Diez espeluznantes lápidas y monumentos

Cuando se trata de hacer memoriales para las personas que se han adelantado, una práctica muy común es usar una lápida como un homenaje donde la persona está enterrada.

Por lo general, tienen el nombre de la persona, junto con la fecha de su nacimiento y de partida. A veces, hay un epitafio, que es solo una inscripción que encarna a la persona que se ha ido.

Luego están las lápidas que son simplemente extrañas, impactantes y francamente espeluznantes, como las siguientes…

1. Josep Llaudet Soler

Esta estatua espeluznante se encuentra en el cementerio de Poblenou de Barcelona. Está escondido en la esquina trasera del cementerio y no está claro quién lo esculpió exactamente. Sin embargo, el fabricante de textiles Josep Llaudet Soler está bajo la estatua y la inscripción es igualmente inquietante:

“La sangre en sus venas se enfría. Y toda la fuerza se ha ido. 
La fe ha sido exaltada por su caída en los brazos de la muerte. Amén.”

2. Inez Clarke

La historia dice que Inez Clarke tenía solo 6 años cuando llego al cementerio en 1880. Su deceso fue durante una tormenta en un picnic familiar y fue enterrada en el cementerio Graceland en Chicago, Illinois.

Después de su partida, sus padres tenían una escultura de tamaño natural hecha a semejanza de su hija. Fue puesta en una caja de vidrio para protegerla.

Si la estatua de una niña, con ropa pasada de moda en un cementerio no fue lo suficientemente aterradora, hay muchas historias de fantasmas que rodean el sitio de la tumba.

La gente ha escuchado el llanto que viene de la zona. Otras personas afirman que durante las tormentas eléctricas la estatua desaparece, pero luego reaparece, nuevamente en su caja de vidrio.

3. Fernand Arbelot

Fernand Arbelot fue un actor y músico que vivió desde 1880 hasta 1942 en Francia. Fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise con una estatua muy inusual como distintivo de su lápida.

Es un hombre que sostiene una cabeza sin cuerpo y la mira fijamente. Se supone que representa a Arbelot mirando a la cara de su esposa por toda la eternidad.

4. Lilly E Gray

A primera vista, la lápida de Lilly E. Gray, de 77 años, quien fue dejada en el cementerio de Salt Lake City en 1958, puede parecerse a cualquier otra lápida. Sin embargo, hay un mensaje marcado escrito como el epitafio, que es “Víctima de la Bestia 666”.

Gray se fue por causas naturales y nadie está seguro de por qué eso está escrito como su epitafio. Otra cosa interesante a destacar es que el esposo de Gray también está en el mismo cementerio, pero lejos de la tumba de su esposa.

5. El memorial de los sacerdotes

Si bien esto puede parecer un sitio que está inundado, de hecho es un monumento submarino para un grupo de misioneros jesuitas que viajaban de Portugal a Brasil en 1570.

Un pirata francés llamado Jacques Sourie abordó su barco y luego él y sus hombres les truncaron la vida a los sacerdotes; Sólo el cocinero del barco se salvó.

El monumento se estableció cerca de la isla de La Palma, que forma parte de las Islas Canarias. El monumento está a 18 metros por debajo de la superficie y cuenta con 40 cruces , una para cada sacerdote.

6. Georges Rodenbach

Georges Rodenbach fue un poeta y escritor belga que trabajó en el movimiento del simbolismo. Probablemente por eso su lápida en el cementerio de Père Lachaise en París, Francia, representa a un hombre saliendo de la tumba.

Si bien está destinado a simbolizar cómo ni siquiera los lazos de la muerte lo pueden sostener, sin embargo, siempre es un poco espeluznante ver a un cuerpo tratando de salir de una tumba.

7. San Vitalis de Asís

Si bien no es una lápida, este es un memorial con una cabeza real en él. El cráneo aparentemente pertenece a San Vitalis de Asís, quien, y no te engañamos, es el santo patrón de la enfermedad venérea.

Nacido en 1295 y fallecido el 31 de mayo de 1370, Vitalis fue un monje benedictino que vivió la mayor parte de su vida en la pobreza. Después de su partida, su cabeza aparentemente se mantuvo como una reliquia.

En 2011, la calavera se vendió en una subasta por 4,100 dólares a una estrella de cine que  vive en Los Ángeles, California.

8. La cama del niño

Fue a finales del siglo XIX. Una de las lápidas más espeluznantes de la época se encuentra en el cementerio Mount Auburn en Boston. Es allí, donde los visitantes pueden encontrar una cama del tamaño de un niño.

La lápida, que se completa con una almohada que se cayó del costado de la cama, se ha deteriorado a lo largo del siglo, lo que la convierte en un recuerdo espeluznante y desgarrador para alguien que se fue demasiado joven.

9. Harry Thornton

En la pandemia de gripe en 1918, una de las personas que perdió la batalla fue un hombre británico llamado Harry Thornton, un pianista.

Si bien pudo haber sido un tributo amoroso a un hombre de 35 años, el piano se ha deteriorado y la parte superior del piano se ha perdido. Es una imagen inquietante que nos recuerda que nada dura para siempre.

10. La niña del Ángel

En 1908 el panteón Juan de la Cruz, Veracruz le dio la bienvenida a una niña de 2 años llamada: “Ana María”. cuyos padres mandaron hacer una hermosa estatua de la niña junto con un ángel guardián para que la acompañara y protegiera por la eternidad…

Desde que Anita reposa en aquel cementerio, historias que pasan de generación en generación han convertido la tumba de la niña en una de las leyendas más famosas de México, pues se dice que el espíritu de la niña habita en el panteón, visitantes de hace màs de 100 años hasta la actualidad han sido testigos de ver como en la noche los ojos de la estatua de Anita cobran vida y te siguen a donde vayas.

Los trabajadores nocturnos aseguran que en la madrugada, se puede ver el fantasma de la niña vagando por las tumbas buscando a sus padres, y en pocas pero algunas ocasiones se puede ver un ángel tras ella.

Es común ver que las flores de otras tumbas desaparecen para aparecer en la tumba de Anita, quien desde que habita ahí, no ha habido un día que no tenga flores vivas.

Dice la leyenda que Anita puede conceder deseos a los niños, si ella cumple alguno de ellos, el niño tiene que regresar a su tumba para agradecerle con un juguete.

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