Capítulo XL ¿Fin?

Capítulo 40-a
—<<Creo que ya he visto más que suficiente. Unexma dejó de existir. No puedo evitar sentir pena por ella. Es una lástima por todo lo que tuvo que pasar para finalizar así. ¡Adiós, Alma! Descansa en paz mi querida patitas de canario. Yo ya no tengo nada más que hacer aquí. Tengo que ir a contarle a Antonella lo que pasó aquí. Pero esta otra bruja es de armas tomar, así que mejor me salgo de esta habitación y me devuelvo a mi cuerpo, antes de que me descubra. La pregunta es cómo salgo de aquí, si la salida está detrás de este demonio. Tal vez si soy lo suficientemente sigilosa, logre llegar a la salida sin que lo note>>.
Así que comencé a avanzar lentamente pegada a la pared, siempre por detrás de la amplia cortina, ya me quedaban apenas unos metros para salir y este demonio me descubre:
—¡Vaya, vaya! Pero qué tenemos aquí. Parece que hoy es mi día de suerte. Voy a matar a dos pájaros de un solo tiro. ¿A dónde crees que vas estúpida humana? —me preguntó al mismo tiempo que me jaló el cabello para atraerme hacia ella y así comenzar a estrangularme con tan solo una mano.
Yo, ya no podía siquiera hablar porque rápidamente sentía que se me iba el aire y poco a poco, comenzaba a quedar sin respiración. Ya mi cuerpo solo convulsionaba con estertores constantes. De pronto sentí que me desmayaba. Mi muerte era inevitable…
Unexma Alma sin alma ©
Todos los Derechos Reservados ®
Autora: Lorena Castro C.
Seudónimo: Ann E. Rol.
Chilena.
Facebook: Lorena Escritora.
Instagram: @lorenaescritora
Wattpad: Lorenae5critora.
Capítulo 40-b
Creo que me desmayé, perdí el sentido, pero desperté con la dulce y suave voz de mi amiga Antonella que me llamaba por mi nombre. Afortunadamente estaba atenta a mis movimientos y se percató de que algo malo me estaba sucediendo y procedió a despertarme en forma desesperada, y con ello logró salvarme de las garras de aquel despiadado demonio.
—Amiga, ¿estás bien? Te vi moverte en forma extraña y dabas como saltos en la cama y por eso te desperté.
—Ah, sí, gracias amiga. Te debo una. Ese demonio que dominaba a Unexma, me descubrió e intentó estrangularme y justo tú me sacaste de ahí. Te lo agradezco mucho.
—No tienes nada que agradecer amiga. ¡Que bueno que no te pasó nada grave!
—Sí, tienes razón. Gracias a Dios y a tu oportuna intervención, estoy a salvo ahora. Pero Unexma, no puede decir lo mismo. Ese demonio finalmente le quitó la vida.
—Bueno, me disculparás, pero yo no puedo sentir tu nivel de empatía con ese demonio de Unexma. Bastante daño me hizo como para que logre sentir lástima por ella. Lo que le haya pasado, ella sola se lo buscó y le llegó la hora de pagar por todos sus crimenes.
—Te entiendo amiga. Quizás en tu lugar, también me costaría demasiado lograr perdonarla, pero a veces hay que poner la otra mejilla.
—Para ti es fácil decirlo amiga. A ti no te mataron a tu abuelo. De hecho, a ti no te mataron a ningún ser querido.
—En parte concuerdo contigo. Si bien, tu abuelo no era mi pariente, yo le tomé mucho aprecio. Nos llevamos muy bien y aprendí a quererlo y respetarlo como si también fuera mi abuelo.
En eso, y como si de una bendita casualidad se tratara, suena el teléfono de la casa. Con Anto nos miramos a ver quién de las dos levanta el auricular primero. Finalmente Anto respondió ante la insistencia de la llamada—:
—¡Aló?
Sí. Soy su nieta. ¿Por qué?
¡Quéééé? Pero, ¿cómo?… Sí, por supuesto. Dígame la hora y allí estaremos todos.
¡Gracias!
Antonella colgó el teléfono y me miró en un silencio que me tenía histérica de los nervios y la curiosidad de saber con quién había hablado y qué fue lo que le dijeron.
—Antonella, ¿quién era?
—Era una llamada de la clínica. Mi abuelo está vivo. ¡Despertó del coma! Está grave, pero ya, fuera de riesgo vital. Lo podemos ir a visitar hoy mismo si queremos.
—Pero, ¿cómo es posible? Si hasta ayer había sido declarado clínicamente muerto. Tus padres estaban haciendo ya los trámites para su funeral en Valparaíso. Es un milagro. No puedo imaginar la felicidad de tu padre cuando se lo cuentes.
—¡Ay, amiga! Yo tampoco lo puedo creer. Quiero que nos acompañes a visitarlo. Tú eres parte importante de mi familia. Eres más que mi mejor amiga; mi hermana.
—Feliz de acompañarlos y mucho más feliz de que me consideres así, porque yo también te quiero mucho y siempre, siempre te voy a proteger. A ti y a los que quieres.
Nos dimos un fuerte abrazo con lágrimas de mucha emoción. En ese abrazo sin palabras, nos lo dijimos todo. No hubo necesidad de nada más.
Luego, nos miramos y nos separamos y hablamos al unísono:
—Voy a llamar a mis papás.
—Voy a la casa, a ver si llegaron mis papás.
—Disculpa amiga, habla tú.
—¡Ja, ja, ja! Tranquila. Solo te decía que voy a llamar a mis papás ahora para contarles la buena noticia.
—Me parece muy buena idea. Yo te decía que iré a la casa, a ver si llegaron mis papás.
—Okey, amiga. Me llamas para avisarme. Y ten mucho cuidado con «tú ya sabes quien».
—Por supuesto amiga, lo tendré. Cualquier cosa te aviso. ¡Chao!
—¡Chao, Brenda!
Partí rauda a mi casa y entré igual de acelerada. La noticia del abuelo de mi amiga, me inyectó de esperanza y fortaleza. La sola idea de saber que lo volveré a ver, me ponía muy feliz.
—¡Papá, mamá! Ya llegué. Estaba en la casa de la Anto. —recordaba que en mi anterior visita, mis padres estaban en el sofá. Así que supuse que ya estaban en la casa. Pero nadie me contestaba. Por lo que me dirigía directamente a su habitación. No había llegado al rellano de la escalera, cuando de pronto, se encendió el televisor de la sala, lo que inmediatamente captó mi atención y volví hacia allá:
—¿Papá? ¿Mamá? ¿Son ustedes?—preguntaba mientras iba hacia la sala.
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Capítulo 40-c
—¡Aló, papá! Vuelvan de inmediato a la casa. Les tengo una estupenda noticia que quiero contarles en persona. Los espero. ¿Ah? No. No les daré ninguna pista. Ustedes llegan aquí lo antes posible y lo sabrán. Nada de niña mala. Después me van a dar las gracias de que no les haya dicho nada por teléfono. ¡Los amo! ¡Adiosito!
<<Listo. Ahora a arreglarme y ponerme linda para que mi abuelo esté orgulloso de su hermosa nieta>>.
***
Pero no había nadie en la sala. Y en la TV solo estaban mostrando una escena de alguna película donde estaban degollando a una pareja en su cama, mientras dormían.
La escena me pareció muy fuerte así que apagué el televisor y escuché la voz de mi papá:
—Brenda, hija. Estamos acá arriba. Ven, sube.
—Ya voy papá. Estaba apagando el televisor de la sala. Por cierto, les traigo una muy buena noticia.—les gritaba de vuelta, a la vez que iba a su habitación.
—¡Qué bien, hija! Apúrate entonces para que nos cuentes —gritó mi mamá.
—No lo van a creer, se van a morir de la impresión.
—De eso estamos seguros, hija. —respondió mi papá.
<<Mi papá y sus bromas de mal gusto>> —pensé.
La cosa es que a media escalera hacia arriba, se oyeron unos gritos muy fuerte en la casa de Antonella y me preocupé, así que tomé mi celular y la llamé, pero no me respondió, por lo que decidí ir nuevamente a su casa y ver qué pasó.
¡Papá, mamá! ¿Escucharon esos gritos? Venían de la casa de Antonella. Iré a ver qué pasó.
—Sí, hija, los oímos, pero no debe ser nada malo. Ven a contarnos lo que nos tienes que decir y luego vas donde tu amiga. —Sugirió mi mamá. Pero ella sabe que soy tozuda. Así que no decliné en mi decisión.
—Lo siento mucho, pero iré primero con Anto. Ustedes no entienden, pero después les explico todo. Besos, los amo. —Y salí corriendo de la casa.
El corazón ya se me salía de lo rápido que iba, y de la preocupación. Sobre todo porque no me había respondido la llamada.
Llegué, tomé un poco de aire y grité fuerte:
—¡Antonellaaaaa! ¡Alooooo! ¡Antonellaaaaaa!
—¿Qué pasa, Brenda? ¿Por qué gritas tan fuerte? Si sabes que puedes tocar el timbre, hija. Te ves pálida. Ven, pasa. —Era la mamá de mi amiga que ya había llegado a la casa.
—Disculpe, tía, pero…. Uff estoy un poco cansada. —Volví a tomar aire— Creí oír unos gritos aquí y llamé a la Anto, pero no me respondió. Entonces me preocupé y vine corriendo.
—¡Ay, hijita! Era yo, lo que pasa es que mi hija nos contó que el abuelo está vivo y no aguanté la emoción y grité. Parece que fue muy fuerte. Disculpa hija, si te preocupé demasiado. No creí que hubiese gritado tan alto.
Pasa hija, la Anto está en su habitación con su papá. Tú sabes que eres de la casa.
—Gracias tía, y sí, me asusté, pero ya estoy mejor. Qué bueno que se enteraron de que Don Junior sigue vivo. Me hace mucha ilusión volver a verlo.
—Todos iremos. Si nos quieres acompañar, siempre eres bienvenida. Quédate a almorzar con nosotros y después salimos a ver a Don Junior.
—Okey, les dejaré un mensaje a mis papás y encantada de me quedo a almorzar.
Así que le dejé un mensaje de WhatsApp a mi mamá, avisando que almorzaría con Antonella y sus padres y luego los iba a acompañar a hacer un trámite y que a la vuelta iba a la casa a hablar con ellos. También les dije que los amaba mucho. Y listo. Ahora iré a ver a mi amiga a su habitación.
—Anto, soy Brenda. ¿Se puede?
—Obvio, amiga. Te iba a llamar después de haber hablado con mi papá. Pero se alargó un poco la charla.
—No te preocupes, amiga. Todo bien. ¡Hola tío, espero que esté muy bien!
¡Hola, Brenda! Sí, claro. No puedo estar más feliz de saber que mi padre está vivo y que pronto lo veré. Sentí que tenía muchas cosas pendientes que decirle y ahora podré conversar con él nuevamente.
—¡Muchas felicidades por eso! Yo también estoy feliz y mucho más de poder acompañarlos.
—Gracias a ti por aceptar acompañarnos en este momento tan especial e importante para nuestra familia. Gracias también por querer tanto a mi hija. Siempre serás parte de nuestra familia.
—Ya, tío. No siga que me va a hacer llorar. Yo también los quiero mucho. Son como mis segundos papás.
—Sí papá. No hagas llorar a Brenda. Sino después le tendré que prestar mi maquillaje. ¡Ja, ja, ja! —bromeó Anto, sacándonos de la emoción y todos nos pusimos a reír.
Luego de un exquisito almuerzo, nos fuimos todos a la clínica donde estaba Don Junior para por fin verlo.
Llegamos y preguntamos a la enfermera de la recepción por Don Junior. La señorita fue muy amable y nos indicó la habitación y cómo llegar a través del ascensor. Nos pidió que a raíz de su estado, por favor no lo hiciéramos hacer ningún esfuerzo. Nos dijo que de pronto balbucea una que otra frase, pero nada más. Así que no tratemos de hacerlo hablar, ni menos moverlo.
Por último, dijo que podíamos pasar todos a la habitación, pero nos podíamos acercar de a dos.

Una vez que tuvimos toda la información pertinente, nos dirigimos a la habitación número 508 del octavo piso y ahí nos encontramos con una enfermera tanto o más amable que la anterior, la que nos volvió a pasar la información respectiva y nos advirtió que había cámaras de seguridad, así que tratásemos de cumplir las normas para evitar problemas. Nos dijo su nombre para que cualquier cosa, la llamemos por el teléfono que estaba en la habitación:

Carolina Armas

. Luego de eso, nos dejó a solas por fin con Don Junior.

Estaba lleno de tubos, recostado, boca arriba, con la boca entreabierta y los ojos cerrados. Se notaba en su pecho el movimiento que indicaba que su corazón estaba latiendo. Y movía también y muy levemente, sus dedos.
Nos miramos todos y en base a susurros nos comenzamos a organizar. La mamá de Antonella había traído un ramo de lindas flores, así que comenzó a buscar dónde ponerlo. Mi amiga por su parte, se limitaba a mirar de lejos a su abuelo con un silencio de mucho respeto. Mientras que su padre, con brazos en jarra, miraba al cielo, como dando las gracias por ver vivo a su padre, aunque no podía ocultar su pena por las lágrimas que brotaban lentamente de sus ojos.
Y yo, miraba a Don Junior sin perder un solo detalle de él y los demás. Tampoco de la habitación, la que era muy amplia, de un color blanco y con leves toques en las esquinas de tono gris claro. Había un amplio sofá de cuero color marrón y una mesa de centro de vidrio con revistas, adornos y un pastillero. Al acercarse a la cama, se veía una cortina de color verde esmeralda, un teléfono de pared y una mesa de velador. También la cama tenía un timbre. Y a pocos pasos de ahí, el baño. El cual estaba habilitado incluso para personas con silla de ruedas, así que podrán imaginar lo amplio que era.
—»Primero, se acercará Antonella y Brenda, luego Flo y yo» —Susurró, decidiendo el papá de Antonella.
El hecho de ser una de las primeras en acercarse a Don Junior, me hacía sentir privilegiada. Así que no puse ninguna objeción a aquella decisión.
Nos acercamos a la cama, tomadas de la mano. La primera en romper el hielo, fue Antonella:
—¡Hola, abuelo! ¿Cómo estás? Nosotros estamos bien y contentos de verte. Cuando supe que te vería, no sabía qué decirte, intenté preparar algo para ti en este momento, pero no pude pensar en nada y decidí que como buena actriz que es tu nieta, improvisaría. Así que aquí me tienes, hablando como lora, sin saber qué decir, solo hacerte saber que estoy feliz y emocionada. También muy agradecida con Dios por darme la oportunidad de estar contigo una vez más y espero que pronto podamos disfrutarte a concho nuevamente. Vinimos todos a verte y también Brenda. Ella está aquí, a mi lado y también te quiere decir algo.
Antonella entonces retrocedió y me cedió su lugar, me hizo una seña con la cabeza, para que yo me acerque a la cama:
—¡Hola, Don Junior! Como le dijo su nieta. Estamos todos muy felices por saber que está vivo y tenemos la esperanza de que pronto saldrá de aquí y podrá volver a hacer su vida normal y con su familia que lo admira y quiere mucho. Yo también me sumo a la admiración por su sabiduría y su fortaleza. Además recuerde que le hice una promesa de que le cuidaría a su nieta y yo siempre cumplo mis promesas. También quiero pedirle perdón por no haber podido hacer nada para evitar lo que le pasó. Espero que me pueda perdonar y no me guarde rencor. Yo…
—Amiga, no digas eso. Estoy segura que mi abuelo no tiene nada que perdonarte. Ni yo tampoco. —Me dijo Antonella mientras me tomaba del hombro y me dio un abrazo que me quebró y ambas nos pusimos a llorar.
—¡Hija, vayan al sofá y descansen! Tomen agua. Recuerden que su abuelo no puede recibir emociones fuertes. Ahora es nuestro turno de hablar con mi papá.
Así que nos fuimos a sentar y a tomar agua. Normalmente no me dejo dominar por mis emociones, pero ese abrazo con Antonella frente a su abuelo, fue muy especial.
Estábamos descansando, cuando escuchamos que el papá de Antonella comenzó a hablar más alto y nos miró y nos dijo que nos acerquemos:
—¡Anto, Brenda, vengan! ¡¡¡Mi papá está hablando!!!
Pararnos y llegar a la cama, fue todo en uno. Y efectivamente, Don Junior estaba hablando muy bajito…
—¡N.o mu. erto!
—Lo sé, papá. No estás muerto. Tranquilo. Ya pronto estarás con nosotros.
—Sí, suegro, usted tranquilo que ya lo peor pasó. Tal como dice, no está muerto. Estaba de parranda.
—Sí, abuelo, no estás muerto. Eres un hombre fuerte y un hombre de fe. Por eso sigues vivo.
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! …Ya no mu…
—¿Qué dice Don Junior?
En eso, entra la enfermera con otra señora y nos dice:
—Por favor, les pedí que no lo hicieran esforzarse demasiado. Tendré que pedir que por hoy se retiren. Mañana pueden regresar.
—Tiene razón señorita Carolina, no nos dimos cuenta de que se estaba esforzando. Disculpe.

—Está bien. No hay problema. Al menos, no afectó a su estado de salud. Fue solo un susto. Ah, me olvidaba, ella es la doctora

Maria Claudina Baduzzi

, ella está encargada de la recuperación del paciente.

—Mucho gusto, y gracias por cuidar y salvar a mi padre. Toda la familia está en deuda con usted.
—No hay de qué. Ha sido un placer. El paciente ha tenido una rápida mejoría y al parecer no necesitará una transfusión para la cirugía a la que deberá someterse. Ha sido muy fuerte y esperamos que siga así para que pronto pueda volver con su familia. A una noche de ser enviado al Servicio médico legal para que pase a Tanatología y a la respectiva autopsia que había sido solicitada por el fiscal de turno; el paciente despierta del coma con lo que damos marcha atrás a todo trámite anterior. Ahora nos concentraremos y esforzaremos para que nuestro querido paciente salga pronto a seguir disfrutando con su familia.
—Es que papá es así. Testarudo como él solo. Pero fuera de broma, muchas gracias señora doctora por todo. Confiamos plenamente en que mi padre está en las mejores manos. Dios sabe que así es.
—Les agradezco su confianza y ahora les pido su colaboración. La próxima vez, no se olviden de respetar las normas de las visitas.
—Así será. Disculpen y ahora nos retiramos. ¡Adiós papá, mañana te venimos a ver nuevamente!
—¡Chao, suegrito. Hasta mañana!
—¡Hasta mañana, abuelo! Te amo mucho. Nunca lo olvides.
—¡Adiós, Don Junior! Me dio mucho gusto verlo y escucharlo. Gracias por tan lindo momento.
Nos marchamos muy tranquilos y felices, pese al error que cometimos, que hizo que terminara la visita.
Cuando llegamos a la casa de Antonella, con mi amiga, nos fuimos directo a su habitación a conversar sobre la visita.
—Amiga, estoy super, mega feliz de haber visto a mi abuelo nuevamente. Gracias por acompañarme.
—Tranquila, amiga. Yo igual me puse feliz de verlo y escucharlo… A propósito, me quedé pensando en qué era lo que estaba diciendo.
—¿Cómo? ¿No lo escuchaste? Dijo clarito que no ha muerto.
—¿Será así? Yo sentí como si quisiera advertir algo.
—¡Ay, amiga! No te pases películas. Creo que mi abuelo estaba igual de contento que nosotros y por eso nos decía que no ha muerto para que estemos tranquilos.
—Tú sabes que yo soy super meticulosa y grabé lo que tu abuelo decía. Después lo reviso bien y te digo si encuentro algo más.
—¿En serio lo grabaste? Déjame escucharlo de nuevo por favor.
Saqué mi teléfono y le di play a la grabación:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
Le volví a dar play varias veces seguidas:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¿Ves? Dice que ya no ha muerto.
—Se escucha un suspiro antes de que diga la palabra «Ya», como si quisiera decir algo antes y no le sale la voz.
—¡Mmm, y según tú, ¿qué habrá querido decir?!
—No lo sé. Lo pondré una vez más, pero ahora pon atención a los silencios más que a lo que se escucha.
—Okey. Ponla de nuevo.
—Aquí va:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—Ahora que lo dices, sí. Es verdad. Parece que quiere decir algo más y como que se queda sin aire. ¿Pero, qué?
—¿Viste que tenía razón? Además si te fijas, no dice, no «he» muerto. Dice, ya no muerto.
Esa frase no tiene sentido.
—»Ella no ha muerto», parece que dijera ahora que la estoy escuchando con audífonos.
—A ver, préstame tus audífonos…
—Tienes razón. Con audífonos se escuchan esos sonidos y dice que «ella no ha muerto». ¿A qué se referirá?
—Tal vez a ti, Brenda. Estará diciendo que tú no moriste en el accidente.
—Puede ser… Pero creo que hay algo más. Por la forma repetitiva que lo dijo. Creo que quiso avisar algo.
«Ella no ha muerto, ella no ha muerto, ella no ha muerto». No creo que esté hablando sobre Unexma. Yo la vi morir. Convertirse en una momia y hacerse polvo y perderse en una especie de limbo. ¿Será posible que no haya muerto?
—Brenda, con Unexma, todo es posible y nunca se sabe. Mejor estar preparadas por cualquier cosa.
—Tienes razón. Pero, sabes qué, iré a la habitación a cerciorarme que Unexma esté muerta y veré si puedo derrotar y devolver al infierno a ese otro demonio.
—Amiga, no puedo permitir que vayas sola. Te acompañaré y no voy a aceptar un no, por respuesta.
—Amiga, esto es algo que debo hacer sola. Además recuerda que le prometí a tu abuelo que te iba a cuidar siempre. No puedo exponerte. Tengo que cuidarte. Además de que debes cuidar mi cuerpo por si algo sale mal.
—Creo que ese demonio es más fuerte precisamente en el plano astral que el terrenal. Si vamos las dos y entramos directamente a la habitación, la podemos sorprender y derrotar. Mi abuelo también va a cuidar de mí y además llevo la sangre de un sobreviviente y un valiente. Así que no tengo miedo. Además así nos podremos proteger porque estaremos juntas.
—Me sorprendes, amiga. Pero al mismo tiempo, me da gusto verte tan decidida y valiente. Está bien. Iremos juntas, pero no hagas nada arriesgado.
—Te lo prometo, amiga.
—Está bien. Vamos a mi casa. Y si algo sale mal, promete que saldrás corriendo sin mirar atrás.
—Eso no va a pasar.
—¡Promételo!
—Okey, lo prometo. ¡Vaya genio el tuyo!
Así que fuimos a mi casa a terminar de una vez por todas con todo esto.
—¡Mamá, papá, llegué! Vine con Antonella. Vamos a hacer algo y pasamos a saludar.
No tuvimos respuesta, pero asumí que estaban ocupados en la habitación, se lo hice saber a Antonella, así que no quisimos molestarlos, por lo que decidimos pasar directo a la habitación contigua a la mía y enfrentar a esa entidad maligna que habitaba ahí. Ya no había ninguna duda. Ahora todo se estaba desarrollando dentro de mi casa. Lo cual en parte era bueno, porque así no molestarían más a mi amiga.
Solamente íbamos premunidas de un par de botellas con agua bendita y una Biblia que había tomado prestada, Antonella de la habitación de sus padres. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar ahí, pero por alguna extraña razón, no sentíamos miedo. Nuestra fe era enorme. Teníamos plena convicción de que saldríamos victoriosas de aquella última batalla contra el mal.
Al llegar a la puerta, nos miramos y nos tomamos de la mano para darnos fuerzas y sentirnos más unidas que nunca. No nos dijimos nada. No queríamos alertar a nuestro enemigo.
Ya no había vuelta atrás. El tiempo para arrepentirse había expirado.
Aunque parezca increíble, fue la Anto quien abrió la puerta, anticipándoseme. Lo que por breves segundos me dejó algo desconcertada. Pero rápidamente me repuse y entré inmediatamente detrás de mi amiga.
Para nuestra sorpresa y decepción, no había nada ni nadie dentro. Buscamos por todos lados, incluso por detrás de la amplia cortina y nada. Incluso comenzamos a proferir variados insultos dirigidos a este cobarde demonio. El que al parecer, después de haberse deshecho de Unexma, decidió huir.
Nos disponíamos a salir de la habitación, cuando nos dimos cuenta que la puerta se había sellado. La manilla interior había desaparecido, dejándonos encerradas.
Desesperadas por salir, comenzamos a tomar los muebles e intentar con ellos romper la puerta o por lo menos hacer bastante ruido para llamar la atención de mis padres que se encontraban a tan solo dos habitaciones de distancia. El bullicio que estábamos haciendo era ensordecedor inclusive para nosotras, pero no teníamos respuesta del otro lado de la puerta ni del otro lado de la habitación.
De pronto, y como si de una tétrica obra de teatro se tratara, irrumpió de entre la negra cortina y por detrás de nosotras, aquel maldito demonio que había matado a Unexma después de haberla utilizado a su voluntad —:
—¡Vaya, vaya! Pero qué sorpresa más esperada. No podían ser más obvias ustedes par de plastas arrogantes. Y a propósito de cosas obvias, tienen claro que esta vez van a morir, ¿verdad?
—Mira quien habla de arrogancia. La que da por hecho algo que no ha pasado ni pasará. Porque la única que va a morir aquí serás tú.
—¡Ja, ja, ja! Ay, Brenda. Si no fueras tan graciosa, te habría matado hace mucho tiempo atrás. ¿Crees que soy como Unexma? Que me altero con unas estúpidas gotas de agua bendita. Me subestima, soy mucho más poderosa que ella. No olvides que yo la convertí en Unexma.
—Claro, y tampoco olvido que en agradecimiento por servirte, le quitaste la vida… Aunque creo que le hiciste un favor, porque ella ya había muerto hace tiempo estando contigo.
—Mira que coincidencia. Precisamente quedó abierta la vacante para ser mi nueva esclava. ¿Antonella, estás interesada? Estoy recibiendo currículos.
—¿Yyyyo? No, gracias. Paso. Estoy bien así. Gracias —respondió temerosa, mi amiga.
—¡Ja, ja, ja! Qué estúpida eres. No es lo que tú quieras, sino lo que yo deseo. Pero no te preocupes, tú no eres un ser de mi interés. De hecho, nunca lo has sido. ¿No es cierto, Unexma?
Y como si fuera una cámara oculta de muy mal gusto, aparece Unexma, atravesando la puerta y pasando por entremedio de nosotras, para detenerse al lado de esta aberración.
—¿Alguien dijo mi nombre? ¿Qué tal, Antonella? ¿Me extrañabas? ¿Y tú, Brenda? ¿Estabas llorando por mí? Tranquila, que aquí estoy. Más viva que nunca. Por cierto, Brenda, te dejé un regalito. Espero que te guste mucho. Me tardé un poco en la envoltura, pero sé que te va a dejar impactada. ¿Dónde lo dejé? Deja recordar… ¡Ah, sí! En el dormitorio de tus padres.
—¿Qué esperas, estúpida humana? Unexma ha sido muy generosa contigo. Ve a ver ese regalo, mientras aquí nos quedamos cuidando a tu amiguita. —acotó ese demonio.
—¡No! No iré a ninguna parte sin Antonella.
—¡Ay, qué romántica! ¿No lo crees así, Unexma?
—El amor está en el aire, Abrahel. Se puede sentir.
—Lástima que no se trata de lo que quiere, sino de lo que yo deseo y lo que deseo es que…
—¡Basta! Iré yo a ver qué está pasando y volveré enseguida. —gritó Antonella, al mismo tiempo que se dirigió hacia la puerta y la tocó percatándose que no tenía pestillo ni nada para abrirla. Por lo que se giró y miró desafiante a Abrahel y Unexma—:
¿Necesitan una solicitud por escrito? Quiero salir a ver de qué se trata la sorpresa. —Brenda, amiga. Prometo regresar de inmediato.
Unexma miró a Abrahel y esta, le hizo un gesto de sorpresa y aprobación, por lo que enseguida, Unexma hizo aparecer la tan anhelada manilla de la puerta.
Antonella abrió la puerta, salió y se dirigió con paso firme a la habitación de mis padres.
Al mismo tiempo, Unexma comenzaba una suerte de cuenta regresiva:
—10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…
—¡Aaaaaaaaaaaah! ¡Noooooooo! —gritaba desgarradoramente, mi amiga.
—¡Antonella, qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Qué viste? ¿Qué hay en la habitación de mis padres? —grité con todas mis fuerzas a mi amiga, pero no tuve respuesta.
—Parece que alguien encontró el huevito de Pascua—dijo irónicamente, Unexma.
—¿Qué hiciste, Unexma? No creo que sea lo que estoy pensando…
—No sé lo que estás pensando, querida Brenda. Pero solo puedo decir que es una sorpresa que te encantará.
—¡Unexma! ¿Acaso asesinaste a mis padres?
—¡Bingo! ¡Y tenemos una ganadora!—anunció cínicamente el otro maldito demonio.
Escuchar esa declaración con ese total desparpajo y derrumbarme anímicamente fue todo en uno. No podía creer lo que estaba oyendo, pero peor aún; lo que estaba viviendo. Unexma, por órdenes de su amo diabólico, les había quitado la vida a mis padres y de paso la mía, porque sin ellos, sentía que también había perdido mi propia vida.
Mientras intentaba digerir la idea y triste realidad de saber muertos mis padres, hacía ingreso a la habitación, Antonella con el rostro desencajado y totalmente compungido sin poder articular palabra alguna.
—¿Qué te pasó chiquilla? ¿Te comieron la lengua los ratones? Cuéntale a tu amiguita lo que viste. Aunque creo que ella ya se puede imaginar perfectamente todo. ¿O no, Brenda?—profería con evidente sorna, ese demonio que gobernaba a Unexma.
—¡Basta!—gritó enérgicamente Antonella, con todo el dolor que sentía en ese momento.
¿Qué mierda quieres de nosotras?—encaró con furia al maldito demonio que llevaba la batuta.
—¿De ti? Absolutamente nada. Tal vez que. mueras, pero nada más. El alma que realmente me interesa poseer es el de Brenda. Ella es el alma pura, capaz de dar su propia vida por proteger a una escoria que no vale nada, como tú —reveló la demonio vejete.
Quedé muda. Miré a mi amiga Brenda, pero ella estaba en shock por lo que le hicieron a los tíos. Esos malditos demonios, me tuvieron como carnada, para atraer a sus dominios a mi querida amiga y convertirla en una nueva Unexma.
—Fue una idea maestra hacerles creer que queríamos el alma de Antonella, pues solamente quería el alma pura de Brenda y vaya que lo logré. Había que darle a tu amiga un golpe bajo para que cayera en nuestras manos.
—¡Son unos verdaderos monstruos! ¿Cómo pudieron hacerle esto a mi amiga? Ella no se merecía esto —grité con con mucha rabia y pena a la vez.
—Gracias por el piropo. La verdad fue muy fácil, le dije a Unexma y a ella le encantó la idea y lo hizo. Otra cosa, Brenda se me había olvidado contarte… Tu novio… ¿Cuál era su nombre? Bacteria, Basura, Bacinica…. ¡Ya me acordé! Bastián, esa escoria tampoco está en este mundo, le hice tragar un enorme pedazo de espejo en su garganta, por insolente e infiel. Imagina que quiso propasarse con tu amiguita del alma, aunque ese beso tenía total consentimiento de tu parte, Antonella. Es más, hasta podría asegurar que lo disfrutaste. Asumo que Antonella como la buena amiga que dice ser, te lo habrá contado, Brenda querida. Fue tan emocionante verlo convulsionar y verlo partir de este mundo. Era una basura. Deberías darme las gracias, Brenda —acotó en tono de burla esa bruja, mirando a Brenda. Ella también la miraba muy seria y las lágrimas caían por su cara.
—¿Antonella, amiga, eso es cierto? ¿Te besaste con Bastián?
—Sí amiga. Es verdad, pero no fue así como lo dice esta bruja. Él me robó un beso cuando me estaba contando que su relación contigo se estaba enfriando y pensaba romper contigo. Yo lo estaba aconsejando y de repente se me abalanzó y me plantó un beso que traté con todas mis fuerzas de evitar, pero él era más fuerte que yo y no pude evitarlo. Después cuando me soltó, intenté pegarle una cachetada y él me la detuvo. Me apretó la mano con fuerza y me dijo que no fuera con el chisme porque él te iba a contar que las cosas fueron al revés y que no me ibas a creer porque tú estabas enamorada de él. Y yo, tontamente creí en sus palabras. Perdóname amiga. Fui una estúpida. Debí haberte contado. Pero por favor, no caigas en la trampa de estos demonios. Ellos solo quieren ponerte en mi contra.
—Creo que tienes razón, amiga. Aunque lamento mucho lo de Bastián. No era una mala persona. No merecía morir así.
¿Algo más que me quieras contar para seguir dándome más dolor en mi alma.? —Le preguntó Brenda a ese maldito demonio.
—No tienes ningún pariente cerca para que se vaya al otro mundo, pero queda Antonella. Antes de matar a tu amiga, quiero que veas algo Brenda… ¡Unexma, trae a los padres de Brenda para que vea como los dejaste!
Unexma sonrió, empezó a caminar hacia la puerta, yo me abalancé hacia ella para que no hiciera lo que le ordenó la demonio vieja. Debo decir que ya no le tengo miedo a Unexma, la odio con todo mi ser, y eso me da la valentía de enfrentarla y me fui encima de ella. La agarré por el pelo y comencé a golpearla. De pronto, con rapidez con su mano izquierda me tomó por el cuello y me tiró hacia la pared, me quedé sin respiración por unos segundos. Brenda corrió hacia mí.
—¡Maldita Antonella! Ahora sí acabaré contigo —me amenazó Unexma, furiosa y caminando hacia nosotras.
—¡Unexma, deja a esa basura! Trae los regalos a Brenda. No seas mala anfitriona. Después de todo, alguna vez esta fue tu casa.
—Te equivocas, la casa de Alma era la de Antonella —le corrigió de inmediato, mi amiga Brenda.
—¡Ja, ja, ja! Que estúpida eres. Eso es lo que siempre quise que pensaras. Pero no, la casa de Alma fue esta. ¿Creíste que estabas lista para hacer tus viajecitos astrales sola? Siempre estuve ahí y te miraba esperando que crecieras lo suficiente para hacerte mi esclava, pero te necesitaba en el lugar y momento preciso, y ese momento, por fin ha llegado. Alma se convirtió en Unexma para vengarse y en tu caso serás una Unexma distinta…
—¡Nunca seré tu esclava! Primero muerta —le espetó Brenda a ese demonio.
—Déjame terminar maldita, tu motivación para ser mi esclava será salvar la vida de tu estúpida amiga. Si no te entregas a mí como mi esclava, Unexma asesinará a Antonella ante tus propios ojos.
Brenda me miró y enseguida miró al cielo. Suspiró hondo y dejó caer su cabeza para decir dando la espalda:
—Está bien, tú ganas. Acepto ser tu nueva esclava, pero con la condición de que nunca le harás daño a Antonella de ninguna forma.
—No estás en condiciones de exigir ni pedir nada, pero para que veas que no soy tan mala, está bien, te concederé tu petición.
—Amiga, no lo hagas. No vale la pena convertirte en un demonio por mí —le supliqué a Brenda.
—Perdóname amiga, pero yo juré que haría lo que fuera por salvarte y es precisamente lo que haré. Vive tu vida y sé feliz, disfruta de tus padres y de tu abuelo. Yo ya no tengo mucho por lo que seguir luchando. Esta es la única forma en la que te puedo salvar. Espero que lo entiendas y nunca me olvides.
—Por favor amiga, no lo hagas —volví a pedirle con lágrimas en mis ojos y el alma destrozada. Pensar en que no vería más a mi amiga Brenda, me partía el corazón.
—No seas mal educada Antonella, no ves que Brenda ya tomó su decisión. Respeta a tu amiga —interrumpió aquel demonio.
Ahora entiendo todo, han buscado todos estos años un alma pura, sabían que aparecería, y lo peor de todo, era para convertirla en esclava de esta demonio vieja, salvar a Unexma de su maldición y entregar a aquella persona pura de alma y que esta lleve esa terrible maldición. Pero hay una cosa que este demonio y Unexma no esperan, no permitiré que conviertan a mi amiga, a mi hermana en ese horrible demonio, ella no se lo merece. Ella siempre me ha defendido de este demonio, inclusive arriesgando su vida, y ahora me toca defenderla . Este maldito par no sabe que antes de juntarme con Brenda, saqué un cuchillo de la cocina, y lo guardé en una funda, era por si acaso lo llegara a ocupar, y creo que ahora es cuando lo ocuparé matando a Unexma.
Tomé aire. Como pude me levanté con ayuda de mi amiga, y saqué de entre mis ropas el cuchillo, y le quité la funda. Por suerte Brenda estaba más atenta de esos demonios y no se fijó en lo que yo hacía.
—Tienes razón Abrahel, esta porquería no vale la pena, buscaré lo que me pediste. Me voy a saborear los labios, cuando vea la expresión de la cara de Brenda —acotó Unexma.
—Así me gusta, que me obedezcas. Gozaremos ese momento y luego, Brenda será mi nueva esclava.
—¡No lo permitiré Unexma! -Grité con todas mis fuerzas y corrí hacia ella con el cuchillo en la mano. Estaba a punto de llegar a Unexma y enterrarle el cuchillo. Cuando Abrahel con rapidez se pone frente a mí, y con una mano me toma por el cuello y me dice:
—¿A dónde crees que vas, asquerosa humana? Me hartaste, te mataré ahora mismo.
Diciendo eso, empezó a apretar mi cuello con fuerza casi dejándome sin respirar, en eso se me cae el cuchillo y veo mi fin sin poder salvar a mi amiga.
***
Estaba impresionada de Antonella por la valentía que ha demostrado en este momento, pero a pesar de mi gran dolor, tengo que salvarla de las garras de aquellos demonios, vi que se le cayó un cuchillo a mi amiga y fui corriendo por él.
—¡Mátala de una vez! —expresó muy iracunda, Unexma.
-Con gusto. Mira de a poco la ahogaré hasta quebrarle el cuello.
¡Ja, ja, ja!
—¡Ja, ja, ja!, eso será genial. Podríamos jugar al basquetbol con el cuerpo de ella y ver quien de las dos hace más puntaje en la canasta.
—No se ve mala idea, su cuerpo se hará bolsa de tantos golpes. ¡Qué sufrimiento para esta mocosa entrometida!
—¡Basta! Si llegan a hacerle algo a mi amiga, me rebanaré el cuello, y ustedes serán las perdedoras si llego a morir —les amenacé muy segura, poniendo el cuchillo en mi cuello.
—¿Qué estás haciendo? Prefieres morir por esta cosa.
—Así es, ya te había dicho, me hice una promesa de salvar a Antonella de las garras de ustedes aún con mi propia vida. Si muero, no tendrás la esclava que tanto has buscado y Unexma no podrá quitarse esa maldición. Tienen mucho que perder las dos, libera a mi amiga. Cumple con tu promesa y también quiero pedir una segunda condición para ser tu esclava.
—¿Quién te crees para darme órdenes y pedirme favores?
—Mira demonio vejete, te conviene, yo ya no tengo nada que ganar ni tampoco perder. Me quitaste todo y lo único que me queda es mi amiga.
—Creo que me gusta lo que dices. Tienes las cosas bien claras. Sabía que cuando te elegí, no estaba equivocada. Ahora dime lo que quieres, antes de que me arrepienta —habló muy seria, Abrahael.
—Número uno; cumple y deja con vida a mi amiga Antonella.
—Okey, ahí la tienes —dijo, soltando a mi amiga, quien cayó al suelo de golpe. Antonella se puso a toser por la falta de aire que tuvo.
—¡Gracias! —miré a Unexma y dije:
—Unexma, a pesar del daño y dolor tan grande que me has dado, te perdono. Tú siempre has sido manipulada por estos demonios que solamente han sacado provecho de tu venganza, aunque sea con justa razón, pero ya no pudiste medir consecuencias, pues tenías que encontrar un alma pura, que fuera decidida, valiente, que sea capaz de dar la vida por los suyos y sobre todo que sea tan espectacular y linda como yo… <<Aún con mi dolor, tenía ánimos de bromear>>.
—¡Termina de una vez! Tanta palabrería, que me desespera ¿Cuál es la condición número dos? —Alzó la voz fuerte la demonio.
Unexma me miraba y su rostro estaba muy confundido.
—¡Qué impaciente esta vejete! Ahora termino mi discurso. La número dos es que liberes a la patitas de canario o a Unexma, como quieras decirle; de su maldición y la conviertas en Alma. Y yo, me convertiré en tu esclava.
Se sintió un silencio espectral, no deje de mirar a la patitas de canario, y al ver su asombro por aceptar ocupar su puesto y sentir que muy pronto, mi hermoso cuerpo se convertirá en esa cosa y mis amadas piernas se convertirán en unas patitas de canario. Pero mi suerte ya está echada y no hay vuelta atrás. No tengo nada que me ate a este mundo . Me quitaron a mis grandes amores que son mis padres y mi novio. Ni siquiera Antonella, puede calmar este dolor y cambiar mi decisión.
—No me esperaba tal cosa, me has sorprendido una vez más, Brenda. De verdad que tienes un alma muy pura. Está bien, cumpliré tu segundo deseo.
—Bren…da -balbuceó con voz entrecortada Unexma y unas lágrimas cayeron por su cara horrible.
—Amiga, no hagas eso por favor. Te lo suplico por tercera vez —me habló con un poco de dificultad mi amiga.
—Antonella, es lo mejor para ti y para Alma. Yo ya no tengo nada en este mundo terrenal que me ate. Perdí a mis padres, ahora también a Bastián, no tengo ganas de seguir. Si me quedo, solo tendré momentos dolorosos, recuerdos dolorosos, seguramente no lo podré resistir. Además si no lo hago, tú morirás.
—¡Brenda no pienses así! te ayudaremos con mis padres a salir adelante, no te abandonaremos. Por favor no hagas esto. No te quiero perder así amiga —Expresó mi amiga llorando desconsolada. No es justo que esto pase, no me dejes sola, no me abandones ¡Por favor!
Mi amada amiga llorando muy desconsolada, suplicándome que no lo hiciera. Su llanto desesperado me traspasa mi corazón destrozado, quisiera no hacerlo <<es lo mejor para Unexma y para ti>> —pensé.
—Tiene que ser así amiga. Tú me dijiste hace rato, que yo no había perdido a ningún pariente mío por causa de estos demonios. Te escucharon parece y me dieron donde más me duele…
No pude seguir hablando, se me cortó la voz y no pude evitar llorar con toda la angustia y tristeza que me envuelve, en realidad no lo puedo soportar.
—¡Perdóname amiga! No fue mi intención, me arrepiento en el alma de haberlo dicho, me culparé el resto de mi vida por decir semejantes palabras. Brenda, te lo ruego, no le des en el gusto a este demonio. ¡Te lo suplico!
Gritó con una desesperación mi amiga y hermana. Me sequé las lágrimas, miré a Antonella, y le dije:
—La decisión está tomada y no hay vuelta atrás. —Miré a la vieja demonio y le hablé con propiedad: Cumple lo que te pedí y puedes ahora mismo transformarme en Unexma.
—Menos mal que hablaste algo coherente, tanto drama y llanto ya me estaban aburriendo. Te concederé tu deseo, y en este momento te transformarás en mi esclava y serás Unexma.
Cerré mis ojos, escuchaba a Antonella gritando <<noooo, Brenda >>, seguí con mis ojos cerrados y sentí que algo se iba de mi cuerpo. Ahora siento la asquerosidad en la que me estoy convirtiendo, me despedí de mis papitos, que ya están en el cielo, los papás de mi amiga, de don Junior, de mis compañeros de clase y por supuesto, de mi amiga y hermana del alma…
—Listo Brenda, o mejor dicho, Unexma. Tu transformación está terminada, ja, ja, ja. Te traeré un espejo para que te mires.
Abrí los ojos lentamente, vi el espejo, me miré. La verdad «la hermosa Brenda» se ha ido completamente, solamente veo al horripilante ser que soy ahora. Me sentía asustada, me sentía nerviosa << ¿que hice? >> -pensé. La verdad estoy un poco arrepentida, no era lo que yo quería. Viviré por la eternidad así, hasta que encuentre otra esclava para la salvación de mi alma. Miré a Antonella , ella lloraba desconsolada, miré a Unexma, y la escuché decirme <<perdóname de corazón Brenda>> y en eso me di cuenta que todavía no la había transformando en Alma, veo que no lo ha hecho. Me calmé, volteé mi mirada desafiante a Abrahel y le dije enérgicamente:
—Ahora que ya soy Unexma, te falta volver a la normalidad a Alma.
—Creo que hay un cambio de planes, prefiero quedarme con las dos —aseveró Abrahel.
—¡Abrahel! tú me prometiste, que si encontrabas un alma pura, me volverías a mi estado original.
—¡Ay Unexma! Cuántas veces te he dicho «NO CONFÍES EN UN DEMONIO» —Dijo riendo a carcajadas, Abrahel.
—¡Mentirooosa! Te mataré.
Gritó muy furiosa Unexma y se le abalanzó a la demonio vieja, pero como ese ser del infierno son cinco en uno, tiene un poder demoledor y de un golpe, derribó a Unexma y le dio una patada y la lanzó hacia la puerta chocando con ella.
—¿Quién te crees que eres? Somos muy poderosos, y por esta falta, morirás. Así como te hice, así me deshago de ti, sin ningún problema. No te necesito más, pues Brenda o mejor dicho Unexma es mucho más poderosa que tú. Verdaderamente serías un estorbo. —Dijo aproximándose a ella, que no se podía mover.
En eso que llega a ella, de pronto se abrió la puerta y una gran luz muy potente, entró de ahí, y no nos dejaba ver, luego escuché una voz de hombre, que se me hacía familiar.
—¡Abrahel! ¡Qué vas a hacer?
—¿Tú?, ¿qué quieres ahora?
—No me respondas con otra pregunta. Te voy a decir por lo claro, hiciste una promesa y debes cumplirla, o sino quieres que venga quien tú sabes y arregle cuentas contigo —Le dijo aquel hombre.
En eso la demonio vieja retrocedió unos pasos. Parece que algo la asustó, pues murmuró fuerte:
—Claro que no, no quisiera topármelo, lo respeto demasiado.
—Obviamente que a «Él» le respetas y obedeces. Si tú hiciste una promesa te la va hacer cumplir. Estaba viendo todo lo que en este momento estabas haciendo, y no va a dejar que te pases o mejor dicho se pasen de listos. Me mandó a mí para advertirte que lo cumplas o te castigará. Brenda se ha sacrificado por Alma y la chica ya fue perdonada, devuélvela a su estado original. Te daré diez segundos para que lo hagas. —Sentenció aquel hombre que ya identifiqué como el anciano que se me presentó en la iglesia por primera vez.
—Sí, lo haré de inmediato —dijo Abrahel mascullando su rabia. Dicho eso, transformó a Unexma en Alma. La que una vez transformada, se desmayó. El hombre se acercó a ella, la despertó, la ayudó a levantarse, y le acarició la barbilla. Entonces Alma se volteó hacia mí y me dijo:
—Aunque estés convertida en Unexma, sé que siempre serás Brenda. Te pido en lo más profundo de tu corazón que me perdones. Hubiera querido de verdad retroceder el tiempo y no haber pedido venganza alguna, hubiera evitado todo este mal y tú tendrías una vida normal y bella como te lo mereces.
—No te preocupes, como te dije antes, ya te perdoné. Ve con este señor donde realmente tú perteneces y sé feliz como lo mereces también, Alma.
—Muchas gracias, Brenda .
—Alma, no vine solo, te vienen a buscar también, ella también esperaba por ti. El anciano miró hacia la puerta y dijo fuerte —¡Joffy, ven cariño!
En eso entró la perrita de Alma, ladrando de gusto, muy contenta, y muy eufórica a la vez. Se fue corriendo hacia Alma y saltó a sus brazos.
—¡Mi Joffy! Que gusto de tenerte conmigo mi chiquita, no sabes cuánto te extrañé —dijo llorando de alegría y girando con ella de pura felicidad.
Y justo, ese momento mágico, lo estropea Abrahel:
—¡Por favor, basta! Llévatela de una vez por todas, no soporto ver este tipo de cosas. Yo ya cumplí. Ahora sácala de mi vista.
—Mejor cállate, además ya nos vamos. Bueno Alma, es hora de partir. ¿Estás lista?
—Sí, vámonos si así lo quiere —asintió Alma. Luego me miró y me sonrió dulcemente, llevo su mano a su corazón —<<te llevaré siempre acá en mi corazón, gracias mi querida y valiente Brenda>>.
Tenía a su perrita Joffy en sus brazos que no le dejaba de lamer la cara y en eso el hombre me miró, sus ojos estaban llenos de lágrimas:
—Gracias por devolvernos a Alma, mi dulce Brenda. Porque para nosotros, siempre serás Brenda. Solamente cuídate mucho niña.
Diciendo eso caminaron a esa gran luz y entraron, la puerta se cerró suavemente. Ahora quedamos Abrahel, Antonella y yo.
—Por fin se fue ese inútil, no lo soporto. Tenía que haberlo matado cuando pude —se decía así misma Abrahel:
Bueno Unexma, ya es hora de irnos, pero antes tienes que empezar a hacer tu trabajo de demonio.
—¿Qué tengo que hacer?
—Lo primero que tienes que hacer y sin dudar es matar a tu amiga Antonella.
Nuevamente estos demonios me han traicionado y aparte mentirosos como ninguno, lo peor es que les tengo que obedecer.
-Habíamos quedado que ella se salvaría.
—Debes aprender que en los demonios no puedes confiar ¡Hazlo! Es una orden.
—¡Brenda! Soy tu mejor amiga, no le obedezcas —Gritó Antonella.
—Yo ya no soy Brenda, soy Unexma —Dije aproximándome a la que fuera mi amiga y hermana.
Ella retrocedía de espaldas, veía su cara de miedo. De pronto cuando estuve frente a ella, con una mano, la tomé del cuello;
—¡Eso, mátala de una vez por todas!
—A…miga, por fa…vor.
Me acerqué a su oído y le dije:
—Adiós amiga del alma, te quiero mucho y cuídate.
Diciendo eso la lancé con todas mis fuerzas hacia la cortina negra y la escuché gritarme << Brendaaaa>>, y se esfumó llegando hacia aquella cortina. Por fin he cumplido mi promesa de salvarla de estos demonios —:
—¿Qué has hecho infeliz? Te dije que la mataras, no que la salvarás. Tendré que enseñarte lo que es obediencia. Tendrás tu castigo por esto. —Me habló muy furiosa, Abrahel.
—Pero Abrahel, tú misma lo dijiste: «NO CONFÍES EN UN DEMONIO», y eso fue lo que hice. Ahora me despido. Adiós repugnante demonio.
Me fui corriendo hacia la cortina y salté. De lejos escuchaba que me gritaba:
—¡Nooo! Vuelve acá, tú me perteneces, Unexmaaaaa.
Y simplemente me fui perdiéndome en el limbo tras la cortina negra.
***
Han pasado ocho años, me he convertido en un actriz de renombre, mejor dicho demasiado famosa. Pronto actuaré en una película y será de terror, quien diría que yo siendo tan miedosa, haría una película así.
Ya es de noche, tengo que ir a la habitación de mi hijita Brenda Christie y darle las buenas noches. Entré en su habitación. Ella ya estaba acostada, pero despierta, y me senté a su lado:
—Ya es hora de dormir cariño —le dije a mi hija, mientras le acariciaba su cabello.
—No puedo dormir, mamá —me respondió muy seria y temerosa.
—¿Y eso, por qué?
—Tengo miedo mamá, quisiera preguntarte algo.
—¿Qué me quieres preguntar hija?
—¿Por qué existe la noche?
De solo escuchar eso me estremecí por completo, cerré mis ojos y abracé muy fuerte a mi hija, y mientas lo hacía, a mi mente evocaban muchos recuerdos. <<Creo que esta noche dormiré con ella>>.
¿FIN?
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Chilena.
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Capítulo XXXIX

Capítulo 39-a

—¡Mierda, la hora qué es! No me sonó el maldito despertador, ni me vino a despertar mi mamá.
Tengo que llamar a mi amiga para por fin develar el misterio de la pesadilla que tuve…
¡Vamos, Anto, contesta!
<<Parece que está ocupada, mejor me levanto y voy a su casa a hablar directamente con ella>>.
¡Mamá! ¡Papá!, no me reclamen esta vez por la hora, porque ninguno me fue a despertar —les grité, mientras bajaba a la cocina a tomar desayuno. Pero no había nadie en la casa. Habían salido y no me avisaron. <<Bueno, obligada a hacerme un desayuno ligero a la rápida y saldré también a ver a mi amiga>>.

***

—¿Sabes qué lo que hiciste tendrá peores consecuencias? No puedo dejar que me subestimes así como así.
—Entiendo perfectamente eso y asumo mi responsabilidad. Han pasado muchos años y te conozco demasiado bien, como para saber que no saco nada con ofrecer una disculpa.
Aún así, me atrevo a pedirte un poco de clemencia para las personas que no tienen nada que ver con esto. No me refiero a que no los mates. Elimina a todos, pero este acto en particular, no me es grato. Ya lo he presenciado antes y fue difícil. Ahora, simplemente no pude soportarlo. No creo que para alguien tan poderoso como tú, le sea difícil de entender y de conceder.
—¿Es en serio? ¿Te atreves a pedir, después de lo que has hecho?
¡No! Tú misma has dicho; me conoces demasiado bien. Pero, creo que no tan bien como crees. Porque pienso darte una última oportunidad, precisamente por los años que hemos pasado juntos y porque en todo ese tiempo, nunca me demostraste desobediencia, hasta ahora… Pero, dejaré pasar este “impasse” y mantendré nuestro trato, si esto no se vuelve a repetir y si me demuestras en su momento que eres la misma de antes.
¿Qué dices, aceptas?
—Sabes bien mi respuesta. Aún así te la daré… ¡Sí, acepto! Fue un momento de debilidad que no se volverá a repetir.
—¡Muy bien, Unexma! No puedes permitir que nada ni nadie se interponga entre tú y tu venganza. No te queda nada para conseguirme esa alma pura y por fin ser libre. No lo arruines nuevamente.
—Así será, Abrahel.
—Perfecto. Entonces, debemos darnos prisa. Hay que preparar muy bien la primera parte de la sorpresa.

Capítulo 39-b

—¡Qué dolor de cabeza tengo! Nuevamente soñé con Unexma. Todo pareció tan real.
Mejor me levanto y me tomo un analgésico para sentirme un poco mejor y dejaré de pensar en esa pesadilla. Después hablaré con Brenda para vernos y hablar de cualquier otra cosa. Necesito despejar mi mente, y nadie mejor que mi amiga para ayudarme. Así que bajé al baño y busqué en el botiquín un analgésico y me tomé dos, porque el dolor de cabeza se estaba haciendo muy intenso.
Ahora, tengo que esperar a que me haga efecto y mientras tanto, comeré algo para afirmar el estómago.
Estaba feliz, comiendo en la cocina cuando comenzó a sonar mi teléfono. Al principio, no quise dejar mi sandwich por ir a buscar el teléfono a mi habitación, pero los llamados eran insistentes, así que no me quedó de otra que ir a la habitación a buscarlo y ver quien osaba interrumpir mi comida. Iba hecha una energúmena. <<Ya sabrá quien soy, el insistente>>.
Tomé el teléfono y sin mirar siquiera quien era, le di verde y respondí: ¿Quién es?
—¡Aló, amiga! ¿Cómo estás? Que bueno que contestaste. Ya iba a ir a tu casa, para saber de ti.
(Era Brenda). <<No me puedo enojar con ella. Además, justo había pensado en llamarla. Así que aprovecharé que ella me llamó para preguntar sobre mi pesadilla, pero sin ser directa>>.
—Eeeh, hola, amiga. Sí, estoy bien. Que bueno que llamaste. Fue una buena coincidencia. Había pensado en ti.
—Pues, sí, fue una casualidad. Porque yo también he pensado en ti, y quería llamarte.
Necesitaba saber de ti. Cuéntame, qué hiciste ayer, que no nos vimos.
—¿Ayer? No me acuerdo bien. He estado con mucho dolor de cabeza y ahora que lo pienso, con un poco de amnesia al parecer.
—¿Estás segura, amiga? ¿En serio no recuerdas nada?
—Bueno, lo único que recuerdo es que tuve una pesadilla. No recuerdo nada más.
—¿Una pesadilla? ¿Y con quién o qué?
—Con Unexma. No pensaba contarte nada. Pero eres la única persona en quien puedo confiar.
—¡Mierda! Disculpa amiga. Te llamo de vuelta. Tengo una llamada en espera y pueden ser mis papás. Salieron temprano y no han regresado.
—Bueno, amiga. Gracias. Espero tu llamada. Besos.
—Besos, Anto.

***

Todo es muy confuso. Anto, no recuerda nada, pero dice que tuvo una pesadilla con Unexma. Eso quiere decir que no fue un sueño. Fue real. La “patitas de canario” realmente nos ayudó a escapar. Pero, se quedó sola con ese demonio. ¿Qué le habrá hecho? ¿La habrá matado?
Si fue así, Antonella está en peligro. Tengo que ir a su casa y salvar a mi amiga, antes de que sea demasiado tarde. Dejaré una nota a mis papás para que sepan dónde estaré.
Así que salí corriendo a casa de Antonella. Llegué y la Anto, estaba mirando desde la ventana de su habitación, así que me gritó que enseguida baja a abrir la puerta. Y abrió la puerta, invitándome a pasar.
—Amiga, qué rico que viniste. Yo estaba esperando tu llamada mientras ordenaba un poco la habitación.
—Sí, finalmente decidí venir a verte, mejor.
—¿Y quién te llamaba? ¿Eran tus padres?
—¿Ah? Eh, sí. Eran ellos.
—¿Y dónde estaban? ¿Qué te dijeron?
—Que habían salido de compras. No, amiga. No te voy a mentir. Te he ocultado muchas veces la verdad, con el fin de protegerte, pero eres mi mejor amiga y mereces mi sinceridad. La verdad es que no tengo idea de dónde están mis padres. Y la otra verdad es que no soñaste con Unexma. Tuvimos un enfrentamiento con ambos demonios en mi casa y Unexma terminó sacándonos de la habitación, lejos del otro demonio. Ella nos ayudó. Nos salvó la vida y probablemente perdió la suya.
—Sea como sea, bien merecido se lo tiene. Bastante daño ha hecho. No olvides que ese monstruo asesinó a mi abuelo.
—No lo olvido. ¿Cómo podría? Yo estuve ahí. Estoy consciente de todo lo que Unexma hizo. Pero tú no sabes el porqué de su venganza…
—¿Venganza? ¿En mi contra? ¿Yo, qué le hice? Me atormenta desde los ocho años. ¿Qué mal le pude haber hecho a esa edad?
—Te entiendo, amiga. Pero Alma no tiene la culpa de lo que le pasó, lo que le hicieron fue espantoso. Mucho más que cualquier forma de muerte que ella haya podido realizar.
—¿Alma? ¿Quién es Alma? ¿No estábamos hablando de Unexma?
—¡Ay, amiga! Hay muchas cosas que no sabes; de Unexma y de mí.
—Brenda, me estás asustando. No saber cosas de Unexma, me tiene sin cuidado, pero no saber cosas de ti, y de la forma que me lo dices, de verdad que asusta. ¿Qué es eso tan grave que no sé de ti?
—Tranquila, amiga. No es nada grave. ¿Recuerdas que desde pequeña te conté que yo podía ver no solo a Unexma, sino también a otros espíritus y que por eso no le tuve nunca miedo? Pues, a eso suma que también puedo desdoblarme y a través de esa capacidad puedo retroceder en el tiempo y ver el pasado. Pero no puedo intervenir en ningún hecho del pasado, porque en mi desdoblamiento, también soy un espíritu más. Solo puedo ver, nada más que eso.
—Amiga, qué increíble lo que me cuentas. Si no te conociera, no te creería. Pero sé que es verdad. ¿También puedes ver el futuro?
—No, amiga. Tan solo el pasado. Tengo recuerdos muy vagos de cómo comencé a hacer estos viajes, pero recuerdo alguna vez que no estaba sola. Venía un hombre que me tomaba de la mano y me llevaba de paseo. Después, con el paso del tiempo, me soltaba de la mano y finalmente aprendí el camino de regreso y comencé a viajar sola. Pero normalmente eran paseos dentro de la casa, pero era como otra dimensión. Veía espíritus; buenos y malos que caminaban en todas direcciones. Veía espíritus entrar en otros y consumirlos desde adentro. Aprendí a mantenerme al margen del peligro, porque si un espíritu maligno, se apoderase de mí, durante mi viaje, ya no podría regresar a mi cuerpo. Quedaría en estado de coma. Es uno de los mayores peligros que conlleva tener este tipo de capacidad.
—¡Qué fuerte, amiga! Ahora estoy entendiendo porqué nunca le tuviste miedo a Unexma.
—Claro. Al principio, cuando te conocí y la conocí. Ella era la mala para mí. Pero un día hice este viaje y logré salir de mi casa y entrar aquí, en tu casa y más precisamente en la habitación contigua a la tuya. Al entrar en calidad de espíritu, pude ver el pasado y darme cuenta de lo que pasó en esta casa, hace mucho tiempo atrás.
—¿Aquí, en mi casa? ¿Qué pasó?
—Amiga, te estoy contando. Intenta, no interrumpirme por favor. Que luego me desconcentro y se me va la idea de lo que estoy diciendo.
—Okey, amiga. Disculpa. No volveré a interrumpir… Prosigue.
—Gracias. Bueno, la cosa es que efectivamente, aquí se cometió un horrendo crimen. Aquí vivía una niña de unos dieciséis años, llamada Alma. Ella vivía junto a su madre y su perrito. Nadie más.
Una noche, cinco malditos hombres, entraron a robar y terminaron violando brutalmente a Alma y asesinando a Alma, su madre y su perrito. A ella le pegaron con un martillo en sus piernas, brazos y frente, para luego apuñalarla. A su madre la apuñalaron y a su perro, lo degollaron. Tiraron sus cuerpos al sótano y se fueron.
Alma, seguía con vida y antes de morir, juró venganza y fue ahí cuando apareció el demonio que domina a Unexma. Le ofreció vida y poderes para llevar a cabo su venganza, a cambio de almas, pero además de cualquier alma. Para su total liberación, debía entregarle un alma pura, que la supla en su calidad de demonio como Unexma.
—Entonces, y perdona que te interrumpa, pero quiero comprender bien todo. Entonces, esa niña, Alma, ella es Unexma. Ahora voy comprendiendo muchas cosas, pero me falta saber otras tantas. Por ejemplo, qué significa Unexma, por qué se quiere vengar de mí, ¿o acaso, yo soy el alma pura para que Unexma se libere?
—Unexma significa el trato que tiene Alma con ese demonio, de “una esclava por mi alma” y probablemente sea ese el motivo. La verdad, no lo había visto desde esa perspectiva. Entonces, tú eres su pasaje a la libertad. Por eso es que debo protegerte.
—Amiga, tengo miedo. No me quiero convertir en un feo demonio. No quiero morir. Quiero ser una mujer normal. Me siento maldita.
—Te prometo que eso nunca te va a pasar. Mientras yo esté contigo. Nunca serás la nueva Unexma para ese demonio. Lo que me gustaría saber es qué pasó con Unexma después de ayudarnos, y hay una sola manera de saberlo…
—¡Brenda! No estarás pensando en…
—Sí, amiga. Haré el viaje astral para saber lo que pasó con Unexma. Es importante que sepamos si ese demonio le quitó la vida. Pero mientras yo lo hago, quiero que te quedes aquí y vigiles mi cuerpo y además, siento que aquí estás más a salvo que en mi casa.
Si algo sale mal, quiero que le digas a mis papás que…
—¡Shhh! Calla, amiga. Lo que le quieras decir a tus padres, se lo dirás tú misma. Nada saldrá mal.
—Está bien. Ahora, me voy a recostar en tu cama y me concentraré hasta entrar en trance. Mientras tanto, tú no hagas ningún ruido ni nada que me interrumpa, por favor.
—Okey, amiga. Buena suerte. Te quiero mucho. Y que Dios te bendiga.

Capítulo 39-c

<<Finalmente estoy fuera de mi cuerpo. Puedo ver a mi amiga, sentada frente a la ventana, dibujando con su dedo algo sobre el vidrio.
Espero que no le pase nada mientras yo no estoy con ella. Dios, te encargo mucho a mi amiga Antonella>>.
Salí de la habitación y me dirigí a la puerta de salida y de ahí a la calle, hasta llegar y entrar a mi casa. Una vez dentro, fui a la habitación bodega directamente, pero al pasar por el living, vi a mis padres durmiendo en el sofá. <<Tal vez, ya regresaron>> —pensé.
Seguí mi camino y me puse frente a la puerta y de un solo movimiento, entré. Ya una vez dentro, veo que está Unexma con el demonio discutiendo. Me escondí detrás de las cortinas para evitar ser descubierta y pude oír la discusión:
—Me has fallado una vez más y no lo puedo permitir. Después de que te di la oportunidad de demostrar tu lealtad. ¿Me vuelves a traicionar? ¿Quién te crees que eres? No eres más que una pobre y triste putita muerta. No eres nada. No puedes hacer nada contra mí. Yo, te di tus poderes. Yo, te convertí en lo que eres. Yo, te salvé de morir sin tener justicia. ¿Y así me pagas lo que hice por ti?
—Perdona, Abra…
—¡Silencio! No te atrevas a nombrarme. No eres digna de decir mi nombre. Bien dicho está, eso de que si quieres que las cosas salgan bien, hazlo tú mismo.
Tú, ya no me sirves. Ni como demonio, ni como alimento. Desde este momento, te despojo de tus poderes y vagarás por la eternidad como un alma sin alma. Estás muerta para mí.
A continuación, y tan solo en un abrir y cerrar de ojos, Unexma, comenzó a transformarse en un espantoso cadáver, una momia prácticamente, casi, casi, hecha polvo y se alejó con el viento que trajo el otro demonio para irse lejos y perderse en otros portales.

Unexma se había ido y esta vez, para siempre.

Unexma Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
Seudónimo: Ann E. Rol
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Capítulo XXXVIII

Capítulo 38-a

Francamente, esperaba que al girar y mostrar su rostro, no fuera Antonella, pero para mi sorpresa, sí era ella, aunque con su rostro muy triste y compungido.
Mi alivio interno, me impulsó a correr hacia ella y darle un abrazo, pero estiró su mano y me detuvo. Me dijo que había algo que necesitaba mostrarme, que acababa de descubrir algo que quería que yo supiera.
—Pero, ¿estás bien? No hay nada que me importe más que tu bienestar, amiga.
—Sí, tranquila. Entiendo que no fue tu culpa. Ahora solo queda despedirlo como se lo merece. Pero de verdad que necesito mostrarte algo que encontré en tu casa.
—Que alivio, amiga. Obvio que le daremos una gran despedida a tu abuelo. Y entonces, amiga. Dime, ¿de qué se trata?
—No te lo puedo decir sin antes mostrarte algo. Y este no es el lugar indicado para eso.
—Entonces, ¿dónde?
—Ven, sígueme.
Se puso de pie y caminó hacia afuera de mi habitación, yo la seguí.
Al lado de mi habitación, hay otra habitación, igual que en su casa, de hecho, son de diseño muy similar, con la excepción de que el cuarto de la casa de Antonella, es aquel cuarto sellado.
En cambio, este es un cuarto normal, que usamos como una bodega para guardar cosas que no usamos. Ni cama tiene, solo maletas con ropa vieja, recuerdos, cachivaches y cachureos varios, entre otras cosas en desuso.
Y precisamente ahí, es donde se detuvo Antonella, giró la perilla y abrió la puerta.
Me miró y me hizo un gesto de que la siguiera, yo me encogí de hombros y entré detrás de ella, dejando la puerta abierta, para poder encontrar el interruptor y encender la luz. Apenas lo hice, la «Anto» caminó de vuelta a la puerta y la cerró por dentro.
Ni bien hubo cerrado la puerta, la habitación se comenzó a oscurecer de nuevo, pero de a poco; como si la luz estuviera perdiendo voltaje. Eso fue lo que creí, pero comencé a mirar bien y en cada destello de luz, la habitación comenzó a cambiar de forma. Las paredes cambiaban de color porque los destellos provenían precisamente de las paredes, empezaron a aparecer muebles distintos y antiguos <<creo que he visto antes ese tipo de muebles, pero no recuerdo dónde>>. También apareció una cama, y la ventana ahora tenía unas amplias cortinas negras. Todo parecía un sueño, miré nuevamente a Antonella y ella me estaba mirando también, le pregunté qué estaba pasando, y me hizo con la cabeza una seña de que mirara hacia atrás. Con desconfianza miré casi de reojo y me pareció ver a alguien acostado en la cama. Instintivamente miré nuevamente a Antonella que seguía parada en la puerta, con una mueca de sonrisa de niña traviesa y rápidamente volví a ver hacia la cama y vi a Antonella recostada, como dormida. Volví a ver a la puerta y veo que estaba Antonella y en la cama, también. —¡¡Había dos Antonellas en el cuarto!!
¡No lo podía creer! Tenía frente a mí, a Antonella de pie que me miraba fijamente, y detrás mío a Antonella dormida. Esto no estaba pasando, era una pesadilla —negaba para auto convencerme—, pero por si eso fuera poco, las cortinas negras comenzaron a abrirse y detrás de ella, apareció otra vez, Antonella, la que caminó hacia la cama, se sentó al lado de Antonella —sí, suena raro, pero así fue— y comenzó a acariciar el cabello de Antonella. La otra Antonella —la de la puerta— seguía allí sin moverse un centímetro. Creo que lo que en realidad hacía, era custodiar la salida e impedir que yo me escapara.
Ahora eran tres Antonellas en el cuarto. Dos despiertas y una dormida. Así resumiría esta extraña e increíble situación. Eso, sumado al cambio de forma del cuarto. Afortunadamente, ya había pasado de la sorpresa a la incredulidad y luego a la costumbre, por así decirlo. Terminé por aceptar que lo que estaba pasando era real y que claramente no era nada bueno.
La confirmación a ese pensamiento, no tardó en aparecer, pues la Antonella de la cortina… <<decidí bautizarla así para evitar confusiones. Así tenemos a la Antonella de la puerta; de la cortina y de la cama>>.
Entonces, la de la cortina, se transformó lentamente en Unexma. —Lo que sinceramente, ya imaginaba.
Pero la de la puerta, se transformó en una horrible mujer vieja y putrefacta que reconocí enseguida como la mamá de Alma, y precisamente ella, fue la primera en romper el hielo:
—Bienvenida, Brenda. Ahora estás donde te queríamos tener. Aquí nadie oirá tus gritos, ni los de tu insignificante amiga.
La miré desafiante:
—¿Y? ¿Cuál es la idea? Yo no pienso gritar. Voy a sacar viva a mi amiga de aquí y ustedes se van a ir por donde vinieron. ¿Me oyes? Ustedes, par de víboras, no saben a lo que se enfrentan.
—¡Chiquilla estúpida! ¿A quién más tengo que matar en tus narices para que aprendas a respetar? ¿Quieres que mate a tus padres? Me desafías y no lo voy a permitir. Apenas terminemos aquí, le haremos una visita a tus padres y tendremos otra pequeña fiesta del té:
—¿Tú, qué opinas, mi Unexma?
—Estoy totalmente de acuerdo. Estoy impaciente por que el show comience para saldar mi deuda con ustedes.
—¿A qué show te refieres, «patitas de canario»?
—Maldita irrespetuosa,te voy a…
—Creo que aquí «la maldita» es otra, —le dije, mirándola como diciéndole «touché».
—No te mato, porque es un honor que no me corresponde.
—¡Ya, basta! —tú, estúpida, observa y disfruta el espectáculo. —Ordenó, la demonio mamá de Alma.
Ahora esta mujer comenzó nuevamente a transformar su cuerpo, el cual creció a más del doble de su tamaño y tenía cinco cabezas quemadas y desde sus extremidades y cabezas, salieron cinco seres deformes y horribles, pero ya de un tamaño más normal. Solo eso era normal, su tamaño, porque lo demás era escabroso, espantoso y algo inefable.
—¿Recuerdas lo que viste en esta habitación, Brenda?
—Claro, las cosas de la casa que no usamos…
—No, idiota, el nacimiento de mi Unexma.
—Te equivocas vetusta abominable; eso pasó en la casa de Antonella, en aquel cuarto sellado.
—¡Ja, ja, ja! —rieron todos los demonios con una risa gutural y ominosa, que erizaba la piel.
—¡Sorpresa! Todo ocurrió aquí. En este cuarto, en esta casa. Lamentablemente, mi Unexma estaba haciendo un buen trabajo con la familia que aquí vivía, pero la última mujer que vivía aquí, se fue y de alguna manera, rompió el lazo que unía a Unexma con la familia de uno de sus violadores. Pero gracias a que el padre de Antonella, cayó en la tentación, activó nuevamente todo. Justo cuando ya nos resignábamos a una eternidad de espera.
Y para la guinda de nuestro pastel, llegaste tú y terminó nuestro rompecabezas. Unexma por fin, pagará su deuda con nosotros y podrá marcharse y descansar en paz, pero antes necesitamos que ciertas cosas pasen. ¡Y vaya que pasarán! Por lo menos, nosotros lo vamos a disfrutar mucho. Mucho más que lo que disfrutamos con Alma.
—¿Qué pretenden hacer?
—¿No es lógico este dejá vú? Tú ya viste esta película, creo que hasta disfrutaste con la escena. Siéntate y disfruta del momento, mientras «jugamos» un rato con tu amiguita.
—¡Noooo! No se metan con mi amiga, o lo lamentarán. —Traté de abalanzarme hacia uno de los demonios que se acercaba a la cama y otro me lanzó contra las cortinas solo con el movimiento de su brazo. Me golpeé muy fuerte contra la pared, pero no perdí el conocimiento, aunque por unos segundos, la visión se me nubló, pero por lo que podía ver, ya Antonella, estaba siendo rodeada por estos cinco demonios que comenzaban a tocarla por todas partes.
Unexma también miraba, pero no parecía disfrutar tanto de la escena como ella creyó.
Claramente esto, no le traía buenos recuerdos.
Yo no podía levantarme, pero justo cuando el primer demonio de turno iba a violar a Antonella, pasó lo impensado para todos:
—¡Alto! No es necesario. Dime que la mate y lo haré, es más, a ambas y a todos sus padres. No quedará nadie vivo. Yo me habré vengado y tú, tendrás suficientes almas con las que alimentarte.

Capítulo 38-b

—Tú no vas a matar a nadie que no queramos que mates. Eso lo sabes desde que te uniste a nosotros. Cada ser que mataste, fue bajo nuestras órdenes. ¿Qué te hace pensar que ahora, que estás a punto de conseguir tu liberación, será distinto? No olvides que sin nuestra ayuda, jamás hubieras podido vengarte de los que te violaron y mataron. Recuerda, que ellos fueron los que te hicieron caer en la maldición. No, nosotros. Nosotros, solamente te liberamos de una muerte horrible, lenta y dolorosa y además te hicimos descubrir el dulce sabor de la venganza.
—¿De qué demonios hablas? —rebatí en el acto.
Cuando fueron ustedes, o tú, quien convirtió a Alma en lo que es ahora. Yo, vi las sombras que seguían a los cinco desgraciados. Esas sombras eras tú. No lo puedes negar. Tú, abusaste de Alma, tú la asesinaste, y tú, la usaste para matar a los cinco desgraciados, que dicho sea de paso, también usaste.
Luego, miré a Unexma que estaba atónita, impertérrita, ante lo que acababa de escuchar. Y la verdad es que yo, no sabía cómo llegué a esa conclusión en apenas dos segundos. Era como si me estuvieran hablando al oído y yo repetí como loro, pero analizando bien lo que dije, era bastante lógico que esa, fuera la verdad.
—Tú, no vas a creer las palabras sin sentido de esta maldita. Está intentando confundirte, es ella la que quiere manipular tu mente. Nuestro pacto, lo hemos cumplido. No desenfoques tu atención, ahora que estás ad portas de ser libre para siempre.
Recuerda que tu nombre refleja nuestro pacto; una esclava por tu alma, y por eso estamos aquí. Nosotros queremos corromper esa alma para ofrendarla después, sabes que debe ser así. Ahora calla y deja que comience la diversión. No lo volveré a repetir.
Unexma, la miró y bajó la cabeza y emitió un leve gruñido, apenas audible:
—Lo que ordenes, Abrahel.
—Pero, «patitas…» digo, Unexma. ¿Tú, de verdad crees que después de todo lo que te hicieron, te van a liberar? —le susurré.
—¡Dije, silencio! No hagas que ordene tu muerte. Hoy vas a morir, pero no, todavía… —vociferó, ese maldito demonio.
—Mi vida no está en tus manos. Dios está conmigo y solo Él, dispondrá de mi vida y de mi destino, pero también de la tuya. ¡Así que te ordeno, en nombre de Dios, que liberes a Alma, que dejes en paz a Antonella, y que te vuelvas al hueco de donde saliste!
—Que pecado más grande, Brenda. Usar el nombre de Dios en vano. Me gusta eso.
Tu Dios no está aquí. Y si fuera así, está en primera fila, disfrutando del espectáculo que le vamos a dar. Si Él, está silente e impaciente porque comencemos, no debemos hacerlo esperar. Ahora, tú y Unexma, no interrumpan más…
En eso, Antonella recobra el sentido y comienza a gritar y a patalear y luchar contra el demonio que estaba sobre ella:
—¡Nooo, déjenme tranquila! ¡Por favor, no me hagan daño! ¡Ayuda, auxilioooo! —gritaba.
Entonces, recordé mi botella con el agua bendita que quedaba y se la lancé a la espalda del demonio que comenzó a retorcerse como el gusano que era.
—¡Aaaargh! Maldita perra, esta no te la perdono y dos demonios se abalanzaron sobre mí, yo apenas logré girarme para intentar cubrirme del ataque, cuando súbitamente, Unexma se interpone en el camino y de un golpe certero los lanzó a los pies de Abrahel.
Todos, quedamos impactados. Unexma, me salvó la vida.
—¿Te volviste loca, esclava? Porque eso eres y serás para siempre. Olvídate que serás libre nuevamente. Te equivocaste y lo vas a pagar muy caro, maldita traidora.
Aún dándome la espalda, Unexma, se dirigió a nosotras:
—Salgan de aquí y nunca más vuelvan a entrar. Abrahel, por separado, es débil, pero reunido es sumamente poderosa.
Tomé fuerte del brazo a Antonella y la atraje hacia mí:
—Que salga la Anto. Yo me quedo aquí a luchar, contigo. Tú, me salvaste y no te puedo dejar.
—¡Que se vayan, he dicho! —y con un movimiento de su brazo como encerrando un círculo en el aire, nos vimos elevadas e impulsadas contra la cortina negra que literalmente, nos envolvió completamente y ya no supe nada más de Unexma ni Abrahel.

Capítulo 38-c

Cuando desperté, estaba en mi habitación, en mi cama. Miré la hora y ya eran las seis de la mañana. Hacía frío, demasiado diría yo.
¿Qué pasó? ¿Fue un sueño? —la verdad, no me atrevía a averiguarlo.
Pero si fue un sueño, ¿nada pasó? Pensé en llamar a Antonella, pero recordé que era muy temprano y no quería molestar por una simple pesadilla. Mejor esperaré que sea más tarde y la llamo. Me abrigué muy bien, y quise salir de la habitación para prepararme un café, pero me acordé de la pesadilla y del cuarto bodega, y mejor no. Me conozco demasiado bien y sé que si salgo, lo primero que haré será meterme a ese cuarto para investigar, y por el momento no quiero. Prefiero antes, hablar con Antonella.
Volví a acostarme y me arropé por completo porque tenía hasta el pelo congelado. Y así, me volví a dormir.
***
—Hola, caballero. Lamento mucho lo que le pasó. Pero quiero informarle que Antonella y Brenda, están a salvo. Ellas están bien.
—¡Eh, pero quién es usted? ¿Qué sabe de mí? ¿Dónde estoy?
—Tranquilo, no se altere, por favor. Usted está aquí de paso solamente. Su destino es otro. No haga tantas preguntas. Yo le vine a informar la situación de las niñas y he cumplido. Ahora, con su permiso, me retiro.
—Espere, no se vaya todavía. Por favor.
—He de irme. Ya le dije, tenía ese propósito y he cumplido.
—Entiendo… ¿Pero, le puedo hacer unas preguntas?
—Puede preguntar, pero me reservo el derecho de responder a todas las preguntas. ¿Está de acuerdo?
—Bueno, sí. Está bien. Estoy de acuerdo.
—Muy bien, siendo así, dígame sus preguntas.
—¿Quién es usted?
—No puedo responder todavía.
—Está bien. Siguiente pregunta… ¿Por qué estoy aquí? ¿Estoy muerto?
—Esas fueron dos preguntas. Usted está aquí de paso y no, no lo está.
—Gracias por responder esas preguntas, tengo otra… Ese lindo perrito que está con usted. ¿Es suyo? ¿Cómo se llama?
—¡Ja, ja, ja! Buena estrategia. Está haciendo dos preguntas en una. Pero está bien. Este perrito no es mío. Está conmigo porque por mi culpa llegó aquí, y yo estoy arrepentido por eso, y él en su infinita bondad e inocencia, no solo me perdonó, sino que también me eligió como su amigo. Y lo tengo conmigo, mientras ambos esperamos la llegada de su anterior amiga. Ese momento va a ser maravilloso. Apoteósico.
Y su nombre es Joffy.
—Es hermoso. También su nombre… Joffy. ¡Qué lindo!
Espero que pronto se reúnan con su amiga.
—Nosotros también… Nosotros también.
¿Tiene alguna otra pregunta?
—Bueno, ya me comunicó que mi nieta y Brenda, están bien, ¿verdad?
—Así es. Ellas están bien.
—¿Las volveré a ver?
—Eso, no lo sé. No depende de mí.
—Entiendo. Bueno, habrá que ser paciente. No queda de otra.
¿Puedo acariciar a Joffy?
—Por supuesto. No le va a morder. Así que no tenga temor. Mire, ya le mueve la colita, esa es una buena señal. Le cayó usted muy bien. Y a mí también, debo admitirlo.
—Gracias. ¡Por Dios! Que pelaje tan suave y esponjoso. En toda mi vida, sentí el pelaje de un perro así.
—Eso es porque Joffy, está muy bien cuidada conmigo.
—Eso, puedo notarlo. Entonces es una hembrita. Que Dios la bendiga mucho.
—Eso no tiene duda… Bueno, ahora debo marcharme. Me dio mucho gusto conocerlo…
—Gracias, a mí también. Y también me dio gusto conocer a Joffy.
¿Nos volveremos a ver algún día?
—Estoy seguro de que así será. Pero solo Dios sabe cuándo. ¡Adiós!
—¡Adiós, y gracias!
—Gracias, ¿por qué?
—Por tomarse la molestia y el tiempo de venir a avisarme del estado de mi nieta Antonella y de Brenda. También por responder a la mayoría de mis preguntas y por presentarme a la linda Joffy.
—Por nada. Ha sido un placer para mí.
—Lo mismo digo. ¿Puedo estrechar su mano y darle un abrazo?
—Pero, claro. Faltaba más —y estrechó su mano con determinación y luego se fundieron en un sincero abrazo, que sellaba una incipiente amistad eterna.

Unexma – Alma sin alma ©
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Lorena Castro C. – Ann E. Rol
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Capítulo XXXVII

Capítulo 37-a

Seguí caminando sin mirar atrás y pensaba en qué le voy a decir a mi amiga; cómo iba a tomar lo que acababa de pasar. También pensaba que si era yo la portadora de las malas noticias, Antonella se daría cuenta que yo estuve con su abuelo y hasta me podría reprochar que por qué no hice nada por salvarlo. Pero claramente había que estar ahí, en ese momento.
Tomé un taxi y me dirigí en silencio a la casa, la taxista muy simpática ella, como la gran mayoría de los taxistas, intentaba amenizar el viaje y me hacía preguntas. Probablemente mi rostro denotaba una angustia muy marcada y era algo que ni el mejor maquillaje podría cubrir ­—:
—Señorita, disculpe que me meta en lo que no me importa, pero se nota que usted es muy dulce y verle su carita de pena, me conmueve. Tome, por lo pronto le regalo mi pañuelo para que se seque esas lágrimas que se nota que quieren salir a raudales. ¿Peleó usted con su novio acaso?
—No, todo bien en ese sentido. No sé si se habrá ya enterado del gran accidente que hubo en la iglesia que está aquí cerca.
—De hecho, no. Como puede ver, no estoy con la radio encendida, porque lamentablemente me cuesta mucho conducir y concentrarme cuando escucho música. Como que de pronto me dan ganas de ponerme a bailar y hacer coreografías —dijo mientras movía las manos como bailando. Lo cual me dio mucha risa.
—Eso, señorita. ¿Ve que así es mejor? Tiene usted una bonita sonrisa y la anda escondiendo. ¡Ah, ya sé, lo que pasa es que usted es tan linda que quiere cobrar por su sonrisa! Está bien, la llevaré gratis, solo porque me regaló su bonita sonrisa.
—No es necesario que haga eso, es su trabajo y no siento justo que lo esté regalando a cualquiera.
—No es un regalo, tómelo como un préstamo. Yo, de corazón espero que Dios pueda sanar su corazoncito. Al menos me quedó conforme de que la hice reír.
—Gracias, se pasó. En gran parte me ayudó bastante a por lo menos durante este trayecto a no pensar en lo que se me viene encima.
—¿Adónde? —preguntó, y miraba hacia el techo cubriendo su cabeza, como si esperara que algo le cayera del cielo. Verdaderamente era una maestra en psicología y comedia. Ciertamente me dejé llevar por su improvisada rutina móvil, la que me hizo sentir mucho mejor. Ella no me quería cobrar y en realidad con el show que me estaba brindando, yo, le quedaba debiendo aunque le hubiera pagado.
—Aquí en esta esquina me bajo, pero la verdad, por mí, me quedaría viajando con usted en el auto todo el día. Es usted demasiado simpática y muy sencilla. Se nota que es super buena persona, y quisiera saber si es posible, que mantengamos el contacto, por cualquier cosa; además recuerde que tengo que pagarle el préstamo que me hizo. Usted misma dijo que no era un regalo.
—¡Ja, ja, ja! Lo decía en sentido figurado. Pero sin necesidad que sea por la devolución, encantada le paso mi tarjeta, solo deje que tache estos teléfonos que son números que ya no corren porque como me han asaltado, me han robado ya, dos teléfonos y por eso ahora uso este viejito, pero confiable —comentaba mientras me anotaba su nuevo número.
—Okey, señora, Naty Lozada, mucho gusto, yo me llamo Brenda, para servirle. Ha sido un verdadero placer viajar con usted.
—El gusto ha sido todo mío. Espero que la próxima vez que nos veamos, esa carita esté rebosante de felicidad y alegría.
—Así será. Se lo prometo. Adiós.
—Adiós, Brenda.
<<Ciertamente Dios, sabe por qué hace las cosas, es increíble que me mande un ángel en forma de taxista solo para tranquilizarme>>.
A partir de hoy, me declaro una fan del grupo de Dios. Además que a don Junior, demás que lo nombran administrador vitalicio, porque era muy sabio. Me siento bien recordando de esa manera a don Junior, mis nervios y rabia se han ido desvaneciendo, sobre todo con la ayuda de la señora Naty Lozada, qué mujer más agradable. Creo que le voy a proponer más adelante si quiere ser mi radiotaxi particular, así ambas ganamos; yo su grata compañía y ella un dinero extra, o le pago con la mejor de mis sonrisas. ¡Ja, ja, ja! ¡Qué egocéntrica saliste, Brenda!
Bueno, ahora a lo que nos convoca. Primero voy a tomarme las cosas con calma. Llegaré primero a mi casa y luego iré con mis padres, si desean acompañarme, a casa de Antonella.
—¡Hola mamá, hola papá, ya llegué!
—Hola hija, que bueno que llegaste, justo había preparado panqueques para el té —me ofreció mi mamá.
—¡Qué rico!, pero tengo algo que contarte que no habrá azúcar en el mundo que logre endulzarlo.
—¡Qué cosas dices, hija!, a ver, qué será eso. No creo que sea lo que estoy pensando, ¿verdad?
—Pero, mamá, ¿cómo voy a saber qué estás pensando? Aunque por tu cara, creo que lo imagino y no. Me cuido mamá. Es peor.
—¿Peor? ¿Qué puede ser peor? ¡Bastián! ¿Le pasó algo?
—No, mamá. Y no quiero que juegues a adivinar. Se trata del abuelito de Antonella.
—¡Ah, bueno, si, lo conocimos en el almuerzo del otro día! ¿Qué pasó con él?
—¡Murió, mamá! Tuvo un accidente. Lo atropellaron.
—Espera, ¿quééééé? ¿Pero cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo?
—Esta tarde, dos autos chocaron de frente y él estaba al medio. Fue aquí en la esquina de la iglesia de la comuna. ¡Fue horrible, mamá! Y lo peor es que yo lo vi. Estaba ahí cuando esto pasó.
—Pero, Brenda, hija, ¡no lo puedo creer! ¿Y tú estás bien? La verdad no sé que decir, me pillaste helada.
—Sí, mamá, yo estoy bien. Te lo conté, porque necesito que me acompañes con papá a darle la noticia a mi amiga y los tíos.
—Claro que sí, hija, le voy a avisar a tu papá que está arriba en el baño. No sé cómo lo va a tomar tu padre. Intentaré contarle con mucho tino. Primera vez que me toca dar este tipo de noticias.
—Siempre hay una primera vez para todo, mamá. Mientras yo me como unos panqueques para agarrar valor de enfrentar a mi amiga y estar con ella para darle consuelo. Es mi deber de amiga.
—Lo sé, hija. Antonella, es tu hermana. La relación que tienen ambas es muy fuerte y es en momentos como este cuando debe demostrarse la verdadera amistad. Dame un minuto y preparo a tu padre.
—Okey, mamá -disculpa que te lo diga en este momento, pero tus panqueques son los mejores del mundo.
—Gracias, hija. Vengo enseguida.
Al rato, mis padres ya estaban conmigo. Listos para acompañarme a la casa de Antonella. Mi papá apenas me vio, me dio un gran abrazo, con el que me decía tantas cosas sin pronunciar una sola palabra. Así que solamente le dije, ¡gracias!
Llegamos a la casa de los tíos, tocamos el timbre y salió el tío a abrir la puerta. Su mirada fue de asombro cuando nos vio a todos juntos a esa hora frente a su casa.

Capítulo 37-b

—¡Hola, Alfonso, buenas noches!
—¡Hola, José, vecina, Brenda! ¿Qué los trae por aquí y a esta hora?
—Tenemos algo que decirles, pero a todos. ¿Podemos pasar? —preguntó mi papá.
—¿Eeh, claro, pasen, pasen! Disculpen lo descortés, pero estoy intrigado. ¿Qué será lo que nos quieren decir?
—Tranquilo, no sé cómo lo van a tomar, y por eso estamos todos aquí —anunció mi papá, mientras entrábamos a la casa de Antonella.
—¡Hola, buenas noches! Tomen asiento, ¿les ofrezco algo para el frío, un té, un café…? —dijo la tía, al tiempo que nos saludaba de beso y abrazo a cada uno.
—Bueno, ya estamos todos aquí. Ustedes dirán; ¿qué tienen que decirnos? —preguntó, el tío Alfonso.
—No estamos todos, falta mi amiga. —Acoté.
El tío miró sorprendido a mis padres, y ellos asintieron con la cabeza al unísono. Por lo que el tío miró a la tía Florencia y esta se paró en el inicio de la escalera y gritó hacia el segundo piso:
—¡Antonella, hija, baja un momento por favor! Vino tu amiga y los tíos de visita.
—¡Enseguida bajo mamá!
Al minuto mi amiga venía bajando las escaleras —:
—¡Hola, tíos, buenas noches! ¡Hola, amiga! Que rico que vinieran. Pero, no traen buena cara. ¿Qué pasó? —inquirió mi amiga, que por el rictus y seriedad de nuestros rostros, intuyó que no éramos portadores de buenas noticias…
—Antonella, eres muy intuitiva. Ciertamente, no traemos buenas noticias para nada. —Anunció mi papá, con tristeza.
—Bueno, ¿y de qué se trata? ¡Hablen ya, por favor! —exigió, el tío.
Y entonces, mi papá se puso de pie y mi mamá inmediatamente lo emuló, y yo hice lo mismo; tomó aire y dijo:
—Mi hija, Brenda tiene algo importante que decirles.
—¿Qué, yo? —ciertamente, mi papá, no iba a ser capaz de decirlo. Como último recurso, miré de reojo a mi mamá y me hizo un gesto con sus manos de que ella tampoco podía decir nada. <<no me queda más que tragar saliva y enfrentar la situación sola>>. Así que me armé de valor y viendo sus rostros de intriga y angustia, comencé a relatar lo sucedido, con el mayor tino y respeto posible:
—Tíos, amiga. Necesito que sean fuertes para lo que les tengo que contar.
Se trata de don Junior —agregué.
—¡Mi papá! ¿Qué le pasó a mi papá? Habla, Brenda, por favor. ¿Le pasó algo malo a mi papá? —me interrogó, el tío.
Yo solo lo miré.
—Brenda, contesta. ¿Le pasó algo a mi abuelo? ¿Qué es lo que sabes?
—¡Ay, amiga! Que difícil. Pero sí, tu abuelo tuvo un accidente esta tarde. Fue atropellado. —Concluí, apenas.
—¿¿Quéééé?? No puede ser, mi papá. ¡Nooooo! Pero, ¿cómo, dónde, dónde está? ¿Está él, bien?
—Alfonso, tienes que ser fuerte. Tu papá falleció en el lugar. —Sentenció, mi papá, al tiempo que abrazaba al tío que estaba desconsolado. Yo por mi parte, abracé a Antonella que estaba perpleja, muda. Parecía que no estaba con nosotros. Y mi mamá estaba tomada de las manos con la tía, Florencia.
—»Anto», amiga, ¿estás bien? ¡Anto? —Tía, la Anto no está bien. Le puede traer agua, por favor. —¡Amiga, por favor, reacciona!
Antonella bebió el agua con ayuda de la tía. Mi amiga estaba en un profundo shock con la noticia.
El tío, tampoco la pasaba bien, abría la boca como para gritar, pero no le salía la voz, tenía un llanto ahogado que hacía que nuestros corazones se estremecieran ante tanto dolor y sufrimiento que demostraba el tío.
De pronto, Antonella —que estaba sentada en el sofá, como la había dejado, la tía—, se puso de pie y echó a correr escaleras arriba hasta llegar a su habitación y cerró la puerta de un portazo. Todo ocurrió tan rápido que no pudimos hacer más nada que mirar.
Yo me decidí y subí detrás de ella. Pero a escasos metros de la habitación de mi amiga, escuchamos todos algo que nos heló la sangre.
Antonella, se reía a carcajadas… —Claramente, algo no andaba bien en mi amiga, después de enterarse de la muerte de su abuelo.
Seguí acercándome a la puerta de su habitación y toqué con fuerza:
—Toc-toc-toc, ¡Amiga! ¿Estás bien? Abre la puerta, por favor. Quiero ayudarte. No te hace bien estar sola en este momento, y no estás sola. Yo siempre estaré contigo. No te dejaré sola.
—¡Vete, váyanse de mi casa!, —gritó, Antonella, fuera de sí.
—No, amiga. Si quieres mis papás se van, pero yo de aquí no me muevo. Me quedaré afuera de tu habitación hasta que abras la puerta. En algún momento tienes que salir de ahí.
—Como quieras. Tú, no eres mi amiga. Tú estabas con él. Por eso sabes lo que le pasó. Dime la verdad. ¿Estabas con mi abuelo, cuando lo atropellaron?
—La verdad, es que sí. Estaba con tu abuelo cuando lo atropellaron. Pero no pude hacer nada. Intenté correr, pero todo pasó muy rápido. Él quería que supieras que te ama mucho, que siempre te va a amar, y me pidió que te cuide. Eso fue lo que me dijo cuando conversamos, minutos antes del accidente.
Amiga, no estaría acá, dando la cara, si no fuera así. Déjame ayudarte. No estás bien. Y no quiero que te pase nada malo, amiga. Por favor, abre esa puerta.
—¿Quieres que me vaya? Okey, me voy, pero antes abres la puerta y me dejas ver que estás bien, y me voy. ¿Trato hecho?
Entonces, la puerta se abrió lentamente…

Capítulo 37-c

Fueron segundos que parecieron horas, mientras se abría la puerta. Miré al salón y todos estaban pendientes y en vilo de lo que aquí arriba estaba aconteciendo.
Nadie se atrevía a destruir el silencio reinante en la casa, y para no desentonar con la solemnidad de la situación, entré a la habitación de Antonella, decidida a ayudar a mi amiga.
Cerré la puerta para tener la intimidad necesaria que solo dos mejores amigas se merecían —más silencio.
Salí de la habitación de mi amiga en el mismo rito de solemnidad con el que había ingresado. Me paré en el rellano de la escalera y ante la mirada atónita de todos, suspiré y di la amarga e insólita noticia; mi amiga, Antonella, se había escapado. No estaba en su habitación y la ventana abierta, delataba su huida.
Todos, en fila se apresuraron a subir las escaleras para comprobar por su cuenta la veracidad de la noticia, me crucé con cada uno y con la mirada les confirmaba, pero entendía la situación y claramente, tenían el derecho a comprobarlo. Yo bajé al salón y salí directo a la calle a mirar por si encontraba a mi amiga o algún indicio que me indicara su destino. Pero no hallé nada. Ni rastros de mi amiga.
Desde la ventana de la habitación de Antonella, sus padres miraban hasta donde sus ojos le permitían llegar y también me dijeron que no se veía nada. Era de noche y la luz de la calle estaba tenue y comenzaba a salir una espesa niebla que no ayudaba mucho en nuestro empeño.
Finalmente, mis padres salieron de la casa de Antonella, escoltados por los tíos—:
—Bueno, Alfonso, ¿están seguros que estarán bien? ¿No quieren que los acompañe en la búsqueda?
—Tranquilo, José, estaremos bien. Cualquier cosa te llamo para avisarte. Lo que les pido es, si pueden dejen que «Flo», se quede con ustedes, en su casa, hasta que yo regrese. Por favor.
—¿Qué? Claro que no, Alfonso, te volviste loco. Yo no te voy a dejar ir solo. Yo voy contigo —alegaba la tía, Florencia.
—No, mi amor. Tú debes estar aquí, cerca, por si nuestra hija regresa. Pero no sola. Yo, estaré bien. Ya me siento más tranquilo por lo de mi papá. Ahora solo pienso en recuperar a mi hija, sana y salva.
—Alfonso tiene razón, Florencia, debes estar aquí, pendiente por si Antonella llega —le aconsejó, mi mamá, a la tía.
El tío se subió a su auto y se fue a la búsqueda ciega de Antonella. La tía a regañadientes lo vio alejarse y todos nos metimos a la casa. Mis padres y la tía, se fueron directo a la cocina y yo, subí a mi habitación. Iba a buscar mi teléfono para llamar a mi amiga.
—Ni bien entro a la habitación, y me encuentro con Antonella, sentada, de espaldas, mirando por la ventana hacia la calle.
Mi impresión fue tan grande, que lo primero que pensé fue en gritar que la había encontrado, pero algo en mí, me detuvo y solo entré en silencio y como si de un dejá vu, se tratase, cerré la puerta para hablar con mi amiga a solas.
Me acerqué muy lentamente a mi amiga y toqué su hombro y ella se giró igual de lento que mi accionar.

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Capítulo XXXVI

Capítulo 36
Nos aprontamos a salir de la iglesia, no sin antes persignarnos; bueno, yo no sé mucho de estas cosas, así que copié lo que el abuelo de mi amiga hacía —:
—Vamos a la farmacia más cercana que no quiero demorarme mucho para volver a la casa, ya que quiero abrazar a mi nieta Antonella —comentó con nostalgia.
—Okey, yo, como su guía turística, lo llevaré no solo a la más cercana, sino también a la más económica; mi señor —le informé haciendo un ademán de dama antigua; cosa que a los dos nos causó mucha risa.
Íbamos bajando las largas escaleras del frontis de la iglesia, y al final nos encontramos con una señora anciana y de aspecto muy pobre. Claramente se trataba de una persona que pedía limosna en la calle—:
—Por el amor de Dios, una limosnita para esta pobre vieja que ha sido muy golpeada por la vida. Estoy sola, sin casa, sin familia, y tengo mucha hambre señor —se dirigió al abuelito de Antonella.
Yo le iba a cooperar con algunas monedas, pero entonces escuché al abuelito de Antonella:
—Señora, usted se ve más joven que yo. No sé qué le habrá pasado, pero le ofrezco trabajo en mi casa, por último como cocinera. Tendría un buen sueldo, comida, un techo y una cama limpia. ¿Qué dice?
—¡Ay, caballero! Muchas gracias por su generosa oferta, pero yo soy muy desconfiada y la verdad es que no me atrevería a ir a la casa de nadie que no conozca. Además no soy muy buena cocinera tampoco.
—Ah, pero no es problema, puede ayudar en la casa en alguna labor. No necesariamente debe enfocarse en una tarea en específico.
—Eeh, claro, pero no, gracias de todas formas. No me atrevo, no me siento capaz. Gracias.
—Bueno, si cambia de opinión, aquí le anoto mis datos; mi nombre es Junior Palomino Medina, y mi teléfono está en el papel.
—Ya, gracias caballero, pero no quisiera ayudarme con una cooperación, por favor.
—¡Ah, cierto! Tome, no es mucho, pero espero que le ayude en algo.
—Sí, gracias. Toda ayuda es bien recibida. —Y usted, señorita, me puede ayudar con una colaboración voluntaria, por favor.
—Yo ya tenía mis moneditas en la mano, así que se las pasé de inmediato.
—¡Gracias señorita!
—De nada. Que tenga un buen día.
—Usted también.
—Bueno, ya sabe, cualquier cosa, me llama.
—Claro. Aunque no creo que sea necesario.
—Bueno, al menos, piénselo.
—Sí, claro —respondió secamente, mientras daba la espalda para pedir limosna a una señora que estaba llegando a la iglesia.
—Vamos, Brenda, no te quedes atrás, hija.
—Ya voy, espéreme —apuré el paso para llegar a la esquina, y alcanzar a don Junior (al que recién venía sabiendo su nombre).
Una vez que lo alcancé, comenzamos a cruzar la calle mientras me preguntaba si sabía el verdadero motivo por el que la señora había rechazado su ofrecimiento de trabajo. Yo, que pensaba que la razón era la que ella, dio, me llevé una sorpresa cuando me dijo que era porque ella estaba acostumbrada a pedir, y eso le acomodaba mucho más que trabajar. Me dijo que apostaba su cabeza a que esa señora tenía mucho más dinero que lo que cualquiera creería.
No lo pude poner en duda, ya que fue muy notorio que no tenía interés alguno siquiera en pensar en trabajar. Además que nos dejó de lado para seguir pidiendo limosna. Ciertamente don Junior, era un hombre muy sabio.
Mientras pensaba que a veces uno no tiene esa capacidad para descubrir cómo es la gente, iba casi llegando a la otra acera y no me di cuenta que don Junior, se había quedado atrás, hasta que lo escuché gritar:
—¡Suélteme, vieja loca!
Miré hacia atrás y vi que la señora de las limosnas, lo tenía agarrado de las piernas y no tenía intención de soltarlo.
Mi primera reacción, fue devolverme corriendo, pero escuché el sonido del motor de un auto que venía a toda velocidad de subida y por el otro lado, otro auto que venía raudo, por la bajada, y don Junior y la señora en el centro de la doble vía. Comprobé que la mente es más rápida que cualquier otra cosa, porque antes de la tragedia, pude recordar lo que don Junior, me había contado acerca del sueño grupal inconcluso, y comprendí inmediatamente que él, era el blanco de aquel sueño. Mientras pensaba, atiné a correr, pero ya era tarde; todo pasó tal cual lo describió en su relato; el auto que venía de bajada cambió su rumbo (lo que no me permitió seguir corriendo) y se enfiló de frente al otro auto que ya estaba casi encima de don Junior, que para ese entonces, estaba solo en la calle, la señora ya no estaba con él, y en una fracción de segundos se escuchó el atropello y el choque posterior —digo que se escuchó, porque no quise verlo y preferí cerrar los ojos, sintiendo como si me tiraron un balde de agua fría encima.
Ya para cuando me atreví a abrir nuevamente los ojos, tenía frente a mí, el más escalofriante de los espectáculos; lo único que diré es que ambos autos quedaron convertidos en un verdadero acordeón y que a don Junior, no lo pude ver en medio del humo, el fuego, los fierros, latas retorcidas y pedazos de vidrio, que estaban por todos lados. Eso, y el aceite o bencina que se mezclaba con el río de sangre que bañaba el asfalto.
No sabía qué hacer, me tomaba la cabeza y miraba al cielo. No me atrevía a dar un solo paso, por miedo de ver algo traumatizante.
En eso, siento que tocan mi hombro, por detrás mío—:
—Te advertí que no sabías a lo que te enfrentabas. Y mi esclava, siempre cumple sus promesas. Mira, Brenda, aún estás a tiempo para rendirte ante mí.
Si quieres cerramos un trato aquí y ahora. Una especie de armisticio, una tregua; y la firmamos con toda esa tinta roja que llevas encima. ¡Ja, ja, ja! —y me miré la ropa que estaba llena de sangre y me toqué la cara que también tenía sangre y me puse a llorar de rabia y pena:
—Nunca te lo voy a perdonar, y me encargaré de devolverte a donde nunca debiste salir. ¿Me oyes? A ti y a quien sea que esté contigo. Primero muerta antes de hacer un trato contigo —le grité al tiempo que le vaciaba hacia atrás el agua bendita de mi botella.
—¡Aaaaargh! ¡Maldita zorra! Esto lo pagarás muy caro. ¡Te vas a arrepentir de esta afrenta, niña estúpida! —cada palabra se sentía más y más lejana, hasta desvanecerse por completo. Momento que aproveché para girarme y comprobar que había desaparecido, y vuelvo a girar hacia el frente y veo a la señora que me miraba fijo, se reía y me mostró su dedo medio, cosa que emulé, devolviéndole la cortesía con todo el odio que me fue posible sentir. Acto seguido la anciana se desvaneció en el aire.
Caí de rodillas, cerré mis ojos y hablé sin medir mis palabras ni pensar en consecuencias:
—Dios, quisiera entender qué mierda pasó, te juro que no le encuentro explicación lógica de cómo mierda permites tanta maldad en el mundo. No sé si sea porque estás muy ocupado y los ángeles no están haciendo bien la pega, o qué, pero ¿viste lo que acaba de pasar? Un hombre de bien, que su único pecado fue ser hijo de un desgraciado. Acaba de morir de una manera horrible. Y lo permitiste. Frente a una iglesia. No sé qué pensar.
Y por si fuera poco, esas plastas de mierda se salen con la suya y se van muertos de la risa. Yo, yo…
Nuevamente me tocan el hombro… Y sin siquiera abrir los ojos, despotriqué:
—¡Te doy tres segundos para que me sueltes, porque tu porquería de jefe, no es ni la mitad de malo de lo que soy yo, cuando me enojo!
—Brenda, deberías saber controlar tus emociones y sentimientos. Me duele repetirte esto, pero, ¿dónde está tu fe? ¿Crees que es fácil, dejar que las cosas que tienen que pasar, pasen? Todo tiene un propósito y eso, es algo incomprensible para todos ustedes. Ahora mismo, no lo entiendes, porque te domina la ira y la incomprensión, pero en su momento, todo te será revelado. Aquí ya no puedes hacer más nada. Ya todo está hecho. Lo que debía ocurrir ya ocurrió.
Te corresponde cumplir con tu promesa y ayudar a tu amiga, pero sin fe, nunca lo vas a lograr.
—¿Quién eres? ¿Eres Dios? ¿Uno de sus ángeles? ¿Quién eres?
—Quien yo soy, no es lo importante. Lo importante es quien no eres tú. Y claramente no estás siendo Brenda. ¿Eso quieres? ¿Rendirte? Esa no es la Brenda que yo conozco.
—¿Qué sabes tú de mí? No me conoces. Ni yo misma me conozco.
—Entiendo lo que sientes en este momento, pero…
—¿Pero, qué? Dime, acaso vas a hacer que el tiempo retroceda, o convertir esto en una pesadilla de mierda, o a resucitar a don Junior, ¿qué mierda piensas hacer? —grité bastante fuera de mí.
—Simplemente voy a seguir a tu lado. Ya te lo dije antes, lo que debía pasar, ya pasó. Ahora te corresponde hacer que pase lo que tiene que seguir pasando. Pero eso no será posible si tu fe no permanece intacta. Es difícil, lo sé, pero debes intentarlo. Es la última oportunidad.
—¿Qué? Ahora tú también me vas a amenazar. Lo que me faltaba.
—Te equivocas, no te estoy amenazando. Tómalo como una señal. Ya lo entenderás.
Ahora, ve, entra nuevamente a la iglesia, recarga tu botella y pide perdón por haber sido grosera y también pide que te sea restaurada tu fe. Pide por tu amiga, pide el descanso eterno de don Junior, y por último pide por ti.
Me puse de pie, sequé mis lágrimas, miré a ver con quien estaba hablando y era aquel viejito que había hablado antes conmigo en la iglesia. Me miró, me sonrió y me hizo un gesto de satisfacción y con su cabeza me dijo que subiera las escaleras y entrara a la iglesia.
Asentí y me dirigí a la iglesia y antes de entrar, volví a mirar al viejito y lo vi alejarse con su renguear al caminar.
Una vez dentro, lo primero que hice fue recargar mi botella con el agua bendita y me acerqué al asiento donde conocí a aquel viejito y me puse de rodillas, cerré mis ojos y comencé a orar:
—Dios, soy yo, Brenda. Imagino que lo sabes, pero es por si acaso. No soy buena para este tipo de cosas y tú lo sabes, pero bueno, te debo una disculpa por como te hablé hace un rato y creo que definitivamente hay cosas que no se entienden, pero tú sabes por qué pasan. Así que espero que me disculpes y me perdones y también que hagas que don Junior, llegue al paraíso y que Antonella esté bien y que me ayudes a recuperar la fe para salvarla de cualquier mal yyyy, no me acuerdo que más iba a pedirte, pero creo que eso es lo más importante ahora. Te lo pido con el corazón, amén.
Terminé de orar y salí de la iglesia, miré a la esquina donde pasó todo y comprendí que no pude hacer nada por evitarlo porque eso tenía que pasar y me volví a persignar y comencé a caminar en sentido contrario al lugar del accidente, para evitar ver más allá de lo que había visto. Mientras caminaba, podía escuchar el inconfundible sonido de las sirenas acercándose. Apreté mis puños, miré al cielo y dije:
—Adiós, don Junior, fue un placer conocerlo y le prometo que su nieta estará a salvo. Usted, descanse tranquilo. Gracias por haber compartido sus últimos momentos conmigo. Nunca lo olvidaré. Espero que usted tampoco se olvide de mí.
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Capítulo XXXV

CAPÍTULO 35

Lo miré. Estaba realmente anonadada con todo lo que me contaba. Siento que el abuelito de mi amiga sabe demasiado, tal vez hasta más que yo, y a mí me pasó lo mismo con las muertes de Marcos y Héctor; Unexma me mostraba lo que iba a pasarles. Verdaderamente este demonio supo vengarse:

—¿Qué te pasa Brenda? Te veo muy impactada, si quieres lo dejamos hasta acá.

—¡No, señor! Siga contándome por favor.

—¿Segura, chiquilla? —inquirió, con algo de duda.

—Muy segura.

—Hija, ¿has escuchado por ahí que dicen “que solo los idiotas aseguran las cosas”?

—¿En serio? ¡Ay, no lo sabía! Entonces no voy a poder asegurar nada, sino me tratará de idiota —reclamé, amurrada.

—Ja,ja,ja. Que divertida eres Brenda, son solo frases de viejo, niña no te asustes —dijo riendo.

—No sea malito, me asustó.

—Bueno, te sigo contando; y como tú dijiste antes, pasaron cinco años; ya éramos jóvenes, algunos se casaron y uno de esos fui yo y bueno, el sueño más extraño y que nunca se cumplió, fue que todos veíamos a un viejito que caminaba con una niña -aparentemente era su nieta- y que iba a cruzar la calle justo en el paso de cebra que es el lugar habilitado y correcto para hacerlo, y de pronto vemos unas manos que sujetan los pies de él y que no lo dejaban caminar, luego aparece la cabeza de Unexma y le dice que para dónde va, si es hora de despedirse, el viejito se quería zafar pero no podía, y las personas que pasaban lo miraban como si él estuviera loco, tironeaba para zafarse y gritaba desesperado. De la nada aparecían dos autos a velocidad normal, uno de subida y el otro de bajada. Unexma miró aquellos autos y de pronto aceleraron a toda marcha, al unísono y se desvía uno de frente al otro, justo hacia el lugar donde se encontraba atrapado el viejito. Los transeúntes corrían y le gritaban al viejito que saliera de ahí, todos intentaban avisarle, pero el viejito no se podía mover, porque Unexma no se lo permitía. Yo trataba de correr hacia él y ayudarlo pero tampoco me podía mover, entonces los autos que venían a gran velocidad, terminaron por chocar de frente y atropellarlo al mismo tiempo, en una especie de sandwich, reventándolo por completo.
Todos elucubrábamos con el sueño e intentábamos adivinar quién era ese viejito, el padre de quién. Pero como te dije antes, ese sueño grupal, nunca se cumplió. Lo que me llevó a pensar durante mucho tiempo que el próximo sería mi padre o el padre de alguien más de mis amigos, pero nunca pasó nada.

—Entonces, ¿cómo murió su padre? Disculpe la pregunta tan brutal y directa, pero yo soy así.

—No te preocupes. Me gusta que las personas sean directas y sinceras. Creo que es lo mejor. Bueno, antes de responder de la misma forma que me preguntaste, quiero contarte uno que otro detalle que tal vez, aporte a la respuesta.

—Okey, me parece bien y lo agradezco.

—Bueno, primero falleció mi madre. Ella murió ahogada en su cama, estaba comiendo frutos secos y al parecer se atragantó con uno de ellos y alcanzó a llamar a mi padre, pero cuando él llegó, e intentó prestarle ayuda, era demasiado tarde y finalmente ella falleció en sus brazos.
Luego de la muerte de mi madre, mi padre no fue el mismo. Antes era un tipo algo rudo, de trato tosco y a veces hasta un tanto vulgar, pero ese acontecimiento trágico, lo hizo replantearse la vida y cambió de pronto. Tanto fue ese cambio que comenzó a ir a la iglesia, a leer la Biblia y a rezar todos los días. Poco a poco se fue convirtiendo en un padre ejemplar y de paso en un gran hombre. Muchas personas le admiraban su tenacidad y su gran corazón, pues mi padre era de ayudar en muchos lugares, semanalmente iba al Hogar de ancianos, al de menores, apoyaba a sus hermanos de la iglesia; en fin, un buen samaritano.
Yo lo admiraba porque en lugar de ahogar sus penas en el alcohol o las drogas, como hacía antes de la muerte de mi madre, hizo todo lo contrario y se convirtió en un hombre de bien. Siempre lo miré como un ejemplo a seguir.

—Espere, dijo usted; <<siempre lo miré>>. Habló en pasado. No creo que sea solo porque ya no está vivo. ¿Tuvo usted, alguna desilusión de su padre?

—¡Vaya que eres intuitiva y perspicaz, me sorprendes, hija!

—Gracias, señor.

—Bueno, sí, la verdad es que terminé casi desilusionado, pero no por algo que haya hecho luego de la muerte de mi madre. Sino que por algo que hizo en su pasado. Algo horrible.

—Podría intentar adivinar, porque creo que sé a lo que se refiere, pero dejaré que usted me lo cuente.

—Despertaste mi curiosidad niña, quisiera saber qué es lo que sabes.

—Okey, hace poco tiempo tuve una visión, por así decirlo. En dicha visión pude ver que cinco hombres jóvenes; probablemente borrachos y drogados, entraban a una casa donde vivía una señora y su hija. Estos tipos además de robar sus pertenencias de valor, violaron a la hija de la señora y posteriormente asesinaron a ambas mujeres. Presumo que uno de esos hombres fue su padre.

—A cada momento me impresionas más Brenda, eres una chica muy especial. Antonella ya me lo había dicho y ahora lo estoy comprobando.

—Gracias, señor. Yo solo sé que quiero proteger a mi amiga de quien sea y de lo que sea.

—Tienes un gran corazón hija, ¿me prometes que siempre protegerás a mi nieta Antonella?

—Por supuesto, señor. Se lo prometo. La protegeré aún a costa de mi vida.

—Espero que no sea necesario llegar a tanto hija. Tu vida también es muy valiosa. Solo cuida a mi nieta, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

—Bueno, siga contándome; ¿qué pasó con su padre?

—Está bien, un día mi padre me llamó muy serio a su habitación. Quería tener una charla conmigo. Me dijo que lo que iba a contarme era algo que jamás había querido contarle a nadie. Ni siquiera mi madre lo llegó a saber—:

—<Hijo, tengo que contarte algo delicado, no te voy a pedir que no se lo cuentes a nadie, pero si quiero que sepas que es mi más obscuro secreto que jamás nunca me atreví a contarle a nadie>.

—<Okey papá, dime>.

—<Hace mucho tiempo, cuando era joven y soltero, cometí el peor error de mi vida. Me gustaban las drogas y el alcohol demasiado. También el dinero fácil, y eso me llevó a cometer el peor acto que un hombre puede cometer>.

—<Papá, me estás asustando, ¿de qué acto se trata?>.

—<Pues, verás. Con unos amigos fuimos a la casa de una mujer vieja, que sabíamos que vivía sola y que tenía una buena pensión. El plan era entrar, robarle algunas cosas, unas joyas, algo de dinero y luego irnos a celebrar y comprar alcohol y drogas para seguir la fiesta>.

—<Papá, eso es horrible. ¿Tú, le robaste sus cosas a esa señora?>.

—<No solo eso, hijo, no solo eso>.

—<No entiendo, ¿entonces, pasó algo más, algo peor?> —pregunté con miedo.

—<Así es…>
—Y ahí, me contó lo que ya sabes, Brenda, porque lo viste en tu visión, así que has de saber que uno de esos cinco desalmados ladrones y asesinos, era mi padre. Claramente esto no es ningún motivo de orgullo para mí. No lo fue en su momento, no lo es ahora, ni lo será nunca. Y fue por eso, que ese secreto tampoco se lo conté a mis hijos, ni a mis nietos. Y por algún extraño motivo, algo me impulsó a confiar en ti para contarte este horrible secreto que no me ha dejado vivir tranquilo.

—Pero tiene que estar tranquilo, primero porque su secreto está a salvo conmigo y segundo porque no fue usted el culpable de los actos que haya cometido su padre. Usted ni siquiera nacía.

—Lo sé, no fue mi culpa, pero si del silencio. De eso me culpo. Pienso que si hubiera hablado de esto antes con mis hijos, en lugar de tratar de decirles que «los fantasmas no existen». Unexma los hubiera dejado en paz y ella nunca hubiera terminado molestando a mi pobre Antonella.
Mi padre también me contó que esto -lo de contarme- lo hacía porque Unexma se lo había ordenado. Ella quería que yo supiera de ella, antes de comenzar a aparecer en mi vida. Cosa que empezó a hacer luego de la muerte de mi padre. Mi padre terminó asesinado por un viejito del Hogar de ancianos; que tenía alzheimer y que pensó que mi padre; que le estaba ayudando a comer, era un ladrón que le quería robar su comida y le enterró el cuchillo de cortar carne, en su cuello y mi padre murió desangrado a los pies del viejito. Creo fervientemente que Unexma mucho tuvo que ver con aquella horrible muerte.

—Yo tambien lo creo así —reafirmé.

—Bueno, después de eso, comencé a recibir las visitas nocturnas de Unexma, luego mis hijos y ahora mi nieta Antonella.

—No entiendo una cosa; ¿por qué Unexma no dejó tranquila a su familia, si ya se había vengado de su padre? Es extraño. ¿No lo cree?

—Ahora que lo dices, pues sí, es muy extraño. Es como si le faltara algo.

—O alguien —inquirí.

—Bueno, si lo vemos matemáticamente, los fallecidos fueron cuatro de los cinco asesinos. Claramente faltó uno. Mi padre me dijo que eran cuatro compañeros de curso y otro chico que venía de otro liceo, de otra comuna, la peor comuna de la ciudad.
Me dijo que prácticamente los contrató para que lo acompañen a robar, que les ofrecía quedarse con las joyas y el dinero que allí hubiera, pero que a él solo le interesaban unos cuantos documentos y nada más. Por eso que ellos aceptaron inmediatamente la propuesta. También me dijo que justamente fue esa persona quien terminó asesinando brutal y sanguinariamente a esas dos mujeres. Pero lo que no me negó, fue que fue uno de los que también participó en la violación de aquella chica.

—Entonces, hay un último involucrado. Uno del que Unexma tal vez no se alcanzó a vengar y por eso sigue atormentando y asesinando sin parar a quien se cruce en su camino.

Entonces al abuelo de Antonella le suena su celular; era su hijo que le preguntaba a qué horas regresaría a la casa, que ya iba a anochecer y estaban algo preocupados por él.

Él le respondió que todo estaba bien, que ya pronto llegaría a la casa, y que se quedaran tranquilos. Le dijo -con lágrimas en sus ojos- que lo amaba mucho y también amaba mucho a Antonella, que por favor se lo dijera —Claramente revivir tantas emociones juntas lo tenían bastante conmocionado.
Lo último que escuché antes de que el abuelo cortara la llamada, fue ¿papá, estás bien? No te preocupes, se lo diré. Yo también te amo mucho.
El señor me miró con dulzura y me pidió que si lo acompañaba a la farmacia a comprar unos remedios y que luego nos podríamos ir juntos a casa, que en la esquina nos podemos separar y llegar cada uno por su lado para evitar cualquier sospecha de su nieta.

Le dije que me parecía una buena idea y que con gusto lo acompañaba a la farmacia, así que salimos de la iglesia, no sin antes hacer una última oración y bendecirnos con el agua bendita de la iglesia. Cosa que aproveché para rellenar mi botellita de agua. Por cualquier cosa.

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Capítulo XXXIV

CAPÍTULO 34

…Y se lo pregunté directamente:

—¿Cómo sabe su nombre?

—Brenda, ella me atormentó casi toda mi niñez y una noche dejó con sangre escrito su nombre en la ventana; por eso lo sé.

—Antonella me dijo lo mismo; eso quiere decir que esa es como su carta de presentación, y cuando hace eso, es porque ya decidió que ahí se quedará. La pregunta es; ¿por qué si comenzó con dejarse ver solo por Antonella, pasó a cambiar su forma, su aspecto; también a rasguñar su ventana, dejando su nombre con sangre y cómo llegó a materializarse al grado de asesinar personas?

—Eso es porque ella se alimenta primero de la obscuridad, luego de los miedos, la falta de fe, el pensar en ella; otra cosa que la fortalece es que no crean en su existencia, y por último el que la desafíen. He estudiado mucho sobre este tema y he descubierto cosas que no te imaginas. Pero solo así, logré librarme de esa maldición de demonio llamada Unexma.

—Es muy interesante lo que me cuenta señor, pero por mi parte también he hecho algunas investigaciones y también he descubierto cosas que no se imagina.

—No tengo dudas al respecto, pues tú eres una chica muy lista y valiente. Mi querida nieta me ha hablado mucho sobre ti y me estoy dando cuenta de que no exageró en lo más mínimo.

—Gracias señor, ahora mi pregunta es; ¿por qué necesita hablar conmigo?

—Porque tú, mi querida niña, tuviste una pelea fuerte con Unexma en tu niñez y creo que hasta ahora, ella te sigue molestando y tú tienes bastante valentía. Mi nieta Antonella no tiene esa valentía y por eso Unexma se aprovecha de ella y puedo casi asegurar que por eso mi nieta esta poseída por Unexma y para mí es muy triste y siento impotencia de no poder hacer nada por ella. Por eso quería hablar contigo, mi nieta necesita ayuda y creo que solo tú la puedes ayudar.

Con lo que me acaba de confiar el abuelo de «Anto» me quedé de una sola pieza, ya que no lo imaginaba, quizás lo sospechaba, pero no lo creía. Pero ahora, recordando la vez que hablamos por teléfono y le salió una voz diferente, posiblemente sea una señal de que efectivamente esté poseída por la «patitas de canario». Ahora de que solo yo, la pueda ayudar, no lo sé.
<<Francamente espero que su abuelo esté equivocado>>.

—¡Vaya, me sorprende con lo que me dice, pero, ¿qué lo hace creer eso? De todos modos, ahora lo importante es salvarla de la «patitas de canario».

—¡Ja, ja, ja!, ¡¡“patitas de canario”! Disculpa, no pude evitar la risa, me causó mucha gracia. Pero tienes mucha razón, hay que salvar a mi nieta de las garras de ella, pero como está poseída, en cierta parte, será bastante difícil.

—Mi otra pregunta es; aparte de usted, sus hijos y nietos; ¿a quién más se le aparecía? Algo me contó Antonella, pero prefiero que usted me diga la verdad.

Me miró y sonrió:

—Te contaré, pero tienes que colocar bastante atención.

—No hay problema.

—Supongo que Antonella te contó lo que me hizo a mí.

—Sí, me contó, que lo molestaba en las noches, no lo dejaba tranquilo, hasta llegó a arañarlo y que sus padres no le creían a pesar de las pruebas. Y lo último que me contó, fue que una noche lo dejó tranquilo y usted se durmió plácidamente, pero bien entrada la noche, sintió que se estaba ahogando y cuando abrió los ojos Unexma lo estaba ahorcando con sus propias manos. En su afán de sacársela de encima, botó y rompió la lámpara y debido al estruendo, sus padres entraron a la habitación, la vieron encima de usted y se dieron cuenta que usted decía la verdad. Ella les gruñó y desapareció al mismo tiempo que había hecho que se fuera la luz en toda la casa. Cuando sus padres volvieron a dar la luz, no había rastros de Unexma —esa es la versión que yo conozco.

—¡Vaya, que memoria tienes, muy bien resumido Brenda!
Y así exactamente fue como sucedió.

—Gracias, y también le agradezco mucho su confianza y confirmar su historia con Unexma.

—Bueno, te sigo contando, la verdad no era el único al que Unexma molestaba, claro que ella no fue tan agresiva con las otras personas como lo fue conmigo. Ella se les presentaba en sueños a los hijos de los amigos de mi papá, menos a uno, que vio como Unexma mataba a su padre. Un día treinta de abril, Roberto; que así se llamaba mi amigo, estaba durmiendo, y despertó por el grito de un hombre, se levantó de su cama y fue a mirar por la ventana —su habitación estaba en el segundo piso y daba hacia la calle. Y vio que era su padre que discutía con alguien casi a gritos y mi amigo no entendía por qué no veía a nadie discutir con su padre. Pensaba que su padre estaba borracho o loco y su padre seguía gritando; que no debía nada, que era inocente, y que lo dejaran en paz. Y mi amigo, no salía de su asombro y hasta risa le causaba, pero todo cambió cuando de pronto vio a su padre ser rociado con algún líquido que no pudo distinguir en un principio de qué se trataba, pero no tardó mucho en descubrir lo peor; de la nada salió fuego desde el piso y alcanzó a su padre, el que inmediatamente comenzó a arder, quemándose a lo bonzo frente a sus ojos y Roberto, no alcanzó a hacer nada. Con suerte gritaba, acompañando los gritos desgarradores de su padre, el que danzaba al ritmo de las llamas. Cuando Roberto llegó al lado de su padre, pudo ver que de entre las llamas salió una mujer la que al ver a Roberto, le lanzó un gruñido horrible y se convirtió en un animal como un lobo y se fue corriendo, perdiéndose al doblar la esquina. Roberto quedó en shock y declaró eso a la policía y obviamente no le creyeron. Finalmente, se trastornó y decidieron internarlo en un siquiátrico. Yo alcancé a tener contacto telefónico con él, poco antes del funeral de su padre y nunca olvidé lo que me contó.

—¡Dios mío, que horroroso! Se me va a salir el corazón de la angustia —y no me diga que los otros fueron peores —pregunté, algo asustada.

—Así es, mi niña linda.

—Entonces, en ese tiempo la “patitas de canario”, era muy vengativa —formulé, sorprendida de lo mala que llegó a ser.

—La verdad sí. Bueno, te sigo contando, después pasaron cinco años y una noche, mi amiga Laura soñó que iba con su padre por la calle y que se quedaban mirando un ventanal de un edificio y veía a una mujer espantosa haciéndole señas a su padre y con su dedo del medio le indicaba que mirara hacia arriba, y él, miraba hacia arriba, Laura igual miraba y veía que caía un gran ventanal de vidrio, aterrizando justo sobre su padre, cortándolo en pedazos. Y al día siguiente, a su padre, le pasa ese mismo accidente, falleciendo partido en dos en plena calle, mientras esperaba que llegara la ambulancia. Lo que todo mundo encontró extraño y nadie entendió —solo yo; fue que al lado del charco de sangre, el padre de Laura había escrito con su propia sangre «Unex» y no pudo escribir nada más, porque en ese instante murió. Después pasaron otros cinco años más y Exequiel; que también es mi amigo, soñó que veía a su padre en el trabajo y que luego lo veía pasar por un pasillo a buscar unos planos que se le quedaron en su oficina en el piso 14 del edificio donde trabajaba y cuando iba para allá; escuchó a una mujer llamar a su padre y mi amigo miró y vio a Unexma, luego mira a su padre nuevamente y ve que él se voltea, la ve y sintió el temor de su padre y ella le dice que siempre quiso subir, pasando por encima de quien sea, entonces él se gira rápidamente y se va casi corriendo a su oficina e intenta abrir la puerta y ella larga la risa. Mi amigo vio en su sueño cómo Unexma le decía a su padre que «fue un mal pirata y que tenía que caminar por la borda y saltar del tablón» y ahí, su padre cae de rodillas tan fuerte al piso que se escuchó un crujido y su padre gritaba que se le rompieron sus piernas; pero aún así, lo vio casi levitar hacia la ventana, la que se abrió en el preciso momento que su padre se acercaba contra su voluntad y Unexma le dijo; «grita perra, que aquí nadie te puede escuchar», ahí su padre abrió sus ojos y boca y gritó que «por favor no lo mate, que él no quería lastimarla», y lo último que vio fue a su padre volar desde el piso 14 gritando ¡pieeeeeedaaaad! Unexma se reía y le gritaba que «esperaba que ese marinero supiese nadar, sino sería de agua dulce». Al otro día ocurrió lo mismo que soñó Exequiel. En ese tiempo éramos adolescentes; teníamos unos 15 años y así pasaron…

Lo interrumpí:

—Pasaron cinco años más — afirmé, casi sonriendo-

—Exactamente, pero esta premonición fue distinta, ya que la hija del amigo de mi padre no fue la única que soñó lo que iba a pasarle a su padre. Los demás también soñamos lo mismo, y como te darás cuenta, Unexma te hacía saber en sueños lo que vendría.

Lo miré. Estaba realmente anonadada con todo lo que me contaba. Siento que el abuelito de mi amiga sabe demasiado, tal vez hasta más que yo, y a mí me pasó lo mismo con las muertes de Marcos y Héctor; Unexma me mostraba lo que iba a pasarles. Verdaderamente este demonio supo vengarse.

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Capítulo XXXIII

CAPÍTULO 33

Después de terminar de hablar por celular con Antonella, he quedado anonadada. Unexma hizo vivir el terror con alevosía a la familia de Antonella y a los malditos que le hicieron el mal. Con lo que le hizo a uno, por lo que me contó mi amiga, me imagino la muerte terrible de los otros desgraciados. La buena noticia es que viene el abuelo de Antonella. Tengo que aprovechar esta oportunidad para hablar con él y sacar más información. Ese señor sabe mucho.
Unexma y el otro demonio, están planeando algo, lo presiento. Pero no se saldrán con la suya, me quisieron matar y no pudieron lograr su objetivo, esto me da mucha más fuerza para mi enfrentamiento con ese par, aunque entiendo perfectamente que Unexma no tiene la culpa de ser como es. En el fondo, es una víctima en toda esta historia. Pero el mal ya está hecho y lo que queda es intentar resarcir el error de Alma, porque estoy segura que ella todavía está en Unexma. Algo de aquella chica, debe quedar ahí bajo esa coraza demoníaca, y tengo que liberarla de alguna manera. La pregunta es, cómo. Creo que voy a descansar y mañana de seguro hablaré con el abuelito de Antonella y será bastante extendido, pero trataré de que no hablemos en la casa de mi amiga sino en otro lugar, quizás en una iglesia. Sí, creo que es el lugar ideal. Bueno, por lo pronto, me voy a relajar y luego a almorzar para reponer energías, ya que mi lindo novio me invitó al cine, así que pienso abstraerme de pensar en la realidad y me toca disfrutar de la fantasía y magia del séptimo arte.

Después de almuerzo, salí con mi novio de paseo y nos fuimos al cine, vimos una película de terror que está de moda, yo no le encontré nada de miedo, son solamente efectos especiales, maquillajes y la música que da ese miedo en la escena precisa, en cambio, Bastián estaba muerto de miedo, ¡que cobarde es mi novio!, más encima se cree todo. Pero es muy divertido verlo así de asustado, fingiendo que no lo está. Después de ver la película, nos fuimos a comer unos ricos sushis y llegué bastante tarde a la casa, pues me fui a un motel con mi novio e hicimos el amor locamente y me saqué todo el estrés que tenía y él quedó feliz y yo relajada. En el fondo, lo necesitaba. Sentí que me había liberado de un gran peso.

Al otro día que me levanté a tomar desayuno, mi linda madre me contó que había llegado mi amiga del alma, me vino a ver y como yo no estaba, se fue, pero nos invitaron a almorzar allá y por fin voy a conocer al famoso abuelito de mi amiga. Después de almorzar, Antonella me pidió que le fuera a buscar su celular a su habitación y yo fui, subí al segundo piso y sentí potentes las malas energías. Se me había olvidado que ese demonio está en aquella habitación sellada y seguramente Unexma también. Fui rápidamente a la habitación de mi amiga, tomé su celular y salí. Cuando ya iba caminando por el pasillo y quedé cerca de aquel cuarto sellado, me detuve frente a la puerta y lo miré de frente por un buen rato, las energías se hacían más fuertes, era inevitable sentirlo, quería entrar pero algo me contenía y mejor me fui de ahí. Bajé al primer piso, fui al comedor y le pasé el móvil a mi amiga. Luego veo que el abuelito de Antonella se dirigió a la cocina, los demás seguían conversando sin darse cuenta de nada, me fui a la cocina y ahí estaba parado el abuelo:

—Brenda, te estaba esperando —dijo – y yo, quedé muy perpleja.

—¿A mí? ¿Y por qué me esperaba?

—Me gustaría hablar contigo, pero no acá en la casa.

—Claro, no hay problema, y ¿dónde quiere que nos juntemos? —pregunté.

—En la Iglesia que está a cuatro cuadras de acá. Espero que no te incomode.

—No creo que me incomode, de hecho, yo había pensado lo mismo. Que conversemos en la iglesia. Creo que es una buena coincidencia. Bueno, nos vemos allá en una hora. ¿Le parece?

—Me parece muy bien, en una hora más nos vemos — confirmó, y salió de la cocina.

La verdad encuentro todo muy extraño, que las cosas se estén dando «a pedir de boca»; debería estar agradecida, pero soy muy desconfiada y es algo que no puedo evitar. Pero es mejor que mi amiga no se entere, pues querría acompañarme y eso sería muy peligroso para ella, y yo, juré protegerla. Ya estando en mi casa después del rico almuerzo que preparó la tía Florencia, le dije a mi mamá que saldría y que volvería temprano. Mi amiga me llamó por celular para preguntarme si salíamos un rato, le dije que tenía que hacer un trámite con Bastián, y que volvería temprano. Cuando me desocupara, la llamaría para vernos. Claro, le mentí, diciendo que iba a salir con mi novio, pero es una mentira piadosa. <<No quiero que sepa que me voy a juntar con su abuelo>>. Entonces, me dijo que estaba bien, que cuando llegara, le avisara y saliéramos un rato. Y en eso quedamos.
Después de cortar, me puse a pensar en voz alta:

—Que chistoso, dije una mentirilla a mi amiga para que no piense que tengo un amante por ahí. Ja, ja, ja.

Entonces, me fui al encuentro con el abuelo de mi amiga, le dije a mi mamá que me iba a reunir con unos amigos y que volvería temprano. Salí de mi casa, me dio por mirar a la casa de Antonella; tenía el presentimiento que ella estaba afuera y la verdad no me equivoqué; estaba ahí parada y me hizo señas, y yo igual a ella. Le grité que después nos veríamos para salir y me dijo que sí, me di la vuelta y no hay que ser tonta para no darse cuenta que vio salir a su abuelito y de seguro que se despidió de él, y para no despertar sospechas, bajé una cuadra al contrario del camino hacia la iglesia, y doblé a la esquina. Claro, me va a quedar un poco más retirado el camino a la iglesia, pero es mejor así; aunque siento que me miran. Entonces, se me ocurrió sacar un pequeño espejo para mirarme por si acaso se me había corrido el maquillaje y lo muevo un poco para espiar hacia atrás, y no pude creerlo; estaba Antonella mirándome fijamente y obviamente que no era ella; o era Unexma o era el otro demonio. ¡Qué rapidez para llegar donde estoy yo ahora!
Se me ocurrió la idea de devolverme y hacer como que no la había visto antes y en el encuentro casual, preguntarle hacia dónde va. Justo voy cruzando a la vereda del frente para hacer lo que había pensado, cuando de pronto, veo que aparece un bus bien lento, doblando la esquina y veo que Antonella lo mira fijamente y me dio por mirar nuevamente a la esquina donde venía aquel bus y se acerca justo donde estoy y de pronto acelera a toda marcha directo hacia mí. Y por fortuna y buenos reflejos, alcancé a subir de un salto a la vereda rodando por el piso y el bus pasó de largo a esa gran velocidad, hasta parar en la esquina de una frenada brusca. Luego se baja el chofer todo preocupado y se acerca a mí:

—Señorita, ¿se encuentra bien?

—Sí, pero tenga cuidado para manejar, por poco me atropella —alegué, un poco molesta y asustada.

—Lo siento, ni yo sé qué pasó, el manubrio de pronto se trabó, y no podía controlarlo y se fue directo donde estaba usted y sentí el pie del acelerador muy pesado, como si fuera de metal o algo así y por eso de la nada se aceleró el bus. Yo sé que no me va a creer, pero es la verdad, señorita. Pero, ¿está segura que está usted bien? ¿Puedo hacer algo por usted? No lo sé, la llevo al hospital o a su casa —ofreció, afligido el chófer.

—No se preocupe, solo me magullé un poco la rodilla y rasgué mis jeans, pero ahora parece que estoy a la moda. De verdad, no se preocupe.

—Me siento tan mal. Esto nunca me había pasado en los años que llevo conduciendo, nunca he tenido un accidente ni una infracción siquiera. Tenga, le dejo mi tarjeta por cualquier cosa que necesite; traslado de urgencia, un viaje especial, turismo, lo que sea. Mi bus queda a su disposición. Una vez más, me disculpo y creo que por hoy ya conduje demasiado. Me iré a la casa a descansar un poco. Ya sabe, cualquier cosa me llama. Ahí está mi nombre; Lino Reyes. ¡Adiós, señorita…? Disculpe, no me sé su nombre.

—Brenda, me llamo Brenda. Muchas gracias por todo y guardaré su tarjeta por cualquier cosa. ¡Gracias!

El chófer se volvió a subir a su máquina, la echó a andar y siguió su rumbo. Mientras yo veía alejarse el bus hasta perderse en las calles, me recordé de la supuesta Antonella, así que la busqué con la mirada, pero se había esfumado.

Entonces, me di cuenta de que esto se trató de alguna advertencia de Unexma o del otro demonio:

Antonella se desapareció en los pocos segundos que el bus casi me atropella. Claramente es una advertencia, pero eso no significa que me detendré. Así, que seguí mi camino rumbo a la iglesia.
<<Ya te voy a vencer «patitas de canario»>>.

Por fin llegué a la iglesia, después de caminar unas cuadras más y como en Santiago las cuadras son largas y más encima, con este calor; llegué con la lengua afuera. Entré a la iglesia y vi al abuelo de mi amiga rezando cerca de la imagen de Cristo. Me acerqué y me puse a su lado:

—Le pido disculpas por la demora, pero me pasó un pequeño percance —me excusé.

—No te preocupes hija, sé que Unexma no quería que nos juntáramos. Dime una cosa, ¿mi nieta te vio salir de tu casa?

—La verdad es que sí y nos despedimos de señas.

—Y luego de eso, ¿ella te siguió?

—Pues, al parecer sí. La vi detrás de mí.

—¿Hablaron?

—No, ella después se fue.

—¿Antes o después de intentar evitar que llegaras? Porque creo que esa no era mi nieta, ¡era Unexma!

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Capítulo XXXII

Capítulo 32

No me di ni cuenta y Unexma con una rapidez toma mi cintura y me tira sobre la cama y sujeta mis brazos, entonces la mamá demonio se sienta encima de mí y dice:

—Ahora desde tu boca sacaré tu corazón con mi lengua y será tu fin —me dijo sonriendo demoníacamente.

Entonces sacó de su boca una lengua larga, yo la miraba con horror, también luchaba y movía mi cuerpo para que ese demonio no se saliera con la suya, pero Unexma tenía una fuerza fenomenal, pues sujetaba bien mis muñecas con fuerza y me dolían, luego Abrahel con su mano agarró mi cara y con la otra mano trataba de abrir mi boca y cuando pudo abrió una boca enorme y sacó una lengua larga, delgada y filosa; su lengua entró con rapidez dentro de mi boca y sentía que bajaba por mi faringe, por mi epiglotis, por mi laringe, después por mi tráquea hasta que por fin sentí que llegó a mi corazón y sentí que apretaba mi corazón y sentí un inmenso dolor, grité y cerré mis ojos y fue como un shock eléctrico que me lanzó con fuerzas hacia atrás, algo parecido a una frenada muy brusca. La sensación fue tan fuerte que casi me quebró el cuello. Luego abrí los ojos de un solo parpadeo y me di cuenta que estaba nuevamente en mi habitación, estaba sudada por completa, sentía un dolor en mi pecho y en el cuello, además estaba muy muy cansada. Tenía un vaso con agua y me lo tomé todo, la verdad estuvo bastante cerca mi muerte por así decirlo y bastante dolorosa y me dije:

—Brenda de la que te salvaste, esos demonios son poderosos.

Me sentía muy agitada y muy shockeada, la verdad no sé cómo lucharé contra estos demonios.

***

¡Dios! Qué terrible pesadilla he tenido, vi a Unexma y a otra mujer parecida a ella queriendo matar a mi amiga Brenda en una fría habitación. Todo es tan raro, el sueño parecía tan real, no puedo estar tranquila, creo que lo que tengo que hacer es llamar a mi amiga para estar tranquila. Tomé mi celular y marqué el número de Brenda, se demoró en contestarme y eso me preocupó un poco, pero al final contestó:

—¿Aló? Por fin amiga, contestaste —dije.

—Hola amiga, disculpa me había quedado dormida.

—Estoy que te creo eso.

—¿Por qué lo dices? — preguntó.

—Por tu respiración Brenda, te escucho agitada.

—¡Ja,ja,ja! Es que estaba soñando que corría una maratón, amiga.

—¿Segura? ¿Estás bien?

—Segura, Antonella, además ¿Por qué tantas preguntas?

—No te voy a mentir, lo que pasa es que tuve un sueño espantoso contigo y quedé bastante preocupada.

—¿Ya? Me lo tienes que contar —exigió Brenda.

—Cuando llegue a la casa te voy a ir a ver y te lo cuento.

—No seas mala, amiga. Cuéntamelo ahora. Tú sabes lo curiosa que soy.

—Brenda, no recuerdas que la curiosidad mató al gato — afirmé con una voz ronca que ni yo conocía que fuera mía.

—Antonella ¿Estás… estás ahí? —preguntó muy nerviosa Brenda.

—Sí amiga, disculpa, de repente me salió ronca mi voz, no quise asustarte. El aire de Valparaíso al parecer me está pasando la factura.

—No te preocupes amiga y me alegro que seas tú.

—¿Qué acaso piensas que soy Unexma? Ja,ja,ja.

—¡Ni Dios lo quiera! Tú eres muy pura y buena amiga, no tienes comparación con la cara con hoyos andante.

—¡Ja,ja,ja! Eso es lo que crees Brenda —afirmé nuevamente con esa voz ronca <<me llega a asustar esta voz>>.

—Me tengo que ir Antonella. Nos vemos cuando llegues —se despidió seria, Brenda.

—Okey, Brenda, nos vemos cuando llegue. Adiós amiga.

—Adiós amiga.

Me extraño el cambio que tuvo Brenda, tan seria y ella no es así, algo está pasando y creo que voy averiguar, estaba pensando en eso cuando de repente apareció mi abuelo y me miró muy preocupado:

—Abuelo ¿Te pasa algo?

—Disculpa hija, pero escuché una voz ronca acá y pensaba que estabas con alguien.

—¡Vaya! Parece que no te agradó esa voz, por la expresión de tu cara. Pero esa voz era la mía, después de rspirar tanto aire porteño abuelo, sin querer me puse ronca.

—Disculpa hija, pero esa no era tu voz. Podría jurar que la he oído antes. Por eso vine a ver con quién estabas.

—Como ves abuelo, no estoy con nadie ¿Qué pasa abuelo?

—Nada hija, no te preocupes.

—En serio, era yo.

Me miró, sonrió y se fue, pero tenía una mirada extraña y eso me dejó inquieta. Mi voz ronca le habrá hecho recordar algo que le incomodó, creo que le voy a preguntar, no me quiero quedar con esta preocupación. Entonces salí de mi habitación y fui donde mi abuelito, fui a su cuarto, golpeé la puerta, no me contestó nadie, entré y en realidad no estaba, recorrí toda la casa y era como si se lo hubiera tragado la tierra y al final me fui al patio y ahí lo encontré, sentado en una silla leyendo el periódico. Al principio sentí un poco de temor ir a hablar con él, quizás no debería, pero al final me decidí a hacerlo. Me armé de valor y me acerqué:

—Abuelito, me gustaría hablar contigo.

—¡Claro hijita!.

—Okey, dame un minuto.
Entonces fui a buscar una silla en la cocina y me senté cerca de mi abuelito, me sentía nerviosa y avergonzada, pues le había prometido a mi tía de no contarle nada mi abuelo, pero estoy demasiada inquieta y tengo que saber lo de ese fantasma que se les aparecía a mi padre y a mi tía e inclusive a mi abuelito:

—Bueno abuelito, tengo que ser sincera contigo. Me dejaste bastante inquieta cuando apareciste en la habitación y preguntando quién estaba conmigo por la voz ronca y yo te contesté que era yo, pero tu cara decía otra cosa.

—Antonella hija, ya te dije que no pasaba nada. Para qué seguir con lo mismo.

—Es que…es… es que no te puedo mentir, la otra noche escuché hablar a mi tía, con el tío y mis padres.

—Hija, espiando conversaciones es muy feo —se puso muy serio.

—Abuelito, yo no soy así, fue sin querer. Los escuché a la pasada, pues yo iba a la cocina a comer algo y cuando los escuché conversar no pude ir para allá, pues esa conversación llamó demasiada mi atención.

—Hablaban de una mujer fantasma que se les aparecía cuando eran niños y después también se les aparecía cuando eran adolescentes.

—Apuesto que fue tu tía Carla que empezó con la historia.

—La verdad sí, abuelito, y yo conversé con ella y me contó lo de esa horrible mujer.

—Tu tía, cuándo cerrará esa boca. No cambia para nada —refunfuñó algo molesto.

—Además, supe que tú también pasaste por eso y quería que me contaras.

—Hablaré seriamente con tu tía, no quiero que te meta cosas en la cabeza —dijo mi abuelo muy enojado.

—¡No abuelito! Yo le prometí que no te iba a decir, tienes que enojarte conmigo. Me atreví a hacerlo porque vi la expresión de tu cara. Además, esa mujer también se me apareció a mí.

—¿Qué dices?

—Es la verdad, abuelito. Esa horrible mujer me espantó por casi toda mi niñez, se me aparecía de diferentes maneras y lo peor es que yo solamente la veía, pues mis padres no la veían.

—Mi Antonella, hijita no sé qué decir.

—Solamente hubo una persona que la vio, la enfrentó y casi murió —le conté.

—¿Quién es esa persona?

—Mi amiga Brenda.

—¿Tú mejor amiga? la que vive cerca de tu casa. Tus padres me hablaron de ella y de sus padres. Dicen que se llevan de maravilla y que Brenda llegó en el momento preciso y se hicieron muy buenas amigas desde niñas. Y ¿Cómo eso de que la vio y la enfrentó?

—No sé, siempre he creído desde que la conocí, que ella tenía o tiene mejor dicho, un don especial. Ella no le tenía miedo a pesar del horrible aspecto que esa mujer tenía. Brenda no le tenía miedo, la enfrentaba cada vez que se nos aparecía y la última vez que se enfrentaron fue en mi casa, ya que yo fui a la casa de Brenda para que termináramos nuestras tareas y justo se me quedó el cuaderno en casa, entonces ella fue a buscarlo sola a la casa y ahí tuvieron su enfrentamiento y al final mi amiga ganó. Y éramos niñas abuelito. Ella siempre me ha dicho que me va a proteger de esa horrible mujer.

—¡Qué valiente niña y que buena es contigo!, debe quererte mucho, hija.

—Entonces abuelito, cuéntame, ¿Por qué los atormentaba? ¿Y por qué a mí, me sigue molestando?

—Antonella, solo te lo voy a contar una vez y después no me preguntes nada más. ¿Entendido?

—Sí, abuelito.

—A mí, se me aparecía cuando era muy niño y no sólo eran apariciones, no me dejaba dormir me destapaba, me gruñía, me decía que yo tenía que pagar todo lo que le hicieron y como te darás cuenta yo era un niño y no entendía nada. A veces me arañaba la espalda, los brazos y piernas. Esa cosa no me dejaba vivir. Le tenía un terror único, hacía escándalo para no ir a dormir. Mis padres no me creían y eso que les mostraba mis arañazos y pensaban que me los hacía yo, ellos eran muy estrictos, y no me dejaban dormir con ellos, a pesar de mis berrinches y al final me llevaron a un psicólogo, ni él me creía, pensaba que era algo mental, me dieron pastillas para que durmiera en las noches. Ni eso me hacía efecto, ella no me dejaba tranquilo, hasta que una noche no apareció a la hora de costumbre, miraba para todos lados por si aparecía y nada. Entonces me calmé y me dije que por fin me iba a dejar tranquilo y al final me dormí. De pronto sentía que no podía respirar, abrí mis ojos y veo que esa horrible mujer me tenía agarrado del cuello, les salían esos asquerosos gusanos por esos hoyos en su cara y veía esos ojos rojos y esa sonrisa diabólica. Te juro que pensé que era mi fin, ya no podía respirar y luego sentí abrir la puerta de mi habitación y vi como pude que eran mis padres y ellos estaban pálidos de ver a aquella cosa. De pronto me soltó, caminó y su caminar parecía de un muerto viviente y le sonaba todo su cuerpo como si sus huesos se fueran a quebrar. Y desapareció y no la volví a ver nunca más.

—¡Qué horrible, abuelo!

—Fue un tormento, después me casé, tuvimos a nuestros hijos y después los atormentó a ellos.

—Pero, nunca se preguntaron, por qué pasaba eso.

—Muchas veces me lo pregunté. Incluso supe que a algunos amigos de mi papá se les aparecía también y uno tuvo una muerte horrible. Dicen que el hijo vio que una sombra seguía a su padre y no sabe cómo, lo roció con un combustible y de la nada apareció un fuego y se prendió quemándolo a lo bonzo, y el hijo vio todo eso y se traumó. Estuvo internado en un siquiátrico. La verdad ya no quiero recordar, hay demasiada historia sobre esto —suspiró, mi abuelo muy triste.

—Lo siento, abuelito.

—Antes que todo, se me olvidaba que voy a Santiago con ustedes por dos días —me avisó mi abuelito.

—¡Qué bueno, me alegro mucho! —me puse muy contenta.

—Bueno, te voy a seguir contando. Después de eso…

De pronto, nos interrumpieron. Era mi mamá, para avisarnos que estaba listo el almuerzo y que fuéramos o nos quedábamos abajo de la mesa. Nos miramos con mi abuelito y preferimos ir a almorzar, nuestro estómago lo pedía. Pero después, voy hacer una llamada a mi amiga Brenda y contarle esta historia lo más resumida posible, así que al terminar de comer esas ricas pancutras hechas a mano por mi madre. Di las gracias, me levanté de la mesa, lavé mi plato y mi vaso y me fui directo a la habitación para hablar con Brenda.

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Capítulo XXXI

CAPÍTULO 31

Menos mal que cuando me levanté temprano ayer domingo y entré al antejardín de la casa de mi amiga Antonella, no sentí ninguna mala vibra, pero aún así, no podía entrar a su casa, algo me lo impedía, creo que era un aviso o una señal, algo así. De igual manera rodeé la casa de mi amiga para ver si había algo o alguien que emanara una presencia negativa o mala vibra, y no sentía nada. Así que regresé a la puerta y al acercarme sentí un rechazo nuevamente, pero no de miedo, era un haz de luz que me cegaba por breves segundos y luego me permitía volver a ver, pero volvía a enceguecerme cada vez que me acercaba a la puerta. Así que decidí mejor regresar a mi casa, no sin antes tocar con mi mano la manilla de la puerta, como si quisiera llevarme algo de esa energía conmigo.
Salí de la casa de mi amiga y me fui a mi casa. Menos mal que mis padres no se han dado cuenta —igual aún es muy temprano —pensé.
Entré silenciosamente a la casa y sentí unas voces en la cocina, fui a mirar y eran mis padres conversando, entonces me fui a mi habitación, subí muy despacio las escaleras y me fui a mi cuarto, me senté en mi cama y traté de concentrarme, recuerdo que cuando era niña podía ver toda mi casa desde mi habitación tan solo con cerrar los ojos y pensar en ello. Podía caminar por toda la casa, y era ahí cuando veía más personas deambulando como yo, pero nos mirábamos y seguíamos nuestro camino. Una sola vez un señor muy pequeño se me acercó y a medida que se me acercaba su tamaño cambiaba, iba creciendo a cada paso que daba. Eso al principio me daba risa, pero ya cuando casi estaba frente a mí, su cara salía por todas partes de su cuerpo, era como si él mismo se hubiera comido a un montón de sus propios clones y ahora estos se retorcían en el interior de su cuerpo y gritaban sonidos guturales e ininteligibles. Eso me asustó mucho y de un solo grito, volví a estar en mi habitación. Me juré a mí misma nunca más intentar jugar a «pasear por la casa», pero esta vez es distinto. Soy más grande y sé lo que hago, además quiero probar si todavía puedo hacerlo; y si además logro salir de mi casa y así entrar a la casa de Antonella para ir a esa habitación prohibida.
Confieso que me asusta un poco hacerlo, pero no tengo otra forma de entrar. Así que <<cierra los ojos y concéntrate, Brenda>>
Los segundos pasan, luego los minutos y nada. Todavía escucho el tic tac de mi reloj de pared. Al parecer ya no funciona mi «poder de concentración» —estoy oxidada. Volví a intentar concentrarme sin abrir todavía los ojos, pero no pude nuevamente, me siento un poco perdida, trataré de concentrarme otra vez, en la tarde o mañana. Al final lo dejé para hoy lunes, tengo tiempo antes de que llegue mi amiga, así que me dije:

—Brenda, prepárate, respira hondo y concéntrate.

Entonces me hice caso y ahora sí me sentí preparada, respiré hondo, cerré mis ojos y me concentré, al principio me costó nuevamente, pero al final lo logré, me pude ver recostada mirando el techo y salí de mi habitación y miré hacia la habitación de mis padres. La puerta de la habitación de mis padres estaba abierta y ellos estaban acostados, durmiendo todavía. <<Perfecto>> —pensé.
Me dirigí a las escaleras y comencé a descender lentamente. Mientras lo hacía miraba hacia la sala y vi otras personas deambulando y algunos sentados hacia la pared para dejar el libre tránsito de los demás. Fue igual que antes, ellos solo miraban y no se acercaban ni hablaban. Llegué a la sala y crucé hasta la cocina y miré y allí estaban mis padres hablando y me miraron y sonrieron, pero no me dijeron nada. Seguí de largo por el pasillo que da a la puerta de salida y la abrí y salí. Dudaba si podría abrir la puerta, pero no me costó nada. Ya en la calle, me sentí muy cansada. Nunca había salido de la casa en esta condición, pero no podía parar, esta era la última oportunidad que tenía para volver a esa habitación prohibida.
Llegué a la casa de Antonella y la reja estaba abierta, lo mismo que la puerta.

—¿Habrá llegado antes, mi amiga?

Había una sola forma de averiguarlo y era entrando a la casa, lo cual hice y comencé a mirar a todos lados por si veía a alguien, pero no había nadie. <<¿Se me habrá quedado todo abierto ayer?>> —menos mal que no entró un ladrón.

No le di mayor importancia, ya que al parecer no faltaba nada, así que me encaminé hacia la habitación sellada y nuevamente esa luz enceguecedora me dejó ciega. Tuve que cerrar fuerte los ojos y cuando abrí mis ojos seguía dentro de la casa de Antonella, pero en la cocina. Salí de ahí y fui al segundo piso, me fui directamente a la habitación sellada, iba con temor de que me agarrara de sorpresa la mamá demonio de Unexma o Unexma, en todo caso iba bien en alerta y mirando para todos lados. Llegué a la habitación, tomé la manilla de la puerta y la abrí con los ojos cerrados —por si acaso. Entré y esta habitación realmente huele a desgracia y mucha tristeza, como también se siente bastante energía negativa. Me senté en la cama, pero me sentía intranquila de que apareciera de improviso la «patitas de canario» o la mamá de Alma endemoniada. Me hice la valiente, volví a cerrar mis ojos, respiré fuerte y me concentré nuevamente, sentí muy dura en mi cuerpo esta segunda separación, quedé muy débil. Sentía como si me hubieran sacado un montón de sangre. Tenía hasta los labios secos y a ratos veía algo borroso. Cuando abrí mis ojos, me di cuenta por qué me sentía tan débil —había regresado a ese feo pasado.
Estaba en la parte donde esos infelices iban subiendo por las escaleras amenazando a la mamá de Alma; y de pronto me di cuenta que detrás de ellos venían unos cincos individuos horrorosos, pero eran sombras, y solamente yo las podía ver, venían sonriendo diabólicamente. Tengo que ser sincera, son tan espantosos que me llegan a dar miedo, son como unas gárgolas o parecido a eso. Cerré mis ojos nuevamente por unos segundos y los volví a abrir; y ahora estaba en la habitación y estaban consumando la violación salvaje contra Alma, y miro a todos lados y no veo a esos demonios y luego me da por mirar al techo y ahí los veo mirando morbosamente y diabólicamente aquella asquerosa escena. Yo no podía dejar de mirarlos a pesar de escuchar los gritos desgarradores de Alma y luego sentí un golpe, dejé de mirarlos y vi nuevamente cuando el tipo le entierra el cuchillo en el pecho a la señora y ella cae moribunda a la cama mirando hacia el techo y se da cuenta de estos malditos demonios y los escucho decirle a ella:

—Ahora cuando mueras entraremos en ti y ocuparemos a tu hija para nuestros planes. Nosotros somos cinco demonios y nos transformaremos en uno solo, ahora míranos —le ordenaron.

Yo seguía mirándolos y de a poco se empezaron a unir y era verdad, se volvieron en uno solo.
Cómo describirlo; todo gris como una estatua, con esos malditos ojos rojos, con cachos, orejas puntiagudas, pómulos sobresalidos, manos largas y uñas afiladas, piernas cortas y dobladas como de animal y de su boca corría sangre, la verdad es horrible y me tiene muy asustada. ¡No sé cómo me pude meter en esto!
Y luego dijo aquel demonio:

—Ahora viste nuestra transformación. ¡Yo, me llamo “ABRAHEL”!
Bueno, Mariela Ivonne, porque así te llamas y sé que tienes un alma negra, además dentro de tu ser pides venganza a gritos. Bueno, ahora entraré en ti.

Entonces la señora Mariela Ivonne, dio su último suspiro, cerró sus ojos y murió. Los tipos que hicieron este mal se fueron de la habitación y ahí tirada, sangrando, al lado de su perrito muerto, estaba Alma, balbuceando la venganza que deseaba y miro a la señora Mariela Ivonne, que de pronto abre sus ojos, sonríe feamente y se levanta, pues ese demonio quería escuchar las palabras precisas y justo Alma se las dio. Entonces volví a cerrar mis ojos y cuando los abrí, ya estaba en la habitación, sola de nuevo, luego sentí un portazo a la puerta y cuando miro no podía creer lo que veían mis ojos, eran Unexma y la mamá demonio, que me miraban diabólicamente:

—Este es tu fin, Brenda —anunció, Unexma.

—¡Gracias por abrir el portal, sabía que tu curiosidad haría este milagro! Eres bastante tonta si piensas que nos destruirás —vociferó, Abrahel.

—¡Yo, buscaré la forma de destruirlos!
Así como cometí el error de abrir este portal, tendré las fuerzas necesarias para devolverlos a donde pertenecen, aún a costa de mi vida —les grité parándome de la cama.

—Bueno, atenderemos tu pedido niña estúpida —gritó, la mamá demonio.

Unexma – Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
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Capítulo 30

CAPÍTULO 30

…Cerré mis ojos y sentí que ya esas lenguas no tenían la fuerza de sostener mis muñecas, se debilitaban y por fin me soltaron. Cuando abrí mis ojos, ya no había nada. No estaban Marcos ni Héctor, ni esos malditos demonios zombies. Todo había vuelto a la normalidad. Lo bueno es que en este barrio no camina mucha gente; parece un barrio desierto. Me levanté, me sentía un poco mareada, respiré profundamente y agradecí a aquél anciano por darme su voz de aliento, ya que devolvió mi fe y pude luchar contra esos malditos endemoniados zombies y sobre todo, salvar mi vida. Cuando caminé unos pasos para irme a mi casita hermosa, miré la casa de Antonella y no podía creer quien estaba detrás de la reja del antejardín; era la madre de Unexma, pero no la señora, sino la mamá demonio. Me miró con una cara desafiante y la verdad tengo unas ganas de enfrentarme a ella, pero siento que ahora sí, moriría si lo hago, ya que no tengo las fuerzas que necesito, estoy muy débil. Tengo el presentimiento que ella o ellos son más poderosos que los chicos que murieron por causa de Unexma. Quizás no debí haber entrado a aquella habitación que estaba sellada. Creo que abrí un portal y salió algo que no debió salir, como me dijo el anciano. Pero ya está hecho y tengo que asumir las consecuencias de mi curiosidad. Está bien dicho ese refrán “la curiosidad mató al gato” y la verdad que es así.

Me armé de valor y seguí caminando hacia donde estaba aquella alma en pena, quedé frente a frente con ella y solamente nos separaba la reja, aquella mujer me miraba con risa burlona, entonces le dije:

—En su momento nos volveremos a ver y te aseguro que no te saldrás con la tuya. Sé quien eres y no te tengo miedo. Mi fe es más poderosa que tu maldad.

Ella solamente me miraba y sonreía diabólicamente,

—Tú, no sabes a lo que te enfrentas. Por esta vez, te perdonaré la vida porque quiero verte sufrir y suplicar por tu miserable vida —ja, ja, ja.

No supe si contestar, así que preferí guardar silencio y pensar que el que ríe último, ríe mejor. Al final no dije ninguna palabra y me fui de ahí. Creo que se me viene una batalla muy dura.

Al otro día sentía mi cuerpo totalmente molido, sentía escalofríos, pero igual me levanté, sentía que tenía un poco de fiebre. Me fui a la cocina y mi mamá cuando me vio, me tocó la frente y dijo que tenía mucha fiebre y que mejor me fuera a acostar, le hice caso, salí de la cocina y me fui al segundo piso hacia mi habitación, me acosté y me volví a quedar dormida. Mi mamá me despertó, me trajo un caldo de pollo bien calientito y unas pastillas con un vaso de agua, ese caldo estaba bastante rico; es que mi mamá es una gran cocinera. Me tomé todo el caldito, lo mismo hice con las pastillas con el vaso de agua y me volví a quedar dormida. Desperté de pronto y ya me sentía mejor, luego apareció mi mamita en mi habitación, me tocó mi frente y dijo que ya había bajado la fiebre, pero igual me dijo que estuviera en cama y me contó que vino mi novio a verme. Ella le dijo que yo estaba durmiendo, pues me había levantado con fiebre, entonces Bastián dijo que me llamaría en la noche para saber cómo estaba de salud. Al final le hice caso a mi hermosa madre y me quedé en cama. <<Adoro como es mi mamita conmigo, me hace sentir una bebita consentida. Sobre todo cuando me enfermo>>. Estuve casi toda la tarde viendo mi facebook y conversando con mis amigos, al rato me llamó mi amiga Antonella y le conté que me había enfermado, pero que ya me sentía mejor. Me dijo que apenas llegue a la casa me vendría a ver. Nos despedimos y seguí chateando por facebook, hasta que el final me despedí de todos y apagué mi notebook. Me puse a ver un rato televisión y estaban dando un programa de situaciones divertidas de animales, me reí tanto que me dolía el estómago, hasta se me cayeron las lágrimas de tanto reír. Después de que terminó el programa, apagué la televisión, me levanté y me fui a buscar un vaso de jugo, pues tenía mucha sed, salí de mi habitación, bajé al primer piso y me fui directo a la cocina, mis padres estaban ahí:

—¿Ya te sientes mejor hija? —preguntó mi madre.

–Sí mamita.

—Pero igual te tienes que cuidar mi niña hermosa, mira que la gripe de verano es la peor —advirtió, papá.

—Sí papito, lo sé. Lo que pasa es que me dio mucha sed y vine a buscar un vaso de jugo —y saqué un vaso, fui a la nevera y saqué el jarro con jugo.

—Menos mal que hace poco puse el jarro con jugo en la nevera —replicó, mamá.

—Ya me di cuenta con el sorbo que le dí. Además ya sabes mamá que me gusta bien helado el jugo.

—Le gustará muy helado señorita, pero se tiene que cuidar, así que suba a su habitación a acostarse —me ordenó, papá.

—Okey, pero me llevo mi juguito.

—Bueno hija, luego te llevo algo para comer —afirmó, mi linda madre.

—¡Awww! Gracias por alimentar a tu preciosa hija, que se merece lo mejor. Bueno voy a mi habitación.

Entonces les di un beso a cada uno y salí de la cocina, pero no sé por qué me dio que tenía que mirar hacia la calle y justo en la sala hay una ventana que da hacia la calle, dejé mi vaso en la mesita que está al lado de la ventana y miré hacia la calle y no podía creer quién estaba cerca de mi casa, y creo que mi casa está bien protegida, ya que no puede entrar y la veo como una leona enjaulada tratando de atrapar a su presa, o sea a mí. Ahí seguía la mamá demonio esperando que yo salga, “pero te quedarás con las ganas”, ni loca salgo, me enfermo peor por tu culpa y después me atrapas y eso sería trampa porque estoy enfermita y como yo no soy tonta, no salgo». Entonces le hice una linda señal con mi dedo del medio y dejé de mirar la ventana y me fui con mi juguito a mi habitación del segundo piso.
¡Lo que quería la vejestorio andante! <<Momento, pero eso significa que no puedo ir a la casa de Antonella, sería muy peligroso ir allá>>, tendré que concentrarme el doble acá en mi casa y saber cómo llegó esa bruja y tomó a la mamá de Alma y la convirtió en esa cosa fea también, ya que esa señora estaba muerta en el momento del pacto de Alma. Algo tiene preocupado a este demonio y no lo tiene tranquilo ¿Qué será? A la casa de mi amiga no puedo ir, y como dije antes, tendré que concentrarme el doble, trataré de hacerlo hoy o sino mañana, tengo que tener bastante información y pasado mañana llega mi amiga de su viaje de fin de semana. Ya en mi habitación, me senté en mi cama y bebí casi la mitad de mi jugo de un solo trago. Entonces respiré fuertemente, cerré mis ojos y me concentré —la verdad se hace difícil poder llegar a mi objetivo, me llega a doler más la cabeza, creo que mejor mañana cuando me levante, iré a la casa de mi amiga, pero primero sacaré la llave y entraré al antejardín y sacaré algo de la casa para que me ayude y poder concentrarme al máximo. Lo que sí, tengo que ser muy cautelosa, tendría que ir muy temprano en la mañana. Me paré y fui a la habitación de mis padres y saqué las llaves, sólo espero que mi mamá no se dé cuenta. Salí del cuarto de mis padres con mucha cautela y me fui a mi habitación, puse la alarma de mi celular como a las seis de la mañana. Creo que esa es buena hora.

«Antonella»

Llegamos a la casa de los abuelos y para sorpresa de nosotros estaba mi tía Carla con su familia que viven en Cánada y vinieron a pasar unos días de vacaciones con mis abuelos y la verdad nos llevamos una gran sorpresa. Mis primos son muy divertidos, son unos mellizos un hombre y una mujer, tienen diecinueve años y además viene otro primito en camino, pues mi tía tiene siete meses de embarazo y es niño, que alegría inmensa sentí. Con mis primos salimos el viernes y el sábado a la disco. ¡La pasamos increíble! Mi primo es todo un galán con las mujeres, muchas se derretían por él, pues es muy guapo y mi primita también es muy guapa, y los chicos no faltaban a su alrededor, la verdad ella y yo fuimos acosadas, me sentía nerviosa con este tipo de situación, pero igual lo pasé bien.
Hoy domingo, estamos en un asado familiar, que lindo estar en familia, pero estoy preocupada por mi amiga Brenda, por su salud, aunque ella me dijo que estaba mejor, menos mal que mañana volvemos a casa y así la paso a visitar, pero la estoy pasando tan bien acá que no tengo ganas de irme. Cuando ya se hizo de noche, mis primos se fueron a dormir y yo me quedé en la habitación leyendo un libro, se llama «Mort-dida» y trata sobre un virus que convierte a las personas en zombies, pero de una manera imperceptible; durante 48 horas no presentan ningún cambio ni síntoma alguno, pero su estado zombie se activa con el olor a otro ser humano, entonces comienza a sentir los síntomas, principalmente el hambre voraz y el canibalismo, además de la deformación y putrefacción de su cuerpo. En fin, una excelente novela de terror de la escritora Lorena Castro C. que me tiene enganchadísima, tal y como me pasó con «El despertar de Rosita» de la misma autora.
Luego de tan intensa lectura, me dieron ganas de ir a buscar algo para comer, así que me levanté y me fui a la cocina, y cuando justo iba aparecer en el living; escucho conversar a mi tía Carla, mi tío Frank y a mis padres. No pude seguir mi camino y me quedé un poco escondida y quise escuchar lo que hablaban:

—Alfonso, hermano; ¿Recuerdas las cosas que nos pasaban cuando éramos niños?

—No me acuerdo, hermana.

—La mujer que se nos aparecía en el cuarto.

—No me acuerdo Karla, en serio —respondió seco, mi papá.

—¿Se les aparecía una mujer? —preguntó mi tío Frank.

—Sí amor —respondió la tía.

—¿De verdad cuñadita? —inquirió, mamá.

—De verdad Florencia y era de todas las noches se nos aparecía, no nos dejaba dormir —contaba la tía.

—¡Qué espantoso lo que les pasaba! —profirió mamá.

—Lo que se te ocurrió hermanita ahora, contar historias de terror.

—Alfonso, hermanito, tú sabes que fue así. Tuvimos que soportarla inclusive cuando éramos jóvenes.

—No me lo recuerdes, esa cosa era horrible y lo más curioso fue que despareció de la nada —recordó papá.

—Mi esposa me contó este hecho paranormal que les pasaba y se me puso la carne de gallina —comentó tío Frank.

—¿Cuándo desapareció? —preguntó mamá.

—Fue cuando se puso de novio contigo y de ahí no la vimos más —afirmó tía Karla.

—Ja, ja, ja, ja. Entonces, estaba enamorada de mi cuñadito y se esfumó de la pena —concluyó riendo, el tío Frank.

Todos rieron por ese comentario dando paso a otro tema, pero yo me quedé pensando quién sería esa mujer fantasma que se les aparecía a mi tía y a mi papá, tengo el presentimiento de que puede ser Unexma, pero si fuera así, por qué mi papá no me lo contó; así no hubiera pasado tantas cosas espantosas que pasé cuando niña por culpa de ese demonio. Quisiera ir donde están ellos y preguntarles, pero seré cautelosa y mejor me vuelvo a la habitación. Mañana le preguntaré a mi tía, antes de que volvamos a Santiago y seguro que ella me dirá, así que me fui a acostar a dormir. Me sentía bastante cansada y no sé por qué.

Al otro día desperté, me levanté y me fui a conversar con la tía Carla, menos mal que ella estaba justo en la cocina:

—¡Buenos días tía!

—Buenos días mi niña linda, que bueno que fuiste la primera en levantarse y así tomamos desayuno juntas.

—¡Encantada, tía!

Entonces mi tía preparó el desayuno con tostadas con mermeladas y café con leche, me dijo que le gustaría que yo pasara mis vacaciones de invierno allá en Cánada y la verdad me encanta la idea, le dije que estudiaría bastante y que trabajaría también para juntar dinero para el pasaje y mi tía Carla dijo que lo del pasaje me lo mandaba ella, que lo importante era que sacara buenas notas para que vaya a verlos a Cánada en mis vacaciones. Le dije que así sería. Al final me decidí y le dije:

—Tía Carla, quería preguntarle algo.

—Dime, hija.

—Anoche sin querer escuché una conversación que tenían con mis padres y el tío sobre lo de una mujer fantasma.

—Escuchando conversaciones ajenas, ¡qué feo, Antonella!

—Perdón tía, fue sin querer —dije avergonzada.

—Tranquila hija, fue una bromita. ¿Qué me quieres preguntar?

—¿Cómo era físicamente ese fantasma?

—No recuerdo muy bien hija.

—Haga memoria tía, por favor —le pedí.

—A ver… ella vestía toda de negro y tenía un sombrero, ojos rojos mmm… No recuerdo más.

—Intente recordar algo más.

—Tanto interés hija. ¿Acaso se te apareció a ti?

—¿Eh? …Solo es interés tía. Se ve una historia interesante —mentí.

—Mira, yo creo que no te gustaría saber cómo es su rostro, porque es horrible, además cambiaba de muchas formas y yo, prefiero no recordarlo.

—Lo entiendo tía. Discúlpeme por otra pregunta que quiero hacerle, claro si no le molesta.

–No tengo problema en contestarte.

—¿Solamente se les aparecía a usted y a mi papá?

—A mi papá también, pero ni se te ocurra preguntarle. Para él ese asunto está sellado.

—No hay problema. No se preocupe, que no le preguntaré.

Abracé a mi tía y fui a lavar las tazas, por mientras que ella me dijo que iba ir al baño. Mientras lavaba las tazas, no podía dejar de preguntarme si esa mujer fantasma era Unexma o será otra mujer, yo creo que es ella, pero todo es tan extraño. Cuando llegue a Santiago, le contaré esta historia a mi amiga Brenda, todo esto es un gran misterio…

Unexma – Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
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Capítulo XXIX

Capítulo 29

La noche se sentía muy fría, más de lo acostumbrado, así que cerré bien la ventana de mi habitación, me tomé un té que me preparó mi mamá y traté de dormir para olvidar todos esos horribles sucesos. Estaba inquieta dando vueltas en la cama pensando lo que había visto y vivido, no dejaba de pensar que todo había sido obra de Unexma que se hizo pasar por mi amiga, pero, ¿por qué?, ¿cómo logró saber de Héctor?
Además mis dudas sobre Marcos, ¿que pasó con él? Mi amiga Brenda me dijo que había fallecido, yo estaba llena de confusiones en mi mente, la verdad que no lograba entender nada, quería solo dormirme y ya no pensar más en todo aquello. Estaba todo obscuro en la calle, y la habitación se volvió una boca de lobos al apagar la luz. Así, llegó un momento en que el sueño me venció y no me di cuenta, ni supe qué horas eran, cuando de pronto sentí un frío que congelaba, pero esta vez era en mi cama. Pude sentir claramente, no una, sino varias presencias en mi habitación. Pero yo no podía moverme, ni siquiera podía hablar, mucho menos gritar para pedir ayuda, lo único que podía hacer era sentir como una de esas presencias se subía a mi cama y corría la sábana y todas las colchas que hasta ese momento me arropaban, también y muy a mi pesar, pude sentir como me levantaba las piernas y pude sentir unas frías manos tocando mis caderas tan frías que sentía el hielo a través de la tela polar de mi pijama, y unas garras rozando mi piel, no con violencia, más bien como intentando buscar algún atisbo de placer en mí. Placer que por supuesto, estaba muy lejos de sentir, solo podía sentir terror.
Lenta y casi eternamente, sentía como me despojaba de mi pantalón de pijama y luego de mis bragas, y yo seguía sintiendo todo y sin poder moverme. Mi respiración era demasiado agitada, mi corazón parecía que se me iba a salir por la boca y esta maldita pesadilla parecía no tener fin. Lo que sigue, me da verguenza contarlo, pero tengo que hacerlo, aquel ser espectral, demonio o lo que sea, procedió a hacerme sentir su miembro erecto y lo «paseaba» por mis muslos y se divertía rozando cada tanto su aparato con mi vagina. Me sentía morir, yo nunca había tenido sexo ni hecho el amor con ningún chico antes, y ahora heme aquí, a punto de entregar contra mi voluntad, lo más preciado de mi ser. Mi virginidad, mi pureza a vaya saber quien. Ya no pude seguir absorta en ningún pensamiento más porque sentí como su miembro comenzaba lentamente a penetrar en mi vagina. Sentía mucho dolor, era un ardor punzante, pese al frío que tenía ese ser y su aparato, sentía que algo me iba quemando por dentro con cada centímetro que ingresaba en cada una de sus embestidas lentas. Luego sentí que se recostó sobre mi pecho y me besaba el cuello y los labios. Todo me quemaba, era lo único que podía sentir; un frío que llegaba a quemar, pero que luego se comenzaba a desvanecer de a poco y regresaba. La sensación era pésima, dolor, miedo, pena, rabia, y de reojo veía al costado de mi cama y podía ver unas luces muy tenues que se movían cada cierto tiempo, como si quisieran buscar el mejor ángulo para no perder detalle de la violación a la que estaba siendo sometida en mi habitación, en mi propia cama. Por fin, al parecer aquel ser acabó su faena, porque pude sentir un líquido caliente escurrir por entre mis piernas, como si fuese esperma de vela y antes de salir de encima de mi cuerpo, me susurró al oído:

—¡Gracias, corazón!

Quedé atónita, perpleja, estupefacta, pues así es como me llama cariñosamente mi amigo Héctor. Era imposible que se tratara de él. ¡No lo puedo creer! ¡Esta es una pesadilla! No es verdad, Héctor está en Iquique. Esto es obra de Unexma que está metida en mis sueños, haciendo que vea y sienta cosas.
Mientras concluía que era una pesadilla y que no era verdad, y que no importaba lo que me pasara en este mal sueño, ya que después despertaría y me daría cuenta que nada de esto ocurrió en realidad, y la verdad, pensar en eso me tranquilizaba un poco, pero fue entonces que sentí la segunda presencia tocar mi cuerpo y darme vuelta hasta ponerme boca abajo en la cama, parecían las mismas garras, pero se sentían distintas, era claramente otro ser, uno con mucha menos delicadeza que el anterior, porque apenas me dejó en esa posición procedió a penetrarme como si no hubiera un mañana, con fuerza y me jalaba el cabello. Lo más «dulce» que este ser hizo, fue darme un suave y leve mordisco en mi oreja, lo que aprovechó para preguntarme:

—¿Estás disfrutando, princesa? —mientras seguía con su bombeo imparable. Manejaba mi cuerpo a su antojo, me recostó de lado, me levantó una pierna y seguía en esa posición con su mete y saca brutal.
Yo no podía hablar, pero si podía mirar y todavía quedaban dos entes mirando morbosamente la situación, lo intuía por las dos luces tenues que seguían moviéndose de un lado a otro como si fueran camarógrafos de una película para adultos.
¡Ya quería despertar de esta horrible pesadilla! Este ser no puede ser Marcos, Unexma por favor déjame en paz le suplicaba con lo único que podía mover, que eran mis ojos y también con mi mente por si acaso me la pudiese leer. Por fin acabó esta vez sobre mi espalda y nuevamente ese ardor sobre mi cuerpo.
Cuando se levantó de la cama, las luces de mi primer violador, como la del segundo, se desvanecieron por completo y solo quedaron las luces tenues de los otros dos espectadores. Así que imaginé que ahora sería el turno de estos dos despreciables seres y por fin terminaría la pesadilla, y por fin podría despertar. Pero no, solo se limitaron a mirar, sin decir nada y así como aparecieron, se esfumaron tal como los dos entes anteriores.
Al despertar no quería levantarme me sentía agotada y con mucho miedo por lo que había pasado anoche en la plaza —lo de la pesadilla era una idea totalmente deshechada para mí. Eso sencillamente nunca ocurrió y con una buena ducha fría, iba a olvidar para siempre aquella nefasta pesadilla, además estaba con mi ropa intacta y lo único extraño era mi cansancio que también podía atribuirse a todo lo que pasé en la plaza y los trámites posteriores; eran a las 8:00 a.m. y nadie se había levantado todavía. Era entendible, mis padres no estaban acostumbrados a dormirse tan tarde y el haberse despertado para ir donde el vecino y luego a la urgencia y la comisaría, los había agotado. Así que lo más probable era que se levantarían mucho más tarde. Bueno, con eso me evitaba en parte el interrogatorio, al menos hasta más tarde. Tan sólo de pensar en lo que me preguntarían mis padres me ponía nerviosa. ¿Cómo les iba explicar sobre Unexma, si de niña nunca me creyeron?
Así que salí a caminar, pensé mejor en ir a darle las gracias a mi vecino por su ayuda ya que anoche no pude hablar por miedo a lo que me pasó, y a la vez disculparme por lo de su ventanal, pero al llegar cerca de la casa de mi vecino su ventanal estaba intacto como si no hubiera pasado nada; al ver eso se me erizó la piel, intrigada y algo confusa regresé a la casa y pensé <<de seguro madrugaron a cambiar el ventanal>> pensé en tocar el timbre y preguntar, pero ¿y si fue otro sueño? Los vecinos van a creer que estoy loca. Mejor me hago la loca y me evito el bochorno devolviéndome tranquilita a la casa.
Llegando a la casa le pediré a mi amiga Brenda que venga para que hablemos de lo sucedido, aunque voy a omitir varios detalles para evitar que ella se preocupe demasiado por una simple pesadilla. Intentaré sacar mentiras por verdades.

¡»Anto», mi pobre amiga «Anto»!
¿Cómo es posible que la vida sea tan injusta contigo?
Primero, la vida se ensañó con Unexma y ahora ella busca cargar su desgracia en mi inocente amiga, que sin querer ha heredado una maldición generacional.
¿Cómo puedo ayudar a mi amiga?
¡Son demonios!
¿Será posible que un simple ser humano sea capaz de enfrentar a semejantes fuerzas malignas?
¿Qué acaso tengo cara de exorcista? ¡Obvio que no! -me vería horrenda con el traje de cura, ja,ja,ja.
Ya Brenda, no es hora para tus bromas. Lo mejor será que salga a dar un paseo para distraerme. Increíblemente hoy desperté tempranito, ¡auch! Como que la «patas de canario» hasta madrugadora me va a volver, si hasta mis padres serían capaces de agradecerle el favorcito que no lograron por años.
Aún creo que quedaron temas pendientes con el abuelo de mi amiga, todavía tengo muchas dudas y para que negar tengo mucho miedo, se supone que cuando una crece, se vuelve más valiente, en mi caso es todo lo contrario y bueno, muy necesario que en mi paseo matutino me de una vuelta por la iglesia nuevamente, no soy nada religiosa, pero a veces necesitamos ayuda del Jefe supremo.
Me disponía a salir y recibo un Whatsapp de mi amiga Antonella, que me pedía urgente que nos viéramos para conversar, que tenía que contarme algo, pero en persona. La verdad me asustó un poco, pues tiene que ser algo demasiado importante para haber colocado ese mensaje y le contesté que terminando mi desayuno iría a su casa. La verdad que me intriga lo que me quiere contar Antonella, espero que no sea alguna sorpresa desagradable. Después de terminar mi rico desayuno, me fui a duchar, después de salir del baño, me puse una polera, un short y unas sandalias, pues hacía mucha calor. Salí de mi casa y me fui a la casa de mi amiga, estoy bien intrigada sobre lo que tiene que hablar la “Anto”, justo mi amiga iba saliendo y me ve:
-Qué bueno verte Brenda-dijo.
-A mí también me da gusto verte.
-Amiga, tengo que comprar en el almacén ¿Me acompañas?
-¡Claro que sí!
Entonces fuimos al almacén que está cerca, Antonella compró lo que le encargaron y nos fuimos a su casa. Ya en su habitación, me contó del suceso que vivió en la plaza, me reclamó del por qué le he dicho que Marcos había muerto, sí ayer habló con él y me dijo enojada que por qué le había mentido:
-Yo no te he mentido, incluso salió en la página de la “U” y decía clarito que sentían el fallecimiento de Marcos.

—Te estoy diciendo que lo vi, hasta hablé con él —dijo.

—Antonella incluso hablé con dos de sus amigos y me lo confirmaron. La verdad no entiendo nada —dije bastante sorprendida.

—Incluso andaba con mi amigo de Iquique.

—¿Cuál amigo? —pregunté.

—Héctor, mi amigo surfista que te mostré en las fotos y que nos llevamos muy bien.

—No recuerdo quién es en realidad —dije, entonces mi amiga buscó en su celular que tenía encima del velador la foto de su amigo.

—Mira él es —afirmó, mostrándome al chico.

No podía creerlo, es el chico que encontraron mutilado en una playa de Iquique, junto a otros jóvenes. Entonces se le están presentando las almas en pena de Marcos y Héctor. Miré a mi amiga con mucha preocupación, de una manera u otra estos fantasmas quieren hacerle algún daño y la única culpable de todo esto es Unexma. Antonella sin darse cuenta mató, o mejor dicho fue la causal de la muerte de estos dos chicos, por el simple hecho de acercarse demasiado a ellos y Unexma en su afán de dañar a mi amiga, los terminó asesinando despiadadamente y a cualquiera que se intentase interponer en sus planes, pero sé que aparte de Unexma hay un demonio fuerte que manipula a la “cara con hoyos” y la única forma de saber quién es, es volver a entrar a esa habitación y buscar alguna pista que me ayude a salvar a Antonella, antes de que sea demasiado tarde.

Me despedí de mi amiga y quedamos de vernos más tarde por cualquier cosa. Ahora si, aprovecharé para ir a la iglesia a intentar encontrar alguna respuesta, una señal que me ayude a saber qué hacer para ayudar a mi amiga Antonella.
Las calles se ven especialmente vacías y siento una sensación extraña, más bien conocida, como si la «cara con hoyos andante» me estuviera vigilando, algunas veces creo que lee mi mente y ya sabe que descubrí su macabro plan de apoderarse de mi amiga y dejarle su preciado personaje de zombie casero, pero la he burlado muchas veces, no, es imposible, me observan ella y la otra zombie octogenaria, que esa se nota que es corregida y aumentada, pero que solo se limita a mirar de lejos, mientras que la que se acerca es Unexma—:

—Hola Brenda, ¿por qué tan sola? Tu novio se cansó de tí? No lo culpo, ¡eres tan patética! ¿Ya te contó tu amiga «Anto» que anoche la visitaron mis amigos? Por tu cara veo que no, que pena, vaya que se lo gozó la cachonda esa, se nota que ya no confía en ti.

—Sal de aquí «cara con hoyos», maloliente, ya me tienes cansada, crees que te tengo miedo? Crees que te vas a apoderar de mi amiga? Sobre mi cadáver.

—Exactamente Brenda, deseo concedido, ya es hora de que…¿cómo se dice? ¡Ah sí..te mueras!, ya te metiste mucho y una zorra barata no va arruinar mis planes.
Y con su lengua comenzó a estrangularme. No puedo respirar, mugrosa patas de canario está apretando mi cuello, duele mucho, mis ojos van a saltar de mi cara, lo siento Anto, te fallé, perdóname, tendrás que salvarte sola, desde donde esté velaré por ti.
Y justo se escucha un fuerte ladrido, y entonces Unexma me soltó y caí fuerte al piso, maldita patas de canario que golpe me dí, pero ¡qué locura es ésta! Creo que ya me morí o estoy alucinando, la malvada no solo me soltó, además mira con ternura a este perrito, no puede ser, ¿esa es una lágrima? Unexma, ese ser demoníaco, perverso, que asesinó sin piedad a tanta gente se conmueve ante un inocente cachorro y ahora se va con ese crujido de huesos, lo más extraño es que el cachorro ya no le ladra, más bien le mueve la cola.

—Oye Firulais, ella no es la Madre Teresa de Calcuta, es un ser infernal por si no te has dado cuenta, pero gracias por salvarme.
Ahora recuerdo a aquel perrito de Unexma, al cual asesinaron por intentar salvarla, casualmente, éste, es de la misma raza, al parecer, solo un ser tan puro, tan fiel, lleno de amor, un ser que no juzga apariencias y ve mucho más allá de lo que nosotros vemos, pudo sacar un lado humano de aquel ser tenebroso que se fue detrás de aquel perrito perdiéndose entre los arbustos.

Iba a cantar victoria cuando siento dos presencias detrás de mí:

—Ustedes ¿Qué desean? —les pregunté.

—Hola Brenda, algo simple, queremos que Antonella pague lo que nos hizo —respondió, Marcos.

—No queremos que tú te entrometas en esto —profirió, Héctor.

—Ustedes no pertenecen a este mundo y además no permitiré que le hagan daño a mi amiga.

—Eso no podrás impedirlo y por eso estamos acá para que no metas tus narices, además esa zorrita se lo pasó excelente anoche con nosotros —contó, con una sonrisa un poco demoniaca Marcos.

—No les creo nada de lo que dicen. Yo sé que los demonios en ustedes son los que están hablando ahora e intentan engañarme y manipularme. Miren, ustedes saben que Antonella sería incapaz de hacerles daño, es un demonio el que les hizo ese mal o mejor dicho el que los mató.

—Eso ya es demasiado tarde, ella tiene que volver donde pertenece y tú tienes que morir —vociferó, Héctor.

Entonces me levanté del suelo sacando fuerzas de flaqueza e intenté irme para evitar que siguieran molestándome. No voy a dejar que estas almas demoniacas se salgan con la suya, nos miramos fijamente, tenía que estar alerta y me acordé de aquel viejito de la iglesia, solamente la fe me puede salvar. De pronto a Marcos y a Héctor se les transformaron sus rostros en forma horrenda, unos verdaderos zombies, me armé de valor y les dije:

—Yo no les temo ¿Saben por qué?, porque tengo a Dios conmigo, Él es mi salvador, Él es mi rey —anuncié.

—¡Cállate! Tú nos temes y nadie podrá ayudarte —aseguró, Héctor.

—Obvio que sí. Jesús me va a ayudar y ustedes tienen que volver a donde pertenecen. ¡Ustedes no son Marcos y Héctor! —declaré.

—Nosotros pertenecemos acá y tú vas a venir con nosotros —amenazó, Marcos—bueno una de esas cosas que aparentaba ser Marcos.

De pronto a ambos se le empezaron a alargar sus lenguas, al igual que a Unexma y luego, con ellas agarraron mis muñecas y no podía moverme, pues me tenían fuertemente atada, traté por todos los medios de moverme y luchaba, pero era imposible:

—Es la hora de tu muerte Brenda- dijo Héctor.

—De a poco te absorberemos y quedarás hecha polvo ja, ja, ja. —se burlaba, Marcos.

Empecé a sentir en mi cuerpo, pequeños dolores que de a poco fueron aumentando, sentía que mi energía se me estaba yendo, estos demonios apretaban más mis muñecas con sus lenguas y a la vez reían. Pensaba que mi fe no fue muy grande, mis piernas me temblaban, luego moví una de mis manos y me di cuenta que mi piel se estaba volviendo un café oscuro y sentí mucho miedo, ya veía todo perdido y Unexma tendría ganada la batalla y no tendría ningún estorbo para llevarse el alma de Antonella y mi amiga seguiría con esa maldición. Caí de rodillas y mis esfuerzas se iban cada vez y los dolores se hacían horribles en mi cuerpo, empecé a gritar y luego ya no pude seguir gritando porque apenas podía respirar. Así que creo que ya estoy resignada a mi suerte, cerré mis ojos para esperar mi tan dolorosa muerte, luego de la nada sentí una voz, me parece que es del anciano de la iglesia—:

—¿Qué pasa contigo Brenda? ¿Tan derrotada te sientes? Pensé que eras más valiente. Esos demonios te están utilizando y tú dejas que lo hagan ¿Y La fe? ¿Dónde está? Vamos, sé fuerte, confío en ti. Ahora grita ¿Quién es tu Dios y rey? ¡Vamos Brenda a luchar!

—¡Sí tiene razón! Dios es mi señor, Él es mi rey y … y yo creo en Él —Marcos, Héctor no se dejen dominar por esos demonios, ustedes son almas buenas y vean la luz, pues nuestro señor Jesús los está esperando con los brazos abiertos ¡Ay, qué dolor! sentía, pues los dolores aumentaban, pero sentía que mi fe iba creciendo.

—¡Cállate maldita, morirás! —anunció, Marcos o mejor dicho el demonio.

—Pues no me matarás así como así y con una fuerza inusitada solté mis manos y les toqué sus frentes y les dije:

—¡Chicos vean la luz! Los están esperando, vayan y descansen en la paz de Dios.

—¡Noooo, vuelvan! –gritaron los demonios…

Título: Unexma.
Todos los Derechos Reservados.
Autora: Lorena Castro C.
Chilena.
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