra parte este oscuro escrito indica que el pecado es propio de la naturaleza del ser humano y de las decisiones que éste tome. Es  pues contrario al catolicismo, en el cual se impone el pecado y la culpa es una herramienta para subyugar al ser humano, tal y como se ve en el versículo 17-9 de Jeremías: “El corazón del hombre es engañoso y sobre todo perverso”. Aquella oración se refiere a la muerte como última consecuencia del pecado y la separación de Dios; aunque no todo es sacrificio en el cristianismo, también hay palabras para motivar a los creyentes mientras que el satanismo promueve directamente el orgullo y la arrogancia.

La Biblia Satánica es un compendio de cuatro libros, cada uno de estos presenta a sus cuatro demonios como los jefes del infierno y también explica los diferentes principios del satanismo.

Cuatro capítulos satánicos

El libro que LaVey publicó como la Biblia Satánica se divide en dos partes esenciales. La primera expone la ideología y el razonamiento que el satanismo promulga como religión en el siglo XIX. La segunda parte habla sobre los rituales y prácticas comunes dentro del círculo de creyentes. En estos textos también se menciona al padre del satanismo moderno: Aleister Crowley.

El Libro de Satán “La Diatriba Infernal”

En las líneas de este capítulo su autor explica cómo el Diablo ha sido insultado y atacado por hombres bajo el mando de Dios y sus predicadores, mofándose del hecho de que El Todo Poderoso mismo promueve la libertad de palabra, sin embargo al Diablo no se le permite hablar. Pero ahora el Príncipe Oscuro no se calla nada, en los párrafos de este texto se puede apreciar la llamada al ser humano para volver a la ley de la selva y que así el hombre aprenda nuevamente a vivir bajo ese código de conducta en el que imperan los más fuertes y la caridad y compasión son dejadas de lado. Donde cada verso es un infierno y cada palabra es una lengua de fuego.

El Libro de Lucifer: “La Iluminación”

Antes era un apreciado dios romano que traía la luz, el aire y la iluminación; pero, después de la llegada del Cristianismo, Lucifer y todo lo que él representaba se convirtió en sinónimo de todo lo que es malvado. A partir de esto la nueva religión promulgó a la verdad como el medio para ser libres, así como también hizo gran énfasis en el rechazo del demonio Lucifer. La teología del cristianismo presenta al demonio como un gran mentiroso, si este es el caso, los satanistas creen que fue el Diablo quien creó el resto de religiones que se escuchan en el mundo moderno, y no Dios; ya que, según los satanistas, esas religiones representan “burbujas de falsedad”. A diferencia de los cristianos que creen en verdades rebeladas e incuestionables, los satanistas piensan que lo que en realidad libera es la duda pues lo que creemos que es la verdad es siempre cuestionable y cuando nos aferramos a una supuesta verdad nos esclavizamos a la inamovilidad de una convicción cerrada; como decía el viejo proverbio latino: “ubi dubium ibi libertas” (donde hay duda hay libertad). Además y sobre todo, los satanistas piensan que si se clausura la duda se clausura el portal por donde llega la verdad.

El Libro de Belial “El dominio de la tierra”

El nombre de esto demonio significa “que no tiene amos”, palabras que simbolizan la verdadera independencia. En este texto Belial representa el elemento de la tierra y este elemento representa la magia, momento en el que se remueve el velo de subterfugios que envuelve la práctica de estas artes negras. Y es que, según los satanistas, los ocultistas convencionales son depositarios de “actitudes místicas carentes de razón objetiva”, además de que han sido creadores de laberintos, han relegado los principios elementales y verdaderos de la magia y han complejizado las cosas innecesariamente al punto de no poder usar sus artes y ser víctimas de aquellas. Así, estos ocultistas habrían creado, ya deliberadamente o ya por ignorancia, el velo de misterio y la complejidad que envuelven a la magia, volviéndola algo exclusivo para aquellos pocos que conocen su verdadera naturaleza. En otras palabras, los esotéricos que la practican deberían estar encima de la magia, sin embargo están atrapados en el laberinto de conocimientos creados por ellos mismos para esconder el arte de los que no creen en ella.

El Libro de Leviatán “El mar rugiente”

Como el nombre de este capítulo indica, Leviatán es el gran dragón del abismo en las profundidades del océano, “su rugido se escucha en el bravo mar y sus invocaciones son sus tribunales”. En esta parte del libro se profundiza en la magia y la energía que se requiere para que las invocaciones funcionen. Para que un ritual sea efectivo, se tiene que usar las palabras adecuadas y al mismo tiempo darle creencia con la fuerza y la voluntad con que se dicen las palabras del ritual y se ejecutan sus procedimientos, de lo contrario el hechizo no funcionará. Es en esta parte del libro donde entran las famosas claves en lenguaje enoquiano, un lenguaje más antiguo que el sanscrito, con sonidos que se parecen a los del árabe, el hebreo o el latín, y con aparición escrita primigenia en una obra de 1659 de John Dee, un famoso astrólogo y vidente británico. Hay que tener en cuenta que la variedad de rituales tienen diferentes cánticos, los cuales pueden ser versos, sonidos, cantos, poesías entre otros más.

Siniestros autores

Anton Szandor LaVey nació el 11 de abril de 1930 y fundó la Iglesia de Satanás el 30 de abril de 1966 en el Estado de California, fue autor de la Biblia Satánica, texto que publicó en 1969. Esta fecha se convirtió en el año primero del Reinado de Satanás y en los años siguientes su templo adquirió mucha fama en California. Pronto Anton confirmó que obtuvo muchos de los fragmentos de su biblia de su predecesor Aleister Crowley. Sus enseñanzas están enfocadas en la gratificación y la exaltación de todos los deseos humanos. Cuando Lavey murió el 29 de octubre de 1997, su cuerpo fue cremado en un funeral satánico y sus cenizas fueron entregadas a sus discípulos para que estas sean usadas como ingredientes en poderosos rituales.

Aleister Crowley nació el 12 de octubre de 1875, en el trayecto de su vida desempeñó varias funciones, entre ellas sobresalen el ocultismo, la escritura y el espionaje. Crowley fue un miembro influyente de muchas sectas de esoterismo, entre ellas “Golden Dawn” y la “Ordo Templi Orientis”. La obra más importante de Aleister es “El Libro de la Ley”, y también era conocido como “el hombre más perverso de la tierra”. De acuerdo con los registros, Crowley tuvo una experiencia mística en 1904, evento que lo impulsó a formar su religión filosófica conocida como “Thelema” en la cual habla del destino que cada persona tiene y de la voluntad necesaria para llevarlo a cabo. Edward Alexander Crowley falleció el 01 de diciembre de 1945 por una infección respiratoria.

Prácticas e ideologías satánicas

El satanismo se ha categorizado por sus macabros rituales o misas negras, una práctica muy común de esta religión es la sexualidad, en ella no importa el sexo de sus participantes. Este ritual es percibido como algo bueno dentro de los pasajes de la Biblia Satánica, LaVey lo justifica diciendo: “el satanismo impulsa a cualquier forma de expresión sexual que uno desee, siempre y cuando no se lastime a nadie más”. Esta premisa colisiona con “la verdad” cristiana en la que el sexo es entre un hombre y una mujer para siempre y únicamente después del matrimonio.

La Biblia Satánica tiene una postura específica sobre la vida después de la muerte, en la que indica que la vida es una sola y por eso hay que aprovechar cada momento al máximo. En el satanismo no hay vida u existencia después de la muerte, contrariamente al cielo y al infierno que el cristianismo usa para controlar al ser humano.

Finalmente el concepto de que los satanistas adoran al Diablo como su deidad es una idea errónea. Porque el concepto de Dios para el satanista simplemente significa creer lo que mejor le convenga y que cada persona rinde sus cuentas a sí misma y no hay juez después de la muerte. Para el satanista, Dios o como quiera que se lo llame, es una fuerza invisible que se encarga de mantener el equilibrio en la Naturaleza y es demasiado impersonal como para preocuparse por el sufrimiento humano.

En la actualidad, Karla LaVey y la sacerdotisa Blanche Barton siguen el legado de Anton, su iglesia posee más de 10,000 miembros sin contar su influencia en la música y el arte en general…

APÉNDICES:

1-Las nueve declaraciones satánicas de LaVey:

  • Satán representa indulgencia, en vez de abstinencia!
  • Satán representa existencia vital, en vez de quimeras espirituales!
  • Satán representa sabiduría no mancillada en vez de auto engaño hipócrita!
  • Satán representa amabilidad a quienes se la merecen, en vez de amor desperdiciado en ingratos!
  • Satán representa venganza, en vez de dar la otra mejilla!
  • Satán representa responsabilidad para el responsable, sin preocuparse por vampiros psíquicos!
  • Satán representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, la mayoría de las veces peor que aquellos que caminan a cuarto patas; animal que, por causa de su “desarrollo divino e intelectual” se ha convertido en el más vicioso de todos!
  • Satán representa todos los así llamados “pecados”, en tanto éstos lleven a la gratificación física, mental o emocional!
  • Satán ha sido el mejor amigo que la Iglesia haya tenido, ya que la ha mantenido en el negocio todos éstos años!

2-Los nueve grandes pecados prescritos por el satanismo de LaVey:

LA ESTUPIDEZ: El número uno de los Pecados Satánicos. El Pecado Cardinal del Satanismo. Es una lástima que la estupidez no sea dolorosa. La ignorancia es una cosa, pero nuestra sociedad crece cada vez más en la estupidez. Depende de las personas que están de acuerdo con cualquier cosa que se les dice. Los medios de comunicación promueven una estupidez cultivada como una postura que no sólo es aceptable sino laudable. Los Satánistas deben aprender a ver a través de ésos trucos y no pueden darse el lujo de ser tontos.

PRETENSIÓN: Las actitudes vacías pueden ser muy irritantes y no se aplican alas reglas cardinales de Magia Menor. Se encuentra en el mismo nivel con la estupidez y es lo que mantiene el dinero en circulación estos días. Se hace que todo el mundo se sienta la gran cosa, así lo sean o no.

SOLIPSISMO: Puede ser muy peligroso para los Satánistas. Es proyectar tus reacciones, respuestas, y sensibilidades en alguien más que probablemente está bien lejos de sentirlas como tú. Es caer en el error de esperar que las personas te den la misma consideración, cortesía, y respeto que tú les das. No lo harán. En lugar de hacer tal cosa, los Satanistas deben esforzarse en aplicar el “Trata a los demás como te traten a ti.” Funciona para la mayoría de nosotros y requiere una vigilancia constante para no caer en la cómoda ilusión de que todos son como tú. Como se ha dicho, ciertas utopías serían ideales en una nación de filósofos, pero desgraciadamente (o quizás afortunadamente, desde un punto de vista propio de Maquiavelo) estamos bien lejos de tal cosa.

AUTO-ENGAÑO HIPÓCRITA: Está en las Nueve Declaraciones Satánicas pero merece ser repetido aquí. Otro pecado cardinal. No debemos rendir tributo a cualquiera de las vacas sagradas que se nos presentan, incluso aquellos papeles que se espera que interpretemos. La única vez que el auto-engaño tendría cabida sería cuando es divertido, y siendo consciente de ello. ¡Pero entonces, no es auto-engaño!

CONFORMISMO REBAÑERO: Es más que obvio desde un punto de vista Satanista. Está bien acoplarse a los deseos de una persona, si al final te trae algún beneficio. Pero sólo los necios siguen con el rebaño, permitiendo que una entidad impersonal te diga lo que tienen que hacer. La clave es escoger a un amo sabiamente en lugar de ser esclavizado por los antojos de muchos.

FALTA DE PERSPECTIVA: De nuevo, éste puede causar un mal rato a un Satanista. Nunca debes perder de vista quién y qué eres, y la amenaza que puedes ser, por tu misma existencia. Estamos haciendo historia ahora mismo, todos los días. Ten siempre presente el marco histórico y social en el que vives.. Ésa es una clave importante para la Magia Menor y Mayor. Mira los parámetros y encaja las cosas de tal manera que las piezas encajen en el orden que desees que queden. De ésta manera no estarás oscilando entre el constreñimiento del rebaño. Sé consciente de que estás trabajando en otro nivel completamente alejado del resto del mundo.

EL OLVIDO DE ORTODOXIAS PASADAS: Ten en cuenta que esta es una de las claves para lavarle el cerebro a las personas de forma que puedan aceptar algo como “nuevo” y “diferente”, cuando en realidad es algo que había sido aceptado ampliamente pero es presentado en un nuevo empaque. Se espera que nos asombremos y respetemos el genio del “creador” y nos olvidemos del original. Esto es lo que hace a una sociedad desechable.

ORGULLO CONTRAPRODUCENTE: La segunda palabra es importante. El orgullo está bien hasta que llega a un punto en el que comienza a afectarnos. La regla del Satanismo es si funciona para tí, grandioso. Cuando deja de hacerlo, cuando te has arrinconado y la única manera de salir es decir, “lo siento, cometí un error, desearía que pudiéramos arreglarlo de alguna forma,” entonces hazlo.

FALTA DE ESTÉTICA: Ésta es la aplicación física del Factor de Equilibrio. Es importante en la Magia Menor y debe ser cultivada. Es obvio que casi nadie puede hacer mucho dinero así, al menos la mayoría del tiempo lo que es descorazonador en una sociedad de consumo, pero es una herramienta satánica esencial y debe aplicarse para hacer eficiente el uso de la magia. No es lo que se supone que le guste a uno, es lo que le guste a uno. La estética es una cosa muy personal, que refleja algo de la naturaleza de uno mismo, pero también existen cosas y estructuras que son universalmente consideradas como agradables y placenteras lo cual es un hecho que no debe negarse.

El Necronomicón

El Necronomicón fue citado muchas veces por Lovecraft a lo largo de su obra y, pese a que admitió que no era más que un invento suyo, algunos aún creen que el Necronomicón existe y que en él se encierran los secretos para despertar a las terribles y siniestras fuerzas que alguna vez imperaron sobre la Tierra antes de que la Humanidad viese la luz.

«Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir»

(Cita que H. P. Lovecraft extrajo del Necronomicón)

El libro

Al igual que Jorge Luis Borges, H.P. Lovecraft fue un maestro a la hora de inventar libros que nunca existieron y crear y usar con asombrosa verosimilitud las citas de aquellas quimeras bibliográficas. Fruto de ese talento es el Necronomicón, texto que principalmente es un grimorio ficticio que pertenece al ámbito de la magia negra (sobre todo nigromancia), que fusiona terribles ritos pre-arios con elementos que recuerdan a los grimorios medievales y con otros rituales conocidos por los folcloristas y que, por los relatos que encierra, es capaz de suscitar en muchas mentes la idea de unos terribles seres primigenios que vinieron de las oscuras entrañas del cosmos y desplegaron sobre la Tierra una siniestra civilización anterior a los primeros hombres. Combinando en el Necronomicón lo ficticio y lo real, Lovecraft desplegó todos sus amplios conocimientos de Ocultismo y Mitología para escribir su siniestra obra y así, a través de aquella y del paso del tiempo, dar lugar a varios textos que reclaman ser el verdadero Necronomicón, a escritos falaces que abalan su existencia, a fichas ficticias que incluso han llegado a librerías universitarias y, desde luego, a muchos (particularmente ocultistas y aficionados a lo gótico y tendencias afines) ilusos que lo buscan y afirman que en realidad, debido a la presión ejercida por oscuras fuerzas, lo que Lovecraft inventó no fue el Necronomicón sino mas bien su afirmación de que había inventado el Necronomicón, siendo así mentira que el Necronomicón era una elaborada mentira suya…

Su etimología

“Necronomicón” —nombre inventado por Lovecraft a partir de un sueño— viene de “nekros” (“muerto” en griego), “nomos” (“ley” en griego) e “ikos” (partícula griega sin sentido propio que se usa para formar adjetivos) y significa algo así como “relativo a las leyes de los muertos”; aunque, según la más detallada interpretación que el propio Lovecraft le da en una carta escrita a Harry O. Fischer en 1937, su significado sería “Imagen de la Ley de los Muertos”.

En árabe —idioma en el que supuestamente se habría escrito el ejemplar primigenio— su título es “Kitah Al-Azif”, lo cual significa “el rumor de los insectos por la noche”, nombre éste que ya refleja la filiación sombría del libro en tanto que en el folclore árabe se le atribuían a demonios como los djins y los gules el mismo ruido de los insectos nocturnos, por lo cual, dentro del título, “insectos” es una forma metafórica de decir “demonios” y por tanto el sentido final sería “el rumor de los demonios por la noche”, título ciertamente complejo en tanto que “rumor” y “noche” se prestan a exhaustivas interpretaciones simbólicas.

En cuanto al nombre del autor (ficticio) del Necronomicón, el árabe Abdul Al-Hazred, vemos que éste es un nombre que se encuentra en las Mil y una noches y que, según dejan traslucir ciertas cartas de Lovecraft a sus amigos, se trata de un vanidoso apodo que Lovecraft se auto-otorgó en la infancia tras leer las Mil y una noches, apodo que, por analogía fonética, significa “El que todo lo ha leído” en tanto que suena casi igual que “All has read”.

La fantástica historia del Necronomicón

Esta historia, que aún es creída por algunos como real, fue ideada por Lovecraft en 1927 dentro de un texto llamado “Una historia del Necronomicón”, escrito éste último que habría de ser publicado en 1938 (ya fallecido el autor) gracias a los varios amigos de Lovecraft que admiraban su obra. En ella se nos habla de Abdul Al-Hazred, un poeta árabe oriundo de Saná (Yemen), el cual supuestamente habría escrito la obra durante la dinastía de los califas Omeyas en el año 738 d.C.

Todo empezó cuando Al-Hazred visitó las ruinas de Babilonia y los secretos subterráneos de Menfis, pasando después diez años en completa soledad dentro de un desierto ubicado al sur de Arabia y conocido actualmente como el Dahna o “Desierto Escarlata”, un desierto del cual se cree que está habitado por espíritus malignos y horrendos monstruos, una árida y extensa región en la que, todo aquel que ha permanecido un tiempo y escapado con vida, ha afirmado ser testigo de cosas extrañas e inquietantes fenómenos sobrenaturales. Nadie sabe bien cómo Al-Hazred sobrevivió todo ese tiempo, pero lo cierto es que, fruto de esa experiencia, en esos últimos años de su vida transcurridos todos en Damasco, Al-Hazred escribió, bajo el nombre de “Kitah Al-Azif”, el libro que actualmente es conocido como el Necronomicón.

En cuanto a su conocida locura, se decía que Al-Hazred  no era muy devoto de la fe islámica, que adoraba a unas entidades desconocidas que él llamaba “Yog-Sothoth” y “Cthulhu” y que afirmaba haber conocido a la mítica ciudad de Ilrem o Ciudad de los Pilares, ciudad en la que decía haber hallado en sus ruinas los arcanos indicios de una raza inteligente anterior a la Humanidad.

Volviendo al Necronomicón, escribirlo le costaría demasiado caro. Fue así que, según nos cuenta en el siglo XII su biógrafo Ibn-Khalikan, Al-Hazred tuvo una muerte magnífica acontecida a plena luz del día: en la mañana, bajo los rayos intensos del sol y ante los rostros aterrorizados de numerosos testigos, Al-Hazred fue devorado por un monstruo invisible.

Mucho después de su muerte, en el año 950 y como consecuencia de su circulación secreta entre ciertos grupos filosóficos, Theodorus Philetas lo tradujo al griego bajo el conocido título de “Necronomicón”. Fue entonces que, debido a la influencia del libro ocasionada por su traducción, horribles y misteriosos hechos obligaron al patriarca Michael a ordenar quemar todos los especímenes que se encontrasen de la temible obra, sumergiéndose así el Necronomicón en la oscuridad hasta que en 1228 Olaus Wormius encontró una traducción al latín. Por ello,  la obra se convirtió en un foco de atención y en 1232 el Papa Gregorio IX la prohibió, aunque fue impresa dos veces en la posteridad: una (se cree que en Alemania) en el siglo XV y con letras negras y otra en el siglo XVII (posiblemente en España). En cuanto a la famosa traducción al inglés (basada en un ejemplar del original árabe) que supuestamente habría hecho John Dee, aquella nunca fue reproducida en la imprenta. En cambio, las dos versiones latinas aún se conservan, estando la del siglo XV en el Museo Británico y la del siglo XVII, a través de tres ejemplares que quedaron de ella, en la Biblioteca Wiedener de la Universidad de Harvard, en la Universidad de Miskatonic en Arkham y en la Universidad de Buenos Aires. No obstante se rumorea que hay más copias secretas: una del siglo XV que supuestamente fue a parar a manos de un millonario estadounidense y otra griega del siglo XVI que pertenece a la familia Pickman de Salem pero que casi seguramente desapareció junto con el artista R.U. Pickman en 1926. Finalmente Lovecraft, en la época en que escribió la historia del Necronomicón, afirmó que el sistema legal inglés tenía prohibido el libro, en parte porque se creía que su lectura podría hacer caer a su lector en la más profunda locura.

El Necronomicón: una ficción que llegó a burlarse de la realidad

A la hora de establecer la falsedad del Necronomicón, nada tiene más peso que la propia declaración que Lovecraft hizo acerca del libro: ‹‹Ahora bien, sobre “los libros terribles y prohibidos”, me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el Necronomicón, porque inventé estos nombres yo mismo. Luwdig Prinn fue ideado por Robert Bloch y su De Vermis Mysteriis, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Robert E. Howard debe responder de Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten…. En cuanto a libros escritos en serio sobre temas oscuros, ocultos, y sobrenaturales, en realidad no son muchos. Esto se debe a que es más divertido inventar trabajos míticos como el Necronomicón y el Libro de Eibon››

Pese a la declaración citada, muchos siguieron creyendo en la elaborada mentira de Lovecraft, en parte porque éste había dado las coordenadas —ficticias en unos casos, reales en otros— de ciertos lugares en que aún se preservaban ejemplares, lugares como la Universidad de Harvard, la Universidad de Buenos Aires, la ficticia Universidad de Miskatonic, la Biblioteca Nacional de París o el Museo Británico. Así, muchos curiosos han indagado en esos lugares para darse cuenta de que o bien no hay nada, o bien el lugar no existe (U. de Miskatonic), o bien, como en ciertas universidades de U.S.A. que no se ha nombrado en este párrafo, hay ejemplares pero esos ejemplares son evidentemente ficticios; mas, pese a eso, muchos siguen buscándolo en los lugares que Lovecraft señaló (y en otros que no señaló) y algunos han sido seriamente perjudicados por inescrupulosos que les han vendido supuestos ejemplares originales del Necronomicón, ejemplares estos con características como portadas forradas en piel, páginas de materiales antiguos, grabados envejecidos y otros atributos destinados a sembrar en el incauto la ilusión de que ante sus ojos está un libro viejo, antiguo y siniestro…

Sumado a lo anterior, en internet es posible encontrar páginas que fingen develar los misterios del inexistente libro o, peor aún, sitios en que se intentan vender ejemplares “originales” a precios exorbitantes, dándose en muchos casos la situación de que esos ejemplares son solo réplicas de grimorios medievales.

Ejemplo destacable de las farsas que hay es aquel que, en su artículo “The Making of a Hoax”, August Derleth nos narra. Allí, Derleth cuenta que en 1962, dentro de una publicación llamada “Antiquarian Bookman”, apareció un anuncio que decía: ‹‹Alhazred, Abdul. Necronomicón, España 1647. Encuadernado en piel algo arañada descolorida, por lo demás buen estado. Numerosísimos grabaditos madera signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello en guardas indica procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor››. También, en el mismo artículo, Derleth cuenta que cierto estudiante, a manera de broma, incluyó una ficha (inventada) del Necronomicón en el área BL 430 de la sección de religiones primitivas de la Biblioteca General de la Universidad de California, logrando así que en poco tiempo el libro sea pedido no solo por alumnos sino también por profesores. Siguiendo la línea anterior, el famoso escritor Jorge Luis Borges ideó una ficha sobre el Necronomicón y la incluyó en la Biblioteca Nacional de Argentina

El caso de Borges es solo una notable isla en el archipiélago conformado por los numerosos artistas y escritores que, intentando dar vida a la leyenda, han publicado libros bajo el título del “Necronomicón”, libros en los que generalmente no se expone su falsedad. Muchas de esas obras son meros listados de primigenios y otras entidades, compilaciones de símbolos y conjuntos de oraciones en donde muchas veces se puede apreciar una imitación pobre y reduccionista del estilo de escritura de Lovecraft. Aunque, como en casi todo, existen excepciones y es así que algunos ejemplares son auténticas piezas de colección, empobrecidas únicamente por la ausencia, dictada por los derechos de autor, de frases que Lovecraft inventó y utilizó para citar al inexistente Necronomicón en el contexto de sus relatos ya que, evidentemente y como es sabido, Lovecraft en gran parte inventó el Necronomicón para enriquecer su universo ficcional y fortalecer los mecanismos de verosimilitud de su sistema literario de narrativa.

Además de imitaciones buenas y malas, el Necronomicón también ha dado pie a obras artísticas y literarias inspiradas en él. Ejemplo de ello es el magnífico Giger ´s Necronomicón, una recopilación del macabro y genial arte del dibujante H.R. Giger, la cual fue editada en dos volúmenes y tiene una presentación en piel negra, con holograma escondido y tiraje de 666 (el número no es casualidad…) ejemplares, todo para deleite del coleccionista. Memorable también es la recopilación de relatos de fans de Lovecraft que la editorial española La Factoría de Ideas publicó bajo el título del “Necronomicón”, o el también así titulado libro de Donald Tyson, el cual es en realidad una autobiografía de Abdul Al-Hazred en la que, entre otras cosas, se exponen y explican numerosos mitos, se mencionan ciudades citadas por Lovecraft en sus escritos y se desarrolla una cosmología sobre el origen del mundo propia del universo lovecraftiano, todo en una imitación bastante buena del estilo propio de los escritores árabes que vivieron en la época del ficticio Abdul Al-Hazred.

Algunas versiones importantes del Necronomicón

1-El Necronomicón de DeCamp-Scithers
Su autor nos cuenta cómo, en las afueras de Irak, robó un libro llamado “Al-Azif”, el cual fue traducido después por un estudioso que, tras desempeñar su labor, murió de forma trágica. La historia susodicha ha sido desmentida pero, según se sabe, la historia (con ligeras variantes) de aquel estudioso en realidad sí le sucedió a un cabalista mexicano que desapareció en Israel a fines de los 90 y, así mismo, a un rabino judío. Aunque, como siempre sucede con el esquivo y al parecer inexistente Necronomicón, los textos traducidos nunca aparecieron.

2-El Necronomicón de Wilson-Hay-Turner-Langford
El autor, un ocultista y novelista, cita en esta obra a personajes como Dominic Purcell o el padre de Lovecraft, quien según algunos fue un masón que tuvo una copia de la traducción del Necronomicón hecha por John Dee y, antes de morir, introdujo al pequeño y brillante (escribía y leía a los 2 años) Lovecraft en las ciencias ocultas. También, aquí Wilson habla de los Iluminati (la élite masónica) y de ocultos juegos mundiales de poder como aquel que supuestamente acabó con Kennedy y creó el proceso que permitió la entronización del Cuarto Reich (el de USA, con Bush como su mayor representante). Este libro, que mezcla datos reales con ficciones, tiene para los creyentes del Necronomicón un fondo de verdad.

3-El Necronomicón de Simón:
Esta versión, lanzada en 1977 por la editorial Schlangekraft.Inc, tiene la particularidad de que su autor real no se conoce y, todo cuanto proporciona el libro en cuanto a su autoría, es el simple nombre de “Simón”, quien supuestamente solo habría escrito el prólogo ya que lo demás —el Necronomicón como tal, principalmente— habría sido entregado por un misterioso monje. El libro, además de desplegar toda una cosmología y un enorme aparato simbólico de magia, ofrece el testimonio (supuestamente auténtico…) de un “árabe loco” que no es otro sino el famoso Al-Hazred.

4-El Necronomicón de Gregorius
No es sino una traducción alemana del Necronomicón de Simón en la cual se ha añadido un prólogo de la Goetia.

5-El Necronomicón de Quine
Esta versión, que supuestamente es una traducción (y no una invención) del Necronomicón hecha por Antonius Quine, es una de las más tajantemente rechazadas como falsas por parte de los estudiosos.

6-El Necronomicón de Frank Ripel
Su autor, a lo largo de tres volúmenes, despliega un largo y erudito discurso a través del cual no solo nos cuenta cómo algunos han usado comercialmente al Necronomicón sino también cómo el Necronomicón ha sido visto y usado por distintos grupos, siendo así una suerte de eslabón perdido en el Esoterismo para unos, un sistema de Tarot para otros e incluso, para algunos (incluyendo el autor del libro), un sistema de teo-cosmología que los atlantes (a los cuales les causó la ruina) pasaron a los egipcios y que, además de tener paralelismos con el Sautenerom y la Magia Roja Egipcia, permite llenar los hoyos de la Cábala. A pesar de ser muy buenas las elucubraciones ocultistas de Ripel, es sabido que Lovecraft sabía mucho de Ocultismo y Mitología y no dejó nada a la arbitrariedad sino que calculó todo de modo tal que se pudiesen ver paralelismos del Necronomicón en otros sistemas mágico-cosmológicos e, inclusive, mediante una combinación de abstracción e imaginación, usar elementos del Necronomicón para rellenar los agujeros de sistemas como la Cábala. Principalmente por eso, la trilogía de Ripel no goza de mucha credibilidad en tanto discurso que pretende legitimar al Necronomicón.

7-El Necronomicón de Perez-Vigo
Este libro es un intento por construir un sistema de Tarot a partir de ciertos elementos conceptuales del Necronomicón.

8-El Necronomicón de Lin Carter
Es una publicación de la incompleta (a causa del fallecimiento del traductor) traducción que Lin Carter intentó del Necronomicón de Dee; aunque, a dicha traducción parcial, se suman piezas ficcionales inspiradas en el Necronomicón.

9-El Necronomicón de H.R. Giger
Esta obra, pese a su título, es en realidad una colección de dibujos inspirados en el universo que Lovecraft creó para el Necronomicón.

10-El Proyecto Necronomicón
Nació en la web como una iniciativa para, mediante la colaboración de varios autores, crear un falso Necronomicón de gran calidad.

 APÉNDICES

1-El ungüento de Khephens El Egipcio

‹‹A quienquiera que unte su cabeza con el ungüento de Khephens se le concederán durante el sueño visiones veraces de los tiempos que aún han de venir.Cuando la Luna incrementa su luz, colocad en un crisol de tierra una generosa cantidad de aceite de Loto, rociadlo con una onza de polvo de mandrágora y agitadlo bien con una ramita en forma de horquilla de arbusto espinoso. Habiendo hecho esto, completad así el encantamiento de Yebsu (tomado de diversas líneas del papiro), así:

Soy el Señor de los Espíritus,
Oridimbai Sonadir, Episghes,
Soy Ubaste, Phto nacido de Binui Sphe, Phas;
En el nombre de Auebothiabathabaithobeuee
Da poder a mi palabra, ¡Oh Nasira Oapkis Shfe!
Da poder Chons-in-Thebes-Nefer-hotep, Ophois,
¡Da poder! ¡Oh Bakaxikhekh!

Añadid a la poción una pizca de tierra roja, nueve gotas de natròn, cuatro gotas de bálsamo de incienso y una gota de sangre (de vuestra mano derecha). Combinad el conjunto con una medida igual de grasa de gansarón y colocad la vasija encima del fuego. Cuando todo se haya fundido bien y empiecen a surgir los vapores oscuros, haced el Signo Mayor y retirad el recipiente de las llamas.
Cuando el ungüento se haya enfriado, colocadlo en una urna del más fino alabastro, que guardaréis en un lugar secreto (conocido sólo por vosotros) hasta que tengáis necesidad de él.››

El Apocalipsis

Fruto de unas visiones que tuvo el apóstol Juan, el Apocalipsis habla sobre el fin del mundo, la derrota definitiva de Satanás y el día en que Dios juzgará a la Humanidad. Durante siglos, sus pasajes oscuros y simbólicos han obsesionado a la civilización occidental y no ha habido época en que no se haya creído ver los supuestos “signos del fin”. 

El Apocalipsis, también conocido como RevelaciónLibro de las revelaciones o Apocalipsis de Juan, es el último libro del Nuevo Testamento y de la Biblia, siendo también el más complejo, simbólico, difícil de comprender e intrigante por sus múltiples implicaciones escatológicas y relativas al fin de la historia humana tal cómo la conocemos.  Supuestamente escrito por el apóstol Juan a raíz de las impactantes visiones que tuvo mientras cumplía su destierro en la isla de Patmos, este libro ha sido el más polémico de todo el canon bíblico, siendo recién integrado de forma oficial a la Iglesia Católica en el siglo IV.

Más que ningún otro, el Apocalipsis ha logrado inocular en el imaginario social de Occidente el temor y la obsesión por el fin de los tiempos, viniendo aquella obsesión cultural a tener su cima en este último siglo en que otras fuentes como el Calendario Maya o Las Profecias de Nostradamus han convergido con el amenazante Libro de las Revelaciones para mover a muchas mentes hacia una especulación interpretativa no desprovista de fantasía y poco rigor. Y es que el Apocalipsis, entre otras cosas, es conocido por hablar de cuatro poderosos ginetes que traerán plagas y desgracias, de un Gran Dragón que al parecer es el mismo Satanás, del famoso Anticristo y de un Jesus-Rey que vendrá por segunda vez para, luego de que la Tierra haya sido purgada bajo el poder del Ángel Exterminador y otras fuerzas purificadoras, juzgar a la Humanidad y llevarse consigo a “los justos”, los cuales morarán en la Nueva Jerusalén.

Autoría Y Canonicidad

Existe cierto debate sobre quién (o quiénes) y cuándo se escribió el Apocalipsis. Su autor se identifica a sí mismo simplemente como “Juan”. Según algunos se trata del apóstol Juan y la diferencia entre el griego tosco del Apocalípsis y el del Evangelio de Juan se puede explicar como consecuencia de la premura con que debía transcribir las visiones y el estado de semi enajenación mística en que se hallaba cuando las recibió; no obstante, existen quienes piensan que, esas diferencias, la ausencia de temas juaninos como la dicotomía luz-oscuridad, el amor y la verdad, y las diferencias escatológicas entre ambos libros, son razones suficientes para dudar de que su autor haya sido el apostol Juan.

Concretamente, las dudas sobre la autoría del libro empezaron en el siglo III con el presbítero Cayo de Roma, quien creía que el autor era el hereje Cerinto. Y de tal magnitud fueron las sospechas que incluso en el siglo IV el libro era rechazado por los cristianos de Siria y la mayor parte del clero de la Iglesia Oriental y por ciertos Padres de la Iglesia como Teodoreto, Juan Crisóstomo, Cirilio de Jerusalén y Gregorio de Nacianzo; y, muchos siglos después, el debate sobre su canonicidad y autoría fue reabierto por los protestantes durante el periodo de la Reforma,  llegando a decir Martín Lutero que el Apocalipsis “no es ni apostólico ni profético” y que “Cristo no se enseña ni se sabe de él aquí”

Pese a todo el debate, el Apocalipsis fue finalmente aceptado en el año 382 por un decreto del papa Dámaso I, ratificado en el concilio de Hipona en el 393, en el de Cartago en el 397, y más tarde en el Concilio de Trento durante la Contrareforma. Por su parte, la Iglesia Ortodoxa lo aceptó recién en el siglo IX y en la actualidad el libro es generalmente aceptado en el Protestantismo y sus diversas manifestaciones. Mas hay que señalar que, aún dentro de esta línea de canonicidad del libro, un amplio sector cree que el libro pudo haber sido redactado por una comunidad de seguidores de Juan (la llamada “comunidad juanina”), aunque obviamente en base al testimonio del propio apóstol.

Su fecha es también algo discutido: Ireneo, San Jerónimo y Eusebio, señalan el final del reinado de Domiciano, opinión ésta comunmente aceptada por los especialistas modernos, quienes piensan que fue escrita de una sola vez; Epifanio en cambio cree que la composición fue en el reino del emperador romano Claudio y Pio I que fue en época de Nerón (quien según ciertas interpretaciones es La Bestia que menciona el Apocalipsis). Finalmente, algunos estudiosos (Touilleux, Feuillet, Gelin, etc) hacen una separación: la fecha de publicación, supuestamente bajo el reinado de Domiciano; y la fecha de las visiones en la época de Vespasiano. Así, según estas teorías el documento habría sido retocado por varios editores, lo cual es muy útil para explicar las diferencias entre el Evangelio de Juan y el Apocalipsis.

Contexto histórico

A pesar de las discrepancias en cuanto a la fecha de redacción del texto, existe un amplio consenso en relación al hecho de que el Libro de las Revelaciones fue escrito en un contexto histórico de persecución contra los cristianos, llegando inclusive a darse casos como el del emperador Domiciano (fines del s.I) u otros césares, quienes blasfemamente (para los cristianos) se hacían llamar “Señor de Señores” o “Hijo de Dios” y exigían que sus estatuas fuesen adoradas por la gente, volviéndose con eso semejantes a La Bestia del Apocalipsis en su idolatra exigencia de culto. Resulta pues claro que el contexto pudo haber infuenciado en la composición del texto y que por ende éste podría estar haciendo referencia a aquel por medio de sus simbolismos, tal y como según algunos estudiosos (sobre todo de la escuela “preterista”) ocurre. Ya a nivel de hechos puntuales, podríamos señalar los siguientes como relevantes en el contexto histórico del Apocalipsis: (1) muerte y resurrección de Cristo en los años 30, (2) posibles muertes de los apóstoles Pedro y Pablo y persecuciones contra los cristianos, todo esto en los 60 (del s.I d.C.), (3) destrucción del Templo de Jerusalén y expulsión de los judíos de Jerusalén durante el 70-73, (4) surgimiento de conflicto y separación entre cristianos y judíos, desde el 73 al 90, (5) Imposición, por parte de Domiciano (81-96), del culto al emperador; y, con ello, acrecentamiento de las persecuciones contra los cristianos.

Niveles de Sentido

Existen cuatro niveles de sentido en el Apocalipsis:

Literal: Éste es el nivel de las cosas tal y como aparecen en el texto. Así, en este nivel La Gran Ramera se quedaría simplemente como tal y no sería interpretada como Babilonia, Roma o El Vaticano, por ejemplo. Este es el nivel más epidérmico del texto y no conduce a ninguna comprensión real del mismo; siendo, como se trata, de un texto que es indiscutiblemente simbólico y no de carácter discutiblemente simbólico

El nivel del género literario: Cada género literario se constituye, a nivel formal, de un conjunto de recursos expresivos y estructuras que tienden a repetirse, entre otras cosas. Por eso, este nivel resulta fundamental para ubicar al Apocalipsis en el contexto del género apocalíptico, pudiendo de ese modo analizarlo comparativamente y, a través de eso, hallar lo que lo particulariza y lo que lo integra a su género, vislumbrando consecuentemente sus intenciones expresivas (lo qué quizo decir) a partir de sus procedimientos expresivos (cómo lo dijo, qué herramientas textuales usó para transmitir su mensaje).

El nivel histórico: Éste, a diferencia de los otros, no es un nivel intrínseco o inherente al texto sino que es un plano de significaciones exterior al mismo: concretamente, es su contexto histórico aplicado a la interpretación del mismo (del texto). Este nivel es muy importante en tanto que proporciona una base real y concreta para el vuelo interpretativo, limitando de esa forma los vuelos fantasiosos de la especulación  hermenéutica.

Nivel simbólico: Es el nivel que está más allá del nivel literal, es el nivel que se compone a partir de los múltiples símbolos presentes en el texto. Aquí la interpretación se encontrará con símbolos fáciles como el Dragón (Satanás) y el Cordero (Cristo), con símbolos de mediana dificultad como los Cuatro Ginetes y con otros de gran problematicidad como la Gran Ramera y los Siete Sellos.

 Corrientes Hermenéuticas

Preterista o Histórico-Contemporánea: Plantea que, en general, las visiones del Apocalipsis se refieren a hechos ocurridos en los últimos decenios del siglo I después de Cristo, época en la que aún vivía Juan. Basicamente, según los preteristas el Apocalipsis aludiría a la persecución desatada por la Bestia contra los cristianos, siendo la Bestia identificada con Nerón o Domiciano; consecuentemente, esta persecución habría sido continuada por la llamada Babilonia, interpretada así mismo en relación al Imperio Romano. Por todo eso, para la mayoría de preteristas el Apocalipsis habría sido escrito para fortalecer la moral cristiana en una época de grandes dificultades, inoculando a través del texto la esperanza en la futura intervención de Dios, con el subsiguiente aniquilamiento de la Bestia, la liberación del pueblo de Dios y el establecimiento del reino celestial. No obstante hay  preteristas que dicen que el Apocalipsis solo remite a la destrucción del Templo de Jerusalén y a la era del judaísmo apóstata, situándose todo ello a comienzos de los 70 del siglo primero. Mas, lejos de no ser atacada, la Escuela Preterista ha recibido la acusación de ser reduccionista y parcial en sus interpretaciones, forzando así el sentido del texto y omitiendo cosas como el arrebatamiento de la Iglesia, el surgimiento del Anticristo  y del falso profeta y el regreso de Cristo, hecho este último que obviamente es planteado como algo que ocurrirá literalmente.

Historicista: Esta corriente, aunque interpreta muchos hechos en relación al Imperio Romano tal como hacía el Preterismo, no se limita a eso sino que tiene una visión más amplia en la que las visiones son interpretadas en relación a una amplia línea de sucesos históricos que va desde los tiempos de Juan hasta nuestros tiempos y, potencialmente, más allá de nuestros tiempos. Muchas son las sub-corrientes e interpretaciones concretas dentro de esta corriente (la de los Adventistas del Séptimo Día, por ej.), habiendo, más marcadamente que en otras corrientes, unificación solo a partir de la actitud interpretativa más que de las interpretaciones concretas. Por ejemplo, en esta línea hay quienes han visto veladas referencias a las invasiones bárbaras, al surgimiento del Islam, a la Reforma y la Contrareforma, a la Revolución Francesa, a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda Guerra Mundial (periodo de especial relevancia en esta corriente), etc. Así, la Bestia ha sido identificada con personajes como Mahoma, el Papa, Napoleón, Hitler, entre otros. Las críticas a esta corriente consisten basicamente en decir que todas las visiones aún no han ocurrido y, más que todo, en acusar a los historicistas de forzar mucho las interpretaciones y no tener en cuenta el amplio grado de aplicabilidad que en general tienen los hechos históricos en relación a textos tan difusos y generales como el Apocalipsis. En esta actitud de cuestionamiento, dijo José Grau lo siguiente de esta corriente en su Escatología: ‹‹Al igual que en el esquema futurista, los históricos cometieron en el pasado el error de suponer siempre que su siglo era el último de la historia de la humanidad y que se hallaban viviendo en los últimos días. Esto ha obligado a ir rectificando constantemente, de siglo en siglo, los calendarios propuestos, ya que el esperado fin del mundo no acaba de llegar››

Futurista: La naturaleza de esta corriente, según es descrita en algunos lugares del cyber-espacio, no queda del todo bien delimitada sin que se preste a cierta confusión con el Historicismo; mas algunos, como José Grau (a quien se citará a continuación), sí la presentan con suficiente claridad: ‹‹Esta escuela mantiene que, a partir del capitulo 4, el Apocalipsis sólo se ocupa de acontecimientos que tienen que ver con el final de los tiempos y con todo lo que está relacionado con la segunda venida de Cristo…[…]..Fue el jesuíta Ribera (en 1603) quien dio origen a esta interpretación, para oponerla a la histórica de los reformadores. El dispensacionalismo la adoptó en el siglo pasado y, desde entonces, ha sido ampliamente expuesta y difundida mediante la Biblia Anotada de Scofield, lo que la ha hecho popular entre nosotros. Para esta escuela, la mayor parte del texto del Apocalipsis es historia que todavía espera su cumplimiento, es decir, profecías no cumplidas. Pero profecías que ya comienzan a cumplirse en nuestro tiempo›› Por último, para los futuristas todo culminará con una nueva Tierra en la que Dios more en medio de los hombres, un reino de Cristo que no es de ninguna manera el paradigma mesiánico de corte político del Judaísmo convencional sino, lejos de eso, es un estado de la Humanidad caracterizado por la consecución de la redención espiritual definitiva.

Idealista, Espiritual o Simbólica: En esencia plantea que el apocalipsis es una alegoría de la lucha espiritual que todo creyente debe librar para alcanzar el reino de Dios; entendido, en el contexto de la interioridad del sujeto, como un estado del alma. Consecuentemente tiende a encontrar muy pocas referencias a hechos pasados o por venir dentro del Apocalipsis, ya que aquel es concebido principalmente como una exposición simbólica y narrativa de los grandes “principios espirituales” encaminados a motivar y guiar al creyente de cualquier etapa histórica. Por lo anterior, a más de lo dicho al inicio, esta corriente proyecta significaciones sobre el plano social e histórico en tanto que plantea que el Apocalipsis ilustra el plan mismo de Dios en la historia, no ya a modo de sucesión de hechos concretos sino a modo de una dinámica, de un proceso constante que siempre se ha venido dando y cuya naturaleza estriba en la visión de un Dios-Juez-Rey que, mediante el desarrollo histórico, selecciona a lo largo del tiempo a sus elegidos, a quienes no se “inclinan ante la Bestia” (el mal) y siguen sus preceptos hasta conseguir que su alma acceda al reino de Dios, aunque, más allá de las salvaciones individuales, para esta corriente la historia se presentaría como un proceso que converge hacia “un nuevo cielo y una nueva tierra”, desencadenados no tanto por acontecimientos puntuales como por una evolución espiritual progresiva de la Humanidad. De entre todas parecería ser la más racional de las corrientes si no fuera porque, en opinión de sus detractores, incurre en el error de ignorar que el Apocalipsis se autodefine (Ap. 1:3) como un libro profético y por ende como un texto abocado a pronosticar sucesos concretos.

 Divisiones Estructurales

Nota aclaratoria: Antes de presentar algunas formas en que se ha dividido el Apocalipsis, es necesario aclarar que no se describirá el contenido de las partes y que solo se enumerarán puesto que, si se desea, se puede ver un resumen completo del Apocalipsis en el siguiente link: http://www.oocities.org/alfil2_1999/paraisorestaurado4-19.html

A nivel general se divide en las siguientes partes:

1-Introducción y Cartas a las Iglesias (Ap 1-3)

2-El Cordero, los Siete Sellos y Trompetas (Ap 4-11)

3-El Dragón y el combate (Ap12-20)

4-La Nueva Jerusalén (Ap 21-22)

 Otro criterio divisorio, basado principalmente en los cambios a nivel de los símbolos, es el siguiente:

1-Introducción y Presentación (Ap 1)

2-El mensaje a las Iglesias (Ap 2-3)

3-Las Teofanías de Dios (Ap 4)

4-El Cordero (Ap 5)

5-Los Siete Sellos (Ap 6-8)

6-Las Siete Trompetas (Ap 8-11)

7-El Dragón y las Bestias (Ap 12-13)

8-Los Vencedores (Ap 14-15)

9-Las Siete Copas (Ap 16)

10-La Prostituta y la caída de Babilonia (Ap 17-19)

11-La Derrota (Ap 20)

12-La Nueva Jerusalén (Ap 21-22)

También es posible dividir el Apocalipsis en siete grupos de elementos semejantes, teniendo cada uno de esos grupos siete elementos, característica ésta que muestra la complejidad y lo bien planificado que es el Libro de las Revelaciones. Esta división es la llamada “estructura numérica” o “división por septenarios”, donde “septenario” es el término usado para referirse a cualquiera de las series con el número siete que aparecen a lo largo del Apocalipsis.

1- Las siete cartas a las Iglesias (Ap 1:4-3:22)

  1. Carta a la Iglesia de Éfeso (Ap 2:1-7)
  2. Carta a la Iglesia de Esmirna (Ap 2:8-11)
  3. Carta a la Iglesia de Pérgamo (Ap 2:12-17)
  4. Carta a la Iglesia de Tiatira (Ap 2:18-29)
  5. Carta a la Iglesia de Sardis (Ap 3:1-6)
  6. Carta a la Iglesia de Filadelfia (Ap 3:7-13)
  7. Carta a la Iglesia de Laodicea (Ap 3:14-22)

2- Los siete sellos (Ap 4:1-8:1)

  • Visión preliminar (el trono de Dios, su corte, el Cordero, las oraciones de los santos, y el libro de los siete sellos) (Ap 4:1-5:14)
  1. El primer sello (el jinete del caballo blanco) (Ap 6:1-2)
  2. El segundo sello (el jinete del caballo rojo) (Ap 6:3-4)
  3. El tercer sello (el jinete del caballo negro) (Ap 6:5-6)
  4. El cuarto sello (el jinete del caballo verde o amarillo) (Ap 6:7-8)
  5. El quinto sello (los mártires) (Ap 6:9-11)
  6. El sexto sello (los desastres naturales) (Ap 6:12-17)
  • Visión intermedia (los 144.000 y los que se salvarán) (Ap 7:1-17)
  1. El séptimo sello (un silencio y el comienzo de las trompetas) (Ap 8:1)

3. Las siete trompetas (Ap 8:2-11:19)

  • Visión preliminar (las trompetas y la purificación de las oraciones de los santos) (Ap 8:2-5)
  1. La primera trompeta (desastres sobre la tierra) (Ap 8:6-7)
  2. La segunda trompeta (desastres sobre el mar) (Ap 8:8-9)
  3. La tercera trompeta (desastres sobre las aguas) (Ap 8:10-11)
  4. La cuarta trompeta (desastres sobre el cielo) (Ap 8:12-13)
  5. La quinta trompeta (el primer ¡Ay!) (Ap 9:1-12)
  6. La sexta trompeta (el segundo ¡Ay!, que se prolonga durante los 3 excursos siguientes) (Ap 9:13-21)
  1. La séptima trompeta (el tercer ¡Ay!, aclamación celestial, el Arca de la Alianza vuelve a verse (Ap 11:15-19)

4. Las siete visiones de la Mujer y el combate con el Dragón (Ap 12:1-14:20)

  1. Visión de la Mujer (Ap 12:1-2)
  2. Visión del Dragón (Ap 12:3-17)
  3. Visión de la Bestia (Ap 12:18-13:10)
  4. Visión de la Segunda Bestia (Ap 13:11-18)
  5. Visión del Cordero y los 144.000 (Ap 14:1-5)
  6. Visión de los Tres Ángeles (Ap 14:6-13)
  7. Visión del Hijo del Hombre y la Siega por parte de Tres Ángeles (Ap 14:14-20)

5. Las siete copas (Ap 15:1-16:21)

  • Visión preliminar (las copas de la ira de Dios) (Ap 15:1-8)
  1. La primera copa (primera plaga) (Ap 16:1-2)
  2. La segunda copa (segunda plaga) (Ap 16:3)
  3. La tercera copa (tercera plaga) (Ap 16:4-7)
  4. La cuarta copa (cuarta plaga) (Ap 16:8-9)
  5. La quinta copa (quinta plaga) (Ap 16:10-11)
  6. La sexta copa (sexta plaga, promesa de esperanza y Armagedón) (Ap 16:12-16)
  7. La séptima copa (séptima plaga) (Ap 16:17-21)

6. Los siete cuadros sobre la caída de Babilonia (Ap 17:1-19:10)

  1. Visión de Babilonia (Ap 17:1-18)
  2. Visión del Ángel anunciando la caída de Babilonia (Ap 18:1-3)
  3. Recomendaciones al pueblo de Dios en Babilonia (Ap 18:4-8)
  4. Lamentaciones sobre Babilonia (Ap 18:9-19)
  5. La alegría en el Cielo (Ap 18:20)
  6. La caída de Babilonia (Ap 18:21-24)
  7. El triunfo en el Cielo (Ap 19:1-10)

7. Las siete visiones del fin (Ap 19:11-22:5)

  1. Visión del Cielo abierto y del Verbo de Dios (sobre un caballo blanco) (Ap 19:11-16)
  2. Visión del Ángel Exterminador (Ap 19:17-18)
  3. Visión de la Bestia y de su Derrota (Ap 19:19-21)
  4. Visión del Reinado de Mil Años y juicio a Gog y Magog (Ap 20:1-8)
  5. Visión de la Primera Resurrección, el Segundo y Último Combate Escatológico (Ap 20:4-10)
  6. Visión del Juicio de las Naciones (Ap 20:11-15)
  7. Visión de la Jerusalén Celestial (Ap 21:1-22:5)

 

Un tipo de propuesta interesante es el de las estructuras concéntricas, estructuras en las cuales el Apocalipsis tiene una zona central y un conjunto de zonas periféricas que presentan correspondencias mutuas. No obstante, en ninguna de las propuestas de esta índole se ha llegado a esclarecer con suficiencia las correspondencias entre las partes periféricas. Ahora, de entre las existentes hasta la fecha, una bastante buena es la de Xabier Pikaza:

Prólogo: El profeta y su libro

1, 1-8

Visión del Hijo del Hombre y cartas a las Iglesias

1,9 – 3,22

Dios-Rey: visión del trono

4, 1-11

Cordero degollado

5, 1-14

Los siete sellos

6,1 – 7,17

Siete trompetas

8,1 – 9,21

Interludio: Libro y testigos

10,1 – 11,14

Mujer y Dragón, las dos bestias

11,15 – 13,18

Interludio: Evangelio eterno

14, 1-20

Siete copas

15,1 – 16,21

Babel, la prostituta

17,1 – 19,10

Triunfo de Cristo

19,11 – 20,6

Juicio de Dios. Reino Eterno

20, 7-15

Bodas mesiánicas

21,1 – 22,5

Conclusión y llamada

22, 6-21

Simbología

La liturgia

Para el estudioso Ugo Vanni, en el trasfondo del Libro de las Revelaciones subyace la estructura propia de la liturgia de los primeros siglos del cristianismo. Por su parte, Scott Hahn cree que la Eucaristía está simbolizada en el Apocalipsis, por lo que empareja varios pasajes del libro con partes concretas del rito eucarístico: Culto Dominical (Ap 1:10), Sumo Sacerdote (Ap 1:13), Altar (Ap 8:3-4,11:1,14:18), Sacerdotes (Ap 4:4,11:16,14:3,19:4), Ornamentos (Ap 1:13,4:4,6:11,7:9,15:6,19:13-14), Célibes consagrados (Ap 14:4), Candelabros o menoráh (Ap 1:12,2:5), Penitencia (Ap 2,3), Incienso (Ap 5:8,8:3-5), Libro o rollo (Ap 5:1), Hostia eucarística (Ap 2:17), Cálices (Ap 16,15:7,21:9), La señal de la cruz (Ap 7:3,14:1,22:4), el Gloria (Ap 15:3-4), el Aleluya (Ap 19:1;3;4;6), Levantemos el corazón (Ap 11:12), ‹‹Santo, santo, santo›› (Ap 4:8), el Amén (Ap 19:4,22:21), el ‹‹Cordero de Dios›› (Ap 5:6 y a través de todo el libro),  la Virgen María (Ap 12:1-6;13-17), Intercesión de ángeles y santos (Ap 5:8,6:9-10,8:3-4), el arcángel Miguel (Ap 12:7), Canto de antífonas (Ap 4:8-11,5:9-14,7:10-12,18:1-8), Lectura de la Sagrada Escritura (Ap 2,3,5,8:2-11), Sacerdocio de los fieles (Ap 1:6,20:6), Catolicidad o universalidad (Ap 7:9), Silencio meditativo (Ap 8:1), La cena nupcial del Cordero (Ap 19:9,17)

Números

El estudioso Jean-Pierre Prévost plantea que los números siempre tienen un carácter simbólico en el Apocalipsis, mas los significados de dichos simbolismos numéricos deberían ser planteados en función del sentido que tenían para los cristianos del siglo I; quienes, según Prévost, interpretaban los simbolismos numéricos del Apocalipsis en gran parte movidos por la influencia del significado que los judíos otorgaban a aquellos símbolos. Concretamente, Prevost interpreta así los siguientes números:

Uno: Generalmente remite a Dios

Un medio, tres y medio: Estos números representarían un tiempo limitado y restringido, tiempo que no llegaría a adquerir las significaciones del uno (que representa la plenitud de Dios) o las del cuatro (que representa lo terrenal o universal). En cuanto a las raíces del simbolismo de estos números, todo parece indicar que se hallan en el libro de Daniel.

Cuatro: Sobre todo debido a la cuestión de los cuatro puntos cardinales, representa lo terrenal, lo universal e incluso la Creación. También se cree que puede representar a los llamados Cuatro Vivientes que están junto a Dios, los cuales podrían a su vez representar a los cuatro evangelistas o, por generalización, al dominio de Dios sobre la totalidad de lo creado.

Seis: En general, debido a que el siete simboliza la perfección y éste es justamente el número anterior al siete, representa la imperfección; aunque, teniendo los Cuatro Vivientes seis alas (al igual que los serafines que vio el profeta Ezequiel), el seis no siempre simboliza la imperfección tal y como lo hace en el archi conocido 666, el “número de la Bestia”

Siete: Representa la perfección

Doce: En sus inicios representaba unicamente a las doce tribus de Israel, lo cual equivalía a representar al pueblo de Dios; ya que, antes de Cristo, Israel era el pueblo elegido. Luego de Cristo, y en parte porque sus apóstoles fueron doce, el número pasó a representar al nuevo pueblo de Dios (los creyentes de Cristo). Pero el simbolismo del doce no se queda allí sino que participa en la composición de otros simbolismos numéricos tales como el veinticuatro (24 = 12 x 2), el cuarenta y ocho (48 = 12 x 4) y el ciento cuarenta y cuatro (144 = 12 x 12). (p.ej. Ap 4:4,10;5:8;7:4-8;11:16;19:4)

Mil: En el Apocalipsis el mil nunca debe tomarse literalmente y, cuando de tiempo se trata (como cuando encierran al Dragón por “mil” años), simplemente representa un gran periodo de tiempo.

Colores

Al igual que los números pero incluso de forma más patente, en el Apocalipsis los colores no son nunca fortuitos:

Blanco (p.ej. Ap 1:14;4:4;19:14;20:11): Simboliza pureza, victoria y justicia, se le menciona 17 veces en el Apocalipsis y se aplica a los santos y a Cristo

Negro (p.ej. Ap 6:5,12): Representa la desgracia, el hambre, la miseria del hombre sumergido en el pecado. Su empleo viene desde el Antiguo Testamento: por ejemplo, en Jeremías 4:28 se lo emplea para representar el luto y el lamento personal y nacional.

Rojo (p.ej. Ap 6:4;9:17;12:3): Es la violencia, está asociado a la sangre y se emplea a la hora de simbolizar la ira con que se darán las guerras que pulverizarán a la Humanidad en el fin de los tiempos. Así mismo, este color es propio de Satanás (Ap 12:3; 17:4)

Verde o amarillo (p.ej. Ap 6:8): Representan la muerte y, en el caso del amarillo, se lo puede rastrear en el Antiguo Testamento: por ejemplo, en Isaías 29:22 y en Jeremías 30:6 representa la muerte y los “ayes” futuros

Púrpura (p.ej. Ap 17:4;18:12,16): Es el desenfreno y la opulencia, aunque también representa la apostasía en tanto que está en la vestimenta de la Gran Ramera. Su presencia, como simbolo de realeza y riquezas, se la puede rastrear en el Antiguo Testamento (Éxodo 25:4) y, ya en el N.T., en Lucas 16:19 y Juan 19:2.

Escarlata (p.ej. Ap 17:3-4;18:12,16): Simboliza el desenfreno

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

El orígen de este simbolismo se remonta al A.T. con el Libro de Zacarias. Ahora, dado que el cuatro representa la totalidad y está asociado a los cuatro puntos cardinales, no es fortuito el número de ginetes, siendo así el cuatro una forma de aludir al hecho de que estos cuatro ginetes serán los encargados de llevar plagas y desgracias a toda la Tierra y la Humanidad, esparciendo la miseria por los cuatro puntos cardinales. Los significados de los cuatro caballos son básicamente estos:

Caballo rojoGuerra, violencia

Caballo negro: Hambre, pobreza, miseria

Caballo verde o amarillo: Enfermedad, pestes, muerte

Caballo blanco: Para unos sería la misma muerte; para otros, por llevar corona y no ser la muerte invencible (según el cristiano), aludiría al mismo Cristo, lo cual se apoyaría en el hecho de que en Ap 19:11-21 se ve a Cristo montando el caballo blanco. En síntesis, o bien sería la muerte; o bien, por su simbolismo crístico, sería la victoria sobre la muerte, la majestad, la pureza.

Los 144.000

Pese a que la Iglesia Adventista piensa que el 144000 es literal y representa al escaso número de elegidos, la interpretación más extendida es que aquella cifra es simbólica y representa a la totalidad del pueblo de Dios, a todos los que serán salvos. El argumento es el siguiente: 12 eran las tribus de Israel antes de Cristo, 12 fueron los apóstoles de Cristo; cuando Cristo vino, el pueblo de Dios dejó de ser Israel (simbolizado en el 12) para convertirse en la totalidad de seguidores de Cristo, sean o no judíos; con el tiempo, el nuevo pueblo de Dios pasó a ser una multitud enorme y mayor a la del inicial pueblo de Dios (Israel), llegando así a ser figurativamente incontable. Tenemos así que todo lo anterior se resume en las siguientes operaciónes simbólicas: “12 (Israel) x 12 (seguidores de Cristo) = 144 (simboliza el pueblo de Dios incrementado tras Cristo)” y “144 x 1000 (número simbólico que equivale a una gran cantidad) = 144000 (el multitudinario pueblo de Dios al final de los tiempos)”

La Bestia y su número

El famoso 666 o “número de la Bestia” es la cifra más famosa de todo el Apocalipsis pese a solo mencionarse una vez (Ap 13:18). En líneas generales su sentido es claro pues, si el 6 es imperfección, el 666 es la extrema imperfección, la antítesis diabólica (por tener 3 dígitos y ser el 3 un número asociado a Dios) de la perfección. En un plano de sentido literal, es el número de la Bestia que sirve al Dragón. Asociado con el Anticristo y con la marca que la Bestia pone a todos los que están del lado del Dragón, en el plano de las interpretaciones concretas el 666 ha dado lugar a numerosas hipótesis. Así, bajo el método de la gematría[1] se puede llegar a concluir que el 666 representa a Domiciano o a otro de los césares romanos que perseguían cristianos y hacían adorar sus estatuas; no obstante, la hipótesis más aceptada es que se trataba de Nerón. Otros han dicho que el 666 podría simbolizar a un papa, a Hitler o incluso a la Internet…Con todo, ciertas investigaciones han concluído que la presencia del 666 en el Apocalipsis es errada pues hay versiones anteriores (del siglo II o III) en las que el número que sale es 616.

La primera Bestia y los Dos Testigos

En general se ha pensado que la Bestia es Nerón y que, los dos testigos asesinados por la Bestia, son Pedro y Pablo (que murieron en la época de Nerón); no obstante en el Apocalipsis no se precisa que la primera Bestia sea la misma que la del 666. Hahn cree que los dos testigos son el profeta Elías y Moisés puesto que ellos personifican a la Los Profetas y La Ley respectivamente. Por último, una hipótesis bastante importante es la que ve a Elías y a Enoc como los dos testigos, ya que estos son los únicos personajes bíblicos que no probaron la muerte (Elias fue llevado en un carro de fuego, Enoc desapareció caminando con Dios) y que por tanto pueden haber sido “testigos” de la historia humana; y además, justamente por no haber muerto, recién habrían de morir bajo el poder de la Bestia.

 

Babilonia y la Gran Ramera

Muchas han sido las teorías sobre quién es Babilonia y quién es la Gran Ramera. No obstante cabe aclarar que no está muy delimitada una de la otra pues comparten las mismas significaciones de idolatría, perversión y desenfreno, entre otras, por lo cual se suele aplicar el título de “Gran Ramera” y “Babilonia” a la misma entidad que se elige en el marco de las interpretaciones.  Ejemplificando, las hipótesis más populares son:

Roma Imperial: Debido a la persecución contra los cristianos y a la idolatría que los emperadores trataban de imponer a través del culto a sus estatuas, muchos han creído que Roma es Babilonia.

Jerusalén judía: La Jerusalén judía de los 70 del siglo I representaría a Babilonia, por contraposición a la Nueva Jerusalén que se ve al final del Apocalipsis, esto se debería basicamente a la oposición realidad-idealidad inherente en dicha contraposición entre aquella Jerusalén donde la ley divina no era practicada y aquella Jerusalén futura que no es otra cosa sino el mismísimo Reino de Dios.

El Vaticano: Sobre todo en estos últimos tiempos ha cobrado importancia aquella lectura apocalíptica en la que el Vaticano represente a Babilonia y a la Gran Ramera. Esto se debería a razones como estas: (1) el Vaticano representa la corrupción de la ley divina en manos de los hombres, (2) el Vaticano es una ramera en el sentido de que se ha vendido a los diversos poderes mundanos, politizándose y ajustando las enseñanzas de la Revelación a sus ambiciones terrenales, (3) el Vaticano representa una opulencia poco ética, una ostentación contraria a los principios de Cristo.

La Mujer Vestida de Sol y el Niño

En el Apocalipsis, el Niño (que quiere ser combatido por el Dragón) es engendrado por la  “mujer revestida del sol, la luna bajos sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas”, luego el Niño es “raptado” hacia el cielo, donde reinará; finalmente, habiendo ido al cielo el Niño, el Dragón se vuelca para luchar contra la Mujer y su descendencia. En general se concuerda que el Niño representa a Jesús, sobre todo teniendo en cuenta el cristocentrismo del Libro de las Revelaciones; sin embargo, algunas corrientes protestantes piensan que el niño representa a una minoría elegida de la cristiandad, a un pequeño grupo que fue llevado al cielo previamente a los juicios del Apocalipsis, quedando así en la Tierra la enorme mayoría de creyentes (el “resto de sus hijos” según Ap 12:17), los cuales habrán de sufrir la persecución. En cuanto a la Mujer, dentro de la perspectiva mariológica, ella representaría a la Virgen María; aunque nuevamente, e incluso dentro del Catolicismo, muchos creen que ella representa al pueblo de Dios, tanto pre-crístico (Israel) como crístico. Pero las diferencias entre una y otra visión son más de forma que de fondo puesto que, quienes creen que la Mujer es María, lo hacen desde una perspectiva de comunidad en la que la Mujer representaría a María; pero, a su vez, María representaría a la comunidad creyente. Finalmente, cabe decir que el parecido entre la Mujer y la Virgen María es algo que parece haberse proyectado en la imagen de la Virgen de Guadalupe, imagen en la cual ella está tapando el sol (salen rayos amarillos detrás de su cabeza), tiene un manto de estrellas (no precisamente 12) en la cabeza y está encima de la luna; mas, como en los otros casos, si la Virgen de Guadalupe es o no es la Mujer del Apocalipsis, es algo que también se discute mucho.

La Nueva Jerusalén

La Nueva Jerusalén, en su oposición a la Babilonia del Apocalipsis, compone la dicotomía ciudad santa (Nueva Jerusalén) vs ciudad perversa (Babilonia). Jean Pierre Prévost, desde una perspectiva hermenéutica marcada por un cierto escepticismo realista, piensa que solo la parte de la Nueva Jerusalén (junto con el capítulo 20) tendría carácterísticas escatológicas (relativas a la vida después de la muerte y asuntos relacionados); así, el resto del Apocalipsis solo sería un sistema de referencias simbólicas que representarían la situación histórica dificultosa que estava viviendo la comunidad cristiana de aquel entonces, además de una exhortación a permanecer fieles y una predicción de que esos conflictos cesarían algún día y ellos (los cristianos) saldrían finalmente victoriosos. También, para este autor la Nueva Jerusalén estaría, en el marco de las descripciones apocalípticas, asociada al gozo y a la alegría frente a la lamentación y el sentido negativo atribuido a Babilonia.

Muchos son los movimientos religiosos que han creído que la Nueva Jerusalén era principalmente un lugar físico; entre ellos están los siguientes: (1) Los montanistas (s.II a s.VI d.C.), que incluso llegaron a creer que la Nueva Jerusalén descendería del cielo sobre Pepuza o Tymion…(2) La Iglesia Ortodoxa Orienta, que cree que la ciudad divina efectivamente descenderá al final de los tiempos tal y como dicen las visiones, (3) Los mormones, quienes no solo creen que se trata de una reino físico sino que también postulan que ese reino será construido en Norteamérica, cerca de Independence, en Missouri, (4) Los Testigos de Jehová, quienes piensan que la Nueva Jerusalén es una ciudad real habitada por 144000 elegidos que habitan como reyes en el cielo y sacerdotes en la Tierra.

Por su parte, el Catolicismo sí afirma que en efecto la Nueva Jerusalén representa un lugar en el que morarán los elegidos, aunque no por ello deja de atribuirle sentidos simbólicos, ya que postula que la Nueva Jerusalén existe como una comunidad triunfante en el cielo (la Iglesia Triunfante) y como una comunidad de avanzada en la Tierra: la Iglesia Militante.

Cómo vender tu alma al Diablo

Aquí presentamos dos ejemplos muy representativos de rituales individuales para vender eternamente el alma al Diablo a cambio de ciertos beneficios. La finalidad con que lo hacemos es únicamente la de satisfacer la curiosidad intelectual, siendo responsabilidad del lector los riesgos y/o frustraciones que podría acarrear el intentar llevarlos a cabo…

Existen múltiples rituales de pacto con el Diablo, sin embargo son pocos los rituales individuales (no grupales) específicamente concebidos para entregar eternamente nuestra alma al Demonio (Lucifer/Satanás) a cambio de ciertos beneficios. En cuanto a su efectividad, es realmente discutible el hecho de si es o no es factible para la mayoría de personas el conseguir sus fines tras haber efectuado adecuadamente el ritual. Discutible también es el hecho de si es o no posible vender o entregar el alma al Diablo (suponiendo su existencia), lo cual dependerá casi por completo del sentido exacto que se le dé a “vender” o “entregar”. Así y por ejemplo, en cuanto a la efectividad vemos que, en términos generales, ésta solo será altamente posible para quien domine aspectos como la visualización, la concentración, la capacidad de convencerse de que el ritual funcionará (la llamada “fe”), etcétera. Otro aspecto a considerar es lo psicológicamente nocivo que puede, en virtud de la autosugestión y otros mecanismos psíquicos, resultar un ritual satánico adecuadamente efectuado. Aclarado lo anterior, ponemos a disposición del lector los dos rituales que, por sus diversas características, podrían considerarse como los más representativos, sobre todo el segundo:

Forma I

Esta forma de pacto fue extraída de una comunidad virtual de satanistas (unidosporsatan.ucoz.org). No se trata de una comunidad cualquiera sino de un grupo bastante serio en el que no es escasa la gente con conocimientos ocultistas. Consecuentemente, el proceso que se expondrá cumple con la formalidad y las características propias de todo ritual efectivo. Y es que, si algo hay que tener en cuenta en el mundo de la magia y de los rituales, es el hecho de que el poder de un proceso es en el fondo una cuestión de elementos, funciones y relaciones, antes que de fórmulas preestablecidas que, si acaso funcionan, es debido a que el sistema de sus elementos se adecúa a los fines buscados. Así, poco importa que el ritual no tenga siglos o décadas.

Procedimiento de la Forma I

Lo primero que necesita hacer es bañarse. El agua debe estar lo más fría posible y de ningún modo caliente, ya que supuestamente el agua fría ayuda a limpiarse astralmente. La utilidad de este paso está en que el baño se considera un símbolo de respeto a la entidad que se invocará; particularmente, si usted va a vender su alma al Diablo esto constituye un gesto muy pertinente, ya que es una forma simbólica de expresar nuestro deseo por limpiarnos, por sacarnos de encima todo lo anterior, todo lo previo a la llegada (a través del pacto) del Diablo a nuestras vidas…

Lo segundo que usted necesita es proveerse de: 1) una o más velas negras o rojas, 2) una aguja o un estilete para extraer sangre de su dedo, 2) una hoja en blanco para escribir la fórmula preestablecida o una fórmula inventada que sea pertinente, 3) un tipo de pluma o lo que sea que te permita escribir bien con tu sangre.

Una vez que se ha provisto de lo anterior, puede elegir entre inventar su fórmula o tomar la fórmula preestablecida. Se recomienda sin embargo que no corra riesgos y escriba (en el papel en blanco) la fórmula preestablecida, la cual es como sigue:

‹‹Ante el todopoderoso e inefable dios Satán/Lucifer y ante la presencia de todos los demonios del infierno que son los verdaderos dioses, yo, (escriba aquí su nombre completo), renuncio a cualquier tipo de lealtad pasada. Yo renuncio al Dios judeocristiano Jehová,  también yo renuncio a su maligno y sin valor hijo Jesucristo, y yo renuncio del loco, odioso y podrido Espíritu Santo.

Yo proclamo a Satán/Lucifer como mi único y verdadero Dios. Yo prometo reconocerlo y honrarlo en todo lo que haga, sin ningún tipo de reservación, deseando a cambio su gran asistencia para lograr mis objetivos de forma correcta.››

Después de haber escrito la fórmula, encienda las velas negras o rojas, tome el instrumento elegido para sacarse sangre, sáquese sangre del dedo índice (no se le ocurra reemplazarlo por otro dedo, tiene que ser ese) de la mano izquierda y ponga sus nombres y apellidos a modo de firma (con esa sangre, haciéndola bien) en la hoja donde escribió la fórmula, justo del mismo lado de la hoja en que está la fórmula.

Tras lo anterior, concéntrese profundamente y recite la fórmula mentalmente (para lo cual deberá saberla de memoria). Después, tome el papel, dóblelo, quémelo en la llama de cualquier vela negra y, si desea, póngase a meditar (con los ojos cerrados y en alguna posición de meditación) y finalmente, cuando sienta que el proceso está cumplido, diga lo siguiente en voz alta (sobre todo la parte de “viva Satán”) y con absoluto convencimiento: “LO QUE QUERÍA, AHORA ES. ¡VIVA SATÁN!”

Forma II

Esta forma es la más difundida y se conoce como “ceremonia personal de iniciación” o “pacto de iniciación individual para vender el alma al Diablo”. Su origen parte de los antiguos grimorios, no en el sentido de que se lo puede encontrar completo en alguno de ellos sino en el sentido de que los elementos que lo componen parten de elementos presentes en dichos antiguos grimorios.

Procedimiento de la Forma II

Para empezar, se le recomienda vestirse con una túnica (con capucha incluida) negra, aunque si lo prefiere puede estar desnudo, habiendo ayunado al menos un día, habiéndose perfumado con aceites del Líbano, o habiendo hecho ambas cosas. Sin embargo lo mejor es estar con la túnica negra habiendo ayunado y habiéndose perfumado. Y eso sí: no debe haber bebido una sola gota de alcohol, por lo menos en los tres días previos al ritual.

En cuanto al lugar, usted puede elegir hacerlo al aire libre o en una habitación especialmente preparada, siendo muy recomendable lo segundo, en cuyo caso tendrá que procurar tener lo siguiente: 1) una o más velas negras, 2) una imagen de Baphomet y un Pentagrama invertido, 3) una mesa de dimensiones regulares, 4) un mantel con signos satánicos o un mantel completamente negro, 5) una alfombra negra, 6) si puede, un cráneo humano, 7) una buena daga, 8) una campanilla 9) un cáliz de plata.

Una vez que esté preparado y haya colocado todos los artículos en el lugar correspondiente, acérquese al altar y prenda las velas negras; después, haga sonar la campanilla exactamente nueve veces. Finalmente recite (puede leerlo, no necesita memorizarlo) lo siguiente (puesto en cursiva), teniendo en cuenta las instrucciones correspondientes (puestas en letra normal):

IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI

En nombre de Satanás, que rige el mundo y es el Rey de la Tierra, yo ordeno a las Fuerzas de las Tinieblas que me otorguen todos sus Infernales Poderes…..

IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI

En el nombre de Satán, Señor de la Tierra, Rey del Mundo, ordeno a las Fuerzas de la Oscuridad que viertan su poder infernal en mí. Abrid las Puertas del Infierno de par en par y salid del Abismo para recibirme como su hermano y amigo.

Concededme las Indulgencias de las que hablo.

He tomado tu nombre para que haga parte mía. Vivo como las bestias del campo, regocijándome en la “vida carnal”. Favorezco al justo y maldigo lo podrido.

Por todos los Dioses del Averno, ordeno que lo que yo digo ha de suceder….

Salid y responded a vuestros nombres manifestando mis deseos:

(Da la vuelta hacia el sur) Satán, (voltea hacia el este) Lucifer, (mira al norte) Belial, (gira al oeste) Leviatán.

Los demonios anteriores son los Príncipes de la Corona del Infierno, corresponden respectivamente a los elementos del fuego, el aire, la tierra y el agua. Puede saludarlos personalmente o expresar (esto se deja a la creatividad) su afiliación con los elementos respectivos. Si usa una daga o una espada, debe señalar hacia los Cuatro Puntos Cardinales, usando la daga o espada como si fuese una extensión de sí mismo, señalando punto por punto según el príncipe infernal cuyo nombre esté pronunciando

Después de lo anterior usted debe entrar en su interior, permaneciendo parado si quiere o bien sentándose o adoptando alguna postura especial como la flor de loto con las manos adoptando el mudra del conocimiento. No necesita apresurarse, otorgue todo el tiempo que crea necesario a esta parte del proceso. Ahora bien, el punto es que usted haga introspección con un fin concreto: expresarle a Satán sus pensamientos y sentimientos, inclusive si esos sentimientos son de miedo o desesperanza. Una vez hecho lo anterior, recite lo siguiente:

Poderoso Satán, antiguo Señor del Mundo, esta noche estoy ante Ti para declarar y confirmar mi alianza para contigo. De verdad he tomado Tu Nombre como parte de mí mismo. Siempre ha sido así, pero he vivido mucho tiempo ignorante de mi naturaleza. Estoy agradecido de saber quién y qué es lo que soy. Estoy orgulloso de ser uno de los tuyos y de denominarme “satanista”.

Poderoso Satán, estoy ante Ti con todo lo que tengo. Te ofrezco mis dones y aptitudes, mis talentos y capacidades, mis habilidades, mi vida (aquí deberá ofrecerle todo lo que le haga destacar). Y aún así no tengo nada que ofrecer que no haya sido tuyo desde el Principio, ahora soy consciente de toda esta circunstancia.

Oh, Poderoso Señor de las Tinieblas, dame inteligencia y razón satánicas, guíame, oh Satán, al Sendero Siniestro. Quédate conmigo en todo lo que haga. Abre las Puertas de la Magia Infernal y enséñame la Sabiduría Antigua.

¡Shemhamforash!

Mi alma a ti entrego, oh gran maestro de las tinieblas, por hoy y por siempre.

A cambio te pido (aquí nombra todo lo que desea obtener a cambio de haber entregado su alma)

Salve Satán, salve Lucifer, salve Belial, salve Leviatán, salve todos los espíritus con nombre o sin nombre de las Profundidades del Abismo que ahora están conmigo…

Así será….

IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI.

Haga sonar nueve veces la campanilla para despedir a las fuerzas demoníacas

La posesión de Julia, un desafío a la ciencia

La posesión de Julia representó la primera vez en la historia en que una autoridad científica (Dr. Richard Gallagher) decidió, ante la impotencia de la explicación científica, documentar el caso como posesión. Razones sobraban: objetos flotando, presencia de poderes psíquicos en la posesa y levitación de la misma por 30 minutos, inexplicables juegos de voces saliendo de la boca de Julia, etc…

La posesión de Julia, un caso documentado de posesión demoníaca

Sabido es que en general el científico guarda una actitud escéptica que lo convierte en un reacio a aceptar la posibilidad de lo sobrenatural cuando los fenómenos que estudia se muestran rebeldes a la explicación natural. Por ello, en un ámbito como el de la posesión demoníaca es prácticamente imposible hallar científico capaz de admitir la posible presencia de El Maligno o sus huestes, sobre todo en una época en que los avances del conocimiento y la técnica han transformado al propio clero en un sector que se muestra habitualmente suspicaz cada que surge un supuesto caso de posesión. Aunque, en el marco anteriormente descrito, surgen singularidades que, como el caso de “Julia”, prevalecen ante todo intento de racionalización científica. En concreto, este caso convenció a un científico con el nivel de Dr. Richard Gallagher para elaborar un artículo que constituye la primera vez en que un académico de prestigio aboga por la posibilidad real de la posesión demoníaca.

El susodicho artículo de Gallagher fue publicado en marzo del 2008 dentro del New Oxford Review y se titula como Entre tantas falsificaciones un caso de posesión demoníaca. Allí muestra las características del caso, descarta las explicaciones médicas que parecerían poder aplicarse y concluye a favor de la posesión demoníaca.

Lo que a continuación se expondrá es básicamente el resumen de las ideas más importantes que el Dr. Gallagher expuso en su artículo, pero antes es oportuno citar lo principal que el propio Gallagher dice en sus palabras introductorias: ‹‹En medio de una difundida confusión y escepticismo en torno a este tema, el propósito principal de este artículo es el documentar un caso actual y bien claro, de posesión demoníaca. Incluso aquellos que dudan de que tal fenómeno exista, pueden encontrar bastante convincente al siguiente ejemplo. Para los clérigos, o incluso para cada uno de los involucrados en la cura espiritual o psicológica de otros, es igualmente fundamental reconocer las numerosas y más comunes “falsificaciones” (p.e. falsas asignaciones) tanto de influencias como de ataques demoníacos››

Expuesto el propósito de Gallagher, presentamos ahora lo más importante del caso dentro de lo poco que hay sobre el mismo en la web:

 La sorprendente naturaleza del caso de Julia

Si hay algo que hace especial y poderosamente convincente a este caso, es el hecho de que Julia no solamente mostraba los signos clásicos de posesión sino que, además, exhibía ciertas habilidades psíquicas desconcertantes, las cuales no podían de modo alguno ser un fraude según indicaban las indagaciones confirmatorias del equipo.

La posesa, llamada con el pseudónimo de “Julia” para proteger su identidad, era una mujer de raza caucásica, de mediana edad, autosuficiente, nacida y residente en USA.  Ella, pese a haber sido criada en un entorno católico, al crecer no solo que dejó de practicar la fe católica sino que además empezó a participar en grupos satánicos, permaneciendo en aquellas diabólicas prácticas incluso hasta poco antes de que se iniciara el proceso de su exorcismo.  Así, a pesar de haber participado de los cultos de El Maligno, ella comenzó a sentirse “atacada” por lo que pensaba que era Satanás o uno o más demonios, ante lo cual no dudó en mostrarse ambivalente y pedir ayuda al clero local, recibiendo como respuesta a su solicitud el que se la derivara a un sacerdote exorcista, el cual habría de encargarse de buscar ayuda para, tras ello, decidir si era o no pertinente el exorcismo o si, como en la mayoría de casos, el problema de la víctima era medicamente explicable. De ese modo, en el marco de su proceso evaluativo entró en escena el Dr. Richard Gallagher, teniendo como encargo el presentar un dictamen médico-psiquiátrico. Él, al encontrarse con un abanico de fenómenos paranormales y patrones poco comunes, vio desde el inicio del caso que el problema de Julia tenía un origen sobrenatural, un origen diabólico…

Describe así que a Julia no se la podía considerar psicótica de modo alguno: su modo de ver las cosas era siempre lógico, su participación en los exorcismos era elevada y no mostraba anomalía alguna fuera de sus estados de trance.

Según cuenta Gallager, en la mayoría de comentarios que emitía durante sus trances, la chica evidenciaba un gran desprecio por lo religioso y sagrado, y profería abundantes amenazas e insultos, además de frases de corte escatológico: “Déjala en paz, idiota”, “Ella es nuestra”, “Deja, imbécil sacerdote”, entre otras. La voz con que profería todo eso era muy diferente a su voz habitual: sonaba a veces masculina y gutural, o bien podía adoptar un tono bien alto.  Ahora: cada vez que acababan los trances, Julia no recordaba absolutamente nada de lo que hizo o de lo que ocurrió mientras el trance duró. En relación a eso, Gallagher acota que un psiquiatra experimentado podría diagnosticar  trastorno de identidad disociativo, aunque en su opinión ese diagnóstico no era aplicable al cuadro de Julia, cuadro este que, por ser tan complejo y desafiante para la Ciencia, había requerido la formación de un amplio grupo conformado por varios médicos, psicólogos y psiquiatras, cuatro (a veces más) sacerdotes católicos, dos monjas-enfermeras, varios voluntarios laicos y un diácono y su esposa.

Por otra parte, en muchas de las veces en que hacían llamadas telefónicas a Julia para concertar los horarios de reunión para las sesiones, ocurría lo siguiente: Julia no contestaba y, súbitamente en medio de las conversaciones telefónicas, se inmiscuía la voz demoníaca que hablaba en los trances de Julia, repetía las mismas frases que usaba en los exorcismos y, escalofriantemente, en no pocos casos pudieron constatar que efectivamente Julia no estaba en casa cuando las llamadas fueron efectuadas, siendo que además ella decía no recordar ninguna de esas conversaciones…

Dice Gallaguer que las sesiones se dividieron (en parte por las dudas de Julia) en dos series separadas por un período relativamente largo de tiempo y que al inicio sucedió algo realmente extraño. Y es que era un día caluroso de junio pero, en la sala en que efectuaban el exorcismo, el calor desapareció y el frío empezó a elevarse de forma inexplicable. Tras eso, sucedió justo lo contrario desde que la entidad de Julia comenzó a hacer ruidos extraños y a expulsar una especie de emanación caliente que hizo elevarse la temperatura del lugar y causó cierto grado de asfixia y una sudoración abundante en los miembros del equipo. Posteriormente, tras las oraciones e invocaciones del Ritual Romano, una gama de voces y sonidos emergió de Julia: era sorprendente, variados ruidos y gruñidos de animales sonaban con independencia acústica en una simultaneidad imposible de imitar para ser humano alguno. Después vinieron voces que hablaban en lenguas extranjeras, incluido un español claro y fluido que, como luego se confirmó con averiguaciones, Julia no conocía pues solo hablaba inglés…Y las voces proferían blasfemias e insultaban, como era de esperarse: “Quietas, putas” (a las monjas), “Te arrepentirás”, “Déjala”, etc.

Además, Julia mostraba una fuerza inexplicable (necesitaban cinco personas para sujetarla) y levitaba a medio pie sobre el suelo, llegando en la primera sesión a permanecer 30 inauditos minutos sin tocar el piso. A eso había que sumarle el hecho de que en esa y otras muchas sesiones los objetos (incluso estantes) volaban. Y, por si fuera poco, era capaz de distinguir entre el agua bendita y la normal; ya que, intencionadamente, los investigadores habían usado agua normal como si fuese bendita, cosa de ésta de la que Julia no podía tener conocimiento alguno aunque, estando la entidad, gritaba de dolor cada vez que le lanzaban agua bendita verdadera, quedándose sin inmutar las veces en que aparentaban lanzarle agua bendita y le lanzaban agua normal…

Pero lo más sorprendente de todo eran las habilidades psíquicas de la posesa, quien era capaz de mostrar, más allá de los medios naturales, conocimiento sobre lugares, personas y sucesos. Podía hablar sobre los familiares de los miembros del equipo con asombroso detalle, como también sobre muertes, enfermedades y padecimientos de los miembros del equipo y de los familiares de los miembros, sin haber tenido en ningún caso forma de averiguar aquello que revelaba. Así, una vez habló con enorme precisión sobre la personalidad y el tipo de cáncer de un pariente del equipo; en otra ocasión reveló con lujo de detalles cómo era la habitación y el escepticismo de un sacerdote que ella nunca había visto pues su participación en el equipo era indirecta (no presencial); e incluso, en cierta sesión, se refirió a cómo dos gatos se habían peleado a las 2am en la casa de un miembro del equipo. Aunque lo más inquietante era su capacidad de ver en el pasado, habiendo revelado en varias ocasiones información sobre remotos parientes fallecidos de distintos miembros del equipo; o, quizá tan inquietante como eso, era el hecho de que siempre que quería podía ver dónde estaba, qué hacía, qué llevaba puesto y cómo estaba con su enfermedad aquel sacerdote referido anteriormente (el de la habitación): y nunca, jamás se equivocó según mostraron las averiguaciones que luego el equipo hacía…

Compendio de lo visto: un inequívoco conjunto de síntomas de posesión demoníaca 

En el marco de los trances de posesión, Julia mostraba un conjunto contundente de signos de posesión demoníaca: (1) podía vocalizar con voces distintas a la suya, (2) hablaba lenguas que desconocía, (3) mostraba conocimiento de lugares, acciones, sucesos y personas fuera del posible dominio perceptivo de su conciencia, (4) tenía una fuerza sobrenatural, (5) levitaba, (6) detectaba y aborrecía el agua bendita, (7) los objetos se movían solos y flotaban, (8) en el lugar del exorcismo se daban inusuales variaciones de temperatura. Complementariamente, Gallagher aclara que, si bien algunos síntomas psiquiátricos podían aplicarse a ciertos aspectos del caso, la combinación final de patrones era algo completamente “sui generis”

 El caso de Julia no encajaba en la lista de los tres grandes equívocos

Gallagher explica que existen tres grandes tipos de trastornos psiquiátricos que suelen confundir a los observadores y a la víctima y a hacer que erradamente se piense que existe posesión demoníaca. Esos tres grandes tipos, a ninguno de los cuales pertenece el caso de Julia, son los siguientes: (1) Alucinaciones.  Estas pueden ser visuales, auditivas y hasta táctiles, y suelen tener su origen en trastornos metabólicos, en alteraciones neurológicas y en abuso de sustancias (drogas, fármacos, etc), entre otras causas. (2) Proyecciones inducidas por “líneas divisorias” en los trastornos de carácter. Estas se dan cuando, en los trastornos de carácter, se presenta una lucha interior contra cosas como sentimientos de ira, de baja autoestima, de necesidad de atención, de victimización. Así, en ese tipo de trastornos se da a veces, en quien lo padece, un fuerte sentimiento de que la maldad y la oscuridad psíquica tienen su origen en una especie de entidad que habita en su interior, siendo que esa “entidad” no es más que una construcción imaginaria sobre la cual, para proteger el yo, el enfermo vierte la responsabilidad total o parcial de aquellos aspectos de sí mismo que rechaza y le ocasionan culpa. 3) Trastorno de Identidad Disociativo. Anteriormente conocido como “Trastorno de Personalidad Múltiple”, en él acontece que el enfermo, que conjuga una vivísima imaginación con una muy pobre autoconciencia, crea dos o más personalidades en las que distribuye los diversos complejos de aspectos que conforman su yo. De ese modo, se han dado casos en que el “yo malvado” asume la personalidad de un demonio y luego, cuando está ejerciendo cualquiera de los otros yo, el sujeto no recuerda lo que hizo mientras operaba el yo-demonio, lo cual sucede en general en este trastorno (el sujeto, con el yo-B, no recuerda lo hecho con el yo-A o el yo-C), siendo así que, cuando el sujeto es informado de las acciones de su yo-demonio, el percibe esto como una posesión a consecuencia de ciertos mecanismos de su psiquis.

El caso de Carla Morán o “Doris D”

En Mayo de 1974, Doris Bither empezó a sufrir los ataques de una misteriosa entidad invisible. La forzaba, la sujetaba contra su cama, luego procedía a violarla con una brutalidad en la que usualmente participaban los golpes. El espectro, bautizado como “El Ente”, atormentó sexualmente a Doris Bither por varios años…

El caso de Carla Morán, también conocido como el “Caso de Doris D” o el “Caso de Doris Bither”, representa uno de los casos más intrigantes pero menos estudiados dentro de la Parapsicología. Fue este el caso que inspiró la película “El Ente”, la cual a su vez se basó en la novela del mismo nombre que Frank de Felitta escribió en base a los escalofriantes hechos reales de los que Doris Bither fue víctima.

Doris Bither era una madre soltera que vivía en una casa de Culver (California) con sus cuatro hijos (una niña de 6, tres varones de 10, 13 y 16), todos de diferentes matrimonios. Su vida, relativamente tranquila, comenzó a ser trastocada cuando en mayo de 1974 se desataron los primeros episodios de lo que sería una larga pesadilla, tan larga que la seguiría por años enteros. En concreto, Doris había empezado a sufrir ataques sexuales por parte de una entidad invisible a la que ella, basada en los traumatizantes contactos que había tenido con dicha entidad, le atribuía la forma de un atacante masculino alto y fornido…

Aquella entidad abusaba de Doris por las noches: la tocaba, la forzaba violentamente contra su cama y después la golpeaba y abusaba sexualmente de ella. Tras repetirse el episodio numerosas veces, Doris buscó ayuda psiquiátrica mas, al recibir un diagnóstico de normalidad, fue a buscar ayuda en investigadores de la Universidad de California. Fue así que acudió al laboratorio de Parapsicología, donde logró contactar con su director, el Dr. Barry E. Taff, un psiquiatra e investigador escéptico.

En un primer momento, Taff pensó que la historia era una mera construcción imaginaria y los supuestos ataques no eran más que un complejo de exteriorizaciones y percepciones producido por algún trastorno mental de Doris; aunque, cuando ella le mostró las extrañas y terribles marcas (algunas en la zona genital) que el violador invisible le había ocasionado, Taff pensó que su hipótesis del trastorno era casi seguramente insuficiente ya que, en el marco de los parámetros de la ortodoxia científica, no era posible explicar con rigor y completitud el caso. Intrigado, Taff tomó interés en el caso y entrevistó a Doris, a sus hijos y a sus vecinos, obteniendo tanto de sus hijos como de algunos vecinos la declaración de que habían sido testigos de los abusos de la entidad invisible a la que, desde ese momento, se le empezó a llamar “El Ente”.

Pese a eso, Taff no dejó de aferrarse a la posibilidad de que todo tuviese su raíz en la mente de Doris, por lo cual contactó con el hipnólogo Kerry Gaynor en vistas de encontrar recuerdos perdidos en el subconsciente de Doris que, de alguna manera, pudiesen dar la llave del caso. No obstante nada se sacó de las sesiones hipnóticas y, entretanto, El Ente seguía deleitándose en sus salvajes abusos. A causa de eso, finalmente decidieron trasladar un equipo científico (dirigido por Taff y Gaynor) al domicilio de Doris.

Mientras el equipo proseguía con sus investigaciones, el estado de Doris empeoraba cada vez más y hacía temer en algunos médicos la posibilidad de que ella acabase sumergida en un estado crónico e irreversible de esquizofrenia. Como ninguno de los miembros del equipo había enfrentado algo semejante con anterioridad, muchos de ellos, en parte por haber visto que casi no existían precedentes de casos semejantes, optaron por creer que los ataques cesarían a corto o mediano plazo. En un inicio habían creído, debido a que los ataques sucedían cuando Doris dormía, que el problema se reducía a cierto tipo de trastorno psíquico vinculado a la mecánica del sueño; mas, tras irse desarrollando los hechos de la manera brutal y contundente en que se dieron, empezó a surgir en los investigadores la creencia en la posibilidad de que en efecto estuviesen lidiando con alguna entidad sobrenatural.

Y es que, a diferencia de tantos fantasmas, El Ente y sus secuaces no dudaron en manifestarse ante la presencia de los investigadores; por lo cual, en aquellos días en que el equipo estuvo en el domicilio de Doris, se reportó la presencia de esferas luminosas e inclusive se tomaron fotografías en que se apreciaban unos arcos de luz que delataban la forma de las esferas: mas, como es de esperarse, ante aquellas fotografías cuya fama ha llegado a trascender, los escépticos hablaron de reflejos en el lente de la cámara y la comunidad científica no las aceptó aunque nunca se demostró ni que fuese un montaje ni que fuese el producto de reflejos en el cristal de la cámara.

Pero veamos ahora los hechos con más detalle, para lo cual resulta muy útil acudir a las palabras con que los propios Taff y Gaynor relataron ciertas cosas acaecidas en los días en que las investigaciones se realizaban en casa de Doris:

Fue en la segunda visita a la casa de Doris cuando los investigadores empezaron a ver cosas que les demostraron de manera contundente que lo que estaba ocurriendo no podía reducirse a algún intrincado problema psíquico del sueño. “Empezamos a ver pequeños estallidos de luz, sucedían rápidamente. Intentamos fotografiarlos, pero sucedían demasiado rápido, y no conseguimos fijar ninguno. Trabajabamos con una Polaroid y una cámara fotográfica de 35mm”

“Estabamos en la cocina hablando con el hijo de 16 años de Doris cuando la puerta de un armario bajo se abrió de golpe y una cacerola salió disparada”, dijo Gaynor. “Salió volando y cayó dos o tres pies más allá del armario. Yo me asomé por si hubiera algún truco o alguien escondido en el armario, pero allí no había nada. Ahí es cuando empezó todo”.

“La mujer empezó a chillar, ‘está en el dormitorio’. Nosotros corrimos hacia allá y fue cuando aparecieron las luces y tomamos las instantáneas con la Polaroid. La mujer gritó ‘está en la esquina’ y rápidamente tomamos una foto, pero salió descolorida. Doris volvió a gritar que estaba en la esquina y volvimos a fotografiar… otra vez descolorida. Pensabamos que la cámara se había estropeado, así que tomamos una foto de control. En ese momento Doris anunció que el ente se había ido. La foto salió perfecta”

“Con la Polaroid tomamos la foto más interesante de todas. Doris dijo textualmente ‘está delante de mi cara’ y entonces tomamos la instantánea. En la foto puedes ver con claridad los botones de su ropa y las cortinas, sin embargo su cara aparece totalmente borrada. Repetimos la operación con idéntico resultado, y cuando ella dijo que ya se había ido, hicimos una foto de control y todo apareció normalmente.”

“La tercera noche decidimos hacer la sesión en el dormitorio. Le pedí al ente que si realmente estaba allí que apareciese, y entonces la luz salió de la pared y se desplazó hasta el medio de la habitación. Empezó a girar y a expandirse en todas direcciones. Teníamos a nueve fotógrafos profesionales distribuidos por la habitación disparando sus cámaras desde todos los ángulos. Fue increíble, ¡esa cosa flotaba en medio de la estancia y era dimensional! Es imposible falsificar algo así sin disponer de sofisticados sistemas de laser”. Taff contó que en realidad había tres esferas de luz: una verde-amarillenta y dos de luz blanca. “Nosotros vimos bolas de luz. De algún modo las cámaras recogieron arcos luminosos… pero lo que nosotros vimos eran bolas de luz”.  Mas todo aquel episodio tuvo lugar luego de que, tras sufrir un espantoso ataque, Doris llamara a Gaynor a la medianoche para pedirle que fueran ya que había sido agredida por tres criaturas invisibles, dos de las cuales le sujetaban las piernas para que la última, El Ente, la penetre con brutalidad a sus anchas. . “Ella me llamó en mitad de la noche llorando y fui hacia allá. Había sido golpeada, tenía marcas azules y negras por todo el cuerpo”, dijo Gaynor. Como sorprendentemente se ve, el número de criaturas que Doris mencionó, al igual que la distribución de funciones y aparente jerarquía entre las mismas, coincidía a la perfección con el hecho de que justamente hayan sido tres las esferas de luz que los investigadores vieron, siendo dos de ellas blancas (las criaturas que sujetaban) y una amarilla-verdosa (El Ente). Por otra parte, Doris también acotó que la entidad violadora había cobrado solidez mientras la violaba y que, a través del contacto con la misma, pudo darse cuenta con claridad, aún más que en anteriores episodios, de que la entidad tenía la anatomía de un hombre fornido y de que en efecto era un espectro pues, inmediatamente después de saciar su desaforada libido, simplemente “se evaporó”. Finalmente y a pesar de que cuando los investigadores llegaron no presenciaron ningún ataque sexual de El Ente, sí pudieron ver algo que les heló la sangre, algo que le hizo ver a Gaynor que, en efecto, Doris parecía estar en lo cierto cuando dijo que el abusador invisible tenía la morfología de un hombre. Cuenta así Gaynor lo siguiente: “Primero vimos como se formaba la cabeza y seguidamente los hombros. Después la luz fue descendiendo hasta que una silueta se dibujó entera. Era una luz verde-amarillenta. Cuando todo pasó, nos miramos unos a otros… No podíamos ni hablar.” Y Taff añade: “Cuando la aparición se esfumó, dos jóvenes ayudantes se desmayaron y hubo que sacarlos fuera del dormitorio”…

En cuanto a la peligrosidad de El Ente, las siguientes palabras de Gaynor nos muestran que era ciertamente elevada no solo para Doris sino para cualquiera que osase intentar detenerlo: “Una vez, el hijo de 16 años oyó a su madre llorar y fue al dormitorio. Vio como algo zarandeaba a su madre en la cama y, cuando se acercó a ayudarla, algo le golpeó en la cabeza y lo lanzó hacia atrás. El chico se rompió un brazo”

Después de las sesiones en casa de Doris y sobre todo porque no habían podido hallar una respuesta clara y la condición de ella empeoraba, los investigadores trasladaron a Doris —quien a lo largo del caso habría de tener tres embarazos psicológicos— al laboratorio de la Universidad de California, donde se le hizo una especie de casa de cristal en la que, por cierto tiempo, Doris vivió constantemente vigilada por las lentes de las cámaras y los ojos de los doctores.

Fue allí donde en cierta noche tuvo lugar la más intensa y asombrosa agresión sexual de El Ente. Así, ante los numerosos presentes, el cuerpo de Doris empezó a moverse como si alguien, contra su voluntad, la sujetase y la empujase a la vez: era El Ente que, en aquella noche más que en ninguna otra, evidenció una naturaleza posiblemente humana en virtud de sus conductas sexuales pues, como queriendo dar show y lucirse, doblegó a la pobre Doris y la hizo realizar la posición del perrito, la del misionero y muchísimas otras posturas del Kamasutra. Lastimosamente, de aquella depravada sesión de acrobacias necrófilas no quedó nada pues las cámaras no lograron registrar nada con la contundencia suficiente como para hacer tambalear el ortodoxo juicio científico e inclinarlo hacia la hipótesis paranormal.

Al ataque anterior siguieron muchos otros. Entretanto uno de los psicólogos, en una sesión hipnótica, descubrió que Doris había sufrido abusos sexuales durante su infancia. A partir de allí el juicio de los investigadores se dividió en dos grandes bloques: por un lado, aquellos que creían que todo estaba en la mente de Doris, pasando desde grandes escépticos que se limitaban a explicaciones psiquiátricas rebuscadas hasta investigadores de mente abierta que adoptaban la hipótesis parapsicológica de que la mente de Doris había creado proyecciones energéticas que se plasmaban en la gama de fenómenos desconcertantes que habían visto; por otro lado, estaban aquellos que, en lugar de aferrarse a los excesos del ejercicio interpretativo, prácticamente tomaban la realidad tal cual se presentaba y afirmaban así que Doris era víctima de alguna identidad, sea esta un fantasma, un demonio o  un extraterrestre.

Mas Doris ya estaba cansada de todo y se sentía frustrada ante lo escurridizo que El Ente resultaba para las cámaras. Por ello, dejó de participar en los experimentos y, con sus hijos, dejó su casa inicial en Culver (California) y se mudó a Texas en busca de una vida mejor y libre de los acosos del violador invisible. Pero El Ente ya se había enviciado con ella y, en lugar de dejar sus fechorías o cambiar de víctima, decidió seguirla para así continuar con sus perversas sesiones de placer espectral. Cinco fueron en total las veces que Doris se mudó intentando huir de su perseguidor; cada vez se mudaba más lejos pero lo único que había conseguido era una disminución en la frecuencia de ataques. Aunque posteriormente, y de forma inexplicable, los ataques cesaron. Dice Gaynor (que mantuvo la comunicación con Doris) al respecto: “Parece que el ente la seguía a donde iba. Ella cada vez se mudaba más lejos y los ataques fueron disminuyendo hasta que después de dos años más o menos finalmente cesaron por completo”. Fue entonces que por fin Doris vivió con tranquilidad hasta que el cáncer la condujo a la muerte un 25 de julio de 2006.

ANEXO: FRAGMENTOS DE UNA ENTREVISTA A BRIAN HARRIS, HIJO INTERMEDIO DE LOS TRES HIJOS VARONES DE DORIS BITHER

Sobre los comentarios de que la casa fue dos veces condenada por la ciudad:
“En cuanto a lo de que la casa fue dos veces condenada por la ciudad, eso era una patraña. La casa nunca fue condenada. Se sentía cierto aislamiento viviendo allí, pero eso era porque la casa tenía tal reputación de estar embrujada que todo el vecindario venía. Merodeadores, gente curiosa. Niños del barrio que siempre venían para intentar ver dentro de la casa encantada…En la escuela me fastidiaban mucho por vivir en esa casa”

Sobre los ataques que todos sufrían:
“Todos experimentamos algún tipo de ataque. Empujones, mordiscos y arañazos. Había alrededor de cuatro entidades en la casa y estas se daban a conocer apareciendo todo el tiempo. Pienso que hacer eso les debía requerir un montón de energía”

Sobre la apariencia de El Ente:
“Sí, como una silueta pero sin claridad. Translúcida y nublada. Era como una escultura, como un cuerpo cincelado. No era una figura completa pero a veces podíamos ver ciertos rasgos.”

Sobre los rumores que afirmaban que los espectros tenían aspecto asiático:
“Es divertido todo ese malentendido acerca de que eran asiáticos; eso no es verdad. Yo no sé de dónde se sacaron esa idea. No tenían rasgos asiáticos, no lucían como asiáticos.”

Sobre las violaciones:
“Lo de las violaciones era completamente real. Mi habitación estaba justo al lado de la de mi madre. Yo escuchaba cuando sucedían los ataques. Cosas siendo arrojadas, ella gritando. Luego ella salía de su cuarto y tenía todos esos moretones en sus piernas, en sus muslos internos, justo como en la película.”

Sobre las veces que el equipo de investigación los visitaba:
“Odiaba cuando se presentaba el equipo, porque sabía que, tan pronto como se fueran, ellos se enojarían tanto que la casa cobraría vida. Era como si los fantasmas estuviesen molestos de que se fueran, como si estuviesen lanzando una rabieta, un berrinche. Entonces las cosas empezaban a volar y nosotros a ser atacados …[…]…¡Era como si la casa cobrase vida! Cosas volando, ollas y sartenes.”

Sobre los embarazos psicológicos de su madre y los incontables hombres que ella tuvo:
“Es posible. Quiero decir que mi madre se movía mucho. Ella era tan inestable. Pudimos haber perdido el contacto con ella. Tuvo tantos novios y esposos que ya perdí la cuenta. Así que es posible que uno de sus novios la dejara embarazada.”

Belfegor, el demonio de la pereza

Belfegor es uno de los llamados “Siete Príncipes del Infierno”. Él es el demonio de la pereza y todas las manifestaciones que la acompañan: la desidia, el conformismo, la comodidad que conduce a la inercia de la mediocridad. Conocido también como “El Señor de la Apertura”, Belfegor suele incitar a caminos fáciles y poco éticos.

Belfegor es uno de los llamados “Siete Príncipes del Infierno”. Él es el demonio que encarna el vicio de la pereza y todas las conductas que de ella nacen. De ese modo, Belfegor tienta a los hombres induciéndolos al conformismo, a la parálisis ajena a toda superación personal; o, en tanto que es también un demonio asociado a los descubrimientos y los inventos ingeniosos, Belfegor tienta a los hombres dotados de ingenio implantando en sus mentes ideas de inventos a través de los cuales puedan obtener riquezas fáciles y abundantes en desmedro de lo que sugieren la justicia y la honradez.

Etimología

El nombre “Belfegor” es el producto de la corrupción del nombre “Ba’al Peor”, el cual era el nombre de un dios moabita al que se adoraba a veces bajo la forma de un falo. Para Leloyer, la etimología de “Belfegor” estaría ligada al hecho de que en ciertas formas de adoración se le rendía culto en cavernas donde, a través de una rendija, se le lanzaban los distintos tributos, siendo así que “fegor” significa “grieta” o “hendidura”, las cuales eran formas de referirse a las rendijas por donde le entregaban los tributos.

Origen y presencia bíblica

Belfegor se originó a partir del dios asirio Baal-Peor, el cual era un dios que los moabitas adoraban en el monte Fegor, siendo así el Baal del monte Fegor, razón por la cual luego se terminó comprimiendo el nombre del dios y de su lugar de adoración en el nombre “Belfegor”, nombre que con el tiempo daría lugar a la creencia en el demonio Belfegor.

En realidad no puede hablarse de la presencia bíblica del demonio Belfegor o tan siquiera de un ser con nombre “Belfegor”. Esto es así ya que ciertamente lo que aparece es el nombre “Baal-peor” o “Baal el Peor”, pero nunca el nombre “Belfegor”.

Los lugares donde se menciona a Baal-peor en la Biblia son: Números 25, Salmo 106: 27-29, Oseas 9:10 y Deuteronomio 4:3. En todas aquellas menciones se hace referencia a la misma situación en relación a Baal-peor: a saber, se alude al episodio en que miles de israelitas aceptaron la invitación de mujeres moabitas para fornicar en las enormes orgías que se le ofrecían a Baal-peor como parte de los rituales de adoración. Es por ello que luego, cuando a nivel extra-bíblico se originó el demonio Belfegor, aquel estuvo en parte asociado al libertinaje sexual propio de Baal-peor, el ser del cual se derivó.

Acabando este apartado, tenemos que el ejemplo más representativo de la presencia de Baal-peor en la Biblia es el de Números 25; dice así: ‹‹Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos ante Jehová delante del sol, y el ardor de la ira de Jehová se apartará de Israel. Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se han juntado con Baal-peor›› (Números 25: 1-5)

El demonio Belfegor

La Cábala (núcleo del misticismo y esoterismo judío) habla del ser que nosotros conocemos como “Belfegor” bajo el nombre de “El Escudriñador” o “El Disputador”, el cual es concebido como enemigo de la Sexta Sefirot, Tiferet (“Belleza” en español). De ese modo, Belfegor es un agente al servicio de la qlifot que se opone a Tiferet; siendo, por consiguiente, un ser que sirve a las energías destructivas de Él Árbol de la Muerte.

Según ciertos demonólogos del siglo XVI el poder de Belfegor se ampliaba en abril. Así mismo, otros demonólogos de aquella época han hablado de Belfegor como un demonio capaz de concebir riquezas a través de inventos o descubrimientos que él implanta en las mentes de ciertos hombres. No obstante, junto a lo anterior está el hecho de que, en la concreción de tales inventos o en la aplicación de aquellos descubrimientos, Belfegor intenta llevar a los humanos por el camino del mal, fomentando principalmente la discordia a partir de la inducción de actitudes éticamente erradas en relación a las formas de adquirir , manejar y distribuir las riquezas derivadas de tales inventos.

Para el cazador de brujas y obispo jesuita Peter Binsfeld, Belfegor es, dentro de los siete príncipes del infierno, el que representa el pecado capital de la pereza (cada príncipe representa un pecado capital). Al menos de esa forma lo describe dentro de su De confessionibus maleficorum et sagarum, libro que fue publicado en 1589 y que ha pasado a ser uno de los puntales de la demonología renacentista.

Ya en el Diccionario Infernal, una obra más reciente de la Demonología publicada en 1863 por Collin de Plancy, se nos presentará al gobierno infernal dividido en cinco grupos: el primero, de príncipes y altas dignidades; el segundo, el de los llamados “ministros de despacho”; el tercero, el de embajadores; el cuarto, el de los encargados de impartir la justicia en el infierno; y el quinto, el de los encargados de las distintas funciones dentro de la gran mansión llamada “Casa de los Príncipes”. Dentro de todas esas categorías Belfegor se encuentra en el grupo de los embajadores y se encarga de representar a las Fuerzas de la Oscuridad en Francia.

El aspecto de Belfegor

A Belfegor, conocido también como el “Señor de la Apertura”, se lo ha representado de dos formas completamente diferentes. En la primera se lo ha pintado como una mujer joven y bella; en la segunda, que es la forma en que supuestamente aparece cuando se lo invoca, se lo ha representado como un demonio musculoso, de varios metros de estatura, con una barba larga, cuernos, unos pies de lobo y unas garras sucias y largas.

El culto a Belfegor

Los antiguos rabinos afirmaban de forma despectiva que a Belfegor (al que ellos se referían como “Baal-peor”) se le debía adorar con excrementos en un inodoro, cuestión por la cual muchos pensaron que Belfegor era Crépios, el dios Pedo…

Ciertos estudiosos han creído que, en sus orígenes, Belfegor estuvo asociado al dios greco-romano Príapo, un dios menor de la fertilidad al cual se representaba con un enorme falo siempre erecto. La razón de aquello la vieron en ciertos procesos histórico-culturales de asociación simbólica a partir de los cuales se ligó a Príapo con las connotaciones de libertinaje sexual de Baal-peor y la forma en que se adoraba a veces a Baal-peor (se lo solía adorar bajo el aspecto de un falo).

Por otra parte, en algunos de sus estudios Bainier ha citado a Selden para informar y explicar cómo en ciertas manifestaciones del culto a Baal-peor se ofrecían víctimas humanas y los sacerdotes comían la carne de las víctimas.

Finalmente, en la Alemania medieval de mediados del siglo XII los herejes veneraban al demonio Belfegor (no al dios Baal-peor, aunque para algunos sean la misma entidad en cierta forma) a través de reuniones en casas grandes dentro de las cuales apagaban la luz y luego hacían orgías en las cuales siempre habían abundantes incestos de por medio.

 Belfegor, un símbolo de la misantropía

Como nota final sobre Belfegor, cuenta cierta leyenda que Satanás, intrigado por los rumores que habían llegado a él y sus demonios sobre la existencia de la felicidad conyugal en la Tierra, envío a Belfegor para que indague a profundidad si tal cosa existía. Belfegor, luego de pasar mucho tiempo investigando a los humanos, no solo que llegó a la conclusión de que la felicidad conyugal era un mito sino que, además, llegó a pensar que la naturaleza humana estaba plagada por una negatividad tal que imposibilitaba que se diera la convivencia armónica. Esta historia se ha repetido en algunas obras de la literatura moderna temprana, razón por la cual Belfegor ha llegado a ser un símbolo de la misantropía al representar la actitud de ausencia de fe en esa versión idílica de la naturaleza humana que nos ha vendido el Humanismo y que tanto profesan los filántropos; sujetos que, desde luego, serían lo contrario al misántropo Belfegor…

Invocación

Señor Satanás, por tu gracia concédeme, yo te ruego, el poder para concebir en mi mente y para ejecutar aquello que yo deseo hacer, el fin que con tu ayuda quiero conseguir, oh Poderoso Satanás, único Dios Verdadero que vive y reina por los siglos de los siglos. Te ruego que inspires a Belfegor, Señor de la Pereza, para que se manifieste ante mi presencia y me conceda la respuesta verdadera y fiel del auxilio necesario para el cumplimiento de mi finalidad deseada, siempre y cuando ésta concuerde con el oficio que le es propio. Esto yo lo pido respetuosa y humildemente en tu nombre, Señor Satanás, si puedes tú considerarme merecedor o digno de ello, Padre.

NOTA: Antes de recitar la oración usted debe preparar una pequeña mesita (a modo de altar) en la que esté una o más velas negras, uno o más de un incienso de la mejor calidad posible y, sobre todo, una cartulina blanca en que esté el sello del demonio. Previamente a la oración, usted deberá visualizar en su mente el sello del demonio (por eso se recomienda conocerlo de memoria) mientras recita o canta el nombre del demonio en un tono de voz normal o moderadamente alto. La recitación deberá durar por lo menos unos tres minutos; mientras eso sucede, el incienso deberá estar consumiéndose. Todo esto usted lo debe hacer en completa soledad, si es posible de noche y, aún mucho mejor, a las tres de la madrugada y en una noche de luna llena…En términos generales, si el demonio se ha hecho presente se manifestará con una de estas señales: 1) lo verá en el espejo, 2) habrán anomalías en el humo del incienso, 3) el demonio aparecerá directamente (esto es muy difícil que suceda).

Leviatán, amo demonio de los océanos

Considerado como uno de los “Siete Príncipes del Infierno”, Leviatán es para muchos interpretes una forma simbólica del mismo Satanás. Él es el “Dragón que está en el mar” del que habló el profeta Isaías , la Serpiente Antigua, el terrible “Amo Demonio de los Océanos” referido en el Diccionario Infernal de Collin de Plancy…

Leviatán (לִוְיָתָן: “torneado”, “en espiral”; pronunciado como “Livyatan” en hebreo estándar y como “Liwyatan” en hebreo tiberiano), asociado y a veces hasta visto como un sinónimo del mismo Satanás, es también una bestia marina del Antiguo Testamento y de la tradición judía. Pese a que en hebreo moderno su nombre simplemente significa “ballena” y pese a ser considerado una mera bestia bíblica por ciertos intérpretes, “Leviatán” ha sido y será siempre un nombre que en el imaginario popular y en la mente de algunos expertos traiga consigo cuestiones relacionadas con El Mal y los demonios.

En el Cristianismo, Leviatán es usualmente considerado como una forma de Satanás, asociación que en gran parte se debe a que la expresión “serpiente antigua” se vincula con ambos nombres.

Algunos intérpretes han sugerido que Leviatán es un símbolo de la Humanidad que se opone a Dios; en este lineamiento teórico, también han dicho que las bestias del Libro de Daniel y del Apocalipsis son en realidad seres metafóricos.

Por otra parte y en base a muchos pasajes del Antiguo Testamento, Leviatán ha pasado a ser una representación de las naciones —Asiria y Egipto, por ejemplo— en guerra contra Israel, por lo que en un segundo plano simbólico Leviatán podría representar al Demonio al poderse interpretar a Israel como el Pueblo de Dios.

Leviatán en la Biblia

El nombre “Leviatán” aparece varias ocasiones dentro de la Biblia:

  • Isaías 27:1: Este pasaje, al ser vinculado con la descripción que el Génesis hace de Satanás como una serpiente tentadora, ha sido en gran parte el que ha dado origen a la figura del Demonio como el Gran Dragón, como la Gran Serpiente, como Leviatán…En efecto, a diferencia de otros pasajes bíblicos en que “Leviatán” parece ser solo el nombre con el que se alude a una gran bestia, aquí sí resulta claro que alude al Demonio (al menos simbólicamente), sobre todo teniendo en cuenta que el contexto del pasaje bíblico es un contexto apocalíptico. Por ello sirve citar no solamente Isaías 27:1 sino también Isaías 26:21. Citando ambos pasajes (que en la biblia está uno luego del otro) se tiene este texto revelador: ‹‹Porque el Señor sale de su morada/para pedir cuenta de su iniquidad/a los habitantes de la tierra:/la tierra pondrá al descubierto la sangre derramada/y ya no cubrirá a sus muertos./Aquel día, el Señor castigará con su espada bien templada,/a Leviatán, la Serpiente huidiza,/a Leviatán, la Serpiente tortuosa,/y matará al Dragón que está en el mar.››
  • Salmos 74: 13, 14 y Salmos 104: 25, 26: En el primer pasaje se habla de que el Señor aplastó las cabezas de Leviatán y se las dio de alimento a las fieras del desierto, mientras que en el segundo se dice que creó al Leviatán para jugar con él y se presenta al Leviatán como una bestia marina. Hay quienes han interpretado que el primer pasaje alude a Leviatán como el Demonio pero aquello carece de sentido si se tiene en cuenta que, a diferencia de en el texto de Isaías, en Salmos 74: 13, 14 el Señor ya ha aplastado las cabezas de Leviatán, ya lo ha derrotado, siendo que supuestamente —y en concordancia con el Nuevo Testamento— es en el Día del Juicio (tal y como sale en Isaías) cuando el Demonio será definitivamente derrotado. Ahora, el pasaje de Isaías también se puede interpretar como una referencia a lo que será (aún no ocurría en tiempos de Isaías) la liberación de los israelitas en Egipto; y, partiendo de eso, la interpretación que se ha hecho de Salmos 74: 13, 14 sería coherente con Isaías en tanto que se habría escrito luego de acontecida la liberación de los israelitas en Egipto; ya que, según se ve en el libro del profeta Ezequiel, a Faraón se lo nombra como un gran monstruo marino tendido en el Nilo, monstruo que será abandonado a las bestias y les servirá como alimento, tal y como luego el Salmo 74: 13, 14 muestra que se cumplió. De ese modo queda claro como las interpretaciones concuerdan si se ve los pasajes como aludiendo al hecho histórico del éxodo israelita; mas, si se intenta ver a los pasajes como aludiendo a la derrota del Demonio, la interpretación solo funciona con el texto de Isaías y resulta forzada en el caso de los Salmos. Por otra parte, en lo que respecta a Salmos 104: 25, 26, a Leviatán allí simplemente se le nombra como monstruo marino, no tiene sentido postular que represente al Demonio antes de pelearse con Dios ya que ese “Leviatán que tu formaste para jugar con él” va precedido de un “Allí está el mar, grande y dilatado, donde se agitan, en número incontable, animales grandes y pequeños” y, por ende, el contexto indica con toda claridad que Leviatán es solo una bestia entre todos esos animales “grandes y pequeños”.
  • Job 41: Algunos eruditos han dicho que el extenso pasaje de Job alude al cocodrilo, lo cual en primera instancia parecería tener sentido si tenemos en cuenta que el Leviatán de Job habita en el agua, tiene escamas, piel dura e hileras de colmillos. No obstante, incluso en una versión bíblica tan actual como la Reina Valera 2000, el Leviatán de Job es presentado como un ser que no puede vencerse con armas humanas, que su sola visión espanta, que es rey entre los soberbios y que escupe fuego. Entonces: ¿existe alguna especie de cocodrilo que escupa fuego? Evidentemente no, de allí que haya tenido tanto sentido la interpretación hasta hoy vigente de que la bestia referida por Job es el Leviatán-demonio que todos conocemos, un ser terrible de cuya boca “salen hachas de fuego, centellas de fuego proceden” (Job: 41:19, Reina Valera 2000).

 Leviatán en la tradición judía

Textos como el AvodaZara o el MoedKatan (ambos pertenecientes al Talmud) contienen pasajes vinculados a una leyenda judía en la
cual luego del Armagedón habrá un banquete donde solo entrarán “los justos”, un banquete en el que, bajo un gran lugar cuyo techo estará cubierto elegantemente por la piel del Leviatán, se comerá la carne de tres bestias míticas: el Leviatán (bestia marina), el Behemoth (bestia terrestre) y el Ziz (bestia aérea, ave gigante).

Vinculado a lo anterior, en el festival judío de Sucot existe un rezo en que al final el celebrante dice: “así pueda yo tener mérito en el año que viene para morar en el sukkah de la piel de Leviatán. El año próximo en Jerusalén”. Otro ejemplo aún más representativo es el del festival del Akmadut, festival donde se canta un himno en el que dice: “Leviatán y el buey Behemoth… Se engancharán el uno con el otro y comenzarán el combate, con sus cuernos, el Behemoth corneará con fuerza; el pez [Leviatán] saltará para confrontarlo con sus aletas, con poder. Su creador se les aproximará con su espada poderosa [y los matará a ambos]” y “…[…]…de la hermosa piel del Leviatán, Dios construirá los pabellones para abrigar al honrado, que comerá la carne del Behemoth [buey] y el Leviatán en medio de gran gozo y alegría, en un enorme banquete que será dado para ellos.”

En cierta línea de la tradición judía se cree que el Leviatán era un dragón andrógino que sedujo a Adán en su forma femenina y a Eva en su forma masculina.

Ciertos eruditos han dicho que el Leviatán, Behemoth y Ziz deben ser interpretados respectivamente como símbolos del agua, la tierra y el aire.

Por último, el Libro de Enoc (apócrifo para los católicos) nos presenta a Leviatán y a Behemoth como seres cuya descripción parece haber inspirado las interpretaciones de los eruditos que antes fueron mencionados. Dice el Libro de Enoc: ‹‹Y en ese día se separarán dos monstruos, una hembra llamada Leviatán, que morará en el abismo sobre donde manan las aguas, y un macho llamado Behemot, y ocupará con sus pechos un desierto inmenso llamado Dandain››

 El demonio Leviatán

Se cree que, antes de caer, Leviatán pertenecía a la orden de los Serafines, la primera jerarquía angélica de entre las nueve existentes. Así, Leviatán habría estado entre los “ángeles de la caridad”, entre los seres que están más cerca del Padre y que pasan la eternidad contemplando y disfrutando la belleza del Todopoderoso y cantándole a su gloria sempiterna mientras esparcen sus rayos de amor sobre la Creación.

En la demonología medieval algunos creían que Leviatán era un demonio acuático que intentaba tomar posesión de las almas y que resultaba muy difícil de expulsar mediante el rito exorcista. Otros simplemente lo veían como una imagen de Satanás.

Para Santo Tomás de Aquino, Leviatán era el demonio de la envidia y, de entre todos los habitantes del Averno, él era el primero en encargarse de castigar a los envidiosos.

Según el jesuita Peter Binsfeld, Leviatán es, dentro de los siete príncipes del infierno, el que representa el pecado capital de los celos. Al menos así lo describe dentro de su De confessionibus maleficorum et sagarum, libro que es uno de los pilares de la demonología renacentista (fue publicado en 1589).

Más tarde, Sebastían Midhaelis habría de dividir a la elite de los demonios en tres categorías, poniendo ocho demonios en la primera, cinco en la segunda y tres en la tercera. Allí Leviatán sería situado en la primera categoría como un demonio caracterizado por atacar las creencias religiosas, por inducir al paganismo, al ateísmo, al escepticismo arreligioso…

Dentro de todo lo que se ha dicho sobre Leviatán hay algo de suma importancia en tanto que supuestamente fue dicho por un demonio…De esto nos habló el Padre Sebastien Michaelis en sus escritos sobre el caso de posesión de la hermana Madeleine, acaecido en 1647 dentro del convento de Louviers en Aix-en-Provence. Ahí, Sebastien Michaelis nos cuenta que, en el contexto de los exorcismos, el demonio Bablerith (uno de los tantos demonios que poseían a la monja de dieciocho años) soltó los nombres de los otros demonios que poseían a la monja, dentro de los cuales estaba Leviatán, demonio que, según dijo Balberith, tendría de enemigo especial a San Pedro, se encargaría de incitar a los hombres a cometer sacrilegios y sería el gran enemigo de los santos.

Ya casi dentro de lo que es la actual demonología, en su Diccionario Infernal publicado en 1863, Collin de Plancy nos presentará al alto mando infernal dividido en cinco grupos: el primero, de príncipes y altas dignidades; el segundo, el de los llamados “ministros de despacho”; el tercero, el de embajadores; el cuarto, el de los encargados de impartir la justicia en el infierno; y el quinto, el de los encargados de las distintas funciones dentro de la gran mansión llamada “Casa de los Príncipes”. Dentro de todas esas divisiones Leviatán se encuentra en el grupo de los ministros de despacho y ocupa la función de Gran Almirante, dirigiendo la Armada del Infierno y siendo así mismo el “Amo Demonio de los Océanos” y el “Rey de las Bestias”, títulos de los cuales el primero comporta la cualidad de que Leviatán no puede ser lastimado por arma humana alguna cuando se materializa.

Finalmente, de acuerdo a La Biblia Satánica de Antón Szandor LaVey, Leviatán es, dentro de los llamados “Cuatro Príncipes de la Corona del Infierno”, aquel que representa al elemento del agua y gobierna el Oeste en el infierno y en la Tierra (en tanto zona que sufre influencias demoníacas). Al pertenecerle el elemento del agua, Leviatán es asociado con la vida y la creación y, en el marco de los rituales satánicos, se lo representa con un cáliz. La Iglesia de Satanás usa, para representar a Leviatán, las cinco letras hebreas de “לִוְיָתָן” dispuestas en las cinco puntas del Sello de Baphomet. Las letras deben ser leídas en orden de las manecillas del reloj, comenzando desde la que está en la punta que señala hacia el sur: el nombre se lee como “LVITHN” y significa “Leviatán”.

Invocación

¡A las grandes aguas ennegrecidas yo llamo!
A través de las profundidades que no tienen voces hasta al reino no visto o experimentado con ojos despiertos.
¡Leviatán! ¡Leviatán! ¡Leviatán!
Tú, ¡Serpiente eterna!
Tú, ¡Daemon que puede oscurecer las orbes de luz!
¡Estoy parado en las puertas del abismo para despertarte!
¡Levántate, Leviathan!
¡TEHOM! ¡TEHOM! ¡TEHOM!
¡Te invoco, Leviatán!
¡Rodéame; guía mi espíritu inmortal a través de tus espirales!
¡Serpiente Enrollada, Iniciador!
¡Fuera de tu boca están lámparas ardiendo!
¡Tormentoso Dragón!
¡Rahab, Ángel de Violencia, cuyo poder levantó espiritualmente a Egipto!
¡¿Qué debe intensificar y ensombrecer la oscuridad de la noche?! ¡Leviatán! ¡Leviatán! ¡Leviatán!
¡¿Quién trae en unión a Samael y Lilith, Tanniver?!
¡Oh Coronada Serpiente del Espíritu demoníaco!
¡Rodeado en Oscuridad pero ardiendo de la Luz Interior!
¡Theli! ¡Theli! ¡Tehom! ¡Tehom!
Orgulloso Ángel Oscuro de ser eterno, ¡yo te despierto!
¡Levántate de tu sueño y entra a este mundo de carne!
¡Qué yo seré tu recipiente, porque somos de la misma sangre!
¡Leviatán, contemplo tu cruz y la honro!

¡Porque esto representa el infinito que tú ofreces, la Inmortalidad del Espíritu!
¡Leviatán apodera al Daemon para levantarse como un Dios!
¡Salve, Leviatán, Serpiente de Sabiduría y Violencia!
¡Nacido del Caos!
¡Qué así sea!

Belcebú (Baal), el señor de las moscas

Conocido también como “El Señor de las moscas” Belcecú es uno de los siete princípes del Infierno y el que representa el pecado capital de la gula. Su nombre deriva a Ba’ al Zebûb, un término despectivo que los hebreos emplearon para burlarse del hecho de que los templos donde era adorado estaban repletos de moscas, insectos que se alimentaban de la carne de los sacrificios que no era recogida y  se dejaba pudrir dentro del templo.

El “Señor de las moscas”

 Belcebú es uno de los demonios más importantes ya que está entre los siete príncipes del infierno (siendo aquel que representa el pecado de la gula). Su nombre deriva de “Ba´al Zebûb” o “Beelzebub”, título que significa “Señor de las moscas” y que los hebreos aplicaron de forma despectiva a Hadad y a los otros dioses semíticos que los paganos veneraban bajo el título de “Baal” (“señor” en español). De allí que en realidad Baal y Belcebú sean la misma entidad aunque la diversidad de interpretaciones haya generado equívocos y algunos piensan que son dos demonios distintos.

El demonio Belcebú

Belcebú, “príncipe de los dioses falsos” según Francis Barret y demonio asociado al pecado mortal del orgullo para Michaelis Sebastien, fue en su pasado angelical un miembro de la orden de los querubines y es en el presente uno de los siete príncipes del infierno, el príncipe que representa la gula según la versión de Peter Binsfeld. No obstante para algunos de los que sostienen las teorías del Triunvirato Infernal, Belcebú está entre los tres grandes: así, para el exorcista del siglo XVII Michaelis Sebastien, Belcebú es uno de los tres ángeles caídos más importantes junto con Lucifer y Leviatán mientras que para dos obras ocultistas del siglo XVIII Belcebú conforma, junto con Lucifer y Astaroth, la llamada “Falsa Trinidad”.

Según la ocultista del siglo XVI, Johann Weyer, Belcebú (quien para la autora comanda la Orden de la Mosca) dirigió una exitosa rebelión contra Satanás y llegó a ser el lugarteniente (segundo al mando) de Lucifer.

En la demonología antigua lo consideraban como un personaje que estaba después del rey del infierno. Esta figura gobernaba el Este como un gran duque infernal que comandaba 66 legiones de demonios. Durante el período puritano inglés, Beelcebú era comparado con Satanás y, de acuerdo a los estudios de Francis Barrett, tenía el poder de hacer invisibles y astutos a aquellos que lo invocaban.

La apariencia de este demonio variaba, en unas ocasiones era un humano, en otras un perro, un  gato, una rana o combinaciones de las mismas, pero su apariencia “oficial” está en el libro “Dictionnaire Infernal”  de Collin de Plancy (escrito en 1818). La ilustración era la de una criatura con tres cabezas: la de un humano con corona, un gato y otra de una rana, las cuales están sostenidas por el lomo y las patas de una araña. No obstante en el imaginario popular se piensa en Belcebú bajo su forma alegórica: de gran tamaño, rostro hinchado, coronado por un cintillo de fuego, con cuernos, piel muy oscura, peludo y con repulsivas alas de murciélago.

 Revisando su origen, vemos que en la versión hebrea de los textos se concibe que Ba´al Zebûb es “Beelzebub”, una deidad originaria de la ciudad filistea de Ekron. Su significado se traduce como el “Señor de Las Moscas”, título que denotaba como los hebreos denigraban a las deidades de sus enemigos ya que aquel título fue elaborado como una mofa ante el hecho de que dejaban que la carne de sus sacrificios se pudrieran y grandes nubes de moscas se aglomerasen en torno a las imágenes de sus dioses dentro de los templos. El término “Ba´al Zebûb” no nació para denigrar a un dios en particular sino al conjunto de dioses semíticos del oeste que eran venerados bajo el título de “Baal” o “Señor”; aunque, y cabe resaltarlo, fue sobre todo (mas no únicamente) en el contexto de las adoraciones a Hadad que los judíos elaboraron aquel título peyorativo.

Los equívocos vinieron mas tarde en parte gracias a los primeros demonólogos, los cuales en su mayoría ignoraban que “Baal” era un título que se aplicaba a varios dioses y, de ese modo, creían que “Baal” aludía a un solo personaje. También el Nuevo Testamento suscitó confusión al hablar de Belcebú como “Satanás” o “El Príncipe de los Demonios”, razón por la cual muchos de los primeros demonólogos, al saber que Belcebú era Baal, hablaban de él como “el primer rey” o “director del infierno”, puesto que creían que, al ser Satanás según el Nuevo Testamento, “Baal” no era sino un nombre para referirse al mismo Lucifer (tamibén llamado “Satanás”).

Por otra parte, Belcebú ha sido uno de los demonios más asociados a la brujería, siendo muy solicitado por las brujas y habiendo sido acusado en los círculos religiosos de muchos casos de posesión tales como el de la Hermana Madeleine. En este contexto de la magia negra, tan importante ha sido Belcebú que ha llegado hasta el pasado no muy distante haciendo que su nombre sea muchas veces mencionado dentro de los juicios de Salem (Massachusetts, USA), juicios estos que representan la última expresión histórica conocida de histeria popular en torno a las brujas dentro de lo que es Norteamérica y Europa.

Anécdotas interesantes sobre Belcebú

Según la versión de los inquisidores, Belcebú era el señor y maestro en los Sabbaths de las brujas, que en su nombre se negaba a Jesucristo y que, en los pedazos de pan que daban durante la eucaristía de aquellas misas negras, estaba grabado el sello de Belcebú en lugar de la cruz del Salvador. Se sabe así mismo que las brujas cantaban “Belsabub goity, Belsabub beyty” (“Belcebú arriba, Belcebú abajo” ) y que luego formaban un semicírculo en torno al altar, se tumbaban en el suelo, tragaban los trozos de pan con asquerosas pócimas y luego esperaban la llegada de Belcebú, el cual se complacía en fornicar con todos los participantes dentro de una salvaje orgía.

Un caso que vale recordar es el de la Hermana Madeleine de Demandoix del Convento de las Ursulinas (Francia), quien en el siglo XVII fue poseída por Belcebú, teniendo por ello visiones de sodomía y canibalismo y frecuentes impulsos que la llevaban a retorcerse en el suelo exponiendo lascivamente sus órganos genitales en público.

Veneración malvada

 Adorado por pueblos semíticos, el culto a Baal se extiende a principios del siglo XIV, en aquel tiempo sus seguidores lo consideraban como su maestro y amo. En ese entonces la secta celebraba su muerte y resurrección anualmente como parte de los rituales de fertilidad cananea, ceremonias que incluían sacrificios humanos y la llamada “prostitución sagrada” que tenía lugar en los templos.

Al haber sido venerado por varias culturas, Baal es una deidad falsa que ha promovido doctrinas y significados diferentes. En ocasiones era llamado “Ba´al”, si era una deidad masculina o “Ba´alath”, si era mujer, este caso se presentó cuando historiadores recolectaron información antigua de los tributos hechos a este dios en culturas pasadas. Los cananeos lo conocían como Hadad, hijo de Él, dios principal del panteón de sus creencias.

Melgart, el hijo de Él, también era llamado “Ba´al de Tyre”, en la región de Líbano. La historia dice que Ahab, el Rey de Israel, se casó con Jezebel, hija del Rey de los Sidonios, quienes adoraban a Ba´al y, cuando trajeron pilares del falso dios, estos fueron quemados. El culto se hizo prominente en Israel hasta que en el reinado de Jehu su fin tuvo lugar con una campaña purificadora que pretendía la quema de todos los ídolos y templos de Ba´al.

Consecuentemente con lo anterior, pasado el tiempo la veneración a ídolos y semidioses era rechazada por el Judaísmo y todas aquellas figuras eran llamadas “ba´als” y pasaron a representar a espíritus malvados o demonios. Así, la adoración a estos dioses paganos era considerada inmoral y peligrosa.

Ba´al, en la ciudad de Cartago, surgió como “Ba´al Hammón”, dios supremo de los cartagineses. Se cree que su adoración se remonta al siglo V antes de Cristo.  El significado de “Hammón” es incierto, pero en el siglo XIX el arqueólogo Ernest Renan encontró dos inscripciones fenicias dedicadas a “El-Hammón”: los símbolos relacionaban a la entidad con Cronos. Sin embargo unas descripciones hebreo-fenicias mencionan a “Baal Señor del brasero” como una figura semejante a una deidad solar. Relatos de los cartagineses sugieren que ellos quemaban a sus hijos como ofrendas para Ba´al Hammón, práctica aquella que ha hecho que se crea que Hammón era un dios de la fertilidad y que fecundaba su territorio con lluvias, fuentes y riachuelos. En el norte de África Ba´al Hammón era conocido como “Ba´al Qarnaim”, el “Señor de los dos cuernos”.

Los sacerdotes de Ba´al son mencionados en la biblia hebrea, especialmente por sus enfrentamientos con el profeta Elías. Sus ceremonias incluían incienso, rituales con túnicas especiales, y sacrificios similares a los que los hebreos hacían a Dios. En los textos hebreos en que se habla de Ba´al y sus cultos profanos, se dice que Ba´al[3] era concebido como un señor genio que controlaba los elementos responsables de la fecundidad de la tierra. Era el que daba pan, agua, lana, lino, aceite y bebidas. También era el principio masculino de la vida y la reproducción natural, por lo que era reverenciado con “impuros” y voluptuosos actos de sensualidad, o incluso perversos rituales en que menores traídas por esclavos eran violadas entre aquellas paredes donde la descomposición de la carne convocaba nubes de moscas.

Los agricultores cananeos hacían rituales de iniciación y, durante las ceremonias religiosas, se efectuaban para Baal los ritos de fertilidad, los cuales eran a veces caracterizados por grandes orgías, de allí que en la Torá se haya hablado de “entregarse a la verguenza” en el contexto de la adoración pagana a ciertos dioses como Baal.

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Algunas referencias bíblicas

 El origen del nombre “Ba’al Zebub/Beelzebub” está en 2Reyes 1:2-3, 6, 16. Allí Ahaziah, un rey israelita, manda un mensajero para que visite el templo de Ba’al Zebub (dios de la ciudad filista de Ekron) y averigüe si, según el dios pagano, se salvará o no de las heridas ocasionadas por haber caído de la ventana de su recámara: “Ve y pregunta a Baal-zebub, el dios de Ekron, si acaso he de sanar de estas heridas”. Según nos cuenta el libro segundo de Reyes, el profeta Elijah condenó al rey Ahaziah a morir por haber proferido aquellas blasfemas palabras en que ponía a Baal-zebub (Belcebú) por encima de Yahvé.

En Marcos 3:22 los fariseos acusaron a Jesús por expulsar a los demonios por el poder de Belcebú el “príncipe de los demonios”. Belcebú también es mencionado en Mateo 12:24, 27 y en Lucas 11:15, 18-19.

Una cuestión importante es que “Beelzebub” fue sustituido por “Beelzeboul” en la traducción al siriaco y al latín (en la Vulgata) de los evangelios, siendo aquella sustitución repetida en la versión Rey James de la biblia y dando como resultado el que “Beelzebub” sea una forma ignorada en Europa Occidental hasta el advenimiento de traducciones más recientes en que dicha forma del nombre fue restaurada.

Referencias Actuales del demonio

Aparte de la famosísima referencia implícita a Belcebú en la novela “El Señor de las moscas” de William Golding y en la película (con el mismo título) que se hizo en base a dicha obra, podemos contar con las siguientes referencias:

 Cómo “Baal”:

  • La aparición más notoria y fiel de esta entidad es dentro del popular videojuego Diablo II, donde aparece como Baal “El Señor de la Destrucción”, hermano de Diablo y Mefisto.
  • También aparece en el juego de rol Baldur´s Gate como el dios del asesinato.
  • En la serie de ciencia ficción Stargate SG-1, aparece como el Goa´uld más poderoso que quiere dominar la galaxia.
  • En la trilogía literaria La guerra de las brujas se hace referencia al demonio en la bruja Baalat.
  • La novela El príncipe de los infiernos del autor Robert R. McCammon presenta a Baal como el demonio que trata de gobernar todo.
  • Baal también apareció en las novelas gráficas de Marvel como un enemigo de Lobezno.

Como “Belcebú”:

  • Un manga japonés se llama “Beelzebub”
  • En el anime Umineko no naku koro ni  Belcebú es representado como una mujer de dos trenzas rubias que encarna a la gula.
  • En el juego Ragnarok Online uno de los jefes del escenario Nameless Island es Beelzebub
  • En Final Fantasy II el Castillo Pandemónium tiene como jefe a un demonio llamado “Beelzebub”
  • En Castkevania Symphony of the Night  “Beelzebub” es el jefe intermedio del Castillo Invertido y se lo representa como un hombre inmenso que cuelga del techo estando medio podrido y rodeado de moscas…

Invocación

«Te conjuro, ligo y exhorto por Lucifer, Belcebú, Satanás, Jauconill y por su poder, y por el homenaje que les debes. Y también te exhorto por la Triple Corona de la cabeza de Cerbero, por Estigia y Fegitón, por tu compañero y diablo mayordomo Baranter, que atormentes y castigues a este desobediente demonio hasta que le hagas aparecer corporalmente a mi vista y que obedezca mi voluntad y las órdenes de cualquier cosa que te exhorte o te ordene.
Fiat, Fiat, Fiat».

Mara, el demonio del budismo

En la mitología budista, Mara es el regente del Cielo del Deseo y se encarga de tentar a la gente mediante los sentidos y el deseo de aprovecharse y/o dominar a los demás. Pero también y principalmente Mara es un ser simbólico que representa la ignorancia espiritual, el apego, el odio y cuanto se opone al logro de la iluminación y la liberación. 

Mara es el principal demonio de la mitología budista y su origen se remonta a algunos de los textos sagrados que hablan de la vida del primer buda histórico, introduciendo a Mara como la personificación del mal que, a manera de tentador, se hace presente en la lucha espiritual de Buda por conseguir la iluminación.  Sin embargo, la creencia en Mara como un ser real pertenece a las poco letradas manifestaciones del Budismo en la cultura popular; ya que, los monjes y todo budista medianamente ilustrado, comprenden que Mara es en esencia un ser simbólico, una personificación del mal entendido básicamente como el conjunto de fuerzas (externas e internas) y tendencias que favorecen el anclaje del individuo en el samsara (ciclo de nacimiento, vida, muerte y resurrección), oponiéndose así a la iluminación, la liberación del sufrimiento y la realización espiritual.

Pero el mal del Budismo no es el MAL del Cristianismo y del Islam, no está intrínsecamente ligado a los conceptos de ‹‹culpa›› y ‹‹pecado›› y, como aclara un portal de Budismo Shin (corriente budista surgida hace más de 800 años en Japón), “no es una entidad viva, es simplemente el síntoma de la ignorancia espiritual”, ignorancia ésta que tiene como principales consecuencias al apego y al odio, que junto a ella conforman los llamados “tres grandes venenos”. Por eso en el fondo el “mal” budista es ignorancia y error, debido a lo cual Mara, en tanto que personificación del “mal”, representa fundamentalmente el conjunto de ilusiones que impiden a los seres humanos lograr su liberación. Se la da por ello el título de “Señor de la Ilusión” y, ya que en el Budismo permanecer en la ilusión implica permanecer en el samsara y por ende morir una y otra vez, Mara es también llamado “Señor de la Muerte” y “Dios de la Destrucción”.

Ahora y hablando de ‹‹Mara›› en tanto término (más que en tanto ser) cuya significación ha variado a través del tiempo y los distintos textos de la tradición budista, tenemos que sus acepciones han sido las siguientes:

El Demonio del Sexto Cielo: Aquí Mara es el demonio que rige el Sexto Cielo o Mundo del Deseo. Puede así tentar a las personas con deseos sensoriales como ocurre en la gula o la lujuria, pero también puede tentar con un deseo mucho más destructivo como es el deseo de poder y su expresión extrema en el ansía de dominar y explotar a otros… En esta acepción Mara es una “deidad” antropomórfica propia del mundo mitológico, pudiendo ser comprendido como un ser real, como un demonio y no como un mero personaje simbólico. No obstante cabe advertir que, esta creencia en él como ser real, se halla prácticamente restringida al budismo popular, a los individuos que no tienen comprensión teórica de la doctrina budista. Por otra parte, la naturaleza de Mara en esta acepción no excluye su comprensión como un ser que, si bien puede ser visto como real por algunos, es evidentemente una personificación del deseo como cadena entre el hombre y el samsara (con el sufrimiento que esto conlleva). También se dice que personifica la capacidad inherente de hacer el mal y que se deleita minando las energías vitales de la gente. Por último, algo curioso de Mara en esta acepción es que se concibe como autor del infierno personal en tanto artífice de la llamada “satisfacción del deseo”. Esto se entiende mejor si advertimos que, en el Budismo, el cielo y el infierno suelen comprenderse como estados del sujeto, de modo que, si Mara satisface nuestros deseos, no sufriremos lo suficiente como para desear liberarnos del sufrimiento y emprender así el camino hacia la toma de conciencia de las causas del mismo (este es el primer paso en la liberación espiritual).

Un conjunto de deidades: Tal y como se ve en el Sutra Dhammacakkap pavattana, habrían varios Maras y no uno solo.

La personificación de la muerte: Es aquí donde Mara aparece con títulos como Señor de la Muerte (Maccuraaja), Exterminador (Antaka), Gran Rey (Mahaaraaja) o El Inescapable (Namuci). Y es que todo lo vivo cae bajo el dominio de la muerte, pues todo ser viviente ha de morir y, en el caso del hombre, renacer y nuevamente morir. Debido a ello se habla de la “ineluctable presencia de la muerte”, evitable solo para quien ha alcanzado el nirvana (liberación del samsara).

La personificación del “mal”: Esta acepción se ha puesto aparte porque, como personificación de la muerte, Mara asume el carácter de una fuerza exterior que siempre estará presente en la realidad aunque tal o cual ser particular se libre de ella; mientras que, como personificación del “mal” (antes ya se explicó qué es el mal para el Budismo), Mara es el conjunto de tendencias que conforman aquella dimensión del individuo que se opone a su iluminación; o, dicho en términos menos técnicos, es nuestro lado oscuro… De allí que en esta acepción Mara representa al apego, el odio, el orgullo, la crueldad, la pereza, la cobardía, el egoísmo, etc.

Las raíces de Mara

Mara pudo haber tenido más de un antecedente en la mitología pre-budista. Incluso, ciertos estudios sugieren que hasta cierto punto se basó en un personaje actualmente olvidado en el folclore popular.

En esta línea, Lynn Jnana Sipe (profesor de Budismo Zen) dentro de su libro Reflexiones sobre Mara afirma que, la noción de un ser responsable del mal y la muerte, se halla presente en las tradiciones mitológicas védicas y brahamánicas, aunque también en tradiciones no brahamánicas como la del Jainismo. En otras palabras, todas las religiones de la India parecen haber tenido un personaje análogo a Mara en sus mitos.

Lo anterior sugiere que parte de las raíces de Mara están en los antiguos mitos de India, tal y como se ve en la influencia de Namuci, demonio védico de las sequías. Dice al respecto Jnana Sipe:

‹‹Mientras que Namuci aparece inicialmente en el Canon Pali como él mismo, en los primeros textos budistas tuvo que ser transformado para ser el mismo que Mara, dios de la muerte. En la demonología budista, la figura de Namuci junto a sus asociaciones de mortífera hostilidad como consecuencia de las sequías que representaba, fue tomada y utilizada en vistas a la construcción del personaje simbólico de Mara. Así es El Maligno: él es Namuci, amenzadando el bienestar de la Humanidad. Mara, no amenazando con lluvias estacionales, sino ocultando u obscureciendo el conocimiento de la verdad.››

Mara en los primeros textos

Ananda WP Guruge escribe en Encuentros de Buda con Mara el Tentador que tratar de armar un relato coherente de Mara es imposible: ‹‹En su Diccionario de Nombres Propios Paali, el profesor GP Malalasekera introduce a Mara como  “la Personificación de la Muerte, el Maligno, el Tentador (equivalente budista del Diablo o Principio de la Destrucción)”. Y continúa: “Las leyendas sobre Mara son muy intrincadas en los libros y cualquier intento por desentrañarlas es un desafío” ››

Así mismo, Ananda Guruge escribe que Mara tiene varios roles distintos en los textos antiguos, y que hasta parecería tratarse de personajes diferentes, siendo unas veces la muerte encarnada, otras la representación de las emociones torpes y la tentación, y otras una personificación de los aspectos que conforman la existencia condicionada.

Particularmente en el Dhammapada (libro supuestamente escrito por el Buda Siddhartha Gautama), Mara es tomado como un personaje simbólico que representa los placeres egoístas, la sensualidad, la ambición, la desmesura, el apego y todo lo que nos ata al mundo y nos impide la percepción de la verdad y la liberación. Ocurre así que el Budismo, en su pureza originaria, no habla de demonios sino en el plano de los simbolismos, siendo que fue más tarde cuando, en virtud de influencias como las del folclore chino o japonés, se empezó a hablar de demonios reales, aunque en su posterior evolución el Budismo siempre estuvo consciente de que tal concepción de los demonios era propia de sus aspectos mitológicos y populares. Volviendo al Dhammapada, se pueden citar los siguientes versículos como ejemplos que muestran el uso evidente de Mara como ser simbólico:

  • ‹‹Al que vive apegado al placer, con los sentidos irrefrenados, sin moderación en la comida, indolente, inactivo, a ese Mara lo derriba, como el viento derriba a un árbol débil.››
  • ‹‹Dispersa, vagando sola, incorpórea, oculta en una cueva, es la mente. Aquellos que la someten se liberan de las cadenas de Mara.››
  • ‹‹Percibiendo que este cuerpo es frágil como una vasija, y convirtiendo su mente tan fuerte como una ciudad fortificada vencerá a Mara con el cuchillo de la sabiduría. Velará por su conquista y vivirá sin apego.››
  • ‹‹Mara no encuentra el sendero hacia aquellos que son perfectos en la virtud, viviendo vigilantes y libres de mancillas, a través de la perfecta realización (de las Verdades).››
  • ‹‹Aquellos que entran en el Sendero y cultivan la meditación se liberan de las garras de Mara.››
  • ‹‹El que se perturba con perversos pensamientos, que es excesivamente ávido, que se recrea en pensamientos de apego y aumenta más y más la avidez, hace cada vez más sólidos los grilletes de Mara.››

Mara y Buda

Fue en el contexto de los relatos llamados “jatakas” en donde surgió Mara como una personalidad demoníaca bien definida aunque simbólica, más no ya en la forma simple y meramente metafórica que se veía en el Dhammapada, sino en la forma propia del relato alegórico. Estrechamente vinculado a ese carácter alegórico que a veces se advierte en los jatakas está el hecho de que los primeros relatos sobre la vida de Buda aparecieron tres siglos luego de su muerte, a lo cual se suma el que fueron varios los jatakas que se escribieron sobre él (el primer buda histórico), de modo que todos esos textos no deben tomarse tanto como documentos históricos pues fueron inspirados total o parcialmente (dependiendo del jataka) con fines didácticos, pese a acotar datos suficientes para construir una biografía de Buda.

En consonancia con lo expuesto vemos que existen diversas historias sobre la aparición de Mara en la búsqueda de la iluminación por parte de Buda. Pese a las variaciones, en todas las historias Mara es un tentador, un representante de la ignorancia espiritual y de todas las tendencias que se oponen a la iluminación.

Un resumen del relato esencial (incorporando detalles de ciertas versiones) podría contarse así:

Tras varios años (6, según ciertas fuentes) de intensa práctica ascética, el cuerpo de Siddhartha quedó demacrado y su mente sin alcanzar la iluminación. Comprendió así que, los rigores de la privación extrema y de la mortificación, no eran un camino adecuado hacia la liberación espiritual. Entonces se retiró a un bosque y allí hizo el propósito firme de sentarse a meditar bajo un árbol, incansablemente hasta conseguir la iluminación.

Los días pasaron y pasaron pero la voluntad de Buda permanecía inalterable y en su mente resplandecían cada vez con más intensidad las verdades sobre la naturaleza última de la realidad, la vacuidad e insubstancialidad del ego y de los fenómenos, y las causas del sufrimiento y de la continuidad de los seres en el mortificante círculo del samsara.

Pero esa misma fuerza de su determinación hizo que pronto Mara (el rey de los demonios) se preocupase, enviando a sus ejércitos para quebrar la voluntad de Siddharta, quien respondiendo a la tentación de Mara describió (en cierta fuente) a sus ejércitos de este modo: ‹‹La sensualidad y los placeres forman tu primer ejército, el segundo se llama Aversión. Tu tercer ejército es el Hambre y la Sed, el cuarto, el Deseo. Tu quinto ejército es Pereza e Indolencia, el sexto, Cobardía. Tu séptimo ejército es la Duda, el octavo, la Hipocresía y la Estupidez. Ganancias, Fama, Honores y Gloria falsamente obtenidos, la Alabanza de uno mismo y el Menosprecio de los demás; éste es tu ejército››.

Viendo que Shakyamuni (nombre comúnmente usado para el Buda Siddhartha) no claudicaba, Mara envió a sus tres hermosas hijas para que lo seduzcan y lo desvíen de su búsqueda espiritual. Esas hijas eran Deseo, Satisfacción y Arrepentimiento, al menos en la versión del antropólogo Joseph Campbell. En su texto La vida de Buda. Una interpretación, Gadjin M. Nagao nos da una imagen detallada del pasaje: ‹‹Al no tener éxito, Mara le envía a sus tres hijas para seducirlo sexualmente. Las tres hijas recurren a toda clase de ardides amorosos de que disponen, exhibiendo su piel semejante al alabastro, atrayéndolo con canciones y danzas, miradas de soslayo y dulces palabras de elogio. Se pasean frente a él levantando sus faldas y diciéndole cosas como: “Quisiera ser la servidora de un gran hombre como tú”. Pero, es innecesario decirlo, Shakyamuni permanece inmutable.››

Irritado ante el autocontrol de Siddhartha, Mara le dice que el asiento de la iluminación le corresponde por derecho a él. “¡Yo soy tu testigo!”, claman al unísono los demonios de Mara, quien desdeñoso interroga a Buda diciéndole: “¿Quién hablará por ti?”

Entonces Siddhartha, conservando aún su postura meditativa de flor de loto, acerca la mano derecha a la tierra y la toca (la pone hacia abajo sobre su rodilla derecha, según otras fuentes). Tras ser tocada, la tierra tiembla, se abre y de ella sale la Diosa Tierra (personaje simbólico) con un jarrón de flores.  “Yo doy testimonio”, dice la diosa, aunque las palabras que expresa en la versión de Joseph Campbell son más impactantes a la hora de entender el sentido de la budeidad: ‹‹Éste es mi hijo amado, quien a través de innumerables vidas se ha entregado a sí mismo, por lo que no hay un cuerpo aquí››

Posteriormente al testimonio de la Diosa Tierra, Mara y sus ejércitos desaparecen y Siddhartha Gautama alcanza la iluminación, viendo entonces todas sus vidas anteriores y comprendiendo el proceso de las doce causas que atan a los seres al sufrimiento del samsara.

Interpretaciones de Mara

En la comprensión ortodoxa de las escuelas budistas Theravada y Mahayana, partiendo del personaje simbólico de Mara se elaboró la teoría de los “cuatro maras” como elementos internos opuestos al logro de la iluminación. Estos son:

1) Las emociones turbadoras: principalmente  la ignorancia-estupidez-confusión, el deseo-apego y la cólera-odio. Estas emociones general karma, por lo que ocasionan sufrimiento y nos mantienen en el samsara.

2) Los cinco agregados psico-físicos: forma, sensación, discernimiento, composición mental y conciencia. Estos agregados son fenómenos impermanentes, no existen por sí mismos (su existencia está condicionada) y originan la ilusión del “yo”; en el sentido de que, si el yo se forma de estos cinco agregados y estos cinco agregados son impermanentes, al desmontarlos no queda nada, por lo que el yo es también impermanente y no existe por sí mismo.

3) El temor a la muerte: el temor a la muerte tiende a hacernos identificar con el cuerpo (nos preguntamos: ¿sobreviviremos si cesa el cuerpo?) y a desear la continuidad de nuestra existencia, por lo que nos hace continuar en el ciclo de reencarnaciones y, en tanto que el temor es una forma de sufrimiento, del temor a la muerte puede decirse que es un sufrimiento que nos ata a un mecanismo (samsara) en que se generan otros sufrimientos.

4) La seducción del placer: el deseo que la seducción del placer nos genera puede conducirnos a una insatisfacción en la que la frustración, la envidia y el odio florezcan, o bien puede, si es que es satisfecho, tenernos en un estado de contento superficial que nos impida profundizar en la vida y superar las ataduras en vistas a conseguir un bienestar incondicionado y por tanto distinto y superior al bienestar de la satisfacción del deseo de placer, el cual siempre terminará por desembocar en la insatisfacción porque tarde o temprano, o bien se irá aquello que nos causa placer, o bien tomaremos conciencia de que estamos vacíos y la satisfacción del deseo de placer ya no podrá salvarnos de nuestras carencias internas. Según la teoría budista, este mara está vinculado a la alimentación de la ilusión que representa la falsa distinción entre el “yo” y los “demás”, la cual tiende a conducirnos al egoísmo, a la envidia y a otros estados de sufrimiento.

Por último y dejando las interpretaciones canónicas, entre las opiniones personales de ciertos expertos pueden citarse estos dos ejemplos:

Sipe Jnana:
‹‹Mara es sinónimo de esos patrones de comportamiento que anhelan la seguridad de aferrarse a algo real y permanente en lugar de enfrentar la cuestión planteada por ser una criatura transitoria y contingente […] Los anhelos tempestuosos y los temores que nos asaltan, así como los puntos de vista y las opiniones que nos confinan, son evidencia suficiente de esto. Tanto si hablamos de sucumbir a los irresistibles impulsos y adicciones o de ser paralizados por obsesiones neuróticas, ambas son formas psicológicas que articulan nuestra actual convivencia con Mara.››

Stephen Batchelor, escritor y filósofo budista:
‹‹Mara es una manera de hablar de la estructura contingente e imperfecta del mundo. Una gran cantidad de budistas occidentales, y los budistas de Asia también, tienden a interpretar a Mara como una función psicológica […] Esto es sólo parte de la imagen […]. Mara es una metáfora de la propia estructura del mundo contingente que estamos analizando constantemente, del estar expuestos a la muerte y de la imprevisibilidad de la vida misma. […] Sugiero que Mara representa algo así como la personalidad del samsara. El Buda lo describe como “Mara antaka”, que significa “el fabricante de límites”. ¿Qué es, entonces Mara en términos de organismo único? ¿Cuándo sale que el diablo aparece en la experiencia? Sugiero que Mara se presenta como la parte que se revela de la naturaleza de Buda, la personalidad del diablo que se forma y comienza a hablar  —como rebelión, como compulsión y obstrucción— cuando uno se da cuenta de la posibilidad de despertar. […] Cuando usted decide: “Yo voy a despertar”, está básicamente diciéndole “no” a Mara, quien hasta ese momento ha estado dirigiendo el show. Usted está diciéndole “no” a la profundamente arraigada, probablemente bio-neurológicamente arraigada tendencia hacia el cierre, el apego, el deseo, el miedo. […] Mara es todo aquello que se resiste a despertar. Así que sí, Mara sólo se hace evidente cuando tratan de liberarse de su control.››