Capítulo XXXIII

CAPÍTULO 33

Después de terminar de hablar por celular con Antonella, he quedado anonadada. Unexma hizo vivir el terror con alevosía a la familia de Antonella y a los malditos que le hicieron el mal. Con lo que le hizo a uno, por lo que me contó mi amiga, me imagino la muerte terrible de los otros desgraciados. La buena noticia es que viene el abuelo de Antonella. Tengo que aprovechar esta oportunidad para hablar con él y sacar más información. Ese señor sabe mucho.
Unexma y el otro demonio, están planeando algo, lo presiento. Pero no se saldrán con la suya, me quisieron matar y no pudieron lograr su objetivo, esto me da mucha más fuerza para mi enfrentamiento con ese par, aunque entiendo perfectamente que Unexma no tiene la culpa de ser como es. En el fondo, es una víctima en toda esta historia. Pero el mal ya está hecho y lo que queda es intentar resarcir el error de Alma, porque estoy segura que ella todavía está en Unexma. Algo de aquella chica, debe quedar ahí bajo esa coraza demoníaca, y tengo que liberarla de alguna manera. La pregunta es, cómo. Creo que voy a descansar y mañana de seguro hablaré con el abuelito de Antonella y será bastante extendido, pero trataré de que no hablemos en la casa de mi amiga sino en otro lugar, quizás en una iglesia. Sí, creo que es el lugar ideal. Bueno, por lo pronto, me voy a relajar y luego a almorzar para reponer energías, ya que mi lindo novio me invitó al cine, así que pienso abstraerme de pensar en la realidad y me toca disfrutar de la fantasía y magia del séptimo arte.

Después de almuerzo, salí con mi novio de paseo y nos fuimos al cine, vimos una película de terror que está de moda, yo no le encontré nada de miedo, son solamente efectos especiales, maquillajes y la música que da ese miedo en la escena precisa, en cambio, Bastián estaba muerto de miedo, ¡que cobarde es mi novio!, más encima se cree todo. Pero es muy divertido verlo así de asustado, fingiendo que no lo está. Después de ver la película, nos fuimos a comer unos ricos sushis y llegué bastante tarde a la casa, pues me fui a un motel con mi novio e hicimos el amor locamente y me saqué todo el estrés que tenía y él quedó feliz y yo relajada. En el fondo, lo necesitaba. Sentí que me había liberado de un gran peso.

Al otro día que me levanté a tomar desayuno, mi linda madre me contó que había llegado mi amiga del alma, me vino a ver y como yo no estaba, se fue, pero nos invitaron a almorzar allá y por fin voy a conocer al famoso abuelito de mi amiga. Después de almorzar, Antonella me pidió que le fuera a buscar su celular a su habitación y yo fui, subí al segundo piso y sentí potentes las malas energías. Se me había olvidado que ese demonio está en aquella habitación sellada y seguramente Unexma también. Fui rápidamente a la habitación de mi amiga, tomé su celular y salí. Cuando ya iba caminando por el pasillo y quedé cerca de aquel cuarto sellado, me detuve frente a la puerta y lo miré de frente por un buen rato, las energías se hacían más fuertes, era inevitable sentirlo, quería entrar pero algo me contenía y mejor me fui de ahí. Bajé al primer piso, fui al comedor y le pasé el móvil a mi amiga. Luego veo que el abuelito de Antonella se dirigió a la cocina, los demás seguían conversando sin darse cuenta de nada, me fui a la cocina y ahí estaba parado el abuelo:

—Brenda, te estaba esperando —dijo – y yo, quedé muy perpleja.

—¿A mí? ¿Y por qué me esperaba?

—Me gustaría hablar contigo, pero no acá en la casa.

—Claro, no hay problema, y ¿dónde quiere que nos juntemos? —pregunté.

—En la Iglesia que está a cuatro cuadras de acá. Espero que no te incomode.

—No creo que me incomode, de hecho, yo había pensado lo mismo. Que conversemos en la iglesia. Creo que es una buena coincidencia. Bueno, nos vemos allá en una hora. ¿Le parece?

—Me parece muy bien, en una hora más nos vemos — confirmó, y salió de la cocina.

La verdad encuentro todo muy extraño, que las cosas se estén dando “a pedir de boca”; debería estar agradecida, pero soy muy desconfiada y es algo que no puedo evitar. Pero es mejor que mi amiga no se entere, pues querría acompañarme y eso sería muy peligroso para ella, y yo, juré protegerla. Ya estando en mi casa después del rico almuerzo que preparó la tía Florencia, le dije a mi mamá que saldría y que volvería temprano. Mi amiga me llamó por celular para preguntarme si salíamos un rato, le dije que tenía que hacer un trámite con Bastián, y que volvería temprano. Cuando me desocupara, la llamaría para vernos. Claro, le mentí, diciendo que iba a salir con mi novio, pero es una mentira piadosa. <<No quiero que sepa que me voy a juntar con su abuelo>>. Entonces, me dijo que estaba bien, que cuando llegara, le avisara y saliéramos un rato. Y en eso quedamos.
Después de cortar, me puse a pensar en voz alta:

—Que chistoso, dije una mentirilla a mi amiga para que no piense que tengo un amante por ahí. Ja, ja, ja.

Entonces, me fui al encuentro con el abuelo de mi amiga, le dije a mi mamá que me iba a reunir con unos amigos y que volvería temprano. Salí de mi casa, me dio por mirar a la casa de Antonella; tenía el presentimiento que ella estaba afuera y la verdad no me equivoqué; estaba ahí parada y me hizo señas, y yo igual a ella. Le grité que después nos veríamos para salir y me dijo que sí, me di la vuelta y no hay que ser tonta para no darse cuenta que vio salir a su abuelito y de seguro que se despidió de él, y para no despertar sospechas, bajé una cuadra al contrario del camino hacia la iglesia, y doblé a la esquina. Claro, me va a quedar un poco más retirado el camino a la iglesia, pero es mejor así; aunque siento que me miran. Entonces, se me ocurrió sacar un pequeño espejo para mirarme por si acaso se me había corrido el maquillaje y lo muevo un poco para espiar hacia atrás, y no pude creerlo; estaba Antonella mirándome fijamente y obviamente que no era ella; o era Unexma o era el otro demonio. ¡Qué rapidez para llegar donde estoy yo ahora!
Se me ocurrió la idea de devolverme y hacer como que no la había visto antes y en el encuentro casual, preguntarle hacia dónde va. Justo voy cruzando a la vereda del frente para hacer lo que había pensado, cuando de pronto, veo que aparece un bus bien lento, doblando la esquina y veo que Antonella lo mira fijamente y me dio por mirar nuevamente a la esquina donde venía aquel bus y se acerca justo donde estoy y de pronto acelera a toda marcha directo hacia mí. Y por fortuna y buenos reflejos, alcancé a subir de un salto a la vereda rodando por el piso y el bus pasó de largo a esa gran velocidad, hasta parar en la esquina de una frenada brusca. Luego se baja el chofer todo preocupado y se acerca a mí:

—Señorita, ¿se encuentra bien?

—Sí, pero tenga cuidado para manejar, por poco me atropella —alegué, un poco molesta y asustada.

—Lo siento, ni yo sé qué pasó, el manubrio de pronto se trabó, y no podía controlarlo y se fue directo donde estaba usted y sentí el pie del acelerador muy pesado, como si fuera de metal o algo así y por eso de la nada se aceleró el bus. Yo sé que no me va a creer, pero es la verdad, señorita. Pero, ¿está segura que está usted bien? ¿Puedo hacer algo por usted? No lo sé, la llevo al hospital o a su casa —ofreció, afligido el chófer.

—No se preocupe, solo me magullé un poco la rodilla y rasgué mis jeans, pero ahora parece que estoy a la moda. De verdad, no se preocupe.

—Me siento tan mal. Esto nunca me había pasado en los años que llevo conduciendo, nunca he tenido un accidente ni una infracción siquiera. Tenga, le dejo mi tarjeta por cualquier cosa que necesite; traslado de urgencia, un viaje especial, turismo, lo que sea. Mi bus queda a su disposición. Una vez más, me disculpo y creo que por hoy ya conduje demasiado. Me iré a la casa a descansar un poco. Ya sabe, cualquier cosa me llama. Ahí está mi nombre; Lino Reyes. ¡Adiós, señorita…? Disculpe, no me sé su nombre.

—Brenda, me llamo Brenda. Muchas gracias por todo y guardaré su tarjeta por cualquier cosa. ¡Gracias!

El chófer se volvió a subir a su máquina, la echó a andar y siguió su rumbo. Mientras yo veía alejarse el bus hasta perderse en las calles, me recordé de la supuesta Antonella, así que la busqué con la mirada, pero se había esfumado.

Entonces, me di cuenta de que esto se trató de alguna advertencia de Unexma o del otro demonio:

Antonella se desapareció en los pocos segundos que el bus casi me atropella. Claramente es una advertencia, pero eso no significa que me detendré. Así, que seguí mi camino rumbo a la iglesia.
<<Ya te voy a vencer “patitas de canario”>>.

Por fin llegué a la iglesia, después de caminar unas cuadras más y como en Santiago las cuadras son largas y más encima, con este calor; llegué con la lengua afuera. Entré a la iglesia y vi al abuelo de mi amiga rezando cerca de la imagen de Cristo. Me acerqué y me puse a su lado:

—Le pido disculpas por la demora, pero me pasó un pequeño percance —me excusé.

—No te preocupes hija, sé que Unexma no quería que nos juntáramos. Dime una cosa, ¿mi nieta te vio salir de tu casa?

—La verdad es que sí y nos despedimos de señas.

—Y luego de eso, ¿ella te siguió?

—Pues, al parecer sí. La vi detrás de mí.

—¿Hablaron?

—No, ella después se fue.

—¿Antes o después de intentar evitar que llegaras? Porque creo que esa no era mi nieta, ¡era Unexma!

Unexma – Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados ®
@lorenaescritora en instagram.

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