Capítulo XXVIII

CAPÍTULO 28

…Entonces miré esperanzada a mi amiga Brenda y la comencé a llamar a viva voz:

—¡Brenda, amiga!, acá estoy, ¡ven por favor! —grité de una esquina a la otra.

—Brenda, se percató de mis gritos y me saludó:

—¡Hola, amiga!, veo que te lo estás pasando muy bien. Tú no pierdes el tiempo por lo que veo.

Mientras mi amiga me decía esas incoherencias, Marcos y Héctor me tenían rodeada y Marcos me estaba besando los labios y Héctor mi cuello y mejillas; al mismo tiempo que ambos me acariciaban por los costados; Marcos mis caderas y cintura y Héctor un poco más osado, mi muslo y casi rozaba mi entrepierna.
Tal vez, si me llamara Rosita, estaría disfrutando esta situación tan peculiar, pero sus alientos fríos y a carne podrida de Héctor y el fuerte olor a cabello quemado de Marcos hacían que fuera bastante nauseabundo el momento. Por un lado, las manos de Héctor estaban frías como el hielo y las de Marcos a ratos quemaban como brasas.
Ambas sensaciones de temperaturas diferentes, me hacían sentir dolor y placer sin querer sentirlo. Eran como latigazos de electricidad recorriendo por mi cuerpo.
Menos mal que al parecer mi amiga se dio cuenta que no estaba precisamente disfrutando la situación. No era como un desliz fugaz en un obscuro callejón de Miami; no, esto era diferente. ¡Diablos! ¿Por qué tengo que pensar en “Rosita” ahora?
¡Eso es! Estoy soñando y solo tengo que despertar y ya. Pero no podía despertar. Tal vez no estaba soñando.

—Antonella, ¿estás bien?

—No, amiga. ¡Ayúdame! ¡Quítamelos de encima! ¡Esto no es real, no está pasando!
¡Tú no eres Marcos ni tú tampoco eres Héctor! —déjenme en paz, grité.

—Antonella, tienes razón; ellos no son Marcos ni Héctor…

—Ya lo sé amiga, por eso, ¡ayúdame, por favor!

—¡Déjame terminar Antonella!; ellos no son Marcos ni Héctor, <<y yo tampoco soy tu estúpida amiga Brenda>>; ja, ja, ja, ja, ja.

—¿¿Quééééé??

—Lo que oíste “princesa de corazones” —grita cuánto quieras, que nadie podrá oírte, y yo me sentaré por aquí para ver en primera fila a mis chicos en acción, “que ahora son todo tuyos” —me gusta compartir —mi filantropía y altruismo, no tiene límites; ja, ja, ja, ja.
¡Muy pronto, sabrás qué se siente que te quiten tu pureza y luego de eso, morirás!

—¡Aaaaaaah! ¡Noooooo! ¡Déjenme ir, por favor! ¡Auxiliooooo! ¡Ayudaaaaa! —y entonces recordé un consejo de sobrevicencia en caso de que esté sufriendo un asalto o precisamente un intento de violación —y apenas pude, lo hice.

Tomé la primera piedra que vi en el suelo y la lancé contra el ventanal de mis vecinos; el estallido de vidrios fue estruendoso, cientos de cristales muy pronto adornaron el piso y como era de suponer, enseguida se encendieron las luces de la habitación de mis vecinos y los de varias otras casas más; y mi vecino fue el primero en salir a la calle a ver qué estaba pasando y quien había quebrado los vidrios de su ventanal.

…Cuando giré a mirar a mis captores, Héctor y Marcos ya no estaban, se habían esfumado junto con Unexma. No estaban ni en los alrededores de la plaza. Ya no sé qué creer, parece sacado de un cuento de miedo todo esto. Mi vecino llegó a mi lado y al darse cuenta de lo que pudo haber pasado, ya que tenía parte de mis ropas rasgadas y mi respiración iba en aumento y estaba totalmente sudada. En lugar de enojarse o pensar en su ventanal, me abrazó fraternalmente y me dijo que me calmara, que todo estaría bien. Mientras caminábamos rumbo a su casa, donde en el umbral de la puerta nos esperaba su esposa.

—¡Mi amor! ¡Llama a la policía y a una ambulancia! —los cobardes que hicieron esto no deben estar muy lejos.
—Tranquila, te quedarás aquí con mi esposa, bebe un poco de café caliente; te hará sentir mejor —mientras yo voy a tu casa, a buscar a tus padres. No me tardo —y salió rápido en dirección a mi casa.

Del shock, me quedé muda, no me salían las palabras, pero si las lágrimas y a montones. Lloraba muy amargamente y con algo de dificultad para respirar normalmente. Mientras intentaba dar breves sorbos a la taza de café que tenía en mis manos.

—Hija, tranquila. Mi marido ya vendrá con tus padres y toda esta pesadilla habrá terminado —intentaba infructuosamente mi vecina sacarme alguna palabra, sonrisa, gesto o lo que fuera para que me pudiera sentir mejor.

Iba a dar mi mejor esfuerzo para decir por último “gracias”, pero ni siquiera eso podía.

—Sí, está con mi esposa en la cocina bebiendo café y arropada con una colcha, ya llamamos a la policía y una ambulancia que no deben tardar en llegar. ¡Pasen, pasen! —era mi vecino que había llegado con mis padres. Por fin sentí un fuerte alivio y me volvió el alma al cuerpo y reaccioné:

—¡Papá, mamá; estoy aquí! ¡Estoy bien, gracias a Dios y mi vecino! —lamento mucho lo de su ventanal —me disculpé.

—Tranquila, esas son cosas materiales que se recuperan. Si te hubiera pasado algo malo… ¡Dios, no! Ni siquiera puedo pensar en ello —decía con lágrimas en sus ojos, mi papá.

—¡Lo bueno es que no pasó a mayores y su hija está bien, vecino! Dele gracias a Dios por este milagro de saberla bien y sana y salva.

—¡Gracias! Les debo mi vida, vecino, no se preocupe por el ventanal que se lo pagaré con creces. Tome mi tarjeta para que me llame y coordinamos todo —aseguraba mi papá, mientras estrechaba la mano de nuestro vecino.

—¿Les puedo ofrecer un café? —preguntaba gentilmente nuestra vecina, mientras a lo lejos se podía oír con claridad las sirenas que velozmente se acercaban.

Fue una noche para olvidar. Pero eso claramente iba a ser muy difícil. Tuve que dar declaración a la policía, luego ir a constatar lesiones y finalmente me derivaron de regreso a mi casa, donde luego de escasas preguntas de mis padres/ no por falta de interés, más bien por sobra de sueño. En realidad todos estábamos muy cansados y ahora solo queríamos dormir un poco. Ya habría tiempo, por la mañana de conversar sobre el incidente de hoy.

—¡Buenas noches, hija!

—¡Buenas noches papá, buenas noches, mamá!

Título: Unexma, Alma sin alma.
Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Todos los derechos reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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