Capítulo XL ¿Fin?

Capítulo 40-a
—<<Creo que ya he visto más que suficiente. Unexma dejó de existir. No puedo evitar sentir pena por ella. Es una lástima por todo lo que tuvo que pasar para finalizar así. ¡Adiós, Alma! Descansa en paz mi querida patitas de canario. Yo ya no tengo nada más que hacer aquí. Tengo que ir a contarle a Antonella lo que pasó aquí. Pero esta otra bruja es de armas tomar, así que mejor me salgo de esta habitación y me devuelvo a mi cuerpo, antes de que me descubra. La pregunta es cómo salgo de aquí, si la salida está detrás de este demonio. Tal vez si soy lo suficientemente sigilosa, logre llegar a la salida sin que lo note>>.
Así que comencé a avanzar lentamente pegada a la pared, siempre por detrás de la amplia cortina, ya me quedaban apenas unos metros para salir y este demonio me descubre:
—¡Vaya, vaya! Pero qué tenemos aquí. Parece que hoy es mi día de suerte. Voy a matar a dos pájaros de un solo tiro. ¿A dónde crees que vas estúpida humana? —me preguntó al mismo tiempo que me jaló el cabello para atraerme hacia ella y así comenzar a estrangularme con tan solo una mano.
Yo, ya no podía siquiera hablar porque rápidamente sentía que se me iba el aire y poco a poco, comenzaba a quedar sin respiración. Ya mi cuerpo solo convulsionaba con estertores constantes. De pronto sentí que me desmayaba. Mi muerte era inevitable…
Unexma Alma sin alma ©
Todos los Derechos Reservados ®
Autora: Lorena Castro C.
Seudónimo: Ann E. Rol.
Chilena.
Facebook: Lorena Escritora.
Instagram: @lorenaescritora
Wattpad: Lorenae5critora.
Capítulo 40-b
Creo que me desmayé, perdí el sentido, pero desperté con la dulce y suave voz de mi amiga Antonella que me llamaba por mi nombre. Afortunadamente estaba atenta a mis movimientos y se percató de que algo malo me estaba sucediendo y procedió a despertarme en forma desesperada, y con ello logró salvarme de las garras de aquel despiadado demonio.
—Amiga, ¿estás bien? Te vi moverte en forma extraña y dabas como saltos en la cama y por eso te desperté.
—Ah, sí, gracias amiga. Te debo una. Ese demonio que dominaba a Unexma, me descubrió e intentó estrangularme y justo tú me sacaste de ahí. Te lo agradezco mucho.
—No tienes nada que agradecer amiga. ¡Que bueno que no te pasó nada grave!
—Sí, tienes razón. Gracias a Dios y a tu oportuna intervención, estoy a salvo ahora. Pero Unexma, no puede decir lo mismo. Ese demonio finalmente le quitó la vida.
—Bueno, me disculparás, pero yo no puedo sentir tu nivel de empatía con ese demonio de Unexma. Bastante daño me hizo como para que logre sentir lástima por ella. Lo que le haya pasado, ella sola se lo buscó y le llegó la hora de pagar por todos sus crimenes.
—Te entiendo amiga. Quizás en tu lugar, también me costaría demasiado lograr perdonarla, pero a veces hay que poner la otra mejilla.
—Para ti es fácil decirlo amiga. A ti no te mataron a tu abuelo. De hecho, a ti no te mataron a ningún ser querido.
—En parte concuerdo contigo. Si bien, tu abuelo no era mi pariente, yo le tomé mucho aprecio. Nos llevamos muy bien y aprendí a quererlo y respetarlo como si también fuera mi abuelo.
En eso, y como si de una bendita casualidad se tratara, suena el teléfono de la casa. Con Anto nos miramos a ver quién de las dos levanta el auricular primero. Finalmente Anto respondió ante la insistencia de la llamada—:
—¡Aló?
Sí. Soy su nieta. ¿Por qué?
¡Quéééé? Pero, ¿cómo?… Sí, por supuesto. Dígame la hora y allí estaremos todos.
¡Gracias!
Antonella colgó el teléfono y me miró en un silencio que me tenía histérica de los nervios y la curiosidad de saber con quién había hablado y qué fue lo que le dijeron.
—Antonella, ¿quién era?
—Era una llamada de la clínica. Mi abuelo está vivo. ¡Despertó del coma! Está grave, pero ya, fuera de riesgo vital. Lo podemos ir a visitar hoy mismo si queremos.
—Pero, ¿cómo es posible? Si hasta ayer había sido declarado clínicamente muerto. Tus padres estaban haciendo ya los trámites para su funeral en Valparaíso. Es un milagro. No puedo imaginar la felicidad de tu padre cuando se lo cuentes.
—¡Ay, amiga! Yo tampoco lo puedo creer. Quiero que nos acompañes a visitarlo. Tú eres parte importante de mi familia. Eres más que mi mejor amiga; mi hermana.
—Feliz de acompañarlos y mucho más feliz de que me consideres así, porque yo también te quiero mucho y siempre, siempre te voy a proteger. A ti y a los que quieres.
Nos dimos un fuerte abrazo con lágrimas de mucha emoción. En ese abrazo sin palabras, nos lo dijimos todo. No hubo necesidad de nada más.
Luego, nos miramos y nos separamos y hablamos al unísono:
—Voy a llamar a mis papás.
—Voy a la casa, a ver si llegaron mis papás.
—Disculpa amiga, habla tú.
—¡Ja, ja, ja! Tranquila. Solo te decía que voy a llamar a mis papás ahora para contarles la buena noticia.
—Me parece muy buena idea. Yo te decía que iré a la casa, a ver si llegaron mis papás.
—Okey, amiga. Me llamas para avisarme. Y ten mucho cuidado con “tú ya sabes quien”.
—Por supuesto amiga, lo tendré. Cualquier cosa te aviso. ¡Chao!
—¡Chao, Brenda!
Partí rauda a mi casa y entré igual de acelerada. La noticia del abuelo de mi amiga, me inyectó de esperanza y fortaleza. La sola idea de saber que lo volveré a ver, me ponía muy feliz.
—¡Papá, mamá! Ya llegué. Estaba en la casa de la Anto. —recordaba que en mi anterior visita, mis padres estaban en el sofá. Así que supuse que ya estaban en la casa. Pero nadie me contestaba. Por lo que me dirigía directamente a su habitación. No había llegado al rellano de la escalera, cuando de pronto, se encendió el televisor de la sala, lo que inmediatamente captó mi atención y volví hacia allá:
—¿Papá? ¿Mamá? ¿Son ustedes?—preguntaba mientras iba hacia la sala.
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Capítulo 40-c
—¡Aló, papá! Vuelvan de inmediato a la casa. Les tengo una estupenda noticia que quiero contarles en persona. Los espero. ¿Ah? No. No les daré ninguna pista. Ustedes llegan aquí lo antes posible y lo sabrán. Nada de niña mala. Después me van a dar las gracias de que no les haya dicho nada por teléfono. ¡Los amo! ¡Adiosito!
<<Listo. Ahora a arreglarme y ponerme linda para que mi abuelo esté orgulloso de su hermosa nieta>>.
***
Pero no había nadie en la sala. Y en la TV solo estaban mostrando una escena de alguna película donde estaban degollando a una pareja en su cama, mientras dormían.
La escena me pareció muy fuerte así que apagué el televisor y escuché la voz de mi papá:
—Brenda, hija. Estamos acá arriba. Ven, sube.
—Ya voy papá. Estaba apagando el televisor de la sala. Por cierto, les traigo una muy buena noticia.—les gritaba de vuelta, a la vez que iba a su habitación.
—¡Qué bien, hija! Apúrate entonces para que nos cuentes —gritó mi mamá.
—No lo van a creer, se van a morir de la impresión.
—De eso estamos seguros, hija. —respondió mi papá.
<<Mi papá y sus bromas de mal gusto>> —pensé.
La cosa es que a media escalera hacia arriba, se oyeron unos gritos muy fuerte en la casa de Antonella y me preocupé, así que tomé mi celular y la llamé, pero no me respondió, por lo que decidí ir nuevamente a su casa y ver qué pasó.
¡Papá, mamá! ¿Escucharon esos gritos? Venían de la casa de Antonella. Iré a ver qué pasó.
—Sí, hija, los oímos, pero no debe ser nada malo. Ven a contarnos lo que nos tienes que decir y luego vas donde tu amiga. —Sugirió mi mamá. Pero ella sabe que soy tozuda. Así que no decliné en mi decisión.
—Lo siento mucho, pero iré primero con Anto. Ustedes no entienden, pero después les explico todo. Besos, los amo. —Y salí corriendo de la casa.
El corazón ya se me salía de lo rápido que iba, y de la preocupación. Sobre todo porque no me había respondido la llamada.
Llegué, tomé un poco de aire y grité fuerte:
—¡Antonellaaaaa! ¡Alooooo! ¡Antonellaaaaaa!
—¿Qué pasa, Brenda? ¿Por qué gritas tan fuerte? Si sabes que puedes tocar el timbre, hija. Te ves pálida. Ven, pasa. —Era la mamá de mi amiga que ya había llegado a la casa.
—Disculpe, tía, pero…. Uff estoy un poco cansada. —Volví a tomar aire— Creí oír unos gritos aquí y llamé a la Anto, pero no me respondió. Entonces me preocupé y vine corriendo.
—¡Ay, hijita! Era yo, lo que pasa es que mi hija nos contó que el abuelo está vivo y no aguanté la emoción y grité. Parece que fue muy fuerte. Disculpa hija, si te preocupé demasiado. No creí que hubiese gritado tan alto.
Pasa hija, la Anto está en su habitación con su papá. Tú sabes que eres de la casa.
—Gracias tía, y sí, me asusté, pero ya estoy mejor. Qué bueno que se enteraron de que Don Junior sigue vivo. Me hace mucha ilusión volver a verlo.
—Todos iremos. Si nos quieres acompañar, siempre eres bienvenida. Quédate a almorzar con nosotros y después salimos a ver a Don Junior.
—Okey, les dejaré un mensaje a mis papás y encantada de me quedo a almorzar.
Así que le dejé un mensaje de WhatsApp a mi mamá, avisando que almorzaría con Antonella y sus padres y luego los iba a acompañar a hacer un trámite y que a la vuelta iba a la casa a hablar con ellos. También les dije que los amaba mucho. Y listo. Ahora iré a ver a mi amiga a su habitación.
—Anto, soy Brenda. ¿Se puede?
—Obvio, amiga. Te iba a llamar después de haber hablado con mi papá. Pero se alargó un poco la charla.
—No te preocupes, amiga. Todo bien. ¡Hola tío, espero que esté muy bien!
¡Hola, Brenda! Sí, claro. No puedo estar más feliz de saber que mi padre está vivo y que pronto lo veré. Sentí que tenía muchas cosas pendientes que decirle y ahora podré conversar con él nuevamente.
—¡Muchas felicidades por eso! Yo también estoy feliz y mucho más de poder acompañarlos.
—Gracias a ti por aceptar acompañarnos en este momento tan especial e importante para nuestra familia. Gracias también por querer tanto a mi hija. Siempre serás parte de nuestra familia.
—Ya, tío. No siga que me va a hacer llorar. Yo también los quiero mucho. Son como mis segundos papás.
—Sí papá. No hagas llorar a Brenda. Sino después le tendré que prestar mi maquillaje. ¡Ja, ja, ja! —bromeó Anto, sacándonos de la emoción y todos nos pusimos a reír.
Luego de un exquisito almuerzo, nos fuimos todos a la clínica donde estaba Don Junior para por fin verlo.
Llegamos y preguntamos a la enfermera de la recepción por Don Junior. La señorita fue muy amable y nos indicó la habitación y cómo llegar a través del ascensor. Nos pidió que a raíz de su estado, por favor no lo hiciéramos hacer ningún esfuerzo. Nos dijo que de pronto balbucea una que otra frase, pero nada más. Así que no tratemos de hacerlo hablar, ni menos moverlo.
Por último, dijo que podíamos pasar todos a la habitación, pero nos podíamos acercar de a dos.

Una vez que tuvimos toda la información pertinente, nos dirigimos a la habitación número 508 del octavo piso y ahí nos encontramos con una enfermera tanto o más amable que la anterior, la que nos volvió a pasar la información respectiva y nos advirtió que había cámaras de seguridad, así que tratásemos de cumplir las normas para evitar problemas. Nos dijo su nombre para que cualquier cosa, la llamemos por el teléfono que estaba en la habitación:

Carolina Armas

. Luego de eso, nos dejó a solas por fin con Don Junior.

Estaba lleno de tubos, recostado, boca arriba, con la boca entreabierta y los ojos cerrados. Se notaba en su pecho el movimiento que indicaba que su corazón estaba latiendo. Y movía también y muy levemente, sus dedos.
Nos miramos todos y en base a susurros nos comenzamos a organizar. La mamá de Antonella había traído un ramo de lindas flores, así que comenzó a buscar dónde ponerlo. Mi amiga por su parte, se limitaba a mirar de lejos a su abuelo con un silencio de mucho respeto. Mientras que su padre, con brazos en jarra, miraba al cielo, como dando las gracias por ver vivo a su padre, aunque no podía ocultar su pena por las lágrimas que brotaban lentamente de sus ojos.
Y yo, miraba a Don Junior sin perder un solo detalle de él y los demás. Tampoco de la habitación, la que era muy amplia, de un color blanco y con leves toques en las esquinas de tono gris claro. Había un amplio sofá de cuero color marrón y una mesa de centro de vidrio con revistas, adornos y un pastillero. Al acercarse a la cama, se veía una cortina de color verde esmeralda, un teléfono de pared y una mesa de velador. También la cama tenía un timbre. Y a pocos pasos de ahí, el baño. El cual estaba habilitado incluso para personas con silla de ruedas, así que podrán imaginar lo amplio que era.
—”Primero, se acercará Antonella y Brenda, luego Flo y yo” —Susurró, decidiendo el papá de Antonella.
El hecho de ser una de las primeras en acercarse a Don Junior, me hacía sentir privilegiada. Así que no puse ninguna objeción a aquella decisión.
Nos acercamos a la cama, tomadas de la mano. La primera en romper el hielo, fue Antonella:
—¡Hola, abuelo! ¿Cómo estás? Nosotros estamos bien y contentos de verte. Cuando supe que te vería, no sabía qué decirte, intenté preparar algo para ti en este momento, pero no pude pensar en nada y decidí que como buena actriz que es tu nieta, improvisaría. Así que aquí me tienes, hablando como lora, sin saber qué decir, solo hacerte saber que estoy feliz y emocionada. También muy agradecida con Dios por darme la oportunidad de estar contigo una vez más y espero que pronto podamos disfrutarte a concho nuevamente. Vinimos todos a verte y también Brenda. Ella está aquí, a mi lado y también te quiere decir algo.
Antonella entonces retrocedió y me cedió su lugar, me hizo una seña con la cabeza, para que yo me acerque a la cama:
—¡Hola, Don Junior! Como le dijo su nieta. Estamos todos muy felices por saber que está vivo y tenemos la esperanza de que pronto saldrá de aquí y podrá volver a hacer su vida normal y con su familia que lo admira y quiere mucho. Yo también me sumo a la admiración por su sabiduría y su fortaleza. Además recuerde que le hice una promesa de que le cuidaría a su nieta y yo siempre cumplo mis promesas. También quiero pedirle perdón por no haber podido hacer nada para evitar lo que le pasó. Espero que me pueda perdonar y no me guarde rencor. Yo…
—Amiga, no digas eso. Estoy segura que mi abuelo no tiene nada que perdonarte. Ni yo tampoco. —Me dijo Antonella mientras me tomaba del hombro y me dio un abrazo que me quebró y ambas nos pusimos a llorar.
—¡Hija, vayan al sofá y descansen! Tomen agua. Recuerden que su abuelo no puede recibir emociones fuertes. Ahora es nuestro turno de hablar con mi papá.
Así que nos fuimos a sentar y a tomar agua. Normalmente no me dejo dominar por mis emociones, pero ese abrazo con Antonella frente a su abuelo, fue muy especial.
Estábamos descansando, cuando escuchamos que el papá de Antonella comenzó a hablar más alto y nos miró y nos dijo que nos acerquemos:
—¡Anto, Brenda, vengan! ¡¡¡Mi papá está hablando!!!
Pararnos y llegar a la cama, fue todo en uno. Y efectivamente, Don Junior estaba hablando muy bajito…
—¡N.o mu. erto!
—Lo sé, papá. No estás muerto. Tranquilo. Ya pronto estarás con nosotros.
—Sí, suegro, usted tranquilo que ya lo peor pasó. Tal como dice, no está muerto. Estaba de parranda.
—Sí, abuelo, no estás muerto. Eres un hombre fuerte y un hombre de fe. Por eso sigues vivo.
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! …Ya no mu…
—¿Qué dice Don Junior?
En eso, entra la enfermera con otra señora y nos dice:
—Por favor, les pedí que no lo hicieran esforzarse demasiado. Tendré que pedir que por hoy se retiren. Mañana pueden regresar.
—Tiene razón señorita Carolina, no nos dimos cuenta de que se estaba esforzando. Disculpe.

—Está bien. No hay problema. Al menos, no afectó a su estado de salud. Fue solo un susto. Ah, me olvidaba, ella es la doctora

Maria Claudina Baduzzi

, ella está encargada de la recuperación del paciente.

—Mucho gusto, y gracias por cuidar y salvar a mi padre. Toda la familia está en deuda con usted.
—No hay de qué. Ha sido un placer. El paciente ha tenido una rápida mejoría y al parecer no necesitará una transfusión para la cirugía a la que deberá someterse. Ha sido muy fuerte y esperamos que siga así para que pronto pueda volver con su familia. A una noche de ser enviado al Servicio médico legal para que pase a Tanatología y a la respectiva autopsia que había sido solicitada por el fiscal de turno; el paciente despierta del coma con lo que damos marcha atrás a todo trámite anterior. Ahora nos concentraremos y esforzaremos para que nuestro querido paciente salga pronto a seguir disfrutando con su familia.
—Es que papá es así. Testarudo como él solo. Pero fuera de broma, muchas gracias señora doctora por todo. Confiamos plenamente en que mi padre está en las mejores manos. Dios sabe que así es.
—Les agradezco su confianza y ahora les pido su colaboración. La próxima vez, no se olviden de respetar las normas de las visitas.
—Así será. Disculpen y ahora nos retiramos. ¡Adiós papá, mañana te venimos a ver nuevamente!
—¡Chao, suegrito. Hasta mañana!
—¡Hasta mañana, abuelo! Te amo mucho. Nunca lo olvides.
—¡Adiós, Don Junior! Me dio mucho gusto verlo y escucharlo. Gracias por tan lindo momento.
Nos marchamos muy tranquilos y felices, pese al error que cometimos, que hizo que terminara la visita.
Cuando llegamos a la casa de Antonella, con mi amiga, nos fuimos directo a su habitación a conversar sobre la visita.
—Amiga, estoy super, mega feliz de haber visto a mi abuelo nuevamente. Gracias por acompañarme.
—Tranquila, amiga. Yo igual me puse feliz de verlo y escucharlo… A propósito, me quedé pensando en qué era lo que estaba diciendo.
—¿Cómo? ¿No lo escuchaste? Dijo clarito que no ha muerto.
—¿Será así? Yo sentí como si quisiera advertir algo.
—¡Ay, amiga! No te pases películas. Creo que mi abuelo estaba igual de contento que nosotros y por eso nos decía que no ha muerto para que estemos tranquilos.
—Tú sabes que yo soy super meticulosa y grabé lo que tu abuelo decía. Después lo reviso bien y te digo si encuentro algo más.
—¿En serio lo grabaste? Déjame escucharlo de nuevo por favor.
Saqué mi teléfono y le di play a la grabación:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
Le volví a dar play varias veces seguidas:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—¿Ves? Dice que ya no ha muerto.
—Se escucha un suspiro antes de que diga la palabra “Ya”, como si quisiera decir algo antes y no le sale la voz.
—¡Mmm, y según tú, ¿qué habrá querido decir?!
—No lo sé. Lo pondré una vez más, pero ahora pon atención a los silencios más que a lo que se escucha.
—Okey. Ponla de nuevo.
—Aquí va:
—¡…Ya N.o mu.er.to! ¡N.o mu.er.to! ..Ya no mu…
—Ahora que lo dices, sí. Es verdad. Parece que quiere decir algo más y como que se queda sin aire. ¿Pero, qué?
—¿Viste que tenía razón? Además si te fijas, no dice, no “he” muerto. Dice, ya no muerto.
Esa frase no tiene sentido.
—”Ella no ha muerto”, parece que dijera ahora que la estoy escuchando con audífonos.
—A ver, préstame tus audífonos…
—Tienes razón. Con audífonos se escuchan esos sonidos y dice que “ella no ha muerto”. ¿A qué se referirá?
—Tal vez a ti, Brenda. Estará diciendo que tú no moriste en el accidente.
—Puede ser… Pero creo que hay algo más. Por la forma repetitiva que lo dijo. Creo que quiso avisar algo.
“Ella no ha muerto, ella no ha muerto, ella no ha muerto”. No creo que esté hablando sobre Unexma. Yo la vi morir. Convertirse en una momia y hacerse polvo y perderse en una especie de limbo. ¿Será posible que no haya muerto?
—Brenda, con Unexma, todo es posible y nunca se sabe. Mejor estar preparadas por cualquier cosa.
—Tienes razón. Pero, sabes qué, iré a la habitación a cerciorarme que Unexma esté muerta y veré si puedo derrotar y devolver al infierno a ese otro demonio.
—Amiga, no puedo permitir que vayas sola. Te acompañaré y no voy a aceptar un no, por respuesta.
—Amiga, esto es algo que debo hacer sola. Además recuerda que le prometí a tu abuelo que te iba a cuidar siempre. No puedo exponerte. Tengo que cuidarte. Además de que debes cuidar mi cuerpo por si algo sale mal.
—Creo que ese demonio es más fuerte precisamente en el plano astral que el terrenal. Si vamos las dos y entramos directamente a la habitación, la podemos sorprender y derrotar. Mi abuelo también va a cuidar de mí y además llevo la sangre de un sobreviviente y un valiente. Así que no tengo miedo. Además así nos podremos proteger porque estaremos juntas.
—Me sorprendes, amiga. Pero al mismo tiempo, me da gusto verte tan decidida y valiente. Está bien. Iremos juntas, pero no hagas nada arriesgado.
—Te lo prometo, amiga.
—Está bien. Vamos a mi casa. Y si algo sale mal, promete que saldrás corriendo sin mirar atrás.
—Eso no va a pasar.
—¡Promételo!
—Okey, lo prometo. ¡Vaya genio el tuyo!
Así que fuimos a mi casa a terminar de una vez por todas con todo esto.
—¡Mamá, papá, llegué! Vine con Antonella. Vamos a hacer algo y pasamos a saludar.
No tuvimos respuesta, pero asumí que estaban ocupados en la habitación, se lo hice saber a Antonella, así que no quisimos molestarlos, por lo que decidimos pasar directo a la habitación contigua a la mía y enfrentar a esa entidad maligna que habitaba ahí. Ya no había ninguna duda. Ahora todo se estaba desarrollando dentro de mi casa. Lo cual en parte era bueno, porque así no molestarían más a mi amiga.
Solamente íbamos premunidas de un par de botellas con agua bendita y una Biblia que había tomado prestada, Antonella de la habitación de sus padres. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar ahí, pero por alguna extraña razón, no sentíamos miedo. Nuestra fe era enorme. Teníamos plena convicción de que saldríamos victoriosas de aquella última batalla contra el mal.
Al llegar a la puerta, nos miramos y nos tomamos de la mano para darnos fuerzas y sentirnos más unidas que nunca. No nos dijimos nada. No queríamos alertar a nuestro enemigo.
Ya no había vuelta atrás. El tiempo para arrepentirse había expirado.
Aunque parezca increíble, fue la Anto quien abrió la puerta, anticipándoseme. Lo que por breves segundos me dejó algo desconcertada. Pero rápidamente me repuse y entré inmediatamente detrás de mi amiga.
Para nuestra sorpresa y decepción, no había nada ni nadie dentro. Buscamos por todos lados, incluso por detrás de la amplia cortina y nada. Incluso comenzamos a proferir variados insultos dirigidos a este cobarde demonio. El que al parecer, después de haberse deshecho de Unexma, decidió huir.
Nos disponíamos a salir de la habitación, cuando nos dimos cuenta que la puerta se había sellado. La manilla interior había desaparecido, dejándonos encerradas.
Desesperadas por salir, comenzamos a tomar los muebles e intentar con ellos romper la puerta o por lo menos hacer bastante ruido para llamar la atención de mis padres que se encontraban a tan solo dos habitaciones de distancia. El bullicio que estábamos haciendo era ensordecedor inclusive para nosotras, pero no teníamos respuesta del otro lado de la puerta ni del otro lado de la habitación.
De pronto, y como si de una tétrica obra de teatro se tratara, irrumpió de entre la negra cortina y por detrás de nosotras, aquel maldito demonio que había matado a Unexma después de haberla utilizado a su voluntad —:
—¡Vaya, vaya! Pero qué sorpresa más esperada. No podían ser más obvias ustedes par de plastas arrogantes. Y a propósito de cosas obvias, tienen claro que esta vez van a morir, ¿verdad?
—Mira quien habla de arrogancia. La que da por hecho algo que no ha pasado ni pasará. Porque la única que va a morir aquí serás tú.
—¡Ja, ja, ja! Ay, Brenda. Si no fueras tan graciosa, te habría matado hace mucho tiempo atrás. ¿Crees que soy como Unexma? Que me altero con unas estúpidas gotas de agua bendita. Me subestima, soy mucho más poderosa que ella. No olvides que yo la convertí en Unexma.
—Claro, y tampoco olvido que en agradecimiento por servirte, le quitaste la vida… Aunque creo que le hiciste un favor, porque ella ya había muerto hace tiempo estando contigo.
—Mira que coincidencia. Precisamente quedó abierta la vacante para ser mi nueva esclava. ¿Antonella, estás interesada? Estoy recibiendo currículos.
—¿Yyyyo? No, gracias. Paso. Estoy bien así. Gracias —respondió temerosa, mi amiga.
—¡Ja, ja, ja! Qué estúpida eres. No es lo que tú quieras, sino lo que yo deseo. Pero no te preocupes, tú no eres un ser de mi interés. De hecho, nunca lo has sido. ¿No es cierto, Unexma?
Y como si fuera una cámara oculta de muy mal gusto, aparece Unexma, atravesando la puerta y pasando por entremedio de nosotras, para detenerse al lado de esta aberración.
—¿Alguien dijo mi nombre? ¿Qué tal, Antonella? ¿Me extrañabas? ¿Y tú, Brenda? ¿Estabas llorando por mí? Tranquila, que aquí estoy. Más viva que nunca. Por cierto, Brenda, te dejé un regalito. Espero que te guste mucho. Me tardé un poco en la envoltura, pero sé que te va a dejar impactada. ¿Dónde lo dejé? Deja recordar… ¡Ah, sí! En el dormitorio de tus padres.
—¿Qué esperas, estúpida humana? Unexma ha sido muy generosa contigo. Ve a ver ese regalo, mientras aquí nos quedamos cuidando a tu amiguita. —acotó ese demonio.
—¡No! No iré a ninguna parte sin Antonella.
—¡Ay, qué romántica! ¿No lo crees así, Unexma?
—El amor está en el aire, Abrahel. Se puede sentir.
—Lástima que no se trata de lo que quiere, sino de lo que yo deseo y lo que deseo es que…
—¡Basta! Iré yo a ver qué está pasando y volveré enseguida. —gritó Antonella, al mismo tiempo que se dirigió hacia la puerta y la tocó percatándose que no tenía pestillo ni nada para abrirla. Por lo que se giró y miró desafiante a Abrahel y Unexma—:
¿Necesitan una solicitud por escrito? Quiero salir a ver de qué se trata la sorpresa. —Brenda, amiga. Prometo regresar de inmediato.
Unexma miró a Abrahel y esta, le hizo un gesto de sorpresa y aprobación, por lo que enseguida, Unexma hizo aparecer la tan anhelada manilla de la puerta.
Antonella abrió la puerta, salió y se dirigió con paso firme a la habitación de mis padres.
Al mismo tiempo, Unexma comenzaba una suerte de cuenta regresiva:
—10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…
—¡Aaaaaaaaaaaah! ¡Noooooooo! —gritaba desgarradoramente, mi amiga.
—¡Antonella, qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Qué viste? ¿Qué hay en la habitación de mis padres? —grité con todas mis fuerzas a mi amiga, pero no tuve respuesta.
—Parece que alguien encontró el huevito de Pascua—dijo irónicamente, Unexma.
—¿Qué hiciste, Unexma? No creo que sea lo que estoy pensando…
—No sé lo que estás pensando, querida Brenda. Pero solo puedo decir que es una sorpresa que te encantará.
—¡Unexma! ¿Acaso asesinaste a mis padres?
—¡Bingo! ¡Y tenemos una ganadora!—anunció cínicamente el otro maldito demonio.
Escuchar esa declaración con ese total desparpajo y derrumbarme anímicamente fue todo en uno. No podía creer lo que estaba oyendo, pero peor aún; lo que estaba viviendo. Unexma, por órdenes de su amo diabólico, les había quitado la vida a mis padres y de paso la mía, porque sin ellos, sentía que también había perdido mi propia vida.
Mientras intentaba digerir la idea y triste realidad de saber muertos mis padres, hacía ingreso a la habitación, Antonella con el rostro desencajado y totalmente compungido sin poder articular palabra alguna.
—¿Qué te pasó chiquilla? ¿Te comieron la lengua los ratones? Cuéntale a tu amiguita lo que viste. Aunque creo que ella ya se puede imaginar perfectamente todo. ¿O no, Brenda?—profería con evidente sorna, ese demonio que gobernaba a Unexma.
—¡Basta!—gritó enérgicamente Antonella, con todo el dolor que sentía en ese momento.
¿Qué mierda quieres de nosotras?—encaró con furia al maldito demonio que llevaba la batuta.
—¿De ti? Absolutamente nada. Tal vez que. mueras, pero nada más. El alma que realmente me interesa poseer es el de Brenda. Ella es el alma pura, capaz de dar su propia vida por proteger a una escoria que no vale nada, como tú —reveló la demonio vejete.
Quedé muda. Miré a mi amiga Brenda, pero ella estaba en shock por lo que le hicieron a los tíos. Esos malditos demonios, me tuvieron como carnada, para atraer a sus dominios a mi querida amiga y convertirla en una nueva Unexma.
—Fue una idea maestra hacerles creer que queríamos el alma de Antonella, pues solamente quería el alma pura de Brenda y vaya que lo logré. Había que darle a tu amiga un golpe bajo para que cayera en nuestras manos.
—¡Son unos verdaderos monstruos! ¿Cómo pudieron hacerle esto a mi amiga? Ella no se merecía esto —grité con con mucha rabia y pena a la vez.
—Gracias por el piropo. La verdad fue muy fácil, le dije a Unexma y a ella le encantó la idea y lo hizo. Otra cosa, Brenda se me había olvidado contarte… Tu novio… ¿Cuál era su nombre? Bacteria, Basura, Bacinica…. ¡Ya me acordé! Bastián, esa escoria tampoco está en este mundo, le hice tragar un enorme pedazo de espejo en su garganta, por insolente e infiel. Imagina que quiso propasarse con tu amiguita del alma, aunque ese beso tenía total consentimiento de tu parte, Antonella. Es más, hasta podría asegurar que lo disfrutaste. Asumo que Antonella como la buena amiga que dice ser, te lo habrá contado, Brenda querida. Fue tan emocionante verlo convulsionar y verlo partir de este mundo. Era una basura. Deberías darme las gracias, Brenda —acotó en tono de burla esa bruja, mirando a Brenda. Ella también la miraba muy seria y las lágrimas caían por su cara.
—¿Antonella, amiga, eso es cierto? ¿Te besaste con Bastián?
—Sí amiga. Es verdad, pero no fue así como lo dice esta bruja. Él me robó un beso cuando me estaba contando que su relación contigo se estaba enfriando y pensaba romper contigo. Yo lo estaba aconsejando y de repente se me abalanzó y me plantó un beso que traté con todas mis fuerzas de evitar, pero él era más fuerte que yo y no pude evitarlo. Después cuando me soltó, intenté pegarle una cachetada y él me la detuvo. Me apretó la mano con fuerza y me dijo que no fuera con el chisme porque él te iba a contar que las cosas fueron al revés y que no me ibas a creer porque tú estabas enamorada de él. Y yo, tontamente creí en sus palabras. Perdóname amiga. Fui una estúpida. Debí haberte contado. Pero por favor, no caigas en la trampa de estos demonios. Ellos solo quieren ponerte en mi contra.
—Creo que tienes razón, amiga. Aunque lamento mucho lo de Bastián. No era una mala persona. No merecía morir así.
¿Algo más que me quieras contar para seguir dándome más dolor en mi alma.? —Le preguntó Brenda a ese maldito demonio.
—No tienes ningún pariente cerca para que se vaya al otro mundo, pero queda Antonella. Antes de matar a tu amiga, quiero que veas algo Brenda… ¡Unexma, trae a los padres de Brenda para que vea como los dejaste!
Unexma sonrió, empezó a caminar hacia la puerta, yo me abalancé hacia ella para que no hiciera lo que le ordenó la demonio vieja. Debo decir que ya no le tengo miedo a Unexma, la odio con todo mi ser, y eso me da la valentía de enfrentarla y me fui encima de ella. La agarré por el pelo y comencé a golpearla. De pronto, con rapidez con su mano izquierda me tomó por el cuello y me tiró hacia la pared, me quedé sin respiración por unos segundos. Brenda corrió hacia mí.
—¡Maldita Antonella! Ahora sí acabaré contigo —me amenazó Unexma, furiosa y caminando hacia nosotras.
—¡Unexma, deja a esa basura! Trae los regalos a Brenda. No seas mala anfitriona. Después de todo, alguna vez esta fue tu casa.
—Te equivocas, la casa de Alma era la de Antonella —le corrigió de inmediato, mi amiga Brenda.
—¡Ja, ja, ja! Que estúpida eres. Eso es lo que siempre quise que pensaras. Pero no, la casa de Alma fue esta. ¿Creíste que estabas lista para hacer tus viajecitos astrales sola? Siempre estuve ahí y te miraba esperando que crecieras lo suficiente para hacerte mi esclava, pero te necesitaba en el lugar y momento preciso, y ese momento, por fin ha llegado. Alma se convirtió en Unexma para vengarse y en tu caso serás una Unexma distinta…
—¡Nunca seré tu esclava! Primero muerta —le espetó Brenda a ese demonio.
—Déjame terminar maldita, tu motivación para ser mi esclava será salvar la vida de tu estúpida amiga. Si no te entregas a mí como mi esclava, Unexma asesinará a Antonella ante tus propios ojos.
Brenda me miró y enseguida miró al cielo. Suspiró hondo y dejó caer su cabeza para decir dando la espalda:
—Está bien, tú ganas. Acepto ser tu nueva esclava, pero con la condición de que nunca le harás daño a Antonella de ninguna forma.
—No estás en condiciones de exigir ni pedir nada, pero para que veas que no soy tan mala, está bien, te concederé tu petición.
—Amiga, no lo hagas. No vale la pena convertirte en un demonio por mí —le supliqué a Brenda.
—Perdóname amiga, pero yo juré que haría lo que fuera por salvarte y es precisamente lo que haré. Vive tu vida y sé feliz, disfruta de tus padres y de tu abuelo. Yo ya no tengo mucho por lo que seguir luchando. Esta es la única forma en la que te puedo salvar. Espero que lo entiendas y nunca me olvides.
—Por favor amiga, no lo hagas —volví a pedirle con lágrimas en mis ojos y el alma destrozada. Pensar en que no vería más a mi amiga Brenda, me partía el corazón.
—No seas mal educada Antonella, no ves que Brenda ya tomó su decisión. Respeta a tu amiga —interrumpió aquel demonio.
Ahora entiendo todo, han buscado todos estos años un alma pura, sabían que aparecería, y lo peor de todo, era para convertirla en esclava de esta demonio vieja, salvar a Unexma de su maldición y entregar a aquella persona pura de alma y que esta lleve esa terrible maldición. Pero hay una cosa que este demonio y Unexma no esperan, no permitiré que conviertan a mi amiga, a mi hermana en ese horrible demonio, ella no se lo merece. Ella siempre me ha defendido de este demonio, inclusive arriesgando su vida, y ahora me toca defenderla . Este maldito par no sabe que antes de juntarme con Brenda, saqué un cuchillo de la cocina, y lo guardé en una funda, era por si acaso lo llegara a ocupar, y creo que ahora es cuando lo ocuparé matando a Unexma.
Tomé aire. Como pude me levanté con ayuda de mi amiga, y saqué de entre mis ropas el cuchillo, y le quité la funda. Por suerte Brenda estaba más atenta de esos demonios y no se fijó en lo que yo hacía.
—Tienes razón Abrahel, esta porquería no vale la pena, buscaré lo que me pediste. Me voy a saborear los labios, cuando vea la expresión de la cara de Brenda —acotó Unexma.
—Así me gusta, que me obedezcas. Gozaremos ese momento y luego, Brenda será mi nueva esclava.
—¡No lo permitiré Unexma! -Grité con todas mis fuerzas y corrí hacia ella con el cuchillo en la mano. Estaba a punto de llegar a Unexma y enterrarle el cuchillo. Cuando Abrahel con rapidez se pone frente a mí, y con una mano me toma por el cuello y me dice:
—¿A dónde crees que vas, asquerosa humana? Me hartaste, te mataré ahora mismo.
Diciendo eso, empezó a apretar mi cuello con fuerza casi dejándome sin respirar, en eso se me cae el cuchillo y veo mi fin sin poder salvar a mi amiga.
***
Estaba impresionada de Antonella por la valentía que ha demostrado en este momento, pero a pesar de mi gran dolor, tengo que salvarla de las garras de aquellos demonios, vi que se le cayó un cuchillo a mi amiga y fui corriendo por él.
—¡Mátala de una vez! —expresó muy iracunda, Unexma.
-Con gusto. Mira de a poco la ahogaré hasta quebrarle el cuello.
¡Ja, ja, ja!
—¡Ja, ja, ja!, eso será genial. Podríamos jugar al basquetbol con el cuerpo de ella y ver quien de las dos hace más puntaje en la canasta.
—No se ve mala idea, su cuerpo se hará bolsa de tantos golpes. ¡Qué sufrimiento para esta mocosa entrometida!
—¡Basta! Si llegan a hacerle algo a mi amiga, me rebanaré el cuello, y ustedes serán las perdedoras si llego a morir —les amenacé muy segura, poniendo el cuchillo en mi cuello.
—¿Qué estás haciendo? Prefieres morir por esta cosa.
—Así es, ya te había dicho, me hice una promesa de salvar a Antonella de las garras de ustedes aún con mi propia vida. Si muero, no tendrás la esclava que tanto has buscado y Unexma no podrá quitarse esa maldición. Tienen mucho que perder las dos, libera a mi amiga. Cumple con tu promesa y también quiero pedir una segunda condición para ser tu esclava.
—¿Quién te crees para darme órdenes y pedirme favores?
—Mira demonio vejete, te conviene, yo ya no tengo nada que ganar ni tampoco perder. Me quitaste todo y lo único que me queda es mi amiga.
—Creo que me gusta lo que dices. Tienes las cosas bien claras. Sabía que cuando te elegí, no estaba equivocada. Ahora dime lo que quieres, antes de que me arrepienta —habló muy seria, Abrahael.
—Número uno; cumple y deja con vida a mi amiga Antonella.
—Okey, ahí la tienes —dijo, soltando a mi amiga, quien cayó al suelo de golpe. Antonella se puso a toser por la falta de aire que tuvo.
—¡Gracias! —miré a Unexma y dije:
—Unexma, a pesar del daño y dolor tan grande que me has dado, te perdono. Tú siempre has sido manipulada por estos demonios que solamente han sacado provecho de tu venganza, aunque sea con justa razón, pero ya no pudiste medir consecuencias, pues tenías que encontrar un alma pura, que fuera decidida, valiente, que sea capaz de dar la vida por los suyos y sobre todo que sea tan espectacular y linda como yo… <<Aún con mi dolor, tenía ánimos de bromear>>.
—¡Termina de una vez! Tanta palabrería, que me desespera ¿Cuál es la condición número dos? —Alzó la voz fuerte la demonio.
Unexma me miraba y su rostro estaba muy confundido.
—¡Qué impaciente esta vejete! Ahora termino mi discurso. La número dos es que liberes a la patitas de canario o a Unexma, como quieras decirle; de su maldición y la conviertas en Alma. Y yo, me convertiré en tu esclava.
Se sintió un silencio espectral, no deje de mirar a la patitas de canario, y al ver su asombro por aceptar ocupar su puesto y sentir que muy pronto, mi hermoso cuerpo se convertirá en esa cosa y mis amadas piernas se convertirán en unas patitas de canario. Pero mi suerte ya está echada y no hay vuelta atrás. No tengo nada que me ate a este mundo . Me quitaron a mis grandes amores que son mis padres y mi novio. Ni siquiera Antonella, puede calmar este dolor y cambiar mi decisión.
—No me esperaba tal cosa, me has sorprendido una vez más, Brenda. De verdad que tienes un alma muy pura. Está bien, cumpliré tu segundo deseo.
—Bren…da -balbuceó con voz entrecortada Unexma y unas lágrimas cayeron por su cara horrible.
—Amiga, no hagas eso por favor. Te lo suplico por tercera vez —me habló con un poco de dificultad mi amiga.
—Antonella, es lo mejor para ti y para Alma. Yo ya no tengo nada en este mundo terrenal que me ate. Perdí a mis padres, ahora también a Bastián, no tengo ganas de seguir. Si me quedo, solo tendré momentos dolorosos, recuerdos dolorosos, seguramente no lo podré resistir. Además si no lo hago, tú morirás.
—¡Brenda no pienses así! te ayudaremos con mis padres a salir adelante, no te abandonaremos. Por favor no hagas esto. No te quiero perder así amiga —Expresó mi amiga llorando desconsolada. No es justo que esto pase, no me dejes sola, no me abandones ¡Por favor!
Mi amada amiga llorando muy desconsolada, suplicándome que no lo hiciera. Su llanto desesperado me traspasa mi corazón destrozado, quisiera no hacerlo <<es lo mejor para Unexma y para ti>> —pensé.
—Tiene que ser así amiga. Tú me dijiste hace rato, que yo no había perdido a ningún pariente mío por causa de estos demonios. Te escucharon parece y me dieron donde más me duele…
No pude seguir hablando, se me cortó la voz y no pude evitar llorar con toda la angustia y tristeza que me envuelve, en realidad no lo puedo soportar.
—¡Perdóname amiga! No fue mi intención, me arrepiento en el alma de haberlo dicho, me culparé el resto de mi vida por decir semejantes palabras. Brenda, te lo ruego, no le des en el gusto a este demonio. ¡Te lo suplico!
Gritó con una desesperación mi amiga y hermana. Me sequé las lágrimas, miré a Antonella, y le dije:
—La decisión está tomada y no hay vuelta atrás. —Miré a la vieja demonio y le hablé con propiedad: Cumple lo que te pedí y puedes ahora mismo transformarme en Unexma.
—Menos mal que hablaste algo coherente, tanto drama y llanto ya me estaban aburriendo. Te concederé tu deseo, y en este momento te transformarás en mi esclava y serás Unexma.
Cerré mis ojos, escuchaba a Antonella gritando <<noooo, Brenda >>, seguí con mis ojos cerrados y sentí que algo se iba de mi cuerpo. Ahora siento la asquerosidad en la que me estoy convirtiendo, me despedí de mis papitos, que ya están en el cielo, los papás de mi amiga, de don Junior, de mis compañeros de clase y por supuesto, de mi amiga y hermana del alma…
—Listo Brenda, o mejor dicho, Unexma. Tu transformación está terminada, ja, ja, ja. Te traeré un espejo para que te mires.
Abrí los ojos lentamente, vi el espejo, me miré. La verdad “la hermosa Brenda” se ha ido completamente, solamente veo al horripilante ser que soy ahora. Me sentía asustada, me sentía nerviosa << ¿que hice? >> -pensé. La verdad estoy un poco arrepentida, no era lo que yo quería. Viviré por la eternidad así, hasta que encuentre otra esclava para la salvación de mi alma. Miré a Antonella , ella lloraba desconsolada, miré a Unexma, y la escuché decirme <<perdóname de corazón Brenda>> y en eso me di cuenta que todavía no la había transformando en Alma, veo que no lo ha hecho. Me calmé, volteé mi mirada desafiante a Abrahel y le dije enérgicamente:
—Ahora que ya soy Unexma, te falta volver a la normalidad a Alma.
—Creo que hay un cambio de planes, prefiero quedarme con las dos —aseveró Abrahel.
—¡Abrahel! tú me prometiste, que si encontrabas un alma pura, me volverías a mi estado original.
—¡Ay Unexma! Cuántas veces te he dicho “NO CONFÍES EN UN DEMONIO” —Dijo riendo a carcajadas, Abrahel.
—¡Mentirooosa! Te mataré.
Gritó muy furiosa Unexma y se le abalanzó a la demonio vieja, pero como ese ser del infierno son cinco en uno, tiene un poder demoledor y de un golpe, derribó a Unexma y le dio una patada y la lanzó hacia la puerta chocando con ella.
—¿Quién te crees que eres? Somos muy poderosos, y por esta falta, morirás. Así como te hice, así me deshago de ti, sin ningún problema. No te necesito más, pues Brenda o mejor dicho Unexma es mucho más poderosa que tú. Verdaderamente serías un estorbo. —Dijo aproximándose a ella, que no se podía mover.
En eso que llega a ella, de pronto se abrió la puerta y una gran luz muy potente, entró de ahí, y no nos dejaba ver, luego escuché una voz de hombre, que se me hacía familiar.
—¡Abrahel! ¡Qué vas a hacer?
—¿Tú?, ¿qué quieres ahora?
—No me respondas con otra pregunta. Te voy a decir por lo claro, hiciste una promesa y debes cumplirla, o sino quieres que venga quien tú sabes y arregle cuentas contigo —Le dijo aquel hombre.
En eso la demonio vieja retrocedió unos pasos. Parece que algo la asustó, pues murmuró fuerte:
—Claro que no, no quisiera topármelo, lo respeto demasiado.
—Obviamente que a “Él” le respetas y obedeces. Si tú hiciste una promesa te la va hacer cumplir. Estaba viendo todo lo que en este momento estabas haciendo, y no va a dejar que te pases o mejor dicho se pasen de listos. Me mandó a mí para advertirte que lo cumplas o te castigará. Brenda se ha sacrificado por Alma y la chica ya fue perdonada, devuélvela a su estado original. Te daré diez segundos para que lo hagas. —Sentenció aquel hombre que ya identifiqué como el anciano que se me presentó en la iglesia por primera vez.
—Sí, lo haré de inmediato —dijo Abrahel mascullando su rabia. Dicho eso, transformó a Unexma en Alma. La que una vez transformada, se desmayó. El hombre se acercó a ella, la despertó, la ayudó a levantarse, y le acarició la barbilla. Entonces Alma se volteó hacia mí y me dijo:
—Aunque estés convertida en Unexma, sé que siempre serás Brenda. Te pido en lo más profundo de tu corazón que me perdones. Hubiera querido de verdad retroceder el tiempo y no haber pedido venganza alguna, hubiera evitado todo este mal y tú tendrías una vida normal y bella como te lo mereces.
—No te preocupes, como te dije antes, ya te perdoné. Ve con este señor donde realmente tú perteneces y sé feliz como lo mereces también, Alma.
—Muchas gracias, Brenda .
—Alma, no vine solo, te vienen a buscar también, ella también esperaba por ti. El anciano miró hacia la puerta y dijo fuerte —¡Joffy, ven cariño!
En eso entró la perrita de Alma, ladrando de gusto, muy contenta, y muy eufórica a la vez. Se fue corriendo hacia Alma y saltó a sus brazos.
—¡Mi Joffy! Que gusto de tenerte conmigo mi chiquita, no sabes cuánto te extrañé —dijo llorando de alegría y girando con ella de pura felicidad.
Y justo, ese momento mágico, lo estropea Abrahel:
—¡Por favor, basta! Llévatela de una vez por todas, no soporto ver este tipo de cosas. Yo ya cumplí. Ahora sácala de mi vista.
—Mejor cállate, además ya nos vamos. Bueno Alma, es hora de partir. ¿Estás lista?
—Sí, vámonos si así lo quiere —asintió Alma. Luego me miró y me sonrió dulcemente, llevo su mano a su corazón —<<te llevaré siempre acá en mi corazón, gracias mi querida y valiente Brenda>>.
Tenía a su perrita Joffy en sus brazos que no le dejaba de lamer la cara y en eso el hombre me miró, sus ojos estaban llenos de lágrimas:
—Gracias por devolvernos a Alma, mi dulce Brenda. Porque para nosotros, siempre serás Brenda. Solamente cuídate mucho niña.
Diciendo eso caminaron a esa gran luz y entraron, la puerta se cerró suavemente. Ahora quedamos Abrahel, Antonella y yo.
—Por fin se fue ese inútil, no lo soporto. Tenía que haberlo matado cuando pude —se decía así misma Abrahel:
Bueno Unexma, ya es hora de irnos, pero antes tienes que empezar a hacer tu trabajo de demonio.
—¿Qué tengo que hacer?
—Lo primero que tienes que hacer y sin dudar es matar a tu amiga Antonella.
Nuevamente estos demonios me han traicionado y aparte mentirosos como ninguno, lo peor es que les tengo que obedecer.
-Habíamos quedado que ella se salvaría.
—Debes aprender que en los demonios no puedes confiar ¡Hazlo! Es una orden.
—¡Brenda! Soy tu mejor amiga, no le obedezcas —Gritó Antonella.
—Yo ya no soy Brenda, soy Unexma —Dije aproximándome a la que fuera mi amiga y hermana.
Ella retrocedía de espaldas, veía su cara de miedo. De pronto cuando estuve frente a ella, con una mano, la tomé del cuello;
—¡Eso, mátala de una vez por todas!
—A…miga, por fa…vor.
Me acerqué a su oído y le dije:
—Adiós amiga del alma, te quiero mucho y cuídate.
Diciendo eso la lancé con todas mis fuerzas hacia la cortina negra y la escuché gritarme << Brendaaaa>>, y se esfumó llegando hacia aquella cortina. Por fin he cumplido mi promesa de salvarla de estos demonios —:
—¿Qué has hecho infeliz? Te dije que la mataras, no que la salvarás. Tendré que enseñarte lo que es obediencia. Tendrás tu castigo por esto. —Me habló muy furiosa, Abrahel.
—Pero Abrahel, tú misma lo dijiste: “NO CONFÍES EN UN DEMONIO”, y eso fue lo que hice. Ahora me despido. Adiós repugnante demonio.
Me fui corriendo hacia la cortina y salté. De lejos escuchaba que me gritaba:
—¡Nooo! Vuelve acá, tú me perteneces, Unexmaaaaa.
Y simplemente me fui perdiéndome en el limbo tras la cortina negra.
***
Han pasado ocho años, me he convertido en un actriz de renombre, mejor dicho demasiado famosa. Pronto actuaré en una película y será de terror, quien diría que yo siendo tan miedosa, haría una película así.
Ya es de noche, tengo que ir a la habitación de mi hijita Brenda Christie y darle las buenas noches. Entré en su habitación. Ella ya estaba acostada, pero despierta, y me senté a su lado:
—Ya es hora de dormir cariño —le dije a mi hija, mientras le acariciaba su cabello.
—No puedo dormir, mamá —me respondió muy seria y temerosa.
—¿Y eso, por qué?
—Tengo miedo mamá, quisiera preguntarte algo.
—¿Qué me quieres preguntar hija?
—¿Por qué existe la noche?
De solo escuchar eso me estremecí por completo, cerré mis ojos y abracé muy fuerte a mi hija, y mientas lo hacía, a mi mente evocaban muchos recuerdos. <<Creo que esta noche dormiré con ella>>.
¿FIN?
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Seudónimo: Ann E. Rol.
Chilena.
Facebook: Lorena Escritora.
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