Capítulo XXXIV

CAPÍTULO 34

…Y se lo pregunté directamente:

—¿Cómo sabe su nombre?

—Brenda, ella me atormentó casi toda mi niñez y una noche dejó con sangre escrito su nombre en la ventana; por eso lo sé.

—Antonella me dijo lo mismo; eso quiere decir que esa es como su carta de presentación, y cuando hace eso, es porque ya decidió que ahí se quedará. La pregunta es; ¿por qué si comenzó con dejarse ver solo por Antonella, pasó a cambiar su forma, su aspecto; también a rasguñar su ventana, dejando su nombre con sangre y cómo llegó a materializarse al grado de asesinar personas?

—Eso es porque ella se alimenta primero de la obscuridad, luego de los miedos, la falta de fe, el pensar en ella; otra cosa que la fortalece es que no crean en su existencia, y por último el que la desafíen. He estudiado mucho sobre este tema y he descubierto cosas que no te imaginas. Pero solo así, logré librarme de esa maldición de demonio llamada Unexma.

—Es muy interesante lo que me cuenta señor, pero por mi parte también he hecho algunas investigaciones y también he descubierto cosas que no se imagina.

—No tengo dudas al respecto, pues tú eres una chica muy lista y valiente. Mi querida nieta me ha hablado mucho sobre ti y me estoy dando cuenta de que no exageró en lo más mínimo.

—Gracias señor, ahora mi pregunta es; ¿por qué necesita hablar conmigo?

—Porque tú, mi querida niña, tuviste una pelea fuerte con Unexma en tu niñez y creo que hasta ahora, ella te sigue molestando y tú tienes bastante valentía. Mi nieta Antonella no tiene esa valentía y por eso Unexma se aprovecha de ella y puedo casi asegurar que por eso mi nieta esta poseída por Unexma y para mí es muy triste y siento impotencia de no poder hacer nada por ella. Por eso quería hablar contigo, mi nieta necesita ayuda y creo que solo tú la puedes ayudar.

Con lo que me acaba de confiar el abuelo de “Anto” me quedé de una sola pieza, ya que no lo imaginaba, quizás lo sospechaba, pero no lo creía. Pero ahora, recordando la vez que hablamos por teléfono y le salió una voz diferente, posiblemente sea una señal de que efectivamente esté poseída por la “patitas de canario”. Ahora de que solo yo, la pueda ayudar, no lo sé.
<<Francamente espero que su abuelo esté equivocado>>.

—¡Vaya, me sorprende con lo que me dice, pero, ¿qué lo hace creer eso? De todos modos, ahora lo importante es salvarla de la “patitas de canario”.

—¡Ja, ja, ja!, ¡¡“patitas de canario”! Disculpa, no pude evitar la risa, me causó mucha gracia. Pero tienes mucha razón, hay que salvar a mi nieta de las garras de ella, pero como está poseída, en cierta parte, será bastante difícil.

—Mi otra pregunta es; aparte de usted, sus hijos y nietos; ¿a quién más se le aparecía? Algo me contó Antonella, pero prefiero que usted me diga la verdad.

Me miró y sonrió:

—Te contaré, pero tienes que colocar bastante atención.

—No hay problema.

—Supongo que Antonella te contó lo que me hizo a mí.

—Sí, me contó, que lo molestaba en las noches, no lo dejaba tranquilo, hasta llegó a arañarlo y que sus padres no le creían a pesar de las pruebas. Y lo último que me contó, fue que una noche lo dejó tranquilo y usted se durmió plácidamente, pero bien entrada la noche, sintió que se estaba ahogando y cuando abrió los ojos Unexma lo estaba ahorcando con sus propias manos. En su afán de sacársela de encima, botó y rompió la lámpara y debido al estruendo, sus padres entraron a la habitación, la vieron encima de usted y se dieron cuenta que usted decía la verdad. Ella les gruñó y desapareció al mismo tiempo que había hecho que se fuera la luz en toda la casa. Cuando sus padres volvieron a dar la luz, no había rastros de Unexma —esa es la versión que yo conozco.

—¡Vaya, que memoria tienes, muy bien resumido Brenda!
Y así exactamente fue como sucedió.

—Gracias, y también le agradezco mucho su confianza y confirmar su historia con Unexma.

—Bueno, te sigo contando, la verdad no era el único al que Unexma molestaba, claro que ella no fue tan agresiva con las otras personas como lo fue conmigo. Ella se les presentaba en sueños a los hijos de los amigos de mi papá, menos a uno, que vio como Unexma mataba a su padre. Un día treinta de abril, Roberto; que así se llamaba mi amigo, estaba durmiendo, y despertó por el grito de un hombre, se levantó de su cama y fue a mirar por la ventana —su habitación estaba en el segundo piso y daba hacia la calle. Y vio que era su padre que discutía con alguien casi a gritos y mi amigo no entendía por qué no veía a nadie discutir con su padre. Pensaba que su padre estaba borracho o loco y su padre seguía gritando; que no debía nada, que era inocente, y que lo dejaran en paz. Y mi amigo, no salía de su asombro y hasta risa le causaba, pero todo cambió cuando de pronto vio a su padre ser rociado con algún líquido que no pudo distinguir en un principio de qué se trataba, pero no tardó mucho en descubrir lo peor; de la nada salió fuego desde el piso y alcanzó a su padre, el que inmediatamente comenzó a arder, quemándose a lo bonzo frente a sus ojos y Roberto, no alcanzó a hacer nada. Con suerte gritaba, acompañando los gritos desgarradores de su padre, el que danzaba al ritmo de las llamas. Cuando Roberto llegó al lado de su padre, pudo ver que de entre las llamas salió una mujer la que al ver a Roberto, le lanzó un gruñido horrible y se convirtió en un animal como un lobo y se fue corriendo, perdiéndose al doblar la esquina. Roberto quedó en shock y declaró eso a la policía y obviamente no le creyeron. Finalmente, se trastornó y decidieron internarlo en un siquiátrico. Yo alcancé a tener contacto telefónico con él, poco antes del funeral de su padre y nunca olvidé lo que me contó.

—¡Dios mío, que horroroso! Se me va a salir el corazón de la angustia —y no me diga que los otros fueron peores —pregunté, algo asustada.

—Así es, mi niña linda.

—Entonces, en ese tiempo la “patitas de canario”, era muy vengativa —formulé, sorprendida de lo mala que llegó a ser.

—La verdad sí. Bueno, te sigo contando, después pasaron cinco años y una noche, mi amiga Laura soñó que iba con su padre por la calle y que se quedaban mirando un ventanal de un edificio y veía a una mujer espantosa haciéndole señas a su padre y con su dedo del medio le indicaba que mirara hacia arriba, y él, miraba hacia arriba, Laura igual miraba y veía que caía un gran ventanal de vidrio, aterrizando justo sobre su padre, cortándolo en pedazos. Y al día siguiente, a su padre, le pasa ese mismo accidente, falleciendo partido en dos en plena calle, mientras esperaba que llegara la ambulancia. Lo que todo mundo encontró extraño y nadie entendió —solo yo; fue que al lado del charco de sangre, el padre de Laura había escrito con su propia sangre “Unex” y no pudo escribir nada más, porque en ese instante murió. Después pasaron otros cinco años más y Exequiel; que también es mi amigo, soñó que veía a su padre en el trabajo y que luego lo veía pasar por un pasillo a buscar unos planos que se le quedaron en su oficina en el piso 14 del edificio donde trabajaba y cuando iba para allá; escuchó a una mujer llamar a su padre y mi amigo miró y vio a Unexma, luego mira a su padre nuevamente y ve que él se voltea, la ve y sintió el temor de su padre y ella le dice que siempre quiso subir, pasando por encima de quien sea, entonces él se gira rápidamente y se va casi corriendo a su oficina e intenta abrir la puerta y ella larga la risa. Mi amigo vio en su sueño cómo Unexma le decía a su padre que “fue un mal pirata y que tenía que caminar por la borda y saltar del tablón” y ahí, su padre cae de rodillas tan fuerte al piso que se escuchó un crujido y su padre gritaba que se le rompieron sus piernas; pero aún así, lo vio casi levitar hacia la ventana, la que se abrió en el preciso momento que su padre se acercaba contra su voluntad y Unexma le dijo; “grita perra, que aquí nadie te puede escuchar”, ahí su padre abrió sus ojos y boca y gritó que “por favor no lo mate, que él no quería lastimarla”, y lo último que vio fue a su padre volar desde el piso 14 gritando ¡pieeeeeedaaaad! Unexma se reía y le gritaba que “esperaba que ese marinero supiese nadar, sino sería de agua dulce”. Al otro día ocurrió lo mismo que soñó Exequiel. En ese tiempo éramos adolescentes; teníamos unos 15 años y así pasaron…

Lo interrumpí:

—Pasaron cinco años más — afirmé, casi sonriendo-

—Exactamente, pero esta premonición fue distinta, ya que la hija del amigo de mi padre no fue la única que soñó lo que iba a pasarle a su padre. Los demás también soñamos lo mismo, y como te darás cuenta, Unexma te hacía saber en sueños lo que vendría.

Lo miré. Estaba realmente anonadada con todo lo que me contaba. Siento que el abuelito de mi amiga sabe demasiado, tal vez hasta más que yo, y a mí me pasó lo mismo con las muertes de Marcos y Héctor; Unexma me mostraba lo que iba a pasarles. Verdaderamente este demonio supo vengarse.

Unexma – Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados ®
@lorenaescritora en instagram.

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